En Quintana Roo el voto ha sido siempre por el cambio…

En Quintana Roo el voto ha sido siempre por el cambio…

30
0
Compartir

         Sabido es que el cambio de hacer gobierno y aplicar políticas públicas no se logra mochando el águila de los escudos oficiales ni colocando nuevos emblemas y colores diferentes a los que se tenían en los documentos oficiales. Mucho menos se hace posible sólo con el discurso que lo alude si las acciones que se ponen en marcha no sólo lo eluden, sino que lo contradicen.

         Andrés Manuel López Obrador, como candidato permanente, desde hace 12 años, a la Presidencia de la República, que ganó apenas el mes pasado, enarboló siempre como bandera de batalla el combate a la corrupción y el cambio del régimen que la cobijó y usó como práctica habitual para que unos cuantos se enriquecieran a costa del patrimonio nacional y del retroceso en el desarrollo integral de las familias mexicanas.

         Y en ese sentido y para cumplir los propósitos que ofertó durante su campaña proselitista y por lo que votaron más de 30 millones de mexicanos, deben tomarse las medidas anunciadas por López Obrador en las últimas semanas. De fondo no sabemos si van a ser buenas o van a ser malas, pero de principio y de manera superficial, o como dice el dicho “a ojo de buen cubero”, estarán trastocando el régimen político y de gobierno que ni Vicente Fox Quesada ni Felipe Calderón Hinojosa movieron un ápice cuando fueron presidentes de la República por el Partido Acción Nacional(PAN), a pesar de la enorme expectativa de cambio que despertaron, sobre todo el primero, entre los electores que votaron por ellos.

         Las últimas elecciones federales han demostrado que la sociedad mexicana ya no se mueve por ideologías o por partidos políticos. Es más reactiva ya a la acción de gobiernos y partidos que no sólo no cumplen con las expectativas que despertaron sus promesas de campaña, sino que traicionan al interés colectivo con sus habituales prácticas de corrupción, su incapacidad o su falta de voluntad para resolver los problemas que aquejan a sus gobernados o su desinterés en los problemas que aquejan a la sociedad una vez que llegan al gobierno.

         En Quintana Roo las cosas en materia electoral así se han venido registrando desde hace tiempo. Sin embargo, la inconformidad en contra de los gobiernos priistas que hasta 2016 dominaban la entidad, sólo de expresaba de manera clara en las urnas en el Municipio Benito Juárez, donde se encuentra concentrada la mayor parte del electorado quintanarroense. En este Municipio, la primer expresión de sus habitantes contra el régimen priista se manifestó de manera infructuosa en las elecciones locales de 1993, cuando por vez primera se aliaron el PAN y el PRD para disputarle al priismo la presidencia municipal, sin embargo dos días antes de la elección se quedaron sin candidato y el proyecto abortó.

Tres años más tarde esa animadversión al poder priista se manifestó de manera más clara con el triunfo de Antonio Rico Lomelí en una diputación local de mayoría por el PAN. Esa misma animadversión hacia el priismo se mostró en Benito Juárez de forma más contundente en la elección de 1999, cuando la oposición perredista ganó las cuatro diputaciones locales cuyos distritos se ubicaban en el municipio benitojuarense.

         Y en 2002, con un gobierno federal panista, siendo Fox Quesada el Presidente de la República, y luego de haberle ganado al PRI una de las dos diputaciones federales que entonces le correspondían a Quintana Roo, Juan Ignacio García Zalvidea, “Chacho”, saca al priísmo del municipio de Benito Juárez por primera vez abanderado por el Partido Verde Ecologista de México(PVEM).

         Después de eso, al gobierno municipal de Benito Juárez llegaron los perredistas Gregorio ‘Greg’ Sánchez Martínez, en 2008, y Julián Ricalde Magaña, en 2011. Pero no llegó el cambio esperado por los ciudadanos del principal polo turístico de la entidad. Como tampoco llegó ese cambio a municipios tales como Cozumel, Felipe Carrillo Puerto, José María Morelos, Lázaro Cárdenas e Isla Mujeres que también tuvieron gobiernos opuestos al PRI, más no a sus formas de gobernar ni a los mecanismos de coacción que los gobernadores del tricolor ejercieron para someterlos y ponerlos a su servicio.

         La mayor expresión del hartazgo que los abusos de los gobernantes priistas provocaron en los quintanarroenses de manera generalizada se manifestó en 2016, cuando el gobernador actual Carlos Joaquín González se salió del PRI para disputarle la gubernatura y ganar la elección de manera clara y contundente.

         Sin embargo, después de dos años de estar al frente de un gobierno coaligado con el PAN y el PRD, que fueron los partidos que los postularon y son los que controlan el Congreso del Estado, los quintanarroenses no perciben que hasta ahora se haya dado el cambio prometido y que las cosas en su entorno, tanto en seguridad pública, procuración de justicia, así como en la prestación de los servicios públicos básicos, como el de salud, educación y otros hayan mejorado. Eso sin descontar la sospecha de que las prácticas de corrupción se sigan dando durante su gestión, no obstante las acciones que se han tomado contra los principales funcionarios de la anterior administración que incurrieron en las mismas.

         Por eso los apabullantes resultados de la pasada elección, en los que no sólo influyó el arrastre de López Obrador, sino la percepción de muchos electores de que el cambio que esperaban en 2016 cuando votaron por este gobierno, no les ha llegado aún…

 

You are not authorized to see this part
Please, insert a valid App IDotherwise your plugin won't work.

No hay comentarios

Dejar una respuesta