González Castro y Aventurera

González Castro y Aventurera

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Por Nicolás Durán de la Sierra

Hallábase El Minotauro en la placidez de su laberinto y gozando de la filosófica poesía del ibero Fray Luis de León, aquel que por 1590 escribiera: “Qué descansada vida, la del que huye del mundanal ruido, y sigue la escondida, senda por donde han ido, los pocos sabios que en el mundo han sido”, cuando por las amplias galerías de piedra de la caverna retumbó la pajarera voz de Ariadna:

-¡Galán de Creta! ¡Sol del Mediterráneo! ¡Sueño de todas mis noches de verano! -la griega gusta de don Shakespeare– ¡Qué bueno que estás aquí, en tu isla, pues tengo una noticia que acabará tus penas: tenemos nueva auxiliar de recámara, Pitias, la gran pitonisa! Fue echada del Oráculo de Delfos luego del último ajuste impuesto al gobierno heleno por la demoniaca germana Angela Merkel y sus banqueros.

Lejos de alegrarlo, el anuncio preocupó al héroe, pues al fin la debacle financiera había afectado a la variopinta fauna de la inmortal Hélade. Sobre todo porque la cesantía de la agorera de Pitos (que haya calma mujeril: al templo de Apolo, donde se agoraba, se le llamaba también Pitión, Pitón o Pitos) se dio casi a la par que en Atenas se dejaran las protestas callejeras para pasar al estallido de bombas.

Según la agencia Reuters, el pasado martes explotó una bomba de fabricación casera afuera del Ministerio de Reforma Administrativa, el encargado de reducir ciento cincuenta mil empleos del sector público en los próximos tres años, además de rebajar el monto de las prestaciones sociales en Salud y Educación; en España, por razones parecidas, ya se anunció una nueva huelga general para los próximos días.

“De seguir así las cosas”, caviló el astado, “cualquier día Teseo no se va a contentar con la ligereza de Ariadna y va a pedir sueldo de mucamo. Ahora, de remate, trae a la Pitias tan atinada como Roy Campos, el de Mitofsky, quien sueña con ver realizado siquiera uno de sus pronósticos. Estamos fritos, eso, bien fritos. Joder, el laberinto se está convirtiendo en multifamiliar;  ya sólo falta que pongan plantas de ornato”.

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Más conviene dejar al Minotauro con su doméstica furia, tan peligrosa ella como risible la de Latifa Muza, aquella dulce viejecilla que, con el apoyo del virtuoso Víctor Viveros, durante el trienio pasado usurpara por varios meses el poder municipal de Cancún; aquella que hoy se apresta, con suave rencor, y eso sí, encaje de bolita, a pelear a Joaquín González Castro la candidatura del PRD al Senado de la República.

Debemos entender que busca el escaño senatorial para poner fin a su añoranza por aquellos dorados meses en que la caja registradora municipal sonaba al tiempo que la suya y la de sus socios, entre otros la ex edil Concepción Colín, hoy dedicada a su oficio de fumigadora, su vocación real; se debe entender también que desde que concluyó el monopolio de las Grúas Carmona, como que algo le falta a su despensa.

En realidad, dejando de lado el sarcasmo, ella no quiere ser candidata al Senado, que su salud no se lo permite, sino que apuesta y con fuerza -presentó ya una impugnación ante la Comisión Nacional de Garantías y Vigilancia del PRD- para vender caro su apaciguamiento. Su turbiedad es muy clara, y que vivan el Papa y los contrasentidos, cuando salen tan bien dibujados como éste, que hasta merecen vuelta al ruedo.

¡Que viva el Papa!, se dijo en esta columna con habitual aroma a sulfuro… Vamos, se trata de una frase. Vaya pues: que viva, sí, pero en Roma, y allá se quede y no venga más por acá, pues alborota a una clerecía a la que, por lo menos en Cancún, se le da muy bien el robo de parques y áreas verdes, por no citar otros bisnes, como La Ciudad de la Alegría, que tantas fiscales alegrías le ha dado a los de Regnum Christi.

Mas antes de volver al tema de este tramo, se aclara que no se abordó aquí la visita a Guanajuato de don Joseph Ratzinger, en honor al llamado que hicieran al redactor las monjas Rita y Raimunda para que, desde esta tribuna, no se inquietara al santo varón, hombre muy mayor; ellas fueron designadas para atenderlo en la ciudad de León. Sea pues, y que haya suerte para sor Rita y la otra sor.

Bien, el caso es que Muza Simón está inconforme con la candidatura del Quino para Senador por el PRD y asociados, y teniendo por fondo y bandera la canción Aventurera, de Agustín Lara, de 1949 -aquella de: “Vende caro tu amor….”-, quiere dar batalla para ver qué saca del lío. La doña topó con muro: el ex titular del Tribunal Superior de Justicia del Estado se quita el estrés desmadejando embrollos mucho más complicados.

Sin duda, mucho es lo que él ha de saber respecto de las humanas ambiciones, dado su largo camino como presidente municipal de Cancún, secretario de Hacienda y de Gobierno, oficial mayor de la Secretaria de Turismo federal, diputado y ya exsenador de la República. Sin embargo, salta cruel duda: ¿sabrá lidiar con pasiones post invernales? Pues quién sabe, pero si no, ya tiene con qué entretenerse.

El nombramiento de González Castro como candidato al Senado por el PRD y los partidos de izquierda, da nuevo vigor al proceso electoral que se avecina. Él es un hombre de ideas progresistas y gran prestigio aun fuera del Estado. Los giros de la política: cuando pensábamos que tendríamos a un loco en el Senado –bueno: loco y ratero- tendremos en cambio un legislador digno. Alla Akbar, como dicen los musulmanes.

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Bien se podría usar el espacio que resta para participar que El Minotauro sopesa el provecho de poner a Pitias a la cabeza de una nueva encuestadora política y beneficiarse de la vanidad de líderes e incautos –Blancanieves, ¿por cuántos puntos quieres ser la más bella del reino?-, pero ya está listo el último reporte del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM respecto del poder adquisitivo del salario mexicano:

“El salario de los trabajadores del país tuvo una pérdida adquisitiva del 42% entre el 2006 y el 2011, al pasar de 48.5 pesos (3.70 USD) a 62.3 (4.80 USD), mientras que el consumo diario por familia media creció de los 80.8 pesos (6.21 USD) hasta los 197.9 pesos (15.22 USD). En el 2006 un trabajador podía comprar siete kilos de tortillas con un salario mínimo, y ahora sólo le alcanza para comprar cinco y medio kilos.

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