La cosa no es cambiar, sino adaptarse

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La cosa no es cambiar, sino adaptarse

¿Es ya una condición natural, un sino irremediable, la cultura en la que habrá que sobrevivir y perecer? ¿Los inadaptados no tienen para dónde hacerse, deben resignarse, resistir hasta la histeria o sucumbir en el intento de predicar en el desierto como ladran los perros a la Luna?

Hay demasiada eventualidad y banalidad en el ambiente. El ejercicio crítico en el cada vez más difuso espectro de la opinión pública es, asimismo, más anecdótico y trivial.

Como ya casi nadie lee y menos escribe, y el proceso de la abstracción se ha convertido en algo exótico y descontinuado (el concepto es pasatiempo –o pérdida de tiempo-de eruditos, y la erudición -apenas el mínimo bagaje, medio ilustrarse, saber algo- no cabe en los formatos digitales de la masiva levedad que hace el torrente sanguíneo de las redes sociales, donde toda información y toda observación sobre la misma son apenas partículas moleculares noticiosas desplazadas del espacio cibernético y de la percepción humana por otras que llegan y se van del mismo raudo e instantáneo modo, e incapaces de agruparse no pueden acceder a los umbrales del cada vez más remoto pensamiento deductivo, y mucho menos fraguar tesis y trascender la fugacidad de su presente, también menos inasible y valorable), parece que la inercia de los acontecimientos de la política mexicana y sus secuelas institucionales y sociales no pueden tener otro curso explicativo que el de la ingobernabilidad y el caos hasta sus últimas consecuencias, ¿cuáles?, pues las de la tolerancia y la resistencia –convertidas por la inercia del modo de ser en atributos ordinarios- para sobrevivir en la ignorancia y la incivilidad creyendo que todo lo que pasa es lo que tiene que pasar;que las soluciones de la democracia electoral posible no pasan por la escuela y la genética del conocimiento, sino que las protestas populares y la inconformidad generalizada sólo tienen por alternativala de los mismos nombres y apellidos que van y vienen como candidatos –y barajas de tahúres- entre los partidos o como independientes, así tengan las colas y las uñas más largas y más sucias de cuantos bichos pueblan y se afanan para sí los beneficios patrimoniales en la selva de la vida pública nacional; y que después de ir de un partido a otro y de un candidato a otro sólo para que las cosas vayan de una mala situación a otra pésima, se insista y se establezca como una inexorable e inconsciente condición de la cultura política, que la única realidad posible es la del círculo vicioso de seguir yendo a las urnas para que las cosas no paren de ir de mal en peor, y las noticias del momento y los análisis que surcan la urdimbre cibernética a la velocidad del inmediatismo perecedero-plagados en sus respectivas órbitasde toda suerte de criterios circunstanciales que integran la opinión pública más volátil e intrascendente de todos los tiempos-, no pueden ser distintos de lo que son ni ayudar a que esa opinión pública sin asideros cognitivos deje de ser lo que es para que su entorno histórico y social, y los valores de su democracia y de su suerte, no se sigan derrumbando como algo que sólo hay que aceptar porque así son las cosas en México.

El delincuente y multimillonario exlíder de los mineros, Napoleón Gómez Urrutia, puede ser senador de la República defendiendo la oferta moralizadora del candidato más popular y con mayores posibilidades de convertirse en el próximo jefe del Estado mexicano, Andrés Manuel López Obrador, líder del Movimiento de Regeneración Nacional, que se asume y se propone como el de las causas más humanas, más justas, más éticas, más enemigas de la corrupción y más de izquierda del país.

El que fuera el más íntimo de los amigos, colaboradores y compinches del presidiario y también multimillonario exgobernador quintanarroense, Roberto Borge Angulo, y su candidato preferido –aunque fallido- para legarle el poder del Estado y la salvaguarda de sus negocios políticos y sus vastos y mal habidos patrimonios privados, José Luis Toledo Medina, su hechura más acabada y el modelo de títere que veía a su imagen y semejanza –como Félix González Canto lo concibió a él, a Beto Borge, y Joaquín Hendricks Días forjó a González Canto, en una sucesión de arbitrariedad e impudicia priistas que destruyó como nunca al Estado, justo en los años inaugurales de la era de la democracia nacional-, puede también ser alcalde cancunense defendiendo ahora, asimismo, la oferta de otro partido de izquierda, el de la Revolución Democrática, y su causa de redención nacional, defendida además por el partido más importante de la derecha y de la moral cristiana y de la Iglesia y los principios católicos en México, el Partido Acción Nacional, ahora aliado de ese partido de izquierda cuya ideología y cuyos principios enarbola desde hace unos días el recién expriista y exborgista, José Luis Toledo, “Chanito”, en nombre de la unión de la izquierda perredista –promotora de los matrimonios homosexuales- y la derecha confesional antiabortista y enemiga jurada de las uniones y las adopciones de hijos entre parejas del mismo sexo.

Marybel Villegas es un personaje político sin compromisos militantes ni adhesiones duraderas de representación popular de ningún signo partidista, para no decir ideológico –porque ya no hay partidos ni militantes ni aspirantes a cargos de elección, y casi ni ciudadanos, con ideologías, principios doctrinarios y esas yerbas del activismo prehistórico por el poder-, ni de algún tipo de convicción de servicio público. Ha usado a los partidos en un intercambio de intereses particulares de conveniencia coyuntural, donde lo que ha primado es la ganancia mutua y donde no hay registro alguno de rentabilidad social e interés general. Se hizo al PRI de Roberto Borge y se hizo cómplice de los excesos autoritarios y predatorios del ahora exgobernador preso a quien dedicó vergonzantes panegíricos, como cuando “Chanito” presidía el Congreso local y ella la Comisión de Asuntos Municipales y recitaba sin rubor ninguno y entre muchas otras chocantes frases laudatorias, que “el gobernador Roberto Borge Angulo es un hombre con visión de Estado y un gobernante al servicio de los quintanarroenses, cuyas políticas en materia de turismo y desarrollo social han tenido un éxito indiscutible”.

¿De veras, el Morena y el PRD no tienen liderazgos menos impresentables que toda esa ralea para proponerlos como sus candidatos más distinguidos para la defensa de los intereses sociales en sus respectivos ámbitos de mandato y representación? ¿No fue, Raymundo King de la Rosa –ahora candidato a senador priista-, correligionario y compañero entrañable de “Chanito” y Marybel Villegas durante el patriarcado enfermizo de Roberto Borge sobre la servil dirigencia priista estatal del primero, financiada con dinero y recursos sin cuento del erario del Estado, como se financiaron las actividades políticas de todos ellos y buena parte de sus patrimonios privados durante ese turbio pasaje gubernamental? ¿Y el protectorado paterno de la carrera y la candidatura también al Senado de la priista, Leslie Hendricks –por el Panal, que todo se puede en el negocio de las coaliciones-, es más inescrupuloso y censurable que las propuestas –presuntamente- adversarias al PRI? Todos ellos eran de la misma cuadra. Aliados al Verde -tras el negocio armado entre el dueño de este partido, Jorge Emilio González Martínez, y el presidente priista, Enrique Peña- formaban en la misma línea de Remberto Estrada Barba, el actual alcalde cancunense y candidato a repetir los mismos atropellos y despojos en el Ayuntamiento que preside bajo las órdenes de su tutor, González Martínez. ¿Qué los hace diferentes más allá de las siglas, los colores de los partidos y los nombres de las coaliciones en las que ahora participan unos y otros? ¿Cuál es la estela de los aportes de su trayectoria? Son públicos y conocidos algunos de sus indecorosos nexos políticos y sus pésimos o incoloros expedientes de servicio; no lo son las virtudes que los acrediten como candidatos a posiciones de representación popular. ¿Por qué sería mejor “Chanito” ahora como alcalde perredista del primer Municipio turístico del país, que como el candidato preferido que fue de Beto Borge para quedarse en su lugar como gobernador? ¿Por qué sería mejor ese exdiputado yempleado fiel que fue de Beto Borge, que el alcalde y empleado fiel del verde González Martínez, que en su nombre y en el de la sociedad de intereses que comparte con el PRI –subordinado ahora éste, desde luego, al PVEM- desgobierna el Municipio cancunense?¿Qué puede hacer a Marybel Villegas mejor defensora y representante de la lucha contra la corrupción del candidato presidencial del Morena, Andrés Manuel López Obrador, que de la corrupción priista de Beto Borge; qué, porque nunca como ahora, en la izquierda lópezobradorista pregonera de la transformación moral de México, Marybel Villegas está teniendo el éxito político que jamás tuvo en todos los partidos y con todos los gobernantes con los que intercambió beneficios particulares? Sí: en la política algunos llaman a eso pragmatismo, dizque porque ella le aporta a la candidatura presidencial del tabasqueño, importantes grupos de votantes y brigadas para la logística electoral y la promoción y vigilancia del voto, pero en la vida corriente eso se llama, cuando menos, inmoralidad e incongruencia.

Y así… nunca como en el proceso electoral en curso tanta piltrafa política se ha disputado las candidaturas a los Gobiernos y a las representaciones populares en juego, en lo que bien se puede advertir, asimismo, como el peor de los escenarios éticos de todas las contiendas electorales en la historia democrática del Estado y del país, y donde el tráfico de las candidaturas, de las más a las menos ruines, va de un partido a otro y de una coalición a otra sin mediar la mínima condición moral y ateniéndose sólo a las presunciones de un saldo favorable en las urnas, dentro de un entorno de progresiva incivilidad del electorado y de la opinión pública que circula por la inmediatez digital de las redes sociales, donde lo único que cuenta es de dónde se va quién y dónde amanece mañana como candidato, y lo que menos importa son los dividendos de productividad de donde sale y la dimensión previsible de los perjuicios del cargo al que llegará si la suerte y la conformidad popular lo siguen acompañando.

De manera interactiva con la vertiginosa depreciación democrática –política y moral- es la degradación intelectual de la opinión pública que ahora domina la cultura del país: la de las redes sociales. Adaptarse a la simplificación mental del público cibernético es lo que a menudo se recomienda y se estima como lo más sabio de la comunicación social de estos tiempos (tan líquidos, diría Zygmunt Bauman, y, en México, además, tan ingrávidos). El analfabetismo funcional progresivo y la consecuente ignorancia expansiva suelen no concebirse como la consecuencia de un poderoso y generalizado deterioro educativo, espiritual y humanísticoque está conduciendo a la incivilidad política extrema y a la descomposición institucional y social (decía Jesús Reyes Heroles que con la influencia de la telebasura de su tiempo los niños olvidaban en las tardes lo que en las escuelas aprendían por las mañanas, pero hoy día, la mayoría de los estudiantes ni siquiera aprenden nada en las aulas o lo olvidan de inmediato, porque bien pueden prescindir de todo, menos de la basura mental que les llega por los celulares), sino apenas como una moda, como algo que está ocurriendo en tanto una tendencia masiva inevitable a la que se debe responder con aptitud e inteligencia suficiente –es decir: con mensajes vacíos e inservibles, pero provocativos y oportunos- para poder competir de manera eficaz en dicho mercado de la información y la opinión efímeras. Nada de conceptos, pues. Nada de derivaciones teoréticas ni de ideas que parezcan complicadas. Sólo conjeturas y conclusiones muy breves y a la primera impresión.Ésa es la clave. La superficialidad y la simplicidad son las que mandan. Las proyecciones de los sucesos serán cosa de la inevitable realidad. No hay por qué prever su desarrollo si todos somos iguales, democráticamente limitados, y no es posible prevenir y menos impedir lo que acaso puede llegar a ser muy negativo. Mejor la resignación ante lo desconocido que el trabajo anticipado de conocer sus causas y atenderlas.

Es cierto que la tendencia global de la comunicación social y la opinión pública es la de la simplificación informativa y crítica del ambiente digital, donde se desvanecen los géneros periodísticos esenciales y la cualidad y el estilo personalizado y distintivo de la escritura de las notas. La diferencia entre las democracias civilizadas y las del tipo de la mexicana es que si bien la decadencia del humanismo y de la civilización es un proceso mundial entrópico e irreversible, en las primeras la reducción de los textos (las noticias por lo general pierden la autoría de su primera emisión a partir de su incorporación al caudal de los repartidores de las mismas que las ‘comparten’ al infinito y las estandarizan, en un cursode agotamiento de la virtud de la‘primicia’ y de la competitividad de su tratamiento informativo y editorial) adhiere la racionalidad de comprimir los contenidos sin sacrificar –del todo- el valor sustantivo de los mismos de acuerdo con los niveles educativos de dichas sociedades. En las segundas, lo único que suele importar es la emocionalidad instintiva de lo que se emite y se comparte. Y la aptitud del comunicador estriba en adaptarse a ese tipo de consumo. Es decir: mientras más rápido se opere y más impulsos reactivos de interés anímico se produzcan, más éxito se tiene. De ahí que lo más elegible sean las noticias arregladas con ese fin y el morbo para insuflarlas de la manera más lacónicamente enunciativa e inmediata (lo que importan son los titulares, el nombre de los implicados y las adjetivaciones más convenientes), en función de determinados sectores interesados más en el sensacionalismo especulativo y artificiosamente manipulado de lo efímero, que en el valor pedagógico de la información y del análisis profesional delo acontecido y el cálculo de sus posibles horizontes. El resultado es una opinión pública digital por demás disgregada, atomizada, confundida, y tan líquida y poco cohesionada, como incapaz de transformar nada.

Esa levedad determina que lo importante del proceso electoral no sean sus consecuencias, sino las anécdotas de sus protagonistas convertidas en noticias y en sucesos de la opinión pública digital. La devastación del país es lo de menos. Se siente, pero la receta de vivir mejor no es la de diagnosticarla e intentar evitarla o atenuarla, sino la de adaptarse a ella del mejor y menos arduo modo posible.

SM

estosdias@hotmail.com

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