La investigación de Trump sobre los aranceles a importaciones del sector automotriz...

La investigación de Trump sobre los aranceles a importaciones del sector automotriz mete presión a la renegociación del acuerdo del TLCcon México y Canadá, tema que los candidatos presidenciales mexicanos no atacan con seriedad

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Una de las principales promesas que hizo Donald Trump durante su campaña proselitista de 2016 para ganar adeptos entre los estadounidenses de clase media-baja fue la eliminación del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá, el cual, aseguró, provocó la pérdida de miles de empleos en su país debido a que decenas de empresas, principalmente del sector automotriz, decidieron instalar sus maquiladoras en territorio mexicano, donde se les ofreció mano de obra barata. Sin embargo, una vez alcanzó la Presidencia, se retractó y anunció que los términos del TLCAN  se iban a renegociar para que Estados Unidos obtuviera mejores beneficios y se redujera el déficit económico con México. De esta manera, en agosto del año pasado comenzaron una serie de rondas entre representantes de los tres países para tratar de llegar a arreglos que beneficiaran sus mercados de manera justa. Siete rondas concluyeron con avances importantes de actualización (muchas de ellas a favor de Estados Unidos, como la imposición de aranceles al acero y al aluminio), pero se acordó realizar una más –con fecha y sede aún sin definir- para desatorar los temas más complejos del tratado: la cláusula de extinción y las reglas de origen del sector automotriz. En la antesala de esta ronda, el presidente Trump anunció el 23 de mayo que su administración iniciaría una investigación de seguridad nacional sobre las importaciones de automóviles y camiones, con el argumento de que éstas están amenazando la salud de la industria y la capacidad de Estados Unidos para investigar y desarrollar tecnologías avanzadas, como automóviles eléctricos, celdas de combustible y baterías. Días antes, Trump se había reunido con fabricantes de vehículos en la Casa Blanca, a quienes adelantó que planeaba imponer aranceles del 20 ó 25 por ciento sobre algunos automóviles importados. De inmediato los Gobiernos de México y Canadá trataron de minimizar el anuncio de Trump, asegurando que la lógica utilizada por éste era endeble y sólo buscaba meter presión en las renegociaciones del tratado. Sin embargo, la noticia sí tuvo un impacto inmediato en la moneda mexicana, que se depreció cuatro centavos. Con su altanería habitual, el neoyorquino menospreció los intentos de ambos países para renegociar y advirtió que Estados Unidos sería el que saliera victorioso de los acuerdos, aunque el 17 de mayo pasado fue la fecha límite que su administración tenía para presentar al Congreso la modernización del TLCAN. Mientras tanto, los tres principales candidatos presidenciales en México, cuestionados sobre este tema en el debate efectuado en la ciudad de Tijuana, expresaron sus polarizados puntos de vista: Mientras Anaya y López Obrador acusaron al actual Gobierno federal de estar cediendo ante las políticas de Trump, Meade refirió que el TCLAN ha sido el único tratado que no ha sido abandonado por Trump, y que por lo tanto existe una buena oportunidad de renegociar a favor de México. Pero, como sucedió en todo el debate y al mero estilo del ‘Bronco’, sólo repitieron las propuestas de siempre porque no tienen idea de lo que recibirán en caso de que las renegociaciones finalicen antes del 1 de julio.

La investigación de Trump sobre los aranceles a importaciones del sector automotriz mete presión a la renegociación del acuerdo del TLCcon México y Canadá, tema que los candidatos presidenciales mexicanos no atacan con seriedad

Javier Ramírez

La primera de las rondas que los Gobiernos de Estados Unidos, México y Canadá pusieron en marcha para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) inició el 16 de agosto del año pasado en la ciudad de Washington. Desde entonces,seis más se han desarrollado en los tres países para desahogar temas como los de Anticorrupción, Tecnologías de la Información y Comunicación, Pymes, y Eficiencia Energética. Sin embargo, dejaron para lo último las cláusulas de extinción quinquenal, la regla de origen en el sector automotriz, los capítulos sobre solución de controversias comerciales, y la propuesta de temporalidad agrícola, entre otros. En lo que se resuelven, el presidente Donald Trump lanzó una investigación de seguridad nacional sobre las importaciones de automóviles y camiones que podría llevar a la imposición de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos, similares a los que aplicó en marzo al acero y al aluminio, lo que encendió los focos rojos en los Gobiernos mexicano y canadiense.

Y es que, de acuerdo con observadores del tema, Washington intenta renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para fomentar la producción automotriz en Estados Unidos. La investigación ordenada por Trump determinará si la producción doméstica perdida ha debilitado a la economía interna de Estados Unidos y su capacidad para desarrollar sistemas conectados de vehículos, automóviles autónomos, celdas de combustible, motores eléctricos y de baterías, y procesos avanzados de manufactura. La medida busca entonces presionar a Canadá y México para que realicen concesiones en las negociaciones para modernizar el TLCAN, así como presionar a Japón y la Unión Europea, que también exportan gran cantidad de vehículos a Estados Unidos.

TLC, con pros y contras

El TLCAN fue firmado en diciembre de 1992 por los entonces presidentes George Bush y Carlos Salinas de Gortari, así como por el primer ministro canadiense Brian Mulroney, pero entró en vigor hasta el 1 de enero de 1994, una vez que el Poder Legislativo de las tres naciones ratificó el procedimiento. Este tratado planteó diversos beneficios, entre éstos un plazo de 15 años para eliminar las barreras aduanales entre los tres países, así como retirar varias restricciones a productos, como vehículos, computadoras, textiles y de agricultura, con el fin de crear una de las áreas de comercio libre más grandes del mundo, con 482 millones de personas, con el 28% del PIB mundial y 16% del comercio global.

El tratado permitió a Estados Unidos impulsar su crecimiento económico en alrededor del 0.5% anual gracias al incremento de sus exportaciones, que pasaron de 142 mil millones de dólares a 517 mil millones, impactando en sectores como el automotriz, el agrícola y el de servicios.

Para 2015, el comercio entre los tres países fue más grande que el existente entre Estados Unidos y Alemania, Corea del Sur y Japón en conjunto, y en 2016, México se había convertido en el segundo socio más importante de Estados Unidos, sólo superado por China.

Sin embargo, el tratado afectó de manera muy negativa el agro mexicano, al ingresar más productos estadounidenses al país, y al posibilitar una competencia muy desigual y muy desventajosa para los productores mexicanos, en la medida en que el Gobierno mexicano suprimía los subsidios –como precios de garantía- al campo nacional, y lo hacía competir con el altamente subsidiado de la superpotencia, cuyos productos eran de mejor calidad y sus productos más baratos, gracias al financiamiento público del sector.

Tal fue uno de los grandes golpes asestados por el Gobierno neoliberal priista de entonces contra los productores agrícolas más desfavorecidos y en favor de los grandes grupos económicos, del mismo modo que los favoreció con la privatización selectiva de grandes y muy rentables patrimonios estatales, como Telmex.

La importación barata de granos subsidiados arruinó a muchos agricultores y campesinos despojados del ‘precio de garantía’ que les permitía sortear con menos dificultades las malas temporadas de cosecha –con lo cual se incrementó la emigración de muchos de ellos y de otros trabajadores rurales y jornaleros a los Estados Unidos-, y favoreció, en cambio, a grupos empresariales como el propietario de Maseca y ahora también de Banorte, beneficiario, asimismo, de la privatización bancaria perpetrada por el mismo Salinas de Gortari dentro de su proyecto modernizador del país, y de apertura e integración de la economía mexicana a la globalización; un proyecto donde las familias más ricas del país se convirtieron en algunas de las más ricas del mundo (la familia Hank, del Estado de México, y la familia González, de Nuevo León, por ejemplo, entrelazadas por relaciones conyugales y de interés corporativo, se hicieron a la postre de inmensos patrimonios financieros y bursátiles –como Interacciones y Banorte-,y la segunda familia pudo monopolizar la compra y el procesamiento del maíz, el grano que es la base del alimento mexicano y de otros pueblos latinoamericanos, en detrimento de los productores mexicanos.

Y sí, se favoreció el sector exportador –en mayor medida el automovilístico y de capital extranjero- y creció el empleo en las regiones industrializadas, pero también se expandió la pobreza rural y la migración del campo a las ciudades y a los Estados Unidos, y la desigualdad del ingreso marcó la brecha más grande entre pobres y ricos de la historia, y una de las más grandes e irremediables del mundo.

Así, en los primeros cinco años del TLC, cinco millones de campesinos tuvieron que abandonar sus tierras y migrar a Estados Unidos.

Pero el sector maquilador de Estados Unidos también sufrió pérdidas masivas de empleos, pues muchas compañías, como Nissan, General Motors y Ford, decidieron instalar sus ensambladoras en México, atraídas por la mano de obra barata.

Y esta última situación fue una de las puntas de lanza en la campaña presidencial de Donald Trump, quien constantemente aseguraba que el TLC era el “peor acuerdo comercial jamás hecho”, y que para proteger los empleos y la industria estadounidense retiraría a Estados Unidos del mismo.

(El discurso no ha incluido, empero, una realidad que, si bien no se menciona en él, está en los hechos y las disposiciones de la política migratoria americana: El TLC incrementó la población mexicana indocumentada en los Estados Unidos, fuente del conflicto y las confrontaciones entre los grupos conservadores más radicales y xenófobos, y los que lo son en menor escala, aunque el problema migratorio se complementa con el flujo de migrantes procedentes de Centroamérica y que la Casa Blanca de Trump exige a México contener a toda costa.)

Sin embargo, una vez asumió la Presidencia el empresario neoyrquino, reculó y anunció que, “por ahora”, Estados Unidos se mantendría en el tratado, pero que iniciaría una negociación en el sentido de modernizarlo y adecuarlo a los intereses de Estados Unidosa fin de eliminar “prácticas desiguales de mercado”, reducir el déficit comercial con México que en 2016 superó los 63 mil millones de dólares -aunque el déficit con China asciende a 347 mil millones-, proteger el comercio digital y revisar la posibilidad de imponer “fuertes restricciones” sobre los derechos de propiedad intelectual.

Comienzan las rondas

En agosto de 2017, los Gobiernos de las tres naciones comenzaron a fijar sus posturas para lograr mejores condiciones comerciales en un esquema trilateral, en el que nadie resulte más beneficiado que el otro, aun cuando Estados Unidos pretende fijar su superávit comercial como medida de éxito y condición para evaluar el desempeño del futuro acuerdo, lo que afectaría a las cadenas productivas regionales.

Por su parte, México busca trabajar para aumentar su competitividad regional y continuar generando oportunidades de comercio e inversión en América del Norte, así como proteger los derechos laborales. Para dar forma a estos objetivos, el Gobierno federal realizó un proceso de consultas públicas en las que participaron sectores productivos, organizaciones campesinas, productores agropecuarios, instituciones educativas y representantes del sector cultural.

Por el lado de Canadá, el objetivo está orientado a modernizar el tratado de acuerdo con la revolución tecnológica y el cuidado del medio ambiente, fortalecer salvaguardas laborales, crear un capítulo de derechos de género y otro de derechos indígenas, armonizar regulaciones para reducir las cuotas fronterizas, buscar un mercado más libre para contratación pública, y facilitar el movimiento laboral de profesionales en Norteamérica.

En las seis primeras rondas de renegociación, los negociadores tuvieron diferencias en diversos puntos: Canadá se opuso abiertamente a la propuesta estadounidense de eliminar el Capítulo 19 del tratado, relativo a la solución de conflictos comerciales por dumping y subsidios, mientras que México afirmó que se requiere mejorar el mecanismo para solucionar este tipo de disputas. Sin embargo, lograron sacar los capítulos de Pequeñas y Medianas Empresas, Competencia, Anticorrupción, y los anexos sectoriales de Eficiencia Energética y de Tecnologías de la Información y Comunicación. Con ello alcanzaron un avance de apenas seis de los 30 capítulos que están en la mesa de negociación.

La última de las rondas efectuadas finalizó en marzo pasado, en la Ciudad de México, donde los equipos técnicos encabezados por el secretario de Economía mexicano Ildefonso Guajardo, la ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, ChrystiaFreeland, y el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, consiguieron concluir los capítulos de Buenas Prácticas Regulatorias, Administración y Publicación y Medidas Sanitarias y Fitosanitarias, así como los Anexos Sectoriales de Químicos y Fórmulas Patentadas.

También avanzaron en los capítulos de Comercio Digital, Telecomunicaciones, Obstáculos Técnicos al Comercio y Energía, así como en el Anexo Sectorial de Farmacéuticos.

Finalmente acordaron realizar una última ronda, previsiblemente en Washington, en la que tocarían los temas más polémicos; uno de ellos, las reglas de origen de la industria automotriz, que define el porcentaje de materiales nacionales que debe tener un automóvil construido en la región para no pagar aranceles. En este punto, Estados Unidos busca elevar las reglas de origen del 62.5% actual a un 85%, además de que tengan 50% de contenido estadounidense.

Ildefonso Guajardo aseguró que México trabajaba en una propuesta para la modernización de las reglas de origen, pero el dirigente de la asociación de armadoras en México (AMIA), Eduardo Solís, dijo que la iniciativa estadounidense no es aceptable y que están revisando la iniciativa de Canadá.

El amago de Trump

En una reunión con fabricantes de autos en la Casa Blanca realizada el 11 de mayo pasado, Trump dijo que planeaba imponer aranceles del 20 ó 25 por ciento sobre algunos vehículos importados, y criticó específicamente a las automotrices alemanas por importar gran cantidad de autos a Estados Unidos. Días después, anunció que iniciaría una investigación de “seguridad nacional” sobre las importaciones de automóviles y camiones que podría llevar a la imposición de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos.

“Pronto habrá grandes noticias para los muchos trabajadores automotrices estadunidenses. Después de muchas décadas de perder sus trabajos que fueron a otros países, ¡ya han esperado lo suficiente!”, dijo Trump en su cuenta de Twitter.

Al respecto, el Departamento de Comercio dijo que las pesquisas bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión de Comercio de 1962 se centrarían en si las importaciones de vehículos y partes están amenazando a la salud de la industria y la capacidad para investigar y desarrollar nuevas tecnologías avanzadas, ante las evidencias de que, “durante décadas, las importaciones del extranjero han socavado a nuestra industria automotriz local”.

Tras conocer el anuncio, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, comentó que la decisión de Estados Unidos está basada en una lógica endeble y claramente relacionada con las conversaciones para modernizar el TLC con Canadá y México, por lo que no había seguridad de que dicha decisión se vaya a concretar.

“Estoy tratando de descifrar la posible conexión con la seguridad nacional, si es que existe”, dijo Trudeau. “Me parece que la lógica que lleva a tomar más medidas que implican a la industria automotriz es muy débil”.

Horas después, habló vía telefónica con el presidente Enrique Peña Nieto sobre el rumbo de las negociaciones del acuerdo comercial entre los tres países. Pero el Gobierno mexicano sólo informó que el presidente Peña “se mantiene optimista por lograr un TLC que beneficie a los tres países”. El vocero presidencial, Eduardo Sánchez, aseveró que México no negociará el TLCAN a base de presiones.

“México tiene muy claro lo que es conveniente y lo que no. No nos vamos a precipitar para llegar a un acuerdo, pues será aquel que realmente beneficie al país. Si no existen esas condiciones, no va avanzar en ese sentido”, puntualizó.

Pero el peso mexicano cayó ese día cuatro centavos.

La postura de los candidatos

Si bien en Canadá también se celebrarán comicios, la mirada está puesta en los candidatos presidenciales mexicanos, principalmente en el puntero, Andrés Manuel López Obrador.

Así, el segundo debate presidencial, efectuado en la ciudad de Tijuana, Baja California, sirvió para conocer la postura que los tres principales aspirantes tienen sobre la renegociación del TLCAN.

Ricardo Anaya, de la coalición Por México al Frente, aseguró que el Gobierno federal del PRI “no se tomó la molestia” de leer los libros de Trump, quien se ha “dedicado a aplastarnos”. Se manifestó por diversificar las exportaciones de México con el mundo, así como por “poner todas las cartas sobre la mesa” de las negociaciones con Estados Unidos y Canadá.

Andrés Manuel mencionó que el problema es que los gobernantes no tienen autoridad moral ni política, y por eso Donald Trump ha ofendido a los mexicanos sin recibir respuesta (aunque le dio la razón en que el Gobierno es corrupto). Su propuesta, dijo, está abierta a la continuidad del TLCAN, pero se manifestó por buscar nuevos compradores de los productos mexicanos, reforzar el mercado interno y desplegar incentivos para fomentar a los productores del campo, afín de que la economía del país no dependa del todo de las ventas a Estados Unidos.

Por su parte, José Antonio Meade, del PRI el PVEM y el Panal, aplaudió que el Gobierno mexicano haya logrado mantener a Trump en las renegociaciones del TLCAN, luego de que éste abandonó el Acuerdo de París y el pacto nuclear con Irán, entre otros. Apuntó que su respuesta sería llevar más inversión al sur-sureste del país, para equilibrar las oportunidades, planteando la creación o modernización de autopistas, puertos, vías férreas en el sur de México, para “cerrar las brechas y las distancias entre el norte y el sur; entre el hombre y la mujer”. Sobre el TLCAN dijo: “hoy estamos haciendo un gran esfuerzo y no vamos a descansar”.

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