EZLN-AMLO

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Una larga lista de fracasos políticos del partido que desde 1929 se hizo del poder, podría explicar algo de las profundas entrañas que le dan alma a nuestro país.

                Eventos dramáticos, dolorosos, como las sendas masacre de estudiantes en 1968 y en 1971 que se manifestaban en contra del Gobierno, el sismo en la Ciudad de México que mostró una mejor y más inmediata reacción ciudadana que la del gobierno o el fraude electoral de 1988.

                Puntos de inflexión política que, entre otros,  marcaron la derrota del PRI en el año 2000.

                Pero no podemos olvidar, ni dejar de lado el levantamiento zapatista desde las montañas chiapanecas, que se dio a partir del 1 de enero de 1994.

                Durante los sexenios de de la Madrid y Salinas, se delineó la política económica neoliberal para México, diseñada desde Washington e impuesta por jóvenes tecnócratas mexicanos que vieron mejores oportunidades de desarrollo para el país.

                Esas oportunidades llegaron a raudales para los sectores altos del país, coludidos con estos jóvenes políticos mexicanos que le quitaron de tajo al gobierno la rectoría económica.

 Otros sectores medios también gozaron de beneficios al incrustar la economía mexicana a las grandes ligas del comercio internacional.

Otros perdieron y se adaptaron al nuevo paradigma para sobrevivir en las ciudades grandes y medianas. A partir de esto, se reacomodaron las clases medias de México.

Y cuando nos hacían creer que marchábamos triunfales hacia un nuevo orden lleno de igualdad y justicia, bajó un puñado de tzeltales y tzotziles desde lo más recóndito de la pobreza para decir NO.

Los más pobres habían logrado lo que no pudieron hacer partidos, contrincantes o una falsa vida democrática sexenal en la que no había contrincantes, ya sea por una aplastante manipulación del oficialismo o por el asesinato de contendientes como Clouthier o Colosio.

El zapatismo abrían el caos, hacía pública la crisis política acumulada, desde prácticamente la Independencia en 1821. Era develada y no salíamos de nuestra sorpresa. Lo invisible aparecía ante nuestros ojos, la empatía nacional crecía y nos daba múltiples lecciones.

La idea detrás de las mentes de millones de mexicanos era la esperanza de comenzar a vivir una democracia real, inédita, sin estrenar, virgen.

La cruel historia se compone de guerras, asonadas, grillas palaciegas, invasiones extranjeras, pérdida del territorio, una larga dictadura y una larga y sangrienta Revolución y 70 décadas de otra larguísima dictadura –dictablanda, dirían Berenguer y Franco en España o Pinochet en Chile- la cual fue patrocinada por las élites criollas y gringas, a partes iguales.

Absurdos somos al glorificar nuestro pasado indígena y al mismo tiempo ver con desprecio al indígena de al lado. Los zapatistas salieron de la bruma impuesta a fuerza y nos hicieron ver sin mirada paternal occidentalizada el derecho a vivir sus tradiciones y costumbres.

Por primera vez sentaron en la mesa de negociaciones a un Gobierno indiferente y corrupto, llamaron la atención internacional, el tampiqueño Rafael-Marcos actualmente Galeano romantizó el movimiento con sus cartas desde la montaña y los funcionarios se acercaron a ver qué querían.

Muchos ven con otra óptica a su propio país a partir de la llama de la rebelión chiapaneca. El trastocar las armas para poner la democracia al centro del debate nacional, ha sido el gran triunfo del EZLN, y con el tiempo se convirtió en el más subversivo de todos.

Una de las grandes lecciones que nos han legado se basa en el hecho de que es posible vencer al Gobierno. A ese omnipotente gobierno.

La sustitución de importaciones, el desarrollo estabilizador y otros modelos económicos se impusieron en el país con el beneplácito de la sociedad, a condición de que creciera la economía.

Los fines de los sexenios de 1976 y 1982 fueron marcados por terribles crisis económicas, el fraude del 88 en contra de Cárdenas y el ascenso del zapatismo en 1994 marcan el camino que da como resultado la oposición actual del EZLN a AMLO.

Vimos impávidos el acarreo masivo de campesinos y obreros, con cargo al erario, con el fin de que votaran por el que iba a ganar de todas maneras, pero en los 80 ese desarrollo se ahogó en una deuda externa impagable.

El rencor se extendió en el PRI y un grupo de políticos reformistas se separaron del partido para formar el suyo propio en 1987. A esto sigue el fraude en las elecciones del 88 y la imposición del modelo económico que desde entonces ha sumido al país en pobreza y violencia.

La supuesta modernización de la economía, que venía de los laboratorios de la Universidad de Chicago, empujó a las comunidades indígenas al repliegue, al trabajo comunitario interno y al silencio.

Hoy, a 25 años de su nacimiento, resurge su voz al oponerse al presidente actual al que tildan de “loco” y de “mañoso”. “Podrán cambiar el capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo”. Dijo Rafael-Marcos-Galeano.

Seguirá la confrontación y tendrá nuevos matices. Veremos.

 

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