La extinción progresiva de especies únicas de flora y fauna es, desde...

La extinción progresiva de especies únicas de flora y fauna es, desde hace medio siglo en que se fundó Cancún y a un paso tan rudo como irreversible y terminal, el costo del progreso turístico en el Caribe mexicano, y los Gobiernos morenistas no se distinguen de sus opositores frente a la letalidad del crecimiento urbano y el ecocidio consecuente

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Quintana Roo está pagando un alto precio por el gigantismo poblacional y el caótico crecimiento inmobiliario y turístico: pierde a un ritmo desmedido e incontrastable en el mundo civilizado, las riquezas naturales que son su principal atractivo y que son tan únicas como frágiles y susceptibles a la extinción. Todo se vende, se puede habitar cualquier paraje, se puede vivir de cualquier cosa, se puede destruir cualquier tipo de vida… El Estado ocupa los primeros lugares en expansión demográfica, pero también –y por eso mismo- en deforestación, contaminación y pérdida de especies animales emblemáticas del Estado, como el mono araña y el jaguar, que en 10 años podrían declararse extintos. El ecosistema de los corales se va muriendo también debido al avance del fenómeno del blanqueamiento, que es provocado tanto por factores ambientales como humanos, pues los residuos y los fertilizantes agrícolas inciden en el crecimiento de algas nocivas. Pero estas pérdidas a muy pocos interesan, mientras el dinero siga fluyendo en los cada vez más grandes desarrollos habitacionales y turísticos de Cancún, Puerto Morelos y Playa del Carmen, y ya también de Holbox, Tulum y Bacalar.

Javier Ramírez

Debido al acelerado crecimiento urbano de sus principales ciudades turísticas, Quintana Roo ocupa el primer lugar nacional en tasa de deforestación, y el quinto en la reducción de su fauna nativa, de acuerdo con las investigaciones reveladas en las últimas semanas.

El pasado 12 de marzo, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) informó que para este año se espera perder un promedio de 15 mil hectáreas de selva y mangle, de las cuales el 45 por ciento serán cubiertas con cemento por los nuevos fraccionamientos, para satisfacer la demanda del crecimiento poblacional y del negocio inmobiliario, en tanto que otro 28 por ciento lo utilizarán para las actividades del campo y la ganadería.

El resto de la flora será devastada para garantizar el acceso de los turistas a los grandes hoteles, o simplemente para hacer más atractiva la oferta de ‘sol y playa’.

El costo del crecimiento

El pasado 18 de abril, un grupo de ambientalistas reveló que la constructora encargada de un nuevo desarrollo condominal, justo a espaldas del Fraccionamiento Jardines del Sur, en Cancún, está orquestando una cacería de coatís, tejones, mapaches y venados, para ‘limpiar’ el polígono, de 20 hectáreas, ubicado en la Supermanzana 326.

De inmediato surgieron las voces de indignación por este hecho, luego de observarse los videos donde los animales huían despavoridos de las grandes máquinas.

Al ser cuestionados al respecto, los encargados del desarrollo residencial aseguraron que no existía ninguna matanza indiscriminada de estas especies, sino que sólo fueron “algunos ejemplares” que se encontraban, “de paso” -y para su mala suerte-, en el lugar.

Comentaron, además, que no eran animales en peligro de extinción, por lo que no había ninguna razón para alarmarse.

Lo cierto es que de acuerdo con el estudio “Desafíos para la conservación de la biodiversidad en Quintana Roo”, realizado por la Universidad Autónoma de Yucatán, el crecimiento urbano en los últimos siete años de las ciudades de Playa del Carmen y Cancún ha puesto en peligro de extinción a 11 especies de animales, otras 15 en categoría de “amenazadas”, y, ocho, sujetas a protección especial.

Entre esas especies que no tendrán más remedio que desaparecer –porque no se advierten planes de control sobre las causas de su exterminio- sobresalen el mono araña, que ha reducido su población en un 28 por ciento, luego de que perdiera buena parte de su hábitat natural por la construcción de grandes fraccionamientos en el norte del Estado.

El jaguar enfrenta un destino similar, e incluso se estima que en 10 años podría declararse extinto.

La mariposa Drydala Phaetusa, especie que habitaba en Cancún, no se ha vuelto a ver en la zona desde 2008.

En el apartado de “Invertebrados acuáticos”, el estudio refiere que en las dos últimas décadas del siglo pasado hubo pérdidas alarmantes en especies claves que habitan la barrera arrecifal que se ubica frente a las costas de Quintana Roo, así como un decremento grave en la cobertura del coral llamado cuerno de ciervo, a tal grado que la especie actualmente puede ser considerada como ‘rara’.

En los últimos 20 años se han registrado cuatro blanqueamientos de corales, enfermedad que aparece cuando los corales expulsan a las microalgas por un aumento en la temperatura del agua, y las especies más afectadas fueron las del género Montastraea y Agariciatenuifolia.

Deforestando la riqueza

Rafael Reynoso Valdez, presidente de la Asociación Mexicana de Arboristas (AMA), Delegación Sureste, explica, en entrevista, que a causa de la deforestaciónse han perdido al menos doce especies de árboles y palmas, en tanto que otras 20 ya están dentro de la Norma Oficial Mexicana NOM059 de Flora y Fauna, de la Semarnat, como especies en riesgo.

“Entre ellas se incluye el guayacán, de la que quedan sólo 80 árboles en todo Quintana Roo. El chit, el lacach y la palma cuca, fueron talados por los desarrolladores de vivienda sin que se aplique un programa de reforestación”, dice el ambientalista.

Añade que,a pesar de que los Municipios de Benito Juárez (Cancún) y Solidaridad (Playa del Carmen) registran uno de los mayores crecimientos urbanos y poblacionales del país, no cuentan con un diagnóstico ambiental que indique cuáles son las especies de flora y fauna más afectadas por esta expansión, por lo que sólo se tiene una idea gracias al trabajo de universidades y grupos de ambientalistas.

“El tema de los humedales es aún más preocupante, porque se han perdido casi 8 mil hectáreas debido al desarrollo turístico; ya sea para construir hoteles, o simplemente porque carecen de carácter atractivo”, puntualiza.

“Esto ha traído como consecuencia la disminución de la calidad del agua en lagunas como la Nichupté, en Cancún, ya que los humedales impedían el paso de nutrientes que favorecen el crecimiento de algas que se roban el oxígeno que necesitan los peces y otros organismos para vivir”.

El investigador explica que la construcción de hoteles sobre manglares ha causado erosión y pérdida de gran parte de las playas en los desarrollos turísticos del Estado, razón por la que se han requerido inversiones millonarias para tratar de recuperarlas.

“Por eso es importante encontrar un desarrollo que respete los recursos naturales, pues si éstos se deterioran, el mismo desarrollo se encuentra seriamente amenazado, como sucede en Cancún”, concluyó.

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