La alternativa

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Signos

La diferencia histórica en medio siglo mexicano, es que tenemos un presidente que hace las cosas de buena fe, que no es corrupto, que tiene liderazgo y popularidad, y que tiene más competencia política y poder institucional e iniciativa de movilización social y nacional, que ningún otro personaje público en el país, lo cual no es poca cosa.

Entre los Gobiernos de López Mateos y el actual, ¿hay un espíritu de poder político con mayor legitimidad y capacidad de servicio a la nación? Entre Díaz Ordaz y Enrique Peña, ¿hay registros de mayor virtud presidencial, y de mayor dinamismo transformador en el inicio de un mandato?

Claro, el pétreo oposicionismo destacará los yerros del entorno, los elocuentes fracasos de los oportunistas y los mercenarios que arribaron a las representaciones populares y a los Gobiernos locales montados -con cinismo simulador y acomodaticio- en la causa lópezobradorista. Y destacarán los fraudes y la decepción que se advertían y han sido las gestiones morenistas en Municipios tan importantes como los de Cancún, Playa del Carmen y Chetumal (Benito Juárez, Solidaridad y Othón P. Blanco), en el Caribe mexicano. Pero en esos y otros desastres menores y mayores han tenido que ver lo mismo la falta de control de daños de la cúpula morenista, tanto como las precipitaciones iletradas y desprevenidas y masivas de una milagrería electorera que ha supuesto que, con cruzar una boleta en las urnas invocando el poder transformador absoluto del líder del Morena, todo se resolvía. Y del mismo modo que ese aventurerismo electorero sigue siendo una pesadilla democrática tan desterrable, lo seguirá siendo el clamor crítico de cuantos advierten que los errores del morenismo son, todos, atribuibles a López Obrador, y que los aparentes equívocos presidenciales son factores determinantes para que el país empeore a grados más alarmantes que los padecidos en medio siglo, y de mayor abyección y degradación institucional y moral que los de la herencia del salinismo neoliberal y el saqueo perpetrado por los regímenes de la alternancia en el poder y el del retorno del tricolor tras el fracaso sangriento del panismo foxista y calderonista.

Tras el estercolero legado por el populismo autoritario y el neoliberalismo rapaz, no había más alternativa de reconstrucción confiable que la del actual presidente de México. Y la naturaleza de su liderazgo y las vocaciones de su personalidad moral y de la orientación de su mandato, son infinitamente superiores a todos los mandatos precedentes, son su antípoda, y su ejercicio presidencial puede que deje muchos pendientes entre la inmensidad del desastre nacional por reparar, pero bien puede asegurarse, sin lugar a dudas, que es lo mejor que podría haberle ocurrido a México.

Y es por demás venturoso tener la certeza de que el presidente no comulga con ni tolerará las desviaciones, los vicios y las calamidades de las malas gestiones morenistas y opositoras que están arruinando al extremo y comprometiendo la viabilidad de Quintana Roo y de sus Municipios, luego de haber ganado las elecciones y asumido sus mandatos sobre la divisa del cambio y la reivindicación moral de la vida pública. No lo tolerará ni será cómplice de esas traiciones gobernantes y falsamente representativas del interés público. No lo hará, porque no es ésa la identidad conocida de su liderazgo y de sus ya largas luchas contra el estatus quo. Y no lo hará, porque hacerlo supondría el principio del fin de su proyecto nacional. Y López Obrador, a diferencia de los demás líderes políticos de la mayor jerarquía, no ha llegado al poder supremo del Estado a enriquecerse a costa de envilecerlo como la representación institucional que debe ser del mandato ciudadano.

Y los gobernantes locales y los aspirantes a legisladores y a otros cargos de elección popular, debieran asumir de una vez por todas o empezar por entender, que los viejos y podridos moldes y modos de hacer política y ejercer el poder, ya no sirven para tener éxito, trayectoria y popularidad, y acaso sean, más bien, un peligro para la pretensión de asumir el poder con el fin primario y último de lucrar.

SM

estosdias@gmail.com

 

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