La falta de alternativas y compromisos vocacionales y productivos, fomentan los argumentos...

La falta de alternativas y compromisos vocacionales y productivos, fomentan los argumentos juveniles sobre la falta de expectativas profesionales y cierra el círculo vicioso del deterioro laboral, económico y social del Estado

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Los jóvenes de Quintana Roo de los últimos años, los llamados ‘millennials’, quieren estudiar las carreras más fáciles, aquellas que no tengan Matemáticas, y tener empleos bien remunerados y con excelentes prestaciones al egresar. Se niegan a ser capacitados o demostrar su valía para competir por una plaza laboral. O rehúyen los viejos esquemas de sus padres, de trabajar 30 ó 40 años hasta jubilarse de un trabajo monótono y demandante, optando por ser emprendedores de millonarios negocios. Pero todo queda en aspiraciones y ensoñaciones, porque a final de cuentas ni son emprendedores ni tampoco una fuerza laboral productiva. Culpan al Gobierno de su situación: afirman que no hay nuevas empresas en las cuales puedan emplearse -lo cual tampoco es del todo errado-, pero no toman en cuenta que su falta de preparación(muchos de ellos egresan de universidades “patito”), de vocación y de dedicación, es una de las razones del fracaso inversor y la diversificación económica del Estado. Porque, en general, los niveles educativos son de los peores del país –y en buena medida del mundo- y siguen a la baja. La entidad caribeña padece una de las tasas más elevadas de inmigración pobre y sin escolaridad, que más suele incorporarse a la economía informal –y en alguna medida a la delincuencia- que a los procesos productivos. Escasean la mano de obra y los profesionales aptos y con experiencia. Si no hay formación y no hay convocatorias de inversión, el círculo de la inactividad se cierra, se expande el precarismo y se reproduce la inercia de la insolvencia fiscal, donde las demandas de la pobreza crecen y las contribuciones al financiamiento público para atenderlas, también. En el norte turístico la marginalidad es una constante del orden del crecimiento demográfico y de la falta de recursos educativos y opciones vocacionales y laborales para atajarla. Si bien y aunque mal remunerado, el empleo sigue siendo alto, además de que la calidad del trabajo y el ingreso laboral van a la baja, la velocidad y la magnitud de la inmigración demandante de puestos de trabajo siempre son muy superiores a las posibilidades del mercado de trabajo, y la competencia productiva de esa mano de obra demandante de oportunidades es cada vez inferior, por lo que se incrementan a gran velocidad los rezagos sociales, los asentamientos de la miseria y la inseguridad, factores que afectan el potencial y los valores de la oferta del sector turístico, y las posibilidades de inversión en el mismo y en otros que complementaran la rentabilidad fiscal y social del Estado. Diversificar y mejorar las opciones formativas de las nuevas generaciones, y promover el interés en ellas, es tan importante como estimular y abrir la actividad inversora en términos sectoriales y regionales –fundamentalmente hacia el sur de la entidad-, y como establecer de una vez por todas políticas de regulación poblacional que impidan que los beneficios del crecimiento económico se ahoguen en la demanda y el rezago social del crecimiento expansivo de la indigencia inmigrante. Y si no hay diversidad ni aptitud educativa y vocacional, no puede haber tampoco diversidad productiva, ni en el sector de la empresa privada ni en el público. Las cifras del crecimiento económico turístico seguirán siendo nada más que cifras, en medio de un panorama cada vez más oscuro de inviabilidad del desarrollo, la equidad y el bienestar sociales.

La falta de alternativas y compromisos vocacionales y productivos, fomentan los argumentos juveniles sobre la falta de expectativas profesionales y cierra el círculo vicioso del deterioro laboral, económico y social del Estado

Armando Galera

“Me niego a resignarme a que luego de titularme como abogado voy a terminar trabajando en una tienda departamental, pero ésta es la realidad de miles de jóvenes de Quintana Roo sin la oportunidad de ejercer nuestra profesión al salir de los centros de educación superior”, fue la premisa del discurso en tribuna de uno de los jóvenes participantes en el “Parlamento Juvenil de Quintana Roo”, organizado por la XV Legislatura en días pasados.

Casi de inmediato los presentes aplaudieron la intervención del joven José Eduardo Ávila, representante del Distrito III en Cancún. Los diputados del Partido Verde aprovecharon la ocasión para reavivar un tema redituable electoralmente: la falta de empleos dignos para jóvenes. Y es que sólo dos de cada 10 egresados de las universidades e institutos tecnológicos de Quintana Roo, ejercen su carrera.

Es decir: que en el Estado existe gente capacitada, dicen, pero no hay oferta laboral para ellos acorde con sus habilidades y la remuneración que exigen merecer, según ellos.

Y de nuevo se distribuyeron las culpas: que el problema es el sistema educativo por saturar las licenciaturas en Derecho, Ciencias de la Comunicación, Turismo y Diseño, y que el Gobierno también es culpable por no diversificarla economía para la llegada de más empresas que puedan ocupar a los profesionistas recién egresados, o que las leyes están mal, pues aún no obligan a las empresas a recibir a los jóvenes licenciados con sueldos de la estatura de sus carreras.

Pero nueva información revela que el error es de los jóvenes, al buscar en su primer empleo una estabilidad que a nivel nacional tarda en promedio 12 años en conseguirse.

Empresas insuficientes, ¿o suficientes?

Porque, en primer lugar, en Quintana Roo existen sólo 3 mil 450 medianas y grandes empresas con la capacidad para ofrecer 43 mil plazas para profesionistas, con sueldos que oscilan entre los 6 mil y 15 mil pesos quincenales, de acuerdo con la última actualización del Sistema de Información Empresarial (SIEM) del 15 de noviembre pasado.

El problema es que el 80 por ciento de esos lugares ya están ocupados. La mitad de esas empresas se encuentran en Cancún, y otro 20 por ciento en Playa del Carmen, con giros varios que van desde la actividad turística, hasta despachos de abogados, oficinas de diseño empresarial, cadenas comerciales, colegios, etcétera.

Existen otras 25 mil 732 empresas, pero pertenecen al ramo de las micro y pequeñas: tiendas de abarrotes, papelerías, restaurantes y otras. De éstas, 8 mil 645 se encuentran en Solidaridad, 7 mil 370 en Benito Juárez, 3 mil 740 en Othón P. Blanco, 2 mil 553 en Cozumel, y el resto se dividen entre los demás Municipios del Estado. No requieren personal especializado, ofrecen sueldos máximos de 4 mil pesos quincenales, y son en su mayoría negocios familiares.

Quintana Roo no se encuentra tan mal respecto de estas cifras. De hecho, la entidad ocupa el octavo lugar nacional en cuanto a creación de empresas y el décimo en calidad de sueldos, de acuerdo con los indicadores del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).

Sin embargo, el mismo instituto de estadística revela que las empresas quintanarroenses son las que menos tiempo de vida tienen: el promedio es de casi 2 años de funcionamiento para las pequeñas y micro empresas. Se crean muchos negocios, pero también la mayoría quiebra y al final tienen que bajar sus cortinas y despedir a sus empleados.

Las medianas y grandes empresas enfrentan un panorama aún más adverso: sus dueños invierten entre 500 mil y 5 millones de pesos para instalarlas, pero una de cada cuatro no va a sobrevivir el primer año,otras dos sucumbirán al tercer año, ysólo una logrará consolidarse.

Pero contrario a lo que pudiera creerse, el principal obstáculo para este tipo de empresas no son los altos impuestos, o el poder adquisitivo de los clientes, sino la falta de personal calificado para contratar.

Trabajar sin esforzarse

“En Quintana Roofalta entre los jóvenes una cultura del trabajo y del esfuerzo. Si tienen la ‘prepa’, quieren ganar 3 mil pesos a la quincena por seis horas de trabajo. Y si son egresados de un instituto de educación superior, exigen un sueldo de 8 mil pesos quincenales y oportunidades inmediatas de ascender”, dice Manuel Gutiérrez, miembro de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), y dueño de la consultoría GAMA Asociados, en Playa del Carmen.

“Uno como empresario invierte 300 mil pesos para instalar su negocio. Pero para que pueda funcionar, necesitas una fuerza laboral capacitada. Por eso pides personas con experiencia, para no invertir en su capacitación. Pero si no encuentras al indicado, tardarás entre seis y ocho meses para capacitar a un joven egresado. Esta persona no va a rendirte el 100 por ciento de productividad, sino tal vez entre el 50 y el 70 por ciento, por lo que muchas veces tienes pérdidas. Todo para que después de un año decida renunciar, perdiendo todo el tiempo y dinero invertido en él”, observa el entrevistado.

“Me tomo como ejemplo: Desde hace un año y medio necesito a dos abogados con experiencia en Derecho administrativo. Lo ideal para mí es contratar a personas que tengan experiencia en esta práctica. Al no encontrarlos, he optado por emplear a jóvenes recién egresados de la Licenciatura en Derecho”.

“En primer lugar, no tienen experiencia, por lo que su capacitación tarda como mínimo seis meses. En Estados Unidos y otros países se utiliza el esquema de que empiecen desde abajo si carecen de experiencia, y conforme vayan aprendiendo y demostrando su capacidad acceden al puesto vacante. Pero aquí quieren empezar a ganar el sueldo que ofrece la plaza, aunque no me están dando ni la mitad de la productividad que necesito. Estoy perdiendo con ellos. Y al cabo de un tiempo descubro, o que no tienen la capacidad para el trabajo, o que renunciaron porque no pudieron con la presión. Ése es el problema con los recién egresados”, puntualiza el empresario.

No es un hecho aislado, la historia retratada por Manuel Gutiérrez. De acuerdo con la “Encuesta de Competencias Profesionales” del INEGI, en su edición 2016, el 64 por ciento de los jóvenes quintanarroenses recién egresados consideran que sólo por tener una licenciatura merecen un trabajo con una remuneración alta.

Si a lo anterior se le suma que el 80 por ciento de esos jóvenes valoran de sobremanera una buena calidad de vida y así lo exigen al buscar su primer trabajo (horarios previamente determinados, beneficios, permisos, vacaciones, posibilidad de ascender, entre otros aspectos que no están dispuestos a negociar en su búsqueda laboral), la tarea de buscar y encontrar empleo puede complicarse aún más.

Ocho de cada 10 egresados no están dispuestos a recibir una remuneración menor al trabajo ofertado mientras se encuentran en etapa de capacitación.

Curioso, porque de acuerdo con la “Evaluación de los Egresados de Formación Profesional en México”, elaborada por el Sistema Nacional de Información Estadística Educativa de la SEP, el 80 por ciento de los jóvenes universitarios en Quintana Roo egresan con un nivel educativo por debajo del promedio, y eso es debido a la pobre calidad educativa de las escuelas que existe en el Estado.

De acuerdo con los datos ofrecidos por la SEP, siete de cada 10 egresados en Quintana Roo lo hacen de un colegio particular que ni siquiera cuenta con su Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios, las llamadas universidades “patito”, en las que sólo es requisito pagar la colegiatura para graduarse, tema que Estosdías ha tratado con anterioridad.

Significa que egresan con una pésima preparación en sus carreras, pero exigiendo empleos con onerosos sueldos y las mínimas horas laborables.

Claro que nueve de cada 10 egresados culpan al Gobierno porque su búsqueda no es fructífera.

No dicen, por ejemplo, que sólo el 20 por ciento de los jóvenes que estudian el nivel superior escogió alguna carrera en ingeniería o tecnología, a pesar de que son las mejor pagadas y en las que tienen las mayores oportunidades de encontrar empleo al terminarlas.

La razón es simple: la mayoría de los jóvenes quintanarroenses detestan o tienen un pobre desempeño en Matemáticas. Por eso prefieren licenciaturas que muy poco o nada tienen qué ver con la materia, y con otras de las Ciencias Exactas o de las Biológicas.

Siete de cada diez escogen una carrera basándose en lo‘fácil’ que parece ser. El resto lo hace pensando en las oportunidades laborales que existen en el mercado.

Otro detalle que revela la SEP y que muy pocas veces es considerado, es que en Quintana Roo el 30 por ciento de las personas que estudiaron una licenciatura en los últimos diez años, pertenecen al aparato burocrático de los Estados y los Municipios, aprovechando las oportunidades otorgadas por sus sindicatos y pensando que al graduarse de una carrera recibirán en automático un ascenso o un incremento de sueldo.

El sueño de los emprendedores

Otra tendencia de los últimos años es que la juventud reniega del esquema tradicional de trabajar durante 30 ó 40 años para después jubilarse. En su lugar, prefieren emprender un negocio propio que les ofrezca autonomía de tiempo, grandes ganancias y el mínimo esfuerzo.

“Son los llamados ‘millennials’”, dice Joaquín Oliva Alamilla, presidente de la Asociación de Profesionistas de Quintana Roo. “Quieren crear un negocio millonario en su primer año laboral, sin esforzarse ni invertir tanto.

Cinco de cada 10 jóvenes tienen esa mentalidad, y van aumentando. Dicen que no quieren ser como sus padres, esclavos de un trabajo mal remunerado y exigente. Y no está mal. El problema es que no poseen la capacitación para emprender un negocio, y por eso terminan subempleados en el comercio informal, o simplemente se convierten en ‘Ninis’”.

No es errada su afirmación. En Quintana Roo existen más de 120 mil ‘millennials’, de los cuales casi 30 mil tienen algún grado de estudios de nivel superior. Si la mitad de ellos son emprendedores de negocios, significa que el número de emprendedores en la entidad debe rondar un mínimo de 15 mil.

Sin embargo, la Secretaría de Economía reporta que sólo ocho negocios de‘emprendedores’ se registraron en el 2016, y cinco en el 2015. En lo que va de este 2017, apenas dos se han dado de alta.

Por esta razón, la juventud en Quintana Roo no tiene un buen futuro laboral.

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