La desgracia del PRI en Quintana Roo no cesa…

La desgracia del PRI en Quintana Roo no cesa…

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Por José Hugo Trejo

         En Quintana Roo el priismo está viviendo su extinción por la falta de liderazgos locales con capital económico y político que les permitan reorganizar al partido que hasta hace un año mantenía un papel hegemónico en la entidad por el respaldo financiero y logístico de los gobiernos estatal y municipales.

Sin embargo, después de la derrota en las elecciones para Gobernador del Estado y de la pérdida del control del Congreso local, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) quedó como un barco a la deriva, con un capitán sin ruta trazada ni tripulación que le haga caso y sin la conciencia mínima de la tragedia que padece la nave tricolor.

         La sociedad identifica como priistas a los dirigentes del partido, gobernadores, presidentes municipales, diputados y senadores que han controlado al PRI a su antojo y al servicio de sus intereses personales o de grupo y que son los que lo han llevado a la situación desastrosa en que se encuentra en Quintana Roo y en la que caerá en 2018 cuando ya no sea gobierno en el país.

El priismo, para muchos sectores de la sociedad más que una militancia es una condición peyorativa, un calificativo relacionado con la prepotencia, el autoritarismo, la corrupción, la tranza, el amiguismo, el tráfico de influencias, los negocios con el poder, la impunidad, la mafia tolerada. Esta es la imagen que le crearon los gobernantes, los diputados, senadores, funcionarios y presidentes municipales que se han enriquecido y se están enriqueciendo al amparo del ejercicio del poder con la complacencia de unos y otros sin que alguien ponga freno a sus abusos, ni se atreva a auscultar el origen y los niveles de riqueza mal habida que disfrutan ellos y sus familiares.

A esos priistas no les afecta la tragedia por la que atraviesa el tricolor. La mayoría de ellos no tienen conciencia política, ni moral ni vergüenza siquiera. Compromiso social tampoco tienen. Ni siquiera la lealtad y la solidaridad que suele existir entre los integrantes de las mafias delincuenciales. Son individualistas que incursionaron en la cosa pública porque las circunstancias o los apellidos los llevaron ahí. Tuvieron el poder y lo usaron para enriquecerse, para satisfacer su vanidad, para fanfarronear, para darle vuelo a su perversidad jugando con las aspiraciones y las debilidades de sus cuates y colaboradores cercanos. Sin poder, han mostrado la carencia total de un espíritu de lucha, de un sentido político.

Y eso es lo más trágico para un PRI que no tiene quien lo reaglutine, quien le dé órden y certidumbre. Porque los hombres y mujeres que tienen los recursos económicos y políticos para hacerlo están más preocupados por salvar sus fortunas mal habidas y por conservar privilegios de Estado que les regatean sus adversarios que los desplazaron.

Muchos pensaran que lo mejor que le puede pasar a la sociedad quintanarroense es que el PRI desaparezca como partido. Pero el PRI no sólo son los corruptos y los cobardes que llevaron a esta organización al estado de postración en que se encuentra.

En el priismo hay viejos y jóvenes militantes auténticos que apostaron su futuro en el trabajo de promoción de su partido, de organización de seguidores y simpatizantes, para buscar un espacio político o de gobierno que les permitiera ascender en la escala social y hacerse de una carrera política prometedora. Hay simpatizantes leales entre los más de doscientos mil que votaron por esta opción en la última elección de Gobernador y presidentes municipales.

Todos ellos y la sociedad quintanarroense en general, fueron traicionados, primero por los exgobernadores quintanarroenses y por los dirigentes nacionales que encabeza el Presidente Enrique Peña Nieto, como máximo líder del PRI, que decidieron entregar la franquicia política al dueño del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) Jorge Emilio González Martínez, “El niño verde”, a cambio de su respaldo a la candidatura presidencial priista de 2012.

Luego siguieron siendo traicionados los militantes del municipio de Benito Juárez, del de Lázaro Cárdenas, Puerto Morelos y Bacalar, al cancelárseles la posibilidad de competir electoralmente porque por una decisión copular se entregaron las candidaturas a militantes del PVEM y del Partido Nueva Alianza.

Y los enriquecidos exgobernadores, ex diputados y senadores del PRI, siguen traicionando a sus correligionarios y a la sociedad quintanarroense, por no dar cuartel a sus adversarios políticos y permitir con esto que existan contrapoderes que generen equilibrios para que quienes gobiernan no caigan en la tentación del autoritarismo y la autocomplacencia a falta de éstos.

Pero en vez de eso, andan más preocupados porque no les quiten guaruras, por entregar las cabezas de quienes fueron subalternos que quedaron en posiciones de poder que son claves para sus adversarios.

Por eso no fue complicado para el gobierno en turno hacer los cambios en posiciones que parecían complicadas, como la de la Fiscalía General del Estado y la Auditoría Superior del Estado. No será difícil ninguna que quiera el nuevo gobierno tumbar. Entre los que controlan al PRI en Quintana Roo, no hay resistencia a nada que quieran hacer quienes los desplazaron, sólo ganas de complacer para que no se les juzgue ni se les recorten privilegios.

Por eso están jodidos los priistas. Y por eso estamos jodidos como sociedad, porque no hemos tenido hasta ahora políticos que sirvan como tales a sus partidiarios y a los ciudadanos en general…

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