‘Gurb’, el extraterrestre, logró aterrizar con su platillo volador en Cancún, en...

‘Gurb’, el extraterrestre, logró aterrizar con su platillo volador en Cancún, en plenas elecciones: “México sueña con un presidente de la regeneración, Andrés Manuel López Obrador”

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El marciano que ‘contactó’ en la Tierra al escritor Eduardo Mendoza, reflexiona sobre los retos terrícolas que afrontará nuestro país con el próximo Gobierno.Alucina con la inseguridady la violencia que ha podido ver en las calles de Cancún, Playa del Carmen, Puerto Morelos, Chetumal…Coincide con el líder de Morena en abordar un proceso de paz propio. Los ciudadanos no son conscientes que matar en México es “muy barato”, si aplicáramos unos barómetros económicos a la resolución y puesta a disposición de los jueces e ingresos en prisión de los autores de esos miles y miles de asesinatos impunes, justificados con un “estaba involucrado con el crimen organizado, con los narcos…”. En México, a las víctimas se las ‘remata’. No somos conscientes de que no estamos ante una ‘guerra’ entre delincuentes y policías.Al utilizar en los titulares de los medios de comunicación o en los boletines oficiales de los ‘voceros’ que los baleados de estos días fueron ejecutados -como si se hubieran dado previamente diligencias previas, investigaciones policiales, calificación fiscal, amparos y alegaciones de la defensa, juicio oral, sentencia judicial, apelación, nuevos fallos del juez o tribunales, donde no hay lugar para la pena de muerte por mandato constitucional- estamos promoviendo una sociedad de impunidad, odio y venganza, donde el Estado de Derecho es una utopía más lejana que el planeta de ‘Gurb’.El personaje de la obra del barcelonés Eduardo Mendoza, “Sin noticias de Gurb”, visitó nuestra redacción del Grupo El Bestiario. El ‘verde personaje’ es un ávido lector. Revisó nuestra hemeroteca con las últimas crónicas, columnas, reportajes, entrevistas… No tuvo reparo alguno en mostrar su predilección por unas declaraciones realizadas por José Ramón Cossío, ministro de la Suprema Corte de México, donde reflexiona sobre los actuales procesos electorales que llegan a su fin este histórico 1 de julio. “El narcotráfico es un modo de vida para muchas personas, jóvenes, en México. ¿Queremos acabar con ello? Creo que, si no somos capaces de entender lo que se está disputando socialmente, colectivamente, individualmente, en ese sentido, no va a haber proceso de pacificación alguna. A mí me parece un poco ingenuo decir: ‘Vamos a pedirles a las personas que regresen a unas actividades lícitas’. ¿Cuáles son esas actividades lícitas que les podemos ofrecer? ¿Qué le vamos a ofrecer a una persona que tiene un ingreso por actividades delictivas para que regrese a dónde y a qué? Si no somos capaces de generar alternativas, me parece que ese fenómeno no va a ser posible. Ahí viene otra vez un problema. No se trata sólo de que el Gobierno dialogue con estos chicos o con los jefes. Es un proceso donde el Estado mexicano tiene que recaudar más para distribuir más. El Estado no puede dispendiar lo recaudado ni quedarse con ello. Va a parecer que estoy planteando la utopía, pero tiene que haber un acto de tal generosidad nacional en que se esté dispuesto a ceder cosas como corromperse y obedecer. O esto no va a ser, porque no somos capaces de ofrecerles a estas personas una alternativa…”.

Santiago J. Santamaría

En el libro “Sin noticias de Gurb”, dos alienígenas llegan a la tierra en una misión secreta, aterrizan en Barcelona; uno de ellos, ‘Gurb’, sale a la ciudad tomando la apariencia de Marta Sánchez -ellos son seres inmateriales, pura inteligencia-; el otro sale a buscar al desaparecido, adoptando, según le parece, diferentes apariencias, como el Papa argentino Francisco, el conde-duque de Olivares, Gary Cooper…; lectura de humor pero también de ironía, pues nos mostraba una sociedad, la catalana, vista desde un punto de vista curioso: el de un extraterrestre, a veces es un poco absurdo. Eduardo Mendoza Garriga es un escritor español, nacido en Barcelona, en 1943. En general, su estilo narrativo es sencillo y directo, sin abandonar el uso de cultismos y arcaísmos, así como del lenguaje popular en su más pura expresión. Gusta de personajes marginales que miran a la sociedad con extrañeza mientras luchan por sobrevivir permaneciendo fuera de ella. Es el ganador del Premio Cervantes 2016, el máximo galardón de las letras españolas. El ‘Nobel’ de las letras en castellano, dotado con 125 mil euros, ha seguidola tradición no escrita de alternar entre un escritor español y uno latinoamericano. En 2015 recayó en el escritor mexicano Fernando del Paso. El Cervantes, creado en 1975 por el Ministerio de Cultura, reconoce la trayectoria de un escritor que con el conjunto de su obra haya contribuido a enriquecer el legado literario hispano.

El ‘papá’ de ‘Gurb’ inició su carrera literaria en 1975, con la publicación de “La verdad sobre el caso Savolta”. Desde entonces ha publicado 15 novelas, dos libros de relatos, dos obras de teatro y cuatro ensayos. El jurado del Cervantes, según recogía el acta, le otorgó el premio “porque, con la publicación en 1975 de ‘La verdad sobre el caso Savolta’, inaugura una nueva etapa de la narrativa española en la que se devolvió al lector el goce por el relato y el interés por la historia que se cuenta, que ha mantenido a lo largo de su brillante carrera como novelista”. Eduardo Mendoza, continúa el comunicado, “en la estela de la mejor tradición cervantina, posee una lengua literaria llena de sutilezas e ironía, algo que el gran público y la crítica siempre supieron reconocer, además de su extraordinaria proyección internacional”. El Cervantes coronó la lista de galardones a su obra, que incluye el Premio Planeta, recibido en 2010 por “Riña de Gatos”, y el José Manuel Lara por “Mauricio o las elecciones primarias”, en 2007. Su consagración llegó en 1986 con “La ciudad de los prodigios”, una novela que muestra la evolución social y urbana de Barcelona entre las dos exposiciones universales de 1988 y 1929. Mendoza ha alcanzado un gran éxito de ventas con la serie protagonizada por un peculiar detective ingresado en un manicomio (“El misterio de la cripta embrujada”, “La aventura del tocador de señoras”) que mezcla la parodia con el género policiaco. “El secreto de la modelo extraviada” es la quinta entrega de la serie.

Los ‘Cervantes’ de México: Fernando del Paso, Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, Carlos Fuentes y Octavio Paz

España es el país que tiene más galardonados, 22; seguido de México, con seis; Argentina, con cuatro; Chile y Cuba, tres; Colombia, uno; Paraguay, uno; Perú, uno; Paraguay, uno; Nicaragua, uno. Éstos son todos los galardonados: Sergio Ramírez (2017), Eduardo Mendoza (2016), Fernando del Paso (2015), Juan Goytisolo (2014), Elena Poniatowska (2013), José Manuel Caballero Bonald (2012), Nicanor Parra (2011), Ana María Matute (2010), José Emilio Pacheco (2009), Juan Marsé (2008), Juan Gelman (2007), Antonio Gamoneda (2006), Sergio Pitol (2005), Rafael Sánchez Ferlosio (2004), Gonzalo Rojas (2003), José Jiménez Lozano (2002), Álvaro Mutis (2001), Francisco Umbral (2000), Jorge Edwards (1999), José Hierro (1998), Guillermo Cabrera Infante (1997), José García Nieto (1996), Camilo José Cela (1995), Mario Vargas Llosa (1994), Miguel Delibes (1993), Dulce María Loynaz (1992), Francisco Ayala (1991), Adolfo Bioy Casares (1990), Augusto Roa Bastos (1989), María Zambrano (1988), Carlos Fuentes (1987), Antonio Buero Vallejo (1986), Gonzalo Torrente Ballester (1985), Ernesto Sábato (1984), Rafael Alberti (1983), Luis Rosales (1982), Octavio Paz (1981), Juan Carlos Onetti (1980), Jorge Luis Borges (1979), Gerardo Diego (1978), Dámaso Alonso (1977), Alejo Carpentier (1976), y Jorge Guillén (1975).

Me ayudó a descubrir a Eduardo Mendoza mi profesor de Literatura de COU (Curso de Orientación Universitaria), el aragonés Javier Gracia, y cuñado de mi compañero de clase del Instituto Ignacio Zuloaga de Eibar, País Vasco, Jesús García, con quien logré contactar a través de Facebook, apenas hace unos meses, después de más de cuarenta años. El profesor y escritor Gracia me animó a hacerme con tres libros de Eduardo Mendoza: “La ciudad de los prodigios”, “El laberinto de las aceitunas” y “El misterio de la cripta embrujada”.

La verdad es que me gusta tanto cuando escribe seriamente como cuando plasma en el papel su fino sentido del humor. Si no han leído nada suyo, les aconsejo que lo hagan, pues es un gran escritor que enseguida sabe engancharte. “Sin noticias de Gurb” es la última obra que leí de él. Cuando Barack Obama y Raúl Castro ‘fumaron la pipa de la paz’, el 17 de diciembre del 2014, al principio no sabía por qué me vino a la memoria ‘Gurb’, imaginándomelo paseando por La Habana en aquellos días, como lo hizo de la mano de Eduardo Mendoza en vísperas de los Juegos Olímpicos por la ‘Ciudad Condal’, en 1992.

“Los ricos, allí donde van, no pagan, por más que adquieran o consuman lo que se les antoje. Los pobres, en cambio, pagan hasta por sudar”

Para los Gurb, en los textos que nos escribieron tras la reanudación de relaciones terrícolas y diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, aquel histórico 17 de diciembre del 2014, Festividad de San Lázaro, el BabalúAyé de los yorubas cubanos, los seres humanos se dividen, entre otras categorías, en ricos y pobres. Es ésta una división a la que ellos conceden gran importancia, sin que se sepa por qué… La diferencia fundamental entre los ricos y los pobres parece ser ésta: “Los ricos, allí donde van, no pagan, por más que adquieran o consuman lo que se les antoje. Los pobres, en cambio, pagan hasta por sudar. La exención de que gozan los ricos puede venirles de antiguo o haber sido obtenida recientemente, o ser transitoria, o ser fingida; en resumidas cuentas, lo mismo da”. “Desde el punto de vista estadístico, parece demostrado que los ricos viven más y mejor que los pobres, que son más altos, más sanos y más guapos, que se divierten más, viajan a lugares más exóticos, reciben mejor educación, trabajan menos, se rodean de mayores comodidades, tienen más ropa, sobre todo de entretiempo, son mejor atendidos en la enfermedad, son enterrados con más boato y son recordados por más tiempo”. “De todos los seres humanos, los llamados negros -porque lo son-, parecen ser los mejor dotados: más altos, más fuertes y más ágiles que los blancos, e igual de tontos. Los blancos, sin embargo, no los tienen en alta estima, tal vez porque perdura en el subconsciente colectivo el recuerdo de un tiempo muy remoto, en el cual los negros fueron la raza dominante y la blanca la dominada”.

“Los seres humanos…, a semejanza de los insectos, atraviesan por tres fases o etapas de desarrollo, si el tiempo se lo permite. A los que están en la primera etapa se les denomina niños; a los de la segunda, currantes, y a los de la tercera jubilados. Los niños hacen lo que se les manda; los currantes, también, pero son retribuidos por ello; los jubilados también perciben unos emolumentos, pero no se les deja hacer nada, porque su pulso no es firme y suelen dejar caer las cosas de las manos, salvo el bastón y el periódico. Los niños sirven para muy poca cosa. Antiguamente se los utilizaba para sacar carbón de las minas, pero el progreso ha dado al traste con esta función. Ahora salen por la televisión, a media tarde, saltando, vociferando y hablando una jerigonza absurda. Entre los seres humanos, como entre nosotros, se da también una cuarta etapa o condición, no retribuida, que es la de fiambre, y de la que más vale no hablar”.

“Lo que estamos discutiendo es un proceso de recomposición de las élites, económicas, culturales, sociales o científicas”

‘Gurb’ usa un lenguaje sencillo, parece que no dice nada, que quien habla es un tonto o tiene pocas luces pero, si buscamos detrás de las palabras, veremos que dice verdades como puños.“En México está en juego una recomposición de las élites”. Coincide con José Ramón Cossío (Ciudad de México, 1960), quien vive sus últimos meses como ministro de la Suprema Corte de Justicia de México. Después de 15 años, el próximo 30 de noviembre dejará su cargo, justo un día antes de la toma de posesión del próximo presidente, que sucederá al priista Enrique Peña Nieto. ¿México necesita un cambio de régimen? “Yo creo que se necesita un cambio de régimen y un ajuste de las categorías generales con las que estamos pensando la justicia. Creo que lo que estamos haciendo es simplemente una acumulación de viejas soluciones respecto de nuevos problemas”.

¿Qué va a marcar esta elección? “Uno de los momentos más definitorios de nuestra historia reciente, porque no es una contienda solamente entre candidatos, entre grupos, sino que lo que estamos discutiendo, a fin de cuentas, es un proceso de recomposición de las élites, económicas, culturales, sociales o científicas, que se han ido, con el pasar de los años, agrupando en distintos bandos, en distintas fuerzas. Creo que estamos hipersimplificando la situación suponiendo que sólo van a enfrentarse dos, tres o cuatro sujetos. Se han ido construyendo grupos y ha llegado un momento en donde lo que se está disputando es cuál de esos grupos puede primar sobre otro”.

¿Es necesario que haya ese reacomodo de las élites? “Si las élites que estuvieron en un determinado momento gobernando tuvieran legitimidad moral, política, etcétera, no se presentaría una necesidad de recambio. Lo que me parece es que se van agotando proyectos, misiones, personas y entonces surgen otros contendientes, insisto, agrupados, como lo estamos viendo, con componentes muy heterogéneos. Unos tienen católicos, otros evangélicos; unos están a favor de ciertas formas de relaciones personales y familiares; otros, de otras… Me parece que hay una recomposición prácticamente de todo”.

¿Cree que la élite empresarial está dispuesta a perder sus privilegios? “Yo creo que ninguna élite está dispuesta a perder privilegios, porque es parte de su colocación en una sociedad y en el mundo. Lo que a mí me parece es que a las élites empresariales les hace falta mucha reflexión sobre problemas nacionales. Las élites nacionales están pensando en su condición económica, en los problemas de su hábito, pero me parece que les ha faltado una visión más general del mundo. Yo no he escuchado que estas élites nos planteen algún sistema impositivo nuevo. No nos han planteado desde hace ya muchos años si este país debe tener estas tasas fijas bajas o deberíamos ir a unas tasas progresivas. Me parece que ahí ha faltado una reflexión importante. Lo que es interesante es que esas élites, en un cambio de ciclo pueden ser sustituidas por otras élites. No es que vayamos a perder las élites, es que simplemente una sustituye a otra”.

“La política hace muchos años se pudo haber servido de la delincuencia. Hoy, la delincuencia está entendiendo que puede servirse de la política”

¿Cree que hay algún candidato que aglutine mayor diversidad? “Yo, en este momento, no lo veo. Están incorporando una variedad de cosas con una finalidad estrictamente electoral. Y eso puede estar bien, es parte del juego. ¿Qué es lo que sucede a partir del 2 de julio? Si sólo se quedan pensando que se es presidente de la mayoría que les ha votado me parece que podemos entrar en una condición de enorme conflictividad. El peor error sería llegar con una idea de una venganza histórica”.

¿Qué dice de un país donde en unas elecciones han asesinado a más de 100 políticos? “La política hace muchos años se pudo haber servido de la delincuencia. Hoy me parece que la delincuencia está entendiendo que puede servirse de la política. Se matan a personas cuando se sabe que cierto funcionario público o va a ir en contra de uno o va a apoyar a una banda rival”.

¿Hasta dónde llega la penetración de la delincuencia en la vida política? “Yo creo que eso es algo que en nuestro tiempo presente no vamos a ver. Nos podría sorprender en algunos años que altísimos funcionarios estuvieran. Hoy sí sería especular mucho, pero me parece que por las magnitudes que estamos viendo de delincuencia, en algunos años nos podemos enterar que hay funcionarios de nivel importante metidos en este tipo de actividad”.

López Obrador planteó amnistiar a criminales vinculados con el narcotráfico, luego lo ha matizado. ¿Es hora de que México inicie un proceso de paz? “No acabo de entender exactamente qué es lo que él propone. He escuchado varias explicaciones, pero no sé exactamente qué quiere con el tema de la amnistía. Ahora, de que es necesario convocar a un proceso de paz, sí me parece importante. En México nos tenemos que sentar a hablar. Después de muchos años de hegemonía de un partido político, de una ideología nacionalista simple, pero eficaz, para los propósitos que perseguía, se ha ido mostrando un país más diverso, plural y, desafortunadamente, más enconado. Creo que todos los foros que se puedan lograr para tratar de encontrar puntos de equilibrio, de acuerdo y reconciliación son importantísimos. Porque insisto, gane quien sea, ¿para qué van a utilizar esa legitimidad que les van a dar las urnas? Si se va a utilizar para tonterías, para centralizarse más, entonces me parece que esto va a ser un desperdicio y en tres o seis años vamos a tener una condición todavía de mayor encono. Simplemente estaríamos posponiendo el momento”.

Sentencia contra la corrupción del PP en España, en el cincuenta aniversario de mayo del 68 y el asesinato de Robert Kennedy

Coincidiendo con el final de la campaña electoral mexicana ha vivido un cambio radical en apenas unos días, merced a la moción de censura presentada contra el ya expresidente Mariano Rajoy del PP, por parte del PSOE y el nuevo inquilino de La Moncloa, Pedro Sánchez… España está viviendo momentos de esperanza, tras lograr salir de un túnel de oscuridad protagonizada por políticos corruptos conservadores. Tras la crisis del 2008, la máxima del PP fue ésta: Privatizar la riqueza y socializar las pérdidas. Promovieron mil y una burbujas, de manera temeraria, para aumentar sus ingresos, dando créditos a diestro y siniestro sin garantías de devolución, e muchos casos a colegas y amigos. Cuando llegaron los impagos, destinaron miles de millones del erario público para salvar a los bancos y financieras de la inevitable bancarrota, producto de sus actividades especulativas. Se redujeron los salarios de los jubilados y pensionistas, desaparecieron muchas prestaciones sociales en Salud y Educación logradas mediante el consenso de los Pactos de la Moncloa en plena Transición Democrática tras la muerte de Franco… Brotaron como setas en todo el país casos de corrupción política. Mariano Rajoy los permitió.

La Justicia, aunque lenta pero aplastante, dictó este pasado mes de mayo, en el cincuenta aniversario de mayo del 68 y el asesinato en Estados Unidos de Robert, el otro Kennedy que quiso ser presidente, una justa y esperada sentencia del ‘Caso Gürtel’, Se ordenaba el ingreso en prisión del ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, y de otros empresarios y políticos, por corrupción continuada, quedaba demostrada una contabilidad alternativa ilegal del partido, y se cuestiona literalmente la “credibilidad de las declaraciones realizadas en su comparecencia judicial” del mismísimo presidente Mariano Rajoy. La ola de malestar social que provocó el fallo de los jueces de la Audiencia Nacional, después de tantas humillaciones sufridas, en los últimos años, y de manera especial por parte de las clases sociales menos pudientes y que al final son las que ‘rescataron’ a la ‘banca’, la moción de censura triunfó. Mariano Rajoy y su PP fueron ‘desahuciados’ como lo fueron miles de españoles de sus viviendas, que terminaron en trágicos suicidios, mientras los ‘marianistas’ recibían de su “¡Se fuerte Luis!” -mensaje de Mariano Rajoy al hoy convicto Luis Bárcenas, al ser detenido por la policía española- sobres trimestrales de hasta 300 mil euros, durante una década.

‘Mariano Rajoy ya no está’. El pasado se ha cerrado y el futuro político se ha abierto, tras la moción de censura de Pedro Sánchez y el PSOE

“Con la llegada del líder socialista al Gobierno de España, Pedro Sánchez, se abre un futuro incierto y esperanzado de la política de este país ibérico. Vendrán días duros, con broncas parlamentarias, pero en medio de la zozobra habrá un placer que nadie nos podrá arrebatar: volver la vista atrás y ver que Mariano Rajoy ya no está…”, escribía estos días Manuel Vicent.“Puede que muchos ciudadanos de derechas y de izquierdas coincidan en que esta legislatura será muy complicada, tal vez inviable, pero en medio del tormentoso azar de la política, mucha gente sentirá una gran alegría al volver la vista atrás y ver que en el banco azul ya no están los ministros que cantaron ‘soy el novio de la muerte’ con fervor, al paso de un Cristo trasportado por legionarios, y tampoco está el portavoz del Partido Popular en el Gobierno profiriendo desde la tribuna burradas de arriero con la boca torcida, ni los políticos imputados con un pie en la cárcel que se atrincheraban con impunidad en los escaños…”.

El presidente Pedro Sánchez deberá soportar la ambición y alguna deslealtad de las formaciones que le han dado el voto, las reticencias malvadas de algunos barones del partido que se comportan como si el líder socialista les hubiera birlado la novia, pero frente a esta insidia y a la inquina personal de algunos editorialistas y líderes de opinión, al volver el rostro, el ciudadano corriente habrá perdido de vista el paisaje de la corrupción, que estuvo a punto de acabar con la democracia. Se seguirán oyendo los augurios aciagos de siempre: España se rompe, la economía se hunde, las turbas populistas se van a apoderar de la calle, propios de un falangismo revenido, pero en medio de este apocalipsis de garrafa seguirá habiendo un placer: aquellos que ya no están. El pasado se ha cerrado y el futuro político se ha abierto, como la puerta que guardaba el dios romano Jano, el de las dos caras. Una mira hacia la oscuridad, y otra, hacia la esperanza.

La ‘vetocracia’, según Francis Fukuyama, es la consolidación de un nuevo poder derivado paradójicamente de la separación de poderes

Corre entre politólogos la especie de que en las democracias actuales predominan las coaliciones negativas sobre aquellas otras que se proponen desarrollar una política positiva. Pierre Rosanvallon teorizó el fenómeno argumentando que estas coaliciones, que él llama también reactivas, se organizan con mayor facilidad, indiferentes como son a la heterogeneidad de sus componentes: todo el mundo puede ponerse rápidamente de acuerdo en vetar un proyecto de ley o en votar contra un presidente de Gobierno. Y Francis Fukuyama, en su excelente estudio sobre la decadencia del orden político, lo explicó como la consolidación de un nuevo poder derivado paradójicamente de la separación de poderes: el poder de veto, o vetocracia, en manos de multitud de grupos, a punto de bloquear el sistema político de Estados Unidos.

En esta democracia del sur de Europa aún no han llegado a eso, aunque nadie se atreverá a pronosticar que jamás llegarán. Con la mayor fragmentación del sistema de partidos han entrado en una fase que podríamos llamar de coaliciones de rechazo: todos los actores políticos saben lo que no quieren, pero andan muy confusos sobre lo que realmente quieren, aun si en ocasiones cubren su confusión con el ropaje de la fraternidad universal, a lo Podemos; las metáforas al modo de tender puentes, a lo PSOE; o las emociones de un españolismo de himno y bandera, a lo Ciudadanos; por no hablar del PP, que mejor permanece en silencio hasta purgar sus corrupciones. Aquí, los únicos que no se han visto afectados por los nuevos retos que la cartelización de los partidos, la corrupción y la desafección ciudadana plantean a los sistemas democráticos son los independentistas, abrigados como se sienten por el calor de la nación y el proyecto, de fuertes resonancias filofascistas, de construir un solo pueblo en su marcha al paraíso.

Profundamente afectado por el síndrome de la confianza, propio de las democracias del siglo XX, el presidente español, el gallego Mariano Rajoy, no percibió el vacío que la corrupción iba ensanchando a sus pies. Fue la suya una confianza sostenida más en la convicción de que el fragmentario conjunto de sus adversarios era incapaz de formar un frente común que en la solidez de sus apoyos parlamentarios, en los resultados de sus políticas o en la afección ciudadana. No percibió que las políticas de rechazo no se engendran hoy únicamente en los partidos que ocupan sus escaños en los parlamentos, sino en sectores sociales que se sienten agraviados, como los pensionistas, o en lucha contra la desigualdad, como las mujeres, o contra de recortes, como los sanitarios o docentes, multitudes que muestran su rechazo en la calle. Faltaba solo la chispa que incendiara la pradera y solo es un signo más de los nuevos tiempos que los encargados de prenderla hayan sido los titulares de otro poder del Estado, los jueces de la Audiencia Nacional.

La sentencia actuó, en efecto, como punto de fusión de un rechazo masivo, un generalizado “esto no puede seguir así”, que barrió el camino de obstáculos para la formación de una coalición política de rechazo condensada en un clamor unánime: hay que echar a Rajoy. La coalición no necesitó de conspiraciones ni secreteos, excepto los estrictamente necesarios contactos con unos y otros para asegurar el voto de rechazo. En realidad, la moción de Sánchez ha obtenido el apoyo de media docena de grupos políticos sin negociar nada sobre composición ni contenidos programáticos del futuro Gobierno, ni siquiera con Podemos, al que ha dejado con un palmo de narices dando largas a su reiterado y explícito deseo de participar en un Gobierno de coalición para desarrollar políticas ‘progresistas’, sin darse cuenta de que su voto no se le pedía para nada, sino solo contra algo.

Tampoco era preciso alcanzar un acuerdo de Gobierno con el PDeCat ni con Esquerra. Al sumarse a la coalición, a los secesionistas catalanes les traía sin cuidado la política que pudiera desarrollar o no, en el futuro, un Gobierno socialista. Con expulsar al PP ya tenían bastante para sus fines: negociar desde mañana mismo “cómo implementamos la república catalana”, que fue la propuesta de diálogo constructivo ofrecida por Joan Tardà. Lo único que a ellos interesaba era liquidar, con su presencia en la coalición del rechazo, la lejana posibilidad de que los partidos de ámbito estatal alcanzaran un acuerdo no ya para aplicar un artículo de la Constitución en una situación excepcional, sino para crear las condiciones políticas que permitan iniciar un proceso de reforma constitucional con vistas a un nuevo tipo de relación entre esos fragmentos de Estado que llamamos comunidades autónomas, y de estas con el Estado. Dicho de otra manera: el triunfo de una coalición de rechazo encabezada por el PSOE con el apoyo de todos los partidos nacionalistas destruye en su primer y único efecto positivo -la formación de un Gobierno sostenido por 84 diputados- cualquier posibilidad de pacto entre partidos de ámbito estatal sobre el problema más grave que tiene planteada la democracia española, que es la vigencia en todo el territorio del Estado de su propia Constitución.

El consenso que Pedro Sánchez desea fracasará si no se arma un Gobierno con poder salido de las urnas, el nacionalismo catalán y su viaje a Ítaca

Por eso suena a música celestial la propuesta de Podemos para transformar la coalición de rechazo en una coalición de Gobierno: las apelaciones a una nueva España que suplica a los independentistas dialogar; tal es el cimiento sobre el que se construiría un “gran acuerdo progresista” destinado a tratar con las fuerzas vascas y catalanas. El diálogo como pócima mágica que cura con una sola gota las enfermedades de un cuerpo lacerado por las batallas del pasado. Es sorprendente que, después de lo ocurrido desde que el nacionalismo catalán decidió emprender su viaje a Ítaca, todo lo que se ofrezca como política progresista consista en esa vacua retórica de echar puentes, tender la mano, solidaridad entre las naciones de España; en resumen, la “república fraterna y plurinacional” a modo de bálsamo de Fierabrás, un recurso a la magia cuando no hay manera de poner las bases para un proceso que conduzca a una distribución racional del poder derivada de una reforma de la Constitución. ¿De qué vamos? ¿De un Estado con muchas naciones, de un Estado para cada nación, de una nación con muchas naciones o de tantas naciones como Estados decidan los pueblos de cada territorio?

“No, no será fácil que la coalición negativa se transforme, como por arte de birlibirloque, en coalición positiva. A nadie le interesa. Por eso, el nuevo comienzo que Sánchez anuncia, con el consenso como herramienta fundamental y, como metas, la estabilidad institucional, la regeneración democrática, las políticas sociales, laborales y medioambientales y lo que define como “estabilidad territorial”, no pasa de ser la expresión de buenos deseos, destinados al naufragio si no se arma un Gobierno, no necesariamente homogéneo, con la autoridad y el poder que en democracia sólo proceden de las urnas. Y eso, hoy, no está más cerca que ayer…”, según el historiador español Santos Juliá.

La Odisea es un poema épico griego compuesto por 24 cantos, atribuido al poeta griego Homero. Se cree que fue compuesta en el siglo VIII antes de Cristo en los asentamientos que tenía Grecia en la costa oeste del Asia Menor (actual Turquía asiática). Narra la vuelta a casa, tras la Guerra de Troya, del héroe griego Odiseo (al modo latino, Ulises). Además de haber estado diez años fuera luchando, Odiseo tarda otros diez años en regresar a la isla de Ítaca, donde poseía el título de rey, período durante el cual su hijo Telémaco y su esposa Penélope han de tolerar en su palacio a los pretendientes que buscan desposarla (pues ya creían muerto a Odiseo), al mismo tiempo que consumen los bienes de la familia. El poema es, junto a la Ilíada, uno de los primeros textos de la épica grecolatina y por tanto de la literatura occidental. Se cree que el poema original fue transmitido por vía oral durante siglos por aedos que recitaban el poema de memoria, alterándolo consciente o inconscientemente. Era transmitido en dialectos de la Antigua Grecia.

El poeta griego de Alejandría Constantino Cavafis (1863-1933) nos habla sobre la importancia de disfrutar el camino, cualquier camino, y no sólo añorar el objetivo: una metáfora que puede extenderse a muchos procesos de nuestra vida. Todos queremos volver a casa, a Ítaca, avistar desde el mar la isla en la que crecimos, volver a ver a la mujer que amamos y que nos espera hace tantos años. Por esta razón, la legendaria isla griega -hogar de Odiseo, Penélope y Telémaco- es la metáfora perfecta del propósito de la vida, de eso que nunca dejaremos de perseguir. Las Ítacas pueden ser, entonces, casi cualquier cosa: podrían representar el proceso para lograr una meta o para recuperar algo que hemos perdido, incluso, podrían simbolizar el acto de transitar por la vida de principio a fin, para finalmente volver al origen. En un poema iluminador y sólo aparentemente sencillo, el poeta griego Constantino Cavafis habla sobre la importancia de disfrutar el camino hacia nuestra propia Ítaca (cualquiera que ésta sea), pues el viaje es mucho más delicioso que la llegada al destino final.

¿Qué hubiera ocurrido en los Estados Unidos con Bobby Kennedy en la Casa Blanca, el icono progresista? Nunca lo sabremos

22 de noviembre de 1963, asesinato John F. Kennedy, 46 años. 21 de febrero de 1965, asesinato de Malcolm X, líder de los musulmanes negros, 40 años. 4 de abril de 1968, asesinato de Martin Luther King, líder del movimiento por los derechos civiles, 39 años. En apenas un quinquenio, un presidente y dos líderes sociales habían muerto violentamente. El país de la libertad se desangraba en Vietnam y también en los guetos, campo de batalla de los choques raciales. El pacifismo, la contracultura hippie y los miles de muertos del sudeste asiático ponían en jaque el modo de vida americano.Aún traumatizados por el magnicidio de JFK, los demócratas habían encontrado un gran candidato en su hermano Robert Kennedy para las elecciones de 1968. Todo apuntaba a que iba a ganar las primarias de su partido y, salvo catástrofe, los comicios de ese año. 6 de junio de 1968. Después de vencer en California, un palestino cristiano llamado SirhanSirhan le disparó cinco veces. ¿El motivo? El apoyo de Kennedy a Israel después de la guerra de los Seis Días. Bobby tenía 42 años y era el icono de la izquierda liberal. Se cumple medio siglo de ese asesinato, punto de inflexión de la tragedia política norteamericana de la década de los sesenta.

Bajito y tímido, fue un estudiante mediocre y tampoco destacó en los deportes. Pasó por media docena de colegios, donde apenas dejó huella como un tipo solitario y gruñón. Sus hermanos mayores lo llamaban ‘nenaza’ (sissy), pero el clan apreciaba dos de sus cualidades: la lealtad y el tesón. Con los años, su hermano John confió en él y lo tuvo a su lado como consejero. Bobby era extremadamente discreto y nunca dejó de admirarle. Solo importaba el éxito de los Kennedy, una familia capaz de actuar al margen de la ley cuando era necesario. Al fin y al cabo, su padre Joe Kennedy había hecho su fortuna traficando con alcohol durante la prohibición y especulando durante la Gran Depresión. Las convicciones religiosas y su anticomunismo acercaron a Bobby al senador McCarthy, también católico. McCarthy solía visitarles porque era amigo del patriarca y le ofreció trabajar para él. Pese a que pronto abandonó el equipo, Bobby permaneció en el Senado y consiguió entrar en el comité que investigaba el control de la mafia en los sindicatos del transporte. De la noche a la mañana, se convirtió en un personaje nacional por sus feroces interrogatorios a Jimmy Hoffa, el líder estibador sospechoso de corrupción. Se trataba de la ofensiva más amplia contra el crimen organizado jamás vista y el implacable Robert Kennedy era el ejecutor.

El pensamiento político de Bobby tenía un profundo sentido moral, lo que le convertía en más conservador que la mayoría de sus votantes

Abandonó el Senado en 1960 para dirigir la campaña electoral de su hermano contra Nixon y también una incipiente carrera literaria impulsada por el éxito de su libro sobre la corrupción sindical. La ajustadísima victoria de John Kennedy sobre Nixon (poco más de 100 mil votos sobre un censo de 63 millones de votantes) elevó a Bobby al cargo de fiscal general, equivalente a ministro de Justicia. En ese puesto ordenó las escuchas a Luther King y respaldó el plan de la CIA para asesinar a Fidel Castro. Desde entonces, la revolución cubana se convirtió en una de sus obsesiones. Durante los trece días de la crisis de los misiles de Cuba, en octubre de 1962, Bobby Kennedy jugó un papel esencial. Al comienzo, se comportó como un halcón alineado con la cúpula militar, pero la posibilidad cierta de que estallara una guerra nuclear moderó su posición hasta convertirlo en un negociador. A los 36 años, también Bobby podía evolucionar… salvo que se tratara de la fidelidad familiar. Esto le hizo cometer errores que luego lamentaría, como mentir para encubrir la agitada vida nocturna del presidente o enfrentarse al director del FBI, J. Edgar Hoover. Era capaz de justificarlo todo con tal de proteger a su hermano.

El asesinato de JFK en Dallas sumió a Bobby en una depresión. Había dedicado toda su vida a ser su escudero y ahora había muerto. El magnicidio marcó un antes y un después en su existencia, replanteándose profundamente para qué estaba en política. Continuó unos meses como fiscal general, pero sus desavenencias con el nuevo presidente, Lyndon Johnson, le empujaron a dimitir. Al año siguiente, se presentó a senador por Nueva York. Ganó el escaño. Su campaña de 1968 para ser candidato presidencial recogió parte del legado de la doctrina de la Nueva Frontera de su hermano (fondos federales para la educación, atención médica para la tercera edad, aceptación del déficit presupuestario…) y también de la Gran Sociedad de Johnson (erradicación de la pobreza, fin de la discriminación racial, seguros de salud públicos…). Para entonces, ya se le consideraba la gran esperanza del Partido Demócrata, literalmente desguazado por su apoyo a la guerra de Vietnam.

Sin embargo, ni por carácter ni por convicción se le puede encuadrar en el progresismo clásico. Al menos eso afirma el filósofo Michael Sandel, que acaba de conseguir el Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. El pensamiento político de Bobby tenía un profundo sentido moral, lo que le convertía en más conservador que la mayoría de sus votantes en algunos asuntos. Por ejemplo, en su defensa de la familia o su posicionamiento ‘provida’. En otros campos, sin embargo, era mucho más radical, como en la extensión de los derechos civiles o el pacifismo. Esto le permitió conseguir el voto de los universitarios anti-Vietnam junto con el de los obreros industriales o la minoría negra. Él se dirigía al mismo tiempo y con éxito a los dos extremos de la frustración social, lo que le permitió apelar al país con cuestiones muy actuales: la desconfianza hacia el Gobierno, la pérdida de los valores democráticos o la falta de compromiso ciudadano.

“Este país lleva un rumbo peligroso y me siento en la obligación de hacer todo lo que pueda para cambiarlo”

Por otra parte, consideró la violencia y el desempleo como problemas cívicos y no sólo de seguridad o economía. La delincuencia por ejemplo no suponía solo una amenaza para las personas y propiedades privadas, sino que deterioraba el espacio público, tanto físico como social. El paro por su parte rompía los vínculos del desempleado con la comunidad al comenzar esta a verlo como improductivo. Esa separación dejaba a las personas en manos del mercado y terminaba por deshumanizarlas, debilitando unas comunidades que tardarían décadas en recuperarse. Un discurso socialmente más moderno que el de su propio hermano. En pocos años, el mundo era diferente. Bobby Kennedy consideraba que podía cambiar las cosas y que cada generación construía su propia historia. Pensaba sinceramente que no podía construirse una nueva sociedad de espaldas a los pobres, los inmigrantes, los negros y latinos. Todas las minorías, incluidas por supuesto las religiosas, debían participar en la construcción de un futuro mejor. En la presentación de su candidatura afirmó: “Este país lleva un rumbo peligroso y me siento en la obligación de hacer todo lo que pueda para cambiarlo”.

El cambio que pretendía Robert Kennedy no llegó porque tres balas acabaron con su vida. Ocurrió en el Hotel Ambassador de Los Ángeles, donde había celebrado la victoria en las primarias de California, Estado clave para conseguir la nominación. La primera persona en socorrer a Kennedy fue un camarero de 17 años de origen mexicano. La fotografía que recoge ese instante es un símbolo poderoso. A él le dirigió sus últimas palabras: “¿Están todos bien?”. De inmediato, llegó su esposa Ethel, embarazada del undécimo hijo. Ella le puso un rosario en las manos. Robert Kennedy murió en la madrugada del 6 de junio. Nadie volvería a ejercer una influencia tan profunda sobre un presidente. Sin embargo, la ambición política y el peso del poder se habían cobrado un precio demasiado alto. “¿Qué hubiera ocurrido en los Estados Unidos con Bobby Kennedy en la Casa Blanca? Nunca lo sabremos. La única certeza es que ningún otro Kennedy volvió a intentar ser presidente…”, se pregunta Ignacio Uría, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra e investigador del CubanStudiesInstitute (Miami, Estados Unidos).

Juan Cruz: “Eduardo Mendoza es un caballero que no hace alharacas de sus triunfos ni de sus heridas”

A los escritores, como al resto de la humanidad, se les conoce mejor en la tristeza que en la salud; cuando pierden que cuando ganan, cuando rabian que cuando aceptan. Y hay excepciones. Una de ellas es Eduardo Mendoza. El triunfo no le hace mella, el dolor lo conmueve, pero de ninguna de las dos acepciones que tiene la palabra vivir hace espectáculo. El también escritor español, Juan Cruz, originario de Puerto de la Cruz, Tenerife, Islas Canarias, escribió una interesante columna el Premio Cervantes de ‘Gurb’. Las redes sociales recibieron sin apenas oposición su nombramiento, algo destacadamente inusual…

“No es que le resbalen ambas experiencias, de las que tiene abundantes rasguños o abrazos; es que es un caballero, impasible en la salud y en la enfermedad. No hizo alharacas nunca de sus heridas, ni de sus triunfos se ha alegrado más allá de lo que se alegra un gentleman inglés. Quizá porque España se ha vuelto (o ha vuelto a ser) plañidero y jacarandoso, hace unos años optó por vivir en Londres, y allí se desenvuelve con todos los atributos de un inglés: viaja en autobús y en metro, y no usa bombín, sin duda porque no necesita ni bombín ni boina ni barretina para ser un señor en todas partes. En la salud y en la enfermedad, pues, Eduardo Mendoza ha estado siempre en la misma trinchera: la elegancia de pasar por alto su propia presencia para confundirse en la multitud, huir de los aplausos y de la paranoia más habitual de la literatura. En la larga experiencia que tiene este periodista en el trato con su gremio ha visto reclamar el oro y el moro. Jamás vi a Mendoza reclamar ni siquiera lo suyo, mientras que, en casos que no son excepcionales, le vi muchísimas veces reclamar lo de otros. Y esa experiencia enseña que ni cuando tiene éxito en esas demandas, ni cuando fracasa, cuenta qué hizo por quién.

Esa caballerosidad de Eduardo Mendoza lo distingue hasta en la apariencia: su esqueleto se hizo para sus trajes, informales o formales; sin corbata parece que la lleva, y cuando no la lleva ese esqueleto caballeroso del que está hecho le hace parecer lo que es ahora también: un gentleman que cuando llueve o cuando hace sol parece venir de un paraíso que se parece a él: tranquilo, pausado, con esa sonrisa tras la que oculta, a veces, la tragedia que sólo se ve cuando él la cuenta en voz baja y cuando no hay manera de ocultarla porque se aloja en su silencio, en su perplejidad. Su manera de vivir es la elegancia, y esta es la cómplice mayor de su literatura. Otra cómplice es la imaginación. Y hay la sombra más brillante de su vida, Carmen Balcells, su agente. Cómo se hubiera alegrado de la noticia de hoy, tan merecida”.

Eduardo Mendoza, el de la ‘cripta embrujada’, merece la admiración que se le tiene, y la merece aún más porque ni la necesita ni la busca. Quizá es demasiado decir, pero es legítimo pensar que Miguel de Cervantes y su Quijote de la Mancha también se hubieran alegrado. El extraterrestre ‘Gurb’ anda medio confundido con tanto partido, consignas, tanto candidato camaleónico…, pero se suma a la esperanza de los ciudadanos de Quintana Roo que sueñan con otro país a partir de este 1-J, al igual que les ocurre a otros millones de españoles con su nuevo Gobierno socialdemócrata. Estados Unidos dejó que le mataran a un ‘presidencial progresista’. Andrés Manuel López Obrador, Pedro Sánchez y Robert Kennedy, esperanzas reales y virtuales de México, España y Estados Unidos. Los tiempos, las claves.

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