En México el equilibrio político lo impone la sociedad en las elecciones…

En México el equilibrio político lo impone la sociedad en las elecciones…

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-En la elección que viene, no debemos votar por un Gobierno maniatado…

Si le hacemos caso a las encuestas que se vienen publicando desde meses atrás, la elección presidencial ya está definida a favor del candidato morenista de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, cuando faltan menos de ocho días para que los mexicanos todos acudamos a las urnas para elegir Presidente de la República, diputados federales y senadores; adicionalmente, quienes residimos en el Estado de Quintana Roo votaremos por las planillas para los Gobiernos de los 11 Municipios en que se divide la entidad.

Y si la elección presidencial ya está definida a favor del fundador del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), López Obrador, que en territorio quintanarroense se ha impuesto a sus contrincantes en cada una de las dos elecciones presidenciales pasadas en las que participó, falta sólo corroborar el peso que tendrá su influencia para arrastrar al triunfo al resto de los candidatos morenistas que en Quintana Roo están buscando ser diputados federales, senadores y presidentes municipales dentro de la alianza partidista Juntos Haremos Historia.

En la campaña que está por concluir de manera exitosa, si no pasa nada extraordinario en esta última semana, López Obrador logró posicionar la marca de su partido Morena y de la coalición Juntos Haremos Historia, de manera muy cercana a los niveles que ha alcanzado su candidatura en las preferencias del electorado quintanarroense, como sucede en casi todo el país; lo que no ocurrió en las elecciones presidenciales de 2006 y de 2012, en las que se mostró él como un candidato con gran aceptación ciudadana, mientras que su partido en ambas elecciones pasadas, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no pasaba del tercer lugar en las preferencias del elector.

Contrario a la opinión que tienen muchos de los críticos de López Obrador y de lo que ha expuesto como proyecto de gobierno para los próximos seis años, creo que la expectativa que se está dibujando para el próximo 1 de julio, de un triunfo contundente de la coalición Juntos Haremos Historia, tanto en la elección de presidente de la República como en la de diputados federales y senadores, es lo mejor que puede ocurrirle al país para evitar que el nuevo Gobierno tenga el pretexto que tuvieron los Gobiernos panistas de Vicente Fox Quesada, sobre todo éste,  y Felipe Calderón Hinojosa, de que desde el Congreso de la Unión les impidieron gobernar de acuerdo con las expectativas que despertaron en la sociedad mexicana durante sus campañas.

Pensar que el equilibrio de poderes, en lo inmediato y cuando se está demandando un cambio drástico en las formas de hacer gobierno por parte de la sociedad mexicana, es la mejor forma de que el país avance, cuando en la práctica de la política mexicana lo que impera es el revanchismo, la mezquindad, el oportunismo y los intereses sectarios de los grupos de poder fáctico, nos puede llevar al equívoco personal y al país al estancamiento y al atraso, con un Gobierno empantanado y atrapado por el incumplimiento de las expectativas de cambio que despertó a causa de un Congreso, cuyos integrantes, de ser mayoría opositora, estarían actuando más en función del fracaso de ese Gobierno que en el bienestar del país. Porque lo primero le daría la oportunidad de la revancha a los grupos de interés que representan, mientras que lo segundo se las dificultaría.

Desgraciadamente en nuestro país la práctica política está dominada por la apuesta al fracaso de los contrarios, aunque la misma implique retraso en el desarrollo nacional y reducción en los niveles de bienestar de los mexicanos.

Por eso, en la transición de régimen que vivimos los mexicanos debemos darle la oportunidad de manera completa al proyecto de gobierno que más nos convenza. El equilibrio lo impondrá la propia sociedad en las elecciones subsecuentes, con la aprobación o rechazo en las urnas al gobierno que corresponda.

Y si de por sí el proyecto de gobierno que hasta ahora parece ser el más aceptado por los electores mexicanos, tendrá que enfrentar resistencias múltiples y muy poderosas tanto en el interior como el exterior del país, no debemos maniatarlo con el voto diferenciado que le imponga legisladores que apuesten y actúen en función de su fracaso en vez de apuntalarlo hacia un éxito que le acarrearía bienestar a todos los mexicanos.

Porque un Gobierno exitoso es bueno para todos los gobernados, menos para los partidos y grupos que le disputan el poder a quienes lo conducen.

Los mexicanos que queremos un cambio de régimen, una mejor forma de gobierno que eleve nuestros niveles de bienestar, de seguridad, de paz social, de estabilidad y crecimiento económico, tenemos que darle la oportunidad completa, no a medias ni en partes, al proyecto de gobierno que más nos convenza que cumplirá con nuestras expectativas.

No le sigamos apostando al empantanamiento de las políticas públicas, a la postergación de los cambios, a los pretextos de los gobernantes por no poder superar los obstáculos de un Congreso antagonista. Y no se trata de expedir un cheque en blanco a quienes nos van a gobernar, pues para eso hay elecciones cada tres años para refrendar o retirar el apoyo popular a quienes no cumplan o fracasen en la misión de gobernar para el bienestar común de los mexicanos…

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