¿Financiar la promoción del desastre?

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Signos

¿De veras es una tragedia para México la suspensión del financiamiento público para la promoción turística determinada por el Gobierno de López Obrador, como acusan algunos magnates hoteleros o los administradores locales de las grandes firmas de hospedaje?

Si uno piensa en los incontables viajes y las parrandas multitudinarias de gobernadores como el ahora preso Roberto Borge Angulo, y en esas mil y una andanzas globales a lujo pleno y con toda suerte de acompañantes all inclusive y con cargo, todo, al cada vez más menguado y endeudado erario –cual no podría ser de otra manera, con tan colosales egresos sin renta social-, y justificado el dispendio recurrente en el rubro, intocable y estratégico, de la glamorosa promoción turística, cuyo itinerario de placer, con aparente carácter de obligatorio, ha incluido toda feria y todo mercado y toda convocatoria y convite-y todo pretexto de presunto afán publicitario y de negocios posibles para fomentar la imagen y la inversión y la clientela y la derrama económica en ‘el destino’-, a donde no se podía sino ir, en esas costosas caravanas masivas, en cualquier lugar del mundo donde fuese menester; si uno piensa en tales faenas de la corrupción y la vividuría, donde,además, los empresarios del ramo sólo promueven sus negocios particulares con dinero ajeno -a pesar de ser la mar de exitosos y multimillonarios gracias a la generosa impunidad gubernamental que ha permitido a sus empresas turísticas ser, por décadas de salvajismo ambiental, algunas de las más rentables, por ecocidas y evasoras, del mundo entero, mientras las administraciones estatales y municipales son cada vez más deficitarias e insolventes frente a las desmesuras de la miseria y la marginalidad que se expanden al golpe del progreso, de la dinámica inversora y de las conquistas de la promoción turística-; si uno piensa en eso y además se sabe de buena fe, pues entonces no creerá que sea una tragedia para el país que se deje de subsidiar a los magnates hoteleros.

¿Requiere más financiamiento público la promoción inversora en el sector? ¿No está por demás sobredensificado el espacio inmobiliario de la Zona Hotelera de Cancún, por ejemplo (casi diez mil cuartos de más, según la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente del sexenio presidencial panista de Felipe Calderón, que aseguraba que se evadían las regulaciones ambientales porque los censos de ‘cuenta-cuartos’ de la entonces Secretaría de Desarrollo Social contaban, como una sola habitación, todo un condominio o una suite de varios dormitorios y otras áreas)? ¿No a diario se rellenan humedales y se destruyen manglares y se mata la mayor cantidad de especies nativas en el país, por la implacable y desregulada avalancha inversora en todo el Caribe mexicano? ¿Es, merced a la promoción turística financiada por el Gobierno, que llegan a Tulum y a Holbox y a Bacalar las legiones de turistas drogadictos cuyo consumo de estupefacientes incrementa día con día la violencia y las sangrientas guerras entre las bandas del ‘narco’ que abastecen tan pujante mercado turístico? ¿Es promoción turística financiada con dinero público lo que le hace falta al desarrollo social en los entornos naturales más frágiles del planeta, como los del Caribe mexicano, donde se tapizan de asfalto todos los espacios y donde la actividad económica significa, en lugar de justicia, degradación humana y ecológica?

No: así, los índices del crecimiento económico son mucho más indicativos de lo pernicioso que de lo servicial. Así, crecimiento es sinónimo de letalidad incontenible y terminal, de agotamiento biótico, de ruina fiscal en favor de las patologías sociales del gigantismo urbano y la inviabilidad progresiva del bienestar y la equidad y la convivencia civilizada.

¿Quiénes claman en contra del fin del financiamiento público para la promoción de las empresas turísticas privadas: la gente de a pie, los miles y miles de colonos de los asentamientos irregulares, la gente de bien…?

Si la inversión es depredadora y nociva, y si los desequilibrios fiscales empeoran la calidad de vida de las poblaciones –porque éstas se expanden en la precariedad, la inseguridad y la ingobernabilidad- donde se multiplican los capitales, pues lo que se debe hacer, entonces, es parar y ordenar ese tipo capitales, y menos para promoverlos es que debe servir el dinero de todos.

SM

estosdias@gmail.com

 

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