Fuerza estudiantil

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Más de 23 mil jóvenes mexicanos avanzaron en silencio desde el Museo de Antropología e Historia hacia el Zócalo, en la Ciudad de México.

                Estudiantes de los Colegios de Ciencias y Humanidades, de la UNAM, del Politécnico, de la UAM, del ITAM, de la Autónoma de Ciudad de México y de otros planteles privados marcharon puño en alto con fotos y carteles en protesta por compañeros y compañeras agredidos y desaparecidos, y recordando los 50 años de aquella marcha que enfrentó al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

                Una vez que llegaron a la Avenida Juárez comenzaron las consignas y demandas que exigían seguridad y justicia para los alumnos y la salida de los porros de los centros de estudio.

                Al contrario de lo que sucedió en aquel entonces, unos 2 mil policías guardaron la integridad de los estudiantes quienes se retiraron en absoluto orden alrededor de las 8 de la noche.

                Esta breve reseña de lo sucedido el pasado miércoles, nos da lecciones que siguen vigentes, enseñanza que regalan los jóvenes al país entero. Como en el 68, esta es una muestra del cambio que se reclama, urgente y necesario.

Del futuro que exigen los estudiantes con todo el derecho que les asiste y que les ha asistido siempre a pesar de persecuciones y matanzas y desapariciones al macabro estilo Ayotzinapa.

                En la Torre de Rectoría de Ciudad Universitaria, el rector de la UNAM, Enrique Graue aceptó y firmó cada uno de los nueve puntos del pliego petitorio que le fue entregado por los estudiantes del CCH Azcapotzalco.

                Entre estos puntos destacan, además de la seguridad interna en los planteles, la correcta asignación de docentes para cada materia.

                Pero se debe hacer hincapié, una y otra vez, en la solución a los problemas de acoso e inseguridad que sufre el alumnado. Es de todos sabido que el campus de la UNAM, desde hace por lo menos 50 años, ha sido campo de cultivo para la venta y el trasiego de drogas.

                Las preparatorias y los CCH, dependientes de la Universidad Nacional y las vocacionales del Politécnico han sufrido acoso y violencia preparada, diseñada e impuesta durante muchísimos años por los porros, quienes a su vez han sido utilizados por directores de planteles y grupos políticos.

                Hoy, se suman una vez más la violencia, la violación, el abuso y el miedo a las calles y los campus que rodean los centros de educación media y avanzada del país.

                Hoy, se ejerce una vez más el derecho inalienable a la protesta pacífica, al llamamiento a la sociedad para estar atentos a la embestida de esos oscuros intereses que laten siempre en las bajas  entrañas de la sociedad.

                Urge realizar las acciones necesarias para la desarticulación, destitución y expulsión de la Universidad de grupos porriles y aquellas personas que los subsidien, promuevan y protejan.

                Nuestra Máxima Casa de Estudios, otra vez, puede dar el ejemplo nacional de congruencia, solidaridad y justicia al dar seguimiento a estas acciones.

A nuestros centros de estudios les urge un saneamiento, una “limpia” para que a su vez crezca la calidad de la educación y se refleje en mejores niveles de vida de la población.

No debemos olvidar que la educación es la mejor palanca del desarrollo de un país.

Pero al mismo tiempo tenemos que estar conscientes de que esos intereses oscuros que desean la desestabilización, también filtran información que puede afectar, en este caso, al Rector de la UNAM.

Se dice que este conflicto arremete contra la posible reelección del actual Rector para un segundo período al frente de la UNAM a partir de noviembre de 2019 y que se abonaría el camino para alguien más afín al próximo gobierno.

Parece improbable esta acción, ya que la Universidad ha sido fuerte frente a los gobiernos.

Sin embargo, no se puede olvidar a diversos rectores que han caído a la sombra de los movimientos estudiantiles como Ignacio Chávez en 1966 o Francisco Barnés en 1999.

El país necesita una Universidad fuerte que pueda sortear por con éxito los embates, por eso la unión y comunicación entre la Dirección y el estudiantado es imperativa.

Queda el recuerdo del Rector Javier Barros Sierra, liderando por las calles el Movimiento Estudiantil de 1968.

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