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En Quintana Roo, el campo está condenado al fracaso porque resulta improductivo y caro a causa de años de paternalismo gubernamental y el acaparamiento de los “coyotes”

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El campo quintanarroense cada vez es menos productivo. Hace diez años la inversión era menor que ahora, pero la producción y las ganancias también superiores. Hoy en día es todo lo contrario, pues el coyotaje, la migración de los jóvenes hacia las ciudades turísticas y el impulso a la agricultura de autoconsumo han ocasionado que pierda un 35 por ciento de productividad. Por eso los campesinos y productores del Estado no pueden satisfacer la millonaria demanda que el sector turístico requiere de productos agrícolas. Así, mientras productores de otras entidades del centro y sur del país aprovechan para traer a Quintana Roo cientos de toneladas de granos básicos y otros cultivos al año, los locales han optado –si es que no han vendido sus tierras a las desarrolladoras inmobiliarias- por vivir a expensas de los tres órdenes de Gobierno, a los que exigen insumos e indemnizaciones hayan o no sido afectados por algún fenómeno natural. Desde luego que a las autoridades esta situación no les importa, pues mientras puedan utilizarlos a la hora de las votaciones y/o manifestaciones, el derroche de dinero es lo de menos.

Javier Ramírez

El campo quintanarroense ha perdido un 35 por ciento de su productividad en la última década. Actualmente, sólo están en uso 52 mil hectáreas de las 76 mil destinadas a actividades agrícolas en Quintana Roo.

El volumen de producción en 2017 fue de un millón 828 mil toneladas, pero en 2008 la cifra alcanzaba los 2 millones 456 mil toneladas. Por esta razón, la aportación quintanarroense al volumen nacional en el sector primario redujo de un punto porcentual, a 0.45 por ciento en el mismo periodo.

Esto, a pesar de que la inversión del Gobierno del Estado ha ido incrementando en un 7 por ciento promedio cada año, cerrando en 328 millones de pesos el año pasado.

Los datos del más reciente Censo Agropecuario del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de 2017, demuestran que el campo local cada vez se ha dedicado más al autoconsumo, o a permanecer en la somnolencia, esto aún y cuando el sector hotelero demanda 5.6 millones de toneladas de productos agrícolas al año para sostener la actividad turística, cantidad que en un 76 por ciento es importada desde otras entidades del país.

Cada vez menos productivo

Una de las razones de esta situación, es que desde 2010 las diferentes administraciones estatales han impulsado el autoconsumo entre los agricultores del Estado, como una estrategia para combatir la desigualdad entre este sector de la población y la falta de cohesión entre los diferentes grupos ejidales, cuyos dirigentes más que interesados en producir la tierra prefieren venderla a precios exorbitantes a empresas y autoridades para la construcción de obras públicas.

Hace 10 años, de las 60 mil 534 personas que trabajaban en el sector primario de la entidad, 24 mil 780 lo hacían para el autoconsumo y 35 mil 754 se dedicaban a la producción para venta.

Pero, en 2017 ya eran sólo 53 mil 780 los productores del campo que quedaban, y de ellos más de la mitad, 37 mil 290, prefirieron producir productos agrícolas sólo para sus familias, dejando sin trabajar un 21 por ciento de las hectáreas disponibles, ubicadas principalmente en los Municipios de Othón P. Blanco, José María Morelos, Bacalar y Felipe Carrillo Puerto.

Además de que cuatro de cada 10 jóvenes del campo prefieren migrar hacia las ciudades turísticas, por lo que cada vez existen menos personas que quieran trabajar el campo quintanarroense.

Esto ha ocasionado que cada vez se produzca menos volumen de productos agrícolas, a pesar de que la inversión gubernamental ha aumentado. De acuerdo con los datos del Inegi, en 2008 la inversión promedio por cada hectárea fue de 12 mil a 17 mil pesos, para cosechar entre 4 y 7 toneladas de producto, obteniendo un retorno sobre la inversión de aproximadamente 60 centavos por cada peso invertido.

Actualmente, la inversión promedio por hectárea rebasa los 15 mil a 19 mil pesos, pero sólo se cosechan entre 3 y 5 toneladas, por lo que la ganancia promedio es de apenas el 21 por ciento.

El problema del coyotaje     

Otro factor que ha afectado al campo quintanarroense son los intermediarios o “coyotes”, quienes se dedican a especular con el precio de los productos de los campesinos para eliminar competencia y monopolizar las ventas.

Ejemplos de ello son la planta procesadora de leche que estaba en el Municipio de Bacalar, pero que terminó quebrando debido a que los intermediarios acapararon a los productores del lácteo ofreciéndoles un mejor precio, para después venderlo más caro a la fábrica, ocasionándole pérdidas millonarias.

Lo mismo sucede con los granos básicos, chile jalapeño, limones, sandías, piñas y otros cultivos: los coyotes ofrecen un 20 por ciento más por los productos que las centrales de abasto, lo que atrae la atención de los campesinos y elimina a la competencia. Pero una vez que obtuvieron el monopolio de compra pagan un precio hasta 50 por ciento menor que el del mercado, obligando a los productores a aceptar, ya que no existe para entonces algún otro comprador.

A su vez, los intermediarios se encargan de vender el producto a un precio mucho mayor a las centrales de abasto, permitiéndoles tener el control de la oferta principalmente en temporadas de mayor demanda.

Se estima que los “coyotes” acaparan el 43 por ciento de la producción agrícola del Estado, según han reconocido las autoridades de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.

Es por ello que la actividad agrícola en Quintana Roo, está condenada al fracaso.

 

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