En Quintana Roo, la masividad de casos de abuso sexual infantil va...

En Quintana Roo, la masividad de casos de abuso sexual infantil va en aumento, debido a la impunidad con que operan las bandas delictivas dedicadas a esa industria y a la facilidad que tienen los pedófilos para encontrar a sus potenciales víctimas en entornos familiares podridos y sin remedio institucional posible

45
0
Compartir

Quintana Roo destaca en México y el mundo por la concentración y multiplicación de sus patologías sociales y la degradación humana que padece, debido a su incomparable inmigración y a su descontrolada colonización de grandes grupos de personas a menudo de la peor condición espiritual y material, que en su circunstancia extrema de indigencia absoluta llegan de todos los sitios de la exclusión a hacinarse en las principales ciudades de la entidad, atraídas –como ‘la hojarasca’ promiscua de la decadencia macondiana- por la oportunidad de sobrevivir a costa de lo que sea, de quien sea y en las condiciones que sean, con la garantía de que todo está permitido –o la noción de que nada está prohibido-, de que la autoridad tiene la misma catadura lumpen y la cualidad cultural de ellas, y de que la ley es la ley de la selva y del sálvese quien pueda porque del mismo modo que no se obliga ni se regula nada, nadie hace tampoco, por nadie, nada, y no hay, por tanto, el mínimo sentido de comunidad y pertenencia ni el menor sentimiento de solidaridad y confraternidad, y no hay valores ni principios familiares comunes, ni se forjan tradiciones de patria y buena vecindad y armonía, ni responsabilidades compartidas que cohesionen a esas colectividades heterogéneas y del más diverso origen, en una nueva identidad de sólidas instituciones que promuevan sus intereses de bienestar y seguridad. Porque la ausencia de esos valores de la solidaridad y de esas instituciones complementarias para el fomento de la reciprocidad, de la división del trabajo, de las obligaciones legales y de los compromisos comunitarios, como establecía Emile Durkeim, contribuye al deterioro progresivo de la convivencia civilizada y pacífica, a la barbarización del ser y sus instintos, a la violencia y la desesperanza,a la vulnerabilidad personal (por la debilidad del Estado de Derecho que debiera evitarla), y a la proliferación de los mayores crímenes y las peores vilezas e impunidades y vejaciones de la integridad humana, y al impulso de tendencias tan degenerativas de ese valor de humanidad como el vicio, el suicidio y todo género de depravaciones y ultrajes sexuales cuyos saldos de víctimas y victimarios son de estándares universales en el Caribe mexicano: un territorio postrado en la anemia institucional, la corrupción política y el vacío de autoridad, donde los liderazgos ascienden al poder sólo a beneficiarse de las demandas del caos, donde las religiones de todos los credos habidos o inventados son negocios de charlatanes que se multiplican al infinito en la epidemia milagrera de la ignorancia y el desamparo de la desaforada marginalidad, y donde la salvación desde las decisiones públicas no se avizora en las promesas de renovación ética de los poderes políticos locales.Porque los grupos de interés que asoman detrás de los mandatos populares venideros en los Municipios más importantes y en las ciudades más devastadas por la anarquía del crecimiento y arrasadas por el hampa y la inseguridad, no son mejores que los que han estado detrás de los que se van después de haber saqueado los patrimonios que han ‘administrado’ (por decirlo así). No hay ni mayor competencia política ni administrativa ni ética (ya se verá en el destino que tendrá, por ejemplo, el nuevo Programa de Desarrollo Urbano de Cancún, aprobado en el más censurable sigilo del Cabildo saliente, y con las mayores evidencias de discrecionalidad y direccionalidad de un legado sucesorio en favor de los negocios particulares de quienes llegan al poder municipal, a cambio de impunidad y olvido sobre las cuentas pendientes de la industria del crimen organizado y de todas las empresas particulares fraguadas al amparo del poder). De modo que las atrocidades de la descomposición tendrán continuidad. Los proyectos de mandato que vienen no incluyen uno solo de los males estructurales por atajar. Y, en tal contexto, las aberraciones criminales que se producen por falta de interés gubernamental, de políticas poblacionales contra la demografía de la marginalidad, y de iniciativas específicas capaces de inhibir las patologías sociales y humanas de la colosal e indeseable colonización, seguirán su curso demoledor. Y en ese cauce turbio, frenético e irresoluble, desde hace años y con el auge de las llamadas ‘redes sociales’, Quintana Roo se ha convertido en el paraíso impune y de campeonato mundial de los violadores, los pederastas y el resto de la nutrida legión de depredadores sexuales. En el caso particular de la prostitución infantil –sólo una variable de ese aspecto de la putrefacción humana-, el problema tiene muchas caras: la de una organización criminal que se dedica a ‘vender’ a extranjeros espectáculos sexuales con menores de edad, ola de un familiar o conocido-padrastro, tío, maestro, etcétera- que abusa de la confianza de sus víctimas para satisfacer sus perturbados e incontrolables impulsos, o la de un pedófilo que contacta a criaturas a través de la Internet. Lo cierto es que, como todas las demás enfermedades sociales relativas a la descomposición de la libido y a las perversiones sexuales, cada vez ocurren más delitos de este tipo en la entidad, y, a pesar de que se han endurecido las leyes, las autoridades se han visto rebasadas del todo para combatirlos, porque el problema es mucho mayor al de sólo pensar en antídotos y reactivos contra los casos circunstanciales. El problema no es instrumental; es, sobre todo, estructural, y de pormenorizada observación integral. Requiere investigaciones y conceptualizaciones especializadas, y políticas de atención de la mayor prioridad pública en función de todos los factores que tienen que ver con el complejo de la inmigración, de la población, de las características antropológicas y cualitativas de la demografía y los asentamientos humanos, y de una planeación estratégica que consigne todas las opciones de Estado para el dimensionamiento, la regulación y el control de las nuevas demandas potenciales de colonización y de sus satisfactores posibles. La comunidad de depredadores sexuales crece como la de todos los demás. Y el reino caribe del país se está convirtiendo en el peor de los infiernos para las nuevas generaciones.

Armando Galera

A la pequeña Jimena (el nombre real es otro, desde luego) un sujeto le ‘envió’ una solicitud de amistad por Facebook. Casi de inmediato quedó encantada con la plática de su nuevo ‘amigo’. Después de tres semanas de amistad, acordaron encontrarse en un parque de la Región 202 de Cancún.

La niña no regresó a su casa en los siguientes dos días. Cuando por fin apareció, dijo en un mar de llanto que había sido violada por un tipo de unos 30 años: su amigo en la red social.

Norma Salazar, secretaria ejecutiva del Sistema de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes de Quintana Roo, reconoció que cada vez es más grave el problema de la pedofilia y la explotación sexual infantil en la entidad, pues los agresores se han sofisticado con el avance de la tecnología, aprovechando las redes sociales para identificar a sus víctimas.

La funcionaria refiere que apenas en agosto pasado se atendió la denuncia de 20 adolescentes de una secundaria del Municipio de Othón P. Blanco que fueron acosadas por un depredador que les pedía fotos ‘sugerentes’ y con poca o ninguna ropa a través de un grupo de chat de WhatsApp. Hasta el momento no se ha podido identificar al agresor, pues simplemente cambió de número.

De acuerdo con la información oficial y la recabada por organizaciones civiles, a diario 30 niños están, en Quintana Roo, en peligro de ser víctimas de abuso sexual. Lamentablemente, una cuarta parte de esos menores no corren con tanta suerte y su vida termina cambiando para siempre.

Paraíso de pedófilos

El principal destino turístico del país también es considerado un paraíso para el turismo sexual de pederastas extranjeros, principalmente de Canadá y Estados Unidos.

De acuerdo con un informe especial dado a conocer el pasado 14 de mayo por Nelly Montealegre Díaz, fiscal especial de la Procuraduría General de la República (PGR) para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas, en menos de diez años Quintana Roo escaló desde el puesto número cinco en difusión de pornografía infantil a nivel internacional.

La funcionaria precisó que,en 2009, cuando comenzaron el conteo de sitios en Internet dedicados a ese delito, habían detectado casi 130 cuentas en la entidad. Para 2011, aumentaron a más de mil 500. En 2013, el uso de las redes sociales impulsó de manera exponencial su crecimiento, sumando más de 6 mil 800. En 2017, más de 12 mil 800 fueron ubicadas en Quintana Roo, pero sólo se iniciaron 12 averiguaciones previas por parte de la PGR para poder investigar a sus autores intelectuales.

“Estimamos que, cada mes, más de 50 niños son trasladados a Quintana Roo para dicha actividad, y, actualmente, entre 14 mil y 16 mil menores son víctimas de explotación sexual comercial en esa entidad. Lamentablemente no existen informes precisos sobre su extensión, porque las organizaciones criminales suelen cambiarlos de lugar cada determinado tiempo, dificultando su ubicación”, dijo Nelly Montealegre.

“Un dato duro y escalofriante”, refiere la fiscal especial, es que los infantes sólo viven en la entidad durante uno o dos años. “Después de ese tiempo ya no son útiles para el mercado sexual”, así que son entregados para engrosar las filas del ‘narco’.

Impunidad creciente

A pesar de que México ha convalidado diferentes instrumentos internacionales y que se han efectuado algunas reformas a su legislación federal -otras están aún pendientes de sus trámites de aprobación-, todavía hay algunos Estados que no han adecuado sus legislaciones a tales compromisos.

El hecho entraña graves dificultades. Si los crímenes de prostitución y pornografía infantiles no están vinculados con la delincuencia organizada, por ejemplo, es de aplicarse la legislación estatal. En ese sentido, Quintana Roo, junto con los Estados de Baja California, Jalisco, Veracruz, Tlaxcala y Chiapas, castiga con cierta severidad a quienes cometen los delitos con entre nuevey 20 años de cárcel.

De acuerdo con la legislación estatal, “comete el delito de corrupción quien obligue, induzca, facilite o procure a una o varias personas menores de 18 años o a una o varias personas que no tienen capacidad para comprender el significado del hecho, o a una o varias personas que no tienen capacidad para resistirlo, a realizar actos de exhibicionismo corporal o sexuales, simulados o no, con fin lascivo o sexual”.

El Código Penal de Quintana Roo también especifica que “las penas se aumentarán hasta una tercera parte si se comete con un menor de 16 años; y si la víctima es menor de 12, las penas aumentarán hasta una mitad de las sanciones”.

Un problema que no tiene fin

Desafortunadamente, ni las autoridades estatales ni federales han tenido éxito en el combatea la explotación sexual y la pedofilia. Además de la actividad relacionada con el crimen organizado, en 2017 se recibieron 138 acusaciones de abuso sexual contra menores,en las cuales el 60 por ciento de los agresores eran conocidos o familiares, pero sólo siete terminaron en la cárcel. Cifras similares se recopilan de años anteriores.

La directora de la Asociación para el Desarrollo integral de Personas Violadas A.C., Laura Martínez, afirma que, día con día,siete menores de edad son violados o abusados sexualmente por una persona mayor en Quintana Roo. Serían casi 2 mil 600 casos al año. Sin embargo, sólo un tres por ciento son denunciados y,dos de cada 30 acusados, terminan en la cárcel.

“Así de grave es el nivel de impunidad que alcanza este delito. Por desgracia, las redes sociales han facilitado el acercamiento de los pedófilos a sus víctimas, ya que es fácil atraer su atención con engaños fingiendo ser otra persona”, dice Laura Martínez, sicóloga que desde hace 20 años se dedica al estudio del comportamiento de los agresores sexuales.

“Antes, un pedófilo tenía la posibilidad de encontrar dos o tres potenciales víctimas en un año. Hoy, con las nuevas tecnologías de la información, pueden atraer hasta seis por mes. Es decir: cada vez es más fácil para ellos contactar a los niños, mientras que las autoridades parecen quedarse atrás en la carrera por encarcelarlos y aplicar la justicia”, dice.

You are not authorized to see this part
Please, insert a valid App IDotherwise your plugin won't work.

No hay comentarios

Dejar una respuesta