Felipe Carrillo Puerto. Ya’ax Ich

Felipe Carrillo Puerto. Ya’ax Ich

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Cinco municipios del Quintana Roo llevan nombres de próceres, hombres que lucharon para darnos un lugar reconocido por otras naciones en el concierto internacional.

Uno de los municipios lleva su nombre y tal vez muchos quintanarroenses ni siquiera sepan quién fue o cuál fue su labor, qué hizo en favor de la humanidad ni su legado.

Felipe Carrillo Puerto cuenta con un poco más de 81,742 mil habitantes, cuya cabecera que lleva el mismo nombre alberga a casi 26 mil, según el último censo del INEGI del 2015.

Tiene una superficie de 13,806 kilómetros cuadrados.

Es el municipio de mayor concentración indígena en el Estado ya que se calcula que tiene alrededor de 70% de mayas, casi todos bilingües.

La ciudad cabecera del municipio también lleva por nombre Felipe Carrillo Puerto. Su primer nombre fue la antigua Noh Cah Santa Cruz Balam Nah Kampokolché.

También se le conoció con el nombre de Chan Santa Cruz, que significa Pequeña Santa Cruz y fue el centro de los mayas rebeldes durante la mal llamada Guerra de Castas o Guerra Social Maya.

Bastión de la resistencia en contra del Ejército mexicano, la comunidad fue renombrada como Santa Cruz de Bravo a principios del siglo XX y hasta 1920, en donde se asentaron los poderes del Territorio una vez separado del Estado de Yucatán.

La ciudad fue cedida a los mayas, se trasladan los poderes a Payo Obispo, hoy Chetumal y recibe finalmente el nombre de Felipe Carrillo Puerto en 1930.

El Territorio se divide una vez más y regresa a ser parte de Yucatán y de Campeche. Siendo municipio yucateco el Congreso del Estado lo nombra una vez más como Santa Cruz, sin embargo el presidente municipal Vivas Marfil decretó que se llamara Felipe Carillo Puerto en 1934.

Así se reconoce a un luchador social, mejor dicho socialista, nacido en Motul en 1874. Nace, vive y lleva a cabo una ideología adelantada a su tiempo en un México convulso.

En medio de la incertidumbre social que le tocó vivir, lleva adelante una obra poco conocida y casi olvidada en el ámbito nacional, incluso, dentro de nuestra propia demarcación territorial.

Y mucho de este olvido se debe a  la saturación con que los gobiernos anteriores, sobre todo priistas, llenaron de nombres heroicos a calles, parques, rotondas, bibliotecas, ciudades y Estados. En este sobre abuso no es fácildetectar a los buenos de los pillos y la gente termina por importarle muy poco su historia nacional, que la ve como una burla.

Grandes avenidas con nombres de cínicos saqueadores como López Portillo que hacía gala de su hispanidad o municipios bautizados con el nombre de proyectos sexenales paternalistas como Solidaridad, que hicieron millonarios a unos cuantos funcionarios.

Pero hablemos de Ya’ax Ich, Ojos Verdes como le decían los mayas a Felipe Carrillo Puerto.

Tal vez se le conozca más por su romance de película con Alma Reed, corresponsal del New York Times de aquella época. Romance prohibido, por supuesto, ya que las convenciones sociales de la época no veían con buenos ojos esa relación.

Él ya estaba divorciado de Isabel Palma, madre de sus 4 hijos, cuando comenzó la relación con Alma quien lo cautivó de tal manera que encargó al poeta Luis Rosado Vega que escribiera unos versos a los que más adelante Ricardo Palmerín pondría la música. Así nace Peregrina.

Ya pensaban en el matrimonio cuando se cruza la muerte de Felipe. Se ha dicho que se debió solo a la ambición de riqueza de los militares, pero la historia ha confirmado que su asesinato se debió a que su programa de gobierno era radical.

Había afectado demasiados intereses de adversarios políticos, henequeneros, oligopolios norteamericanos. Así lo dice Don Candelario Xool Poot, vecino de Tekal de Venegas, en una entrevista realizada por Jorge Iván Borges:

“Por eso mataron a Carrillo Puerto, porque hizo entender a los macehuales, a los de los pueblos, que tenían iguales derechos como los que tienen esos ricos de las haciendas. Era esa época que decían, que era de la esclavitud”.

Sus padres tenían una pequeña tienda, de donde robaba lápices y cuadernos para darlos a sus compañeros de la escuela, más pobres que él. Felipe trabajó en esa tienda, también fue repartidor de ganado,  conductor de trenes,  comerciante y transportista de mercancías entre Motul y Valladolid.

Este trabajo le permitió conocer de cerca la situación social que vivían los indígenas esclavizados en la haciendas henequeneras, en donde “el oro verde” valía más que sus vidas.

Gobernador de 1922 a 1924, promulgó leyes de previsión social del trabajo, de expropiación por causa de utilidad pública, de divorcio. Al tiempo que creó ligas feministas con su hermana Elvia y combatió el fanatismo religioso, estableció servicios médicos y jurídicos gratuitos.

Fundó la Universidad Nacional del Sureste, hoy Universidad Autónoma de Yucatán, escuelas de todos los niveles y la Academia de la Lengua Maya, entre otras muchas obras.

Finalmente, al dar su apoyo a la candidatura presidencial de Calles, los delahuertistas lo apresan y fusilan el 3 de enero de 1924, junto a sus hermanos.

Queda el legado y el ejemplo. Que no se olvide su nombre.

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