La ballena azul o el suicidio incitado por la internet

La ballena azul o el suicidio incitado por la internet

6
0
Compartir

Cortesía de la Gaceta del Pensamiento No. 40

Francisco Pinzón

“Estaban felices de morir”, dijo Philipp Budeikin ante un puñado de medios de comunicación y las autoridades rusas encargadas de enjuiciarlo por instigar al suicidio de al menos ciento treinta niños y adolescentes de entre diez y diecisiete años edad. Fue arrestado en noviembre del 2016 luego de una investigación de un comité de instrucción ruso tras detectarse un sensible aumento de suicidios en adolescentes de aquel país.

        Los investigadores hallaron que las víctimas, mujeres en su mayoría, habían descendido por una espiral emocional más grave y veloz que los casos promedio de suicidio infantil y juvenil; de hecho se encontró que las chicas mostraban huellas de extrema privación de sueño, de automutilación y paranoia. Notaron también que todas eran usuarias de redes sociales, en especial VKontakte, popular en Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

        Al final, después de analizar miles de perfiles, charlas y foros, el comité de instrucción descubrió el detonador de la ola de suicidios: un perverso ejercicio cibernético de control de conductas llamado “El reto de la Ballena Azul”, controlado por un homicida amparado bajo el pseudónimo de Philipp Lis. Éste fue, durante la investigación, el nombre del d’voyka, del demonio que inducía a los niños al suicidio.

        Después de su aprehensión, acusado de la muerte de por lo menos quince menores, el  público pudo conocer a Philipp Budeikin, de 21 años, quien desde 2013 había analizado las redes sociales en busca de niños y adolescentes susceptibles a la autodestrucción. Como moderador de ciertos foros, obtenía información de miles de víctimas potenciales. Sus estudios en psicología le permitían determinar a los más vulnerables y, manejando sus dotes de manipulador, invitaba a sus posibles víctimas a jugar “El reto de la Ballena Azul”, así llamado porque se refiere al fenómeno de los varamientos (o “suicidios”) de estos cetáceos en las costas de Rusia y otros países.

        La apuesta consistía en lograr que el sujeto completara un total de cincuenta desafíos que incluían la automutilación, el vandalismo y la crueldad animal y, para privar del sueño a sus víctimas y socavar su resistencia mental, Budeikin les exigía despertarse de madrugada para ver películas de terror. También demandaba la toma de killfies, una suerte de selfies en la cual la persona se retrata en situaciones de riesgo extremo; buscar el edificio más alto y quedarse de pie en el borde de la azotea por veintidós minutos, charlar con otra ‘ballena azul’ por Skype que le será mostrada por el administrador… El juego concluía en el último reto, el suicidio.

        “Existe gente y, por otro lado, los desperdicios biológicos, que son personas sin valor alguno -dijo en entrevista con el portal noticioso Saint-Petersburgh.ru-. Yo estaba aseando a la sociedad; les di la calidez, la comprensión y la comunicación que necesitaban”. En cada audiencia, en cada entrevista, los interrogadores buscaban en el joven Budeikin al diablo en la persona, pero nunca lo podrían encontrar en él porque esta vez el d’voyka se había vuelto viral en las redes.

        A su vez, en una entrevista publicada por la BBC inglesa, el acusado indicó que él “era realmente el administrador del grupo” e insistió en que no había un plan satánico alguno y que tan sólo estaba bromeando”. El Gobierno ruso considera que no se trata de un solo portal, sino que fueron creados por lo menos otros cinco más. Según la misma agencia, la oposición asegura que el Gobierno ruso usó esta información para tratar de limitar el acceso a internet y que el juego, en realidad, nunca existió.

        A pesar de que el encarcelamiento de Budeikin significó un descenso notable de este tipo de casos de suicidio en Rusia, redes sociales, con Instagram y Facebook a la cabeza, se encargaron de llevar “El reto de la Ballena Azul” al resto del mundo. Pronto, niños y adolescentes de otros países europeos y de Asia y América comenzaron a caer víctimas del mortal juego. Por ejemplo, Osmar Serraglio, ministro de Justicia de Brasil, reconoció la creciente problemática de intentos de suicidios en su país y ordenó a la Policía cibernética investigar el asunto con carácter prioritario. Otros casos similares se dieron en Uruguay, Paraguay, Chile, Argentina, Colombia y Nicaragua.

        En el Reino Unido, un amplio análisis de la Universidad de Oxford reveló que “El reto de la Ballena Azul” ha contribuido de manera sustancial a la multiplicación de foros cibernéticos que promueven y asesoran el suicidio. A su vez, la Universidad de Salford, en el mismo país, sostiene que el problema es mucho más profundo. Su estudio indica que no existe medio de comunicación más nociva que Twitter y Facebook, ya que estas redes se popularizan por medio de la negatividad y el odio, causando altos niveles de ansiedad e inseguridad. No en vano tantos suicidios están vinculados a las redes sociales y al acoso cibernético –cyberbulling– que consiste en un incansable acoso hacia una persona con el fin de destruir su autoestima y herirla psicológicamente.

        Entre tanto, las redes sociales han tomado medidas muy laxas para combatir estas patologías sociales que se expanden desde sus plataformas. Por ejemplo, en el caso del letal juego, Instagram se limitó a lanzar una advertencia sobre el mismo al que colocó un link con la leyenda “Deseo ver el contenido”.

        Las redes sociales y los espacios personales en línea, como se sabe, fueron creados como un mundo paralelo en el que cada cual puede ingresar y comentar con amplia libertad cualquier tema e interactuar con otras personas intercambiando material gráfico y auditivo. Su naturaleza, en primera instancia, era tan entretenida, que con rapidez se volvieron el pasatiempo global por excelencia.

        Propulsadas por las compañías más grandes del mundo en materia de comunicación satelital, el internet y sus derivadas redes sociales se expandieron de manera exponencial y el uso de teléfonos inteligentes y de tabletas electrónicas se volvió, en un parpadeo, en una moda casi obligatoria para la sociedad. De hecho, estos aparatos se han convertido en las niñeras del siglo XXI. Bebés y niños empuñan sus artefactos como sonajas con el beneplácito de los padres que encontraron, al fin, el modo más efectivo de entretener a sus vástagos.

        Allí es donde está el peligro, las redes sociales están siendo utilizadas para desfogar odios y propagar materiales perversos. No es necesario ya descender a la red profunda, a la deep web, pues en la abierta en general se pueden presenciar violaciones, decapitaciones, mutilaciones y otros horrores semejantes. Las redes sociales han tenido mucho que ver con ataques brutales, con linchamientos y todo esto es transmitido por wi-fi, lo que incluso faculta al navegante que presencia un homicidio para calificarlo de “positivo” poniendo un simple like con el dedo.

        El otrora patio de recreo virtual ha salido de la pantalla táctil para entrar al mundo de una gran parte de la población, convirtiendo a los menores en víctimas. Jesse Weinberger, experta en seguridad virtual y autora del libro The Boogeyman exists and he´s in your child’s back pocket estudió a setenta mil niños usuarios de teléfonos inteligentes y encontró que muchos de ellos comenzaban a enviar textos con contenido sexual desde los cinco años y a los ocho eran ya consumidores de pornografía y hasta adictos a la misma.

        Cada vez son más las voces en el mundo que coinciden en que las redes sociales se han convertido en sitios que pueden ser peligrosos para los menores y necesitan ser reguladas. Para muchos padres, como los rusos que sufrieron el suicidio de sus hijos, el costo de la falta de restricciones resultó impagable. No se debe temer a la regularización de contenidos, ni los padres deben comportarse como infantes a los que van a imponerles reglas. Es entendible la desconfianza que el tema genera, pero se debe dar la regulación.

        “El reto de la Ballena Azul”, pese a su expansión, parece estar a punto de desaparecer. La aprehensión de Budeikin fue pieza clave para ello, pero existen otras amenazas en las redes sociales. Para neutralizarlas, de manera irónica, pueden ser usados los anzuelos del homicida ruso y tratar a los menores con “calidez, comprensión y comunicación”.

        Por cierto, en nuestro país, el pasado marzo la Secretaría de Seguridad Pública lanzó una alerta tras detectar, junto con la Unidad de Delincuencia Cibernética, el primer caso cierto de intento de suicidio relacionado con el morboso juego por parte de una estudiante de secundaria de la delegación Iztapalapa, en la Ciudad de México, manipulada por medio de Facebook.

You are not authorized to see this part
Please, insert a valid App IDotherwise your plugin won't work.

No hay comentarios

Dejar una respuesta