Greg, jinete de la regeneración moral

Greg, jinete de la regeneración moral

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La alianza de Andrés Manuel López Obrador con Gregorio Sánchez Martínez en Quintana Roo, es una sociedad del crimen.

Los formalismos retóricos y las apariencias democráticas legitimadas por reformas constitucionales e instituciones electorales, judiciales y anticorrupción, negociadas entre legisladores, jefes partidistas y grupos de poder promotores sólo de sus negocios e intereses, y enemigos del interés público, son, en el país de la demagogia, la simulación, la desvergüenza política y la impunidad absoluta, recursos de la malversación de la vida pública y del Estado, en la lógica del gatopardismo y la perpetuación del estatus quo, tras la mascarada de nuevas reformas para el mismo perverso ejercicio del poder.

Greg Sánchez es un delincuente consumado, lo diga o no la ley en una tierra donde hacer leyes viene siendo casi nada más que hacer negocios políticos. Es un delincuente, como tantos líderes y sicarios del hampa siguen libres o son liberados gracias a procesos judiciales envilecidos, jueces corrompidos y modernas adecuaciones del sistema de Justicia a la medida del poder del crimen, y como otros peligrosos asesinos gobiernan las prisiones donde reinan merced a la gracia de un sistema penitenciario donde ellos operan a sus anchas el descaradamente llamado “autogobierno” de los internos.

Ahora puede declararse Greg Sánchez, en su libro, una víctima más de la criminalización de la política o de la politización de la Justicia, y hasta un expreso político. Ya no puede ser juzgado por los mismos graves cargos como el de delincuencia organizada y el de operaciones con recursos de procedencia ilícita. Pero no es inocente. Fue bendecido con errores de procedimiento del Ministerio Público en la integración de las averiguaciones previas (como tantos casos de incompetencia o complicidad ocurren entre las Fiscalías y los jueces en la entrega de expedientes fallidos que son convenientemente rechazados en los tribunales, donde influyentes defensorías privadas hacen el resto, salvando de las más duras y merecidas condenas a los peores y más ricos y poderosos delincuentes, como ocurrió con exfiscales, agentes ministeriales y policías federales antidrogas, que fueron consignados en su momento de manera ‘equívoca’por el ahora ministro peñista de la Corte y entonces procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, y por cuyos expedientes amañados fueron puestos en libertad esas decenas de cómplices de las mafias del ‘Chapo Guzmán’, de la ‘Barbie’ y de los Beltrán Leyva, luego de haber librado, precisamente, con esos procesos manipulados, las acusaciones de la DEA, que demandaba su extradición a los Estados Unidos; una extradición que fue impedida por lo que Medina Mora y la propaganda presidencial calderonista dieron en llamar ‘Operación Limpieza’, y cuyas evidencias de ‘incapacidad procesal’ obligaron al primer procurador del presidente Peña Nieto, Jesús Murillo Karam, a desistirse de las demandas) y el juez federal del caso ‘no tuvo más remedio’que archivar el expediente y decretar el auto de libertad de Greg, justo un viernes y último día laborable en todo el Poder Judicial Federal antes de un largo periodo de vacaciones, invalidando la posibilidad de apelar de una PGR que tampoco tenían mayor interés de hacer justicia, cuanto de inhabilitar a Greg (en lo que éste sí tienes razón, aunque los cargos penales en su contra fueran perfectamente fundados), en sociedad con el gobernador priista de entonces, Félix González Canto, en sus aspiraciones y en su campaña para suceder en el Gobierno estatal justamente a González Canto.

No se le fincaron cargos penales, pero pruebas de sobra fueron exhibidas en importantes medios de prensa de cobertura nacional sobre la sociedad criminal del exalcalde cancunense con quienes fueran asesores suyos antes de ser también, como él, acusados por diversos cargos criminales, como lo fueron el exgobernador y exprocurador chiapanecos, Pablo Salazar Mendiguchíay el ahora finado, Mariano Herrán Salvatti -el primer verdugo y luego abogado defensor del exmandatario quintanarroense, Mario Villanueva-, implicados, todos, en el cártel del Chapo Guzmán y en sus operaciones entre Centroamérica, el Estado de Chiapas y el Municipio cancunense de Benito Juárez.

Greg ha violado, además, de los más diversos modos, la Ley de Cultos, haciendo proselitismo entre los núcleos evangélicos en sus iglesias y en la sede del poder municipal que tuvo bajo su cargo. Y lo sigue haciendo, al socaire del actual secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, exaspirante priista a la Presidencia de la República y patrocinador prominente, con el también exgobernador hidalguense, Jesús Murillo Karam, de ese partido de intenciones políticas y orígenes oscuros, y de militancias religiosas protestantes y negadas al republicanismo, el Partido Encuentro Social, que es el que dirige en Quintana Roo el pastor evangélico, Gregorio Sánchez Martínez, hoy aliado de nueva cuenta -lo fue en sus tiempos de perredista- del líder nacional y candidato presidencial del Movimiento de Regeneración Nacional, Andrés Manuel López Obrador.

Greg es un delincuente, lo diga o no la ley en este país campeón de la corrupción en el mundo, y Andrés Manuel López Obrador lo sabe a ciencia cierta, y ha sido y sigue siendo socio suyo a pesar de que esa alianza empape en las olas de lodo los pendones del himno de la regeneración moral del país que pregonan el Morena y su patriarca vitalicio.

Greg, por supuesto, es antijuarista, antilaico, y combatiente de los pregones lópezobradoristas de la pulcritud ética y de la sana separación de la Iglesia y el Estado.

Es un cínico. Y el pragmatismo y la ansiedad presidencial del caudillo del Morena están ensuciando su causa moralizadora de la peor manera.

Acaso gane Andrés Manuel en Quintana Roo. Y acaso lo haga en buena medida con los aportes económicos y las brigadas evangelizadoras de Greg y su nuevo partido. Pero esos aportes económicos, espirituales y logísticos serán los de la mafia que representa el también cantante grupero.

Ya López Obrador tiene un antecedente similar en el noreste de Tamaulipas, cuando las caravanas blindadas de Los Zetas lucían su propaganda por las calles de Reynosa y de Río Bravo, y le coordinaba en esa entidad la campaña presidencial del 2006, Miguel Ángel Almaraz, un empresario huachicolero, dirigente estatal, entonces, del PRD, que fue encerrado luego, durante años (salió de la cárcel en 2014) por esas pesadas sociedades de la narcopolítica mexicana.

Greg no sólo no es mejor que Almaraz; de hecho es bastante peor: Almaraz era un hombre de negocios legales -sin necesidad de robarse el petróleo que se robaba de los ductos de Pemex para venderlo en la frontera texana- que fue y estaba sometido por los zetas, y a Greg nadie lo obligó a meterse al crimen organizado, su vocación lo llevó a él.

Nuestro amigo, el doctor José Luis Pech, es un académico prominente y honesto (relativamente, claro está: ni en la puritana Iglesia de Greg, ni mucho menos en la política, y bastante menos en la mexicana, hay castos e inocentes).Y si Greg termina ganándole a última hora el paso al Senado a Pech, López Obrador habrá dado un ejemplo supremo de cuán pulcro es su pragmatismo y cuán morales, en efecto, su proyecto regenerador de México. Suficiente es ya que Pech haya propuesto a Greg para el Ayuntamiento cancunense, y suficiente es ya que sea la cubana mujer de Greg la candidata para presidir el primer Municipio turístico del país (sin más méritos representativos que ser esposa de Greg Sánchez y ser financiada por el dinero de Greg, un también exagente migratorio muy señalado hace algunos años de traficar indocumentados cubanos gracias a su nexos en las oficinas de Migración y a su jerarquía de alcalde cancunense), por si no fuera suficiente que Greg sólo participe en la coalición electoral de Andrés Manuel.

La alianza de López Obrador con Greg puede ser la más insana, pecaminosa y menos confiable, de todas las alianzas electorales.

En Quintana Roo, muchos de quienes han confiado en la rectitud de Andrés Manuel y del doctor Pech, pueden estar sacando sus cuentas y barajando las opciones de votar por una transformación moral propuesta en el discurso y la abstención a que puede conducir la carga de suma inmoralidad y profundo cinismo que representa la figura criminal de Gregorio Sánchez.

… Eso. Para no hablar de la industria de la miseria ideológica, política y espiritual que es el Partido del Trabajo,ese negocio de rufianes de la seudoizquierda, que no serían los mejores y más calificados y probos jueces de la desmelenada banda panista, priista, verdecologista y panalista de la turbia y oprobiosa ‘mafia del poder’.

SM

estosdias@gmail.com

 

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