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“La policía investiga el caso de una mujer en estado vegetativo que dio a luz en Phoenix”; la noticia revive “Hable con ella” de Pedro Almodóvar

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Nadie se dio cuenta de que la paciente, que lleva 10 años en el centro de esta ciudad de Estados Unidos, estaba embarazada. Nació un niño el 29 de diciembre del 2018. Se encuentra sano. “La Policía ha abierto una investigación criminal para tratar de esclarecer las circunstancias que rodearon la concepción del niño, que necesariamente hubo de implicar una agresión sexual a una mujer vulnerable, incapaz de prestar consentimiento…”, anuncia la oficina del gobernador de Arizona, Doug Ducey. “Hable con ella” es una película española de 2002, escrita y dirigida por Pedro Almodóvar y protagonizada por Javier Cámara, Leonor Watling, Darío Grandinetti y Rosario Flores…

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Llevaba casi diez años en estado vegetativo, tras haber estado a punto de morir ahogada. Recibía atención constante en la habitación de la clínica de Phoenix, en el Estado norteamericano de Arizona, donde transcurre su vida. Pero nadie pareció haberse dado cuenta de que estaba embarazada hasta que, el pasado 29 de diciembre, con ayuda de las enfermeras del centro, dio a luz a un niño, que se encuentra sano. “La policía ha abierto una investigación criminal para tratar de esclarecer las circunstancias que rodearon la concepción del niño, que necesariamente hubo de implicar una agresión sexual a una mujer vulnerable, incapaz de prestar consentimiento”. También el Departamento de Sanidad de Arizona ha emprendido una inspección de las condiciones en que se encuentran los pacientes en el centro, que cuenta con 74 camas, propiedad de una empresa que se define en su página web como “proveedor líder de servicios de salud especializados para niños y jóvenes médicamente frágiles o enfermos crónicos, así como aquellos con discapacidades intelectuales y de desarrollo”.

“Por lo que me han dicho, [la paciente] estaba gimiendo y no sabían lo que le ocurría”, dijo una fuente no identificada a la cadena de televisión KPHO-TV, afiliada a la CBS, que dio la noticia. “Nadie del personal estaba al corriente de que estaba embarazada hasta que prácticamente empezó a dar a luz”, aseguró la misma fuente. Bill Timmons, consejero delegado desde hace 28 años de Hacienda Health Care, la corporación que gestiona la clínica de las afueras de Phoenix, ha presentado su dimisión. “No aceptaremos nada más que una explicación completa de esta situación absolutamente horripilante, un caso sin precedentes que ha devastado a todos los implicados, desde la víctima y su familia hasta el personal de Hacienda HealthCare en cada uno de los niveles de nuestra organización”, ha dicho Gary Orman, vicepresidente ejecutivo de la compañía, en un comunicado. “Quiero asegurar a nuestros pacientes, a sus seres queridos, a nuestros socios en la comunidad, a las agencias con las que trabajamos, al gobernador y a los residentes de Arizona que continuaremos cooperando con la policía de Phoenix y las agencias investigadoras en todos los niveles y de todas las maneras posibles. Haremos lo que podamos para asegurar la seguridad de cada uno de nuestros pacientes y empleados”.

Informe en el que se denunciaba la inadecuada privacidad con que se trataba a los pacientes cuando estaban desnudos o se les duchaba

“Esta no es la primera vez que las quejas sobre condiciones del centro han llegado a oídos de los investigadores…”, escribe Pablo Guimón en el periódico español El País. “En 2013, los servicios del Departamento de Sanidad de Arizona descubrieron que un empleado trataba de manera inadecuada a algunos pacientes, realizando comentarios sexualmente explícitos sobre ellos. El trabajador fue despedido y el informe descartó que hubiera habido abusos físicos”. También en 2017 publicaron un informe en el que se denunciaba la inadecuada privacidad con que se trataba a los pacientes cuando estaban desnudos o se les duchaba. En la página web de Medicare, programa de cobertura de seguridad social administrado por el Gobierno estadounidense, los servicios del centro recibieron una valoración de “muy por debajo de la media” en 2017. La oficina del gobernador de Arizona, Doug Ducey, publicó un comunicado en el que califica los hechos de “profundamente preocupantes”. Hacienda Health Care se ha convertido en proveedor de diversos programas en la zona de Phoenix que tratan a personas con enfermedades crónicas. El Departamento de Sanidad de Arizona asegura que ha reforzado las medidas de seguridad en el centro. Hasta la fecha no ha habido detenciones.

La noticia me evocó la cinta del director de cine manchego, Pedro Almodóvar, rodada hace casi dos décadas atrás. Nos narra una situación similar a la que tuvo como escenario días atrás en una clínica estadounidense, aquella ficción, esta realidad. En el mundo ‘almodovariano’, Benigno, un enfermero, y Marco, un escritor maduro, coinciden en un espectáculo de Pina Bausch, Café Müller. En el escenario, dos mujeres con los ojos cerrados y los brazos extendidos se mueven al compás de ‘The Fairy Queen’ de Henry Purcell. La emoción de Marco es tal que rompe a llorar. Meses más tarde, los dos hombres vuelven a encontrarse en la clínica privada El Bosque, donde Benigno trabaja. Lydia, la novia de Marco, torera de profesión, ha sufrido una cogida y está en coma. Dos hombres se enfrentan a la soledad de la manera más cruda y cruel que puedan imaginarse. Dos almas heridas por el azar del destino, dos espíritus aparentemente muertos y convalecientes en camas hospitalarias a la espera de un milagro sobrenatural. La incomunicación, la soledad, la amistad y la pasión irracional son temas de plena efervescencia en “Hable con ella”. El film se centra principalmente en la vida de dos hombres.

“Hay más misterio en las lágrimas masculinas que en las femeninas. Al parecer, los hombres me inspiran tragedias”

“Hable con ella” se estrenó el 15 de marzo de 2002 en las salas españolas. El preestreno fue ante más de 500 estudiantes de Comunicación Audiovisual de la Universidad Complutense de Madrid, que quedaron rendidos ante la película. Esto decía el director a la prensa en plena promoción de ‘Hable con ella’: “Es una película que tiene que ver con los afectos, la enfermedad y la muerte. Y está protagonizada por los hombres, así que ya no podrán decir que sólo sé dirigir a mujeres. Hay más misterio en las lágrimas masculinas que en las femeninas. Al parecer, los hombres me inspiran tragedias”. El recibimiento general del filme fue bueno, sobre todo en el extranjero, donde cosechó importantes premios como el Oscar al mejor guion original y una nominación como mejor director, el Globo de Oro al mejor film extranjero y dos premios BAFTA, al mejor guion original y al mejor film extranjero. Contrariamente, en España, donde llegó a recaudar 6,208,691.42 euros, no tuvo tanta fortuna en cuanto a premios, ya que fue ninguneada por la Academia Española al no seleccionarla para representarla en los Oscar a favor de “Los lunes al sol”, filme que finalmente se alzaría con los Premios Goya a mejor película y dirección, entre otros, dejando a “Hable con ella” con el único premio a la Mejor Música Original en su palmarés.

“Con ‘Todo sobre mi madre’, Almodóvar parecía haber llegado al tope de su inspiración poética. Pero ‘Hable con ella’ es todavía más fuerte y emocionante (…) Hay más emoción en muchos pasajes de ‘Hable con ella’, la mejor película del año (y no sólo del año), que en toda la quiniela de los Oscar. Una obra maestra en estos años tan avaros”, escribía Curzio Mallese, en ‘Donna’, Italia”. “(…) La crítica suele tener reparos en utilizar la expresión obra maestra, pero en el caso de ‘Hable con ella’ uno puede atreverse: la nueva película de Pedro Almodóvar es sencillamente bellísima”, recalcaba Natalia Aspesi, en La República, Italia. “Filmar la muerte es, a veces, la forma más bella de hablar de la vida. Gracias Pedro”. Premiere, Francia. “(…) Con cada una de sus películas consigue superar a la anterior, que en su momento ya juzgamos insuperable”, Le Nouvl Observateur, Francia. Aun así, en España se alzaron voces críticas.

Harold Ross, fundador de The New Yorker, en la presentación de “Moby Dick”: “¿Por fin quién es el protagonista, el capitán o la ballena?”

La tierna y dura historia de amor entre el enfermero Javier Cámara y la yacente Leonor Watling conmovió al público y a la crítica mundial. Hay cierta perennidad en el arte de Almodóvar que se hace muy evidente en ‘Hable con ella’ vista ahora, tiempo después. No sólo es la perfección de la factura, sino la perfección misma de toda la película la que hace difícil lograr el propósito que Anatole France se propuso al decir que el destino de toda crítica es pasearse entre obras maestras. Yo me he paseado entre ‘Carne trémula’ y ‘Hable con ella’, y el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, en una de las críticas que más me han gustado sobre la obra de Pedro Almodóvar, una especie de prólogo de lo que ha ocurrido en la despedida del 2018, en Phoenix, reconocía el haber salido entre ellas tan inmaculado como el cordero que convocó Herman Melville al presentar su obra maestra, Moby Dick, a su admirado y confundido Nathaniel Hawthorne, que acababa de asimilar la herencia de su antepasado John Hawthorne, que había sido un miembro del jurado que condenó a ‘Las brujas de Salem’.

Como dijo Anthony Burgess en su repaso a la novela que no era “algo tan temible, y mientras el conjunto resultaba de una literatura amena, estimulante y, para el breve fragmento que incluye a los novelistas en activo, un texto de formidable fuerza inspiradora”. Efectivamente, se han escrito desde entonces tratados que van desde el inolvidable reclamo del inicio “Llámenme Ismael”, hasta la última línea de la novela que confundió al mismo autor de ‘La letra escarlata’, un tratado de difícil metafísica, mientras parecía que hablaba solamente de ballenas. Tanto que hizo preguntar a nadie menos que Harold Ross, fundador de la revista The New Yorker: “¿Por fin quién es el protagonista, el capitán o la ballena?”.

Fidel Castro, en “Palabras a los intelectuales”, pronunció su célebre frase “Dentro de la Revolución todo; contra de la Revolución, nada”

Guillermo Cabrera Infante (Gibara, Cuba, 22 de abril de 1929 – Londres, 21 de febrero de 2005) fue un escritor y guionista cubano, que después de exiliarse de su país obtuvo la ciudadanía británica. Obtuvo el Premio Cervantes 1997. Era el hijo mayor del periodista Guillermo Cabrera y de Zoila Infante, ambos militantes comunistas y fundadores de la organización del partido en el Oriente de la isla, razón por la cual fueron arrestados con Cabrera Infante, quien entonces, a los siete años de edad, pasaría varios meses en prisión. De origen canario (sus antepasados eran de La Palma), en 1941 se trasladó con su familia a La Habana. A los 19 años, escribió, producto de una apuesta, una parodia de ‘El señor Presidente de Miguel Ángel Asturias’, que llevó a Bohemia. Para su asombro, la revista la publicó (1948) y, según Cabrera Infante, “lo que ocurrió entonces, cambió mi vida definitivamente”. Inició estudios de Medicina, que dejó para pasar a Periodismo en 1950, pues ya empezaba a descubrir que sus aficiones, la literatura y el cine, serían las pasiones a las que dedicaría su vida. En 1952 los censores del régimen de Fulgencio Batista encontraron a Cabrera culpable de incorporar obscenidades en un cuento que había escrito ese año. Como castigo, se le prohibió publicar con su nombre, asunto que fue resuelto mediante el uso del seudónimo G. Caín, una contracción de sus apellidos. En 1954, se convirtió en crítico cinematográfico de la revista ‘Carteles’ en la que firmaba con su seudónimo (que utilizaría posteriormente en algunos de sus guiones) y con la que colaboraría hasta 1960. En las postrimerías de la década del cincuenta, Cabrera Infante escribió la mayor parte de las historias que serían compiladas más tarde en ‘Así en la paz, como en la guerra’. Se casó con Marta Calvo (1934) en 1953 y tuvo con ella dos hijas (Ana, en 1954 y Carola, en 1958). Sin embargo, cinco años más tarde conoció a la actriz cubana Miriam Gómez, con la que se casó el 9 de diciembre de 1961 tras divorciarse de su primera mujer.

Tras la llegada al poder de Fidel Castro en 1959, Cabrera Infante, que había apoyado la Revolución cubana, fue nombrado director del Consejo Nacional de Cultura, ejecutivo del Instituto del Cine y subdirector del diario Revolución (actual Granma), encargándose de su suplemento literario, Lunes de Revolución, en el que pretendía llevar a cabo los sueños de libertad y desarrollo cultural de la revolución. Sin embargo, sus relaciones con el régimen pronto se deterioraron, debido al corto que Orlando Jiménez Leal y su hermano, Alberto ‘Sabá’ Cabrera Infante, rodaron a finales de 1960. El corto “P.M.”, el cual, sin una estructura definida, describía las maneras de divertirse de un grupo de habaneros durante un día de finales de 1960, fue prohibido al año siguiente por Castro. Estalló la polémica en las páginas de Lunes de Revolución, hasta que el suplemento fue suprimido (1961). La luna de miel de la revolución cubana con los intelectuales tocaba a su fin. En su discurso del 30 de junio de 1961 (Palabras a los intelectuales), Fidel Castro pronunció su célebre frase Dentro de la Revolución todo; contra de la Revolución, nada.

En 1968 publicó su novela “Tres tristes tigres” -TTT, como él la llamaba-, que originariamente se denominó “Ella cantaba boleros”

Cabrera Infante fue enviado a Bruselas en 1962 como agregado cultural de la embajada cubana. Durante su estancia en Bélgica, escribiría “Un oficio del siglo XX” (1963). Allí viviría con su segunda esposa, Miriam Gómez hasta 1965, cuando debido a la repentina muerte de su madre, vuelve a la isla. En Cuba fue retenido por el Servicio de Contrainteligencia durante cuatro meses, hasta que finalmente pudo salir hacia el exilio, llevándose a las dos hijas de su primer matrimonio. Cabrera Infante y su familia fueron a Madrid y luego a Barcelona. Sin embargo, las dificultades económicas y la negativa del régimen franquista a regularizar su situación le movieron a mudarse a Londres, donde se instaló definitivamente. La experiencia del breve retorno a su isla natal sería plasmada en su libro “Mapa dibujado por un espía”, publicado póstumamente en 2013. En 1968 publicó en esa ciudad su primera novela de repercusión, “Tres tristes tigres” -TTT, como él la llamaba-, que originariamente se denominó “Ella cantaba boleros”. Se trataba de una versión, notablemente retocada, de su anterior trabajo “Vista del amanecer en el trópico” (premio Biblioteca Breve 1964 de Seix Barral). Se caracteriza por el uso ingenioso del lenguaje introduciendo coloquialismos cubanos y constantes guiños y referencias a otras obras literarias. En ella relata la vida nocturna de tres jóvenes en La Habana de 1958. En Cuba, la obra fue tildada de contrarrevolucionaria y Cabrera, expulsado de la Unión de Escritores y Artistas, fue calificado de traidor. Crítico implacable del régimen castrista, nunca regresó a Cuba y se negó a que sus obras “Tres tristes tigres” y “La Habana para un infante difunto” fueran publicados dentro de la línea de edición de emigrados del Ministerio de Cultura.

A principios de los años 1970 se instaló en Hollywood para dedicarse al mundo del cine como guionista, con discreto éxito. Trabajó para la película “Bajo el volcán”, de John Huston, basada en la novela de Malcolm Lowry. Dos años más tarde colaboró muy de cerca con la investigadora y traductora de literatura latinoamericana Suzanne JillLevine, quien, junto con Donald Gardner, tradujo “Tres tristes tigres”, que se publicó con el título de “Three Trapped Tigers”. En 1979 obtuvo la ciudadanía británica. Ese mismo año publica su segunda obra más reconocida, la novela autobiográfica “La Habana para un infante difunto”. De salud delicada en sus últimos años, fue ingresado en el Chelsea and Westminster Hospital de Londres debido a una fractura de cadera. Allí contrajo una septicemia por la que falleció el 21 de febrero de 2005. La noticia de su muerte no fue recogida en Cuba. Su estilo se caracteriza por los continuos retruécanos, paronomasias, agudezas, uso del hipérbaton y traslaciones idiomáticas, con los que intenta imitar el ritmo sincopado del jazz; por el dominio de los registros coloquiales de la lengua cubana, por un espléndido sentido del humor y por una gran cultura, manifiesta en la abundante intertextualidad de que hacen gala sus textos.

Leonardo Padura sostiene que Cabrera Infante “tiene el gran mérito de haber convertido el lenguaje del habanero en lenguaje literario”

En virtud de estos atributos, el crítico Enrico Mario Santí llegó a declarar que Cabrera Infante encarnaba, como ningún otro escritor, el estilo literario de la nación cubana, ya que su sentido del humor, el ‘choteo’ cubano, reflejaba un modo de ser muy arraigado en la literatura y la vida de la isla.3 También Fernando Savater ha aludido a esta característica de su obra: “Guillermo Cabrera Infante ha cultivado en el más alto grado el sentimiento cómico de la vida: pero no como opuesto al sentimiento trágico, sino como una variante que lo agrava al purificarle del superfluo patetismo de la seriedad”.También es autor de poemas visuales. Su influencia es visible en la obra de autores de otras generaciones, como en ‘La guaracha del Macho Camacho’ del puertorriqueño Luis Rafael Sánchez o en ‘Última rumba en La Habana’ del cubano Fernando Velázquez Medina.

En 2009 aparecieron los primeros signos de una reconcilación de Cuba con el escritor, después de que los periodistas Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco ganaran ese año el premio de ensayo de la Unión Nacional de Escritores y Artistas, cuya editorial publicó el texto -más de 300 páginas sobre la vida y trayectoria de Cabrera Infante desde su infancia en Gibara hasta que abandonó definitivamente la isla en 1965- en 2011. Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura, opina al respecto “que el libro tiene valor entre otras razones porque ‘es bueno que cada vez haya menos adentros y afueras’ en la literatura cubana”. Leonardo Padura sostiene, por su parte, que Cabrera Infante “es un indispensable de la cultura cubana”, pues “tiene el gran mérito de haber convertido el lenguaje del habanero en lenguaje literario”. Con independencia de las revelaciones que haga el ensayo en cuestión, el mero hecho de haber obtenido un premio oficial y ser publicado es un signo “positivo y reflejo de que poco a poco se vuelve a la normalidad”.

Pero para el filósofo y narrador Fernando Savater, “esta publicación no es más que la típica jugada de los burócratas de las dictaduras moribundas, que intentan echar el lazo a escritores y artistas relevantes de la disidencia” y “fingen un reconocimiento tardío a sus méritos ensalzando sus logros creativos para mejor difuminar su oposición al régimen, que queda soslayado como algo circunstancial y menor”. “Tal es la operación que pretenden hoy llevar a cabo los gestores del castrismo casi póstumo con la figura intelectual del autor que de modo más duradero, insobornable y consciente encarnó la denuncia de la dictadura caribeña: Guillermo Cabrera Infante”, escribe Savater, que dice que en ese libro “lo más chocante no son las presencias, sino una gran ausencia”. “Falta la voz esencial de la compañera constante y más íntima colaboradora del escritor, Miriam Gómez. Cuantos conocimos a Guillermo no podemos recordarlo ni imaginarlo siquiera sin Miriam. Fue la primera lectora de todas y cada una de sus páginas, la destinataria de muchas y la mecanógrafa que puso en limpio la mayoría. Ahora es ella quien se encarga con amoroso cuidado de preparar para la edición sus obras póstumas, así como de gestionar el resto de sus escritos, tras haber rechazado ofertas sospechosamente generosas del oficialismo cubano, probablemente más deseoso de enterrar esos libros que le comprometen que de sacarlos a la luz. La ausencia de Miriam de esa tesis es más significativa, más devastadoramente significativa sobre ella que todos los testimonios recogidos allí”. Savater concluye que la edición del citado ensayo “es el abrazo del oso, el abrazo doloso que el castrismo agonizante quiere dar a su incansable opositor para aprovecharse de su nombre”.

La violación no se ve y sólo se sabe por implicación. Benigno, interrogado, lo admite, no se ve el acto violento pero lo ha hecho por amor

Pedro Almodóvar sale del enigma de Herman Melville al presentar su novela “Moby Dick”: “¿Por fin quién es el protagonista, el capitán o la ballena?”. Volviendo al director español y su ‘Hable con ella’: “¿Quién es la protagonista, la mujer yerta o la mujer que agoniza?”. En la duda aparece la trama. Leonor Watling parece muerta pero sólo está dormida, y para despertarla basta con una violación violenta de su intimidad. Mientras, Rosario Flores muere porque lo leemos en su obituario. Pero ninguna de las dos vidas corren paralelas. Leonor es una aprendiz de ballet, mientras que Rosario es una veterana del toreo y hasta su nombre, Lydia, es una forma de destino, que ahora queda reducido a una habitación de hospital. Es por eso por lo que el breve intermedio de CaetanoVeloso cantando ‘Cucurrucú, paloma’, bienvenido en su versión, que hasta Kirk Douglas intentó en “The Last Sunset”, como un arrullo romántico para acompañar un incesto. Aquí habría que hacer mención especial del arte sutil de Caetano y su perfecto oído para la más delicada melodía, en un flash que no pide permiso para entregarse y adelantar la muerte dormida con la muerte aparente. Hay una forma clara de voyeurismo al tener frente al ojo ávido de la cámara en forma de cíclope que lo ve todo con su ojo único: los senos turgentes de Leonor Watling y así sentir como necesaria la reacción de amante tierno y eterno de Benigno, porque ‘Hable con ella’ es el antídoto fabricado por él. ¿Es solamente el beso del sapo? “¿Has hablado con ella?”, pregunta Benigno con su cara de padecer el síndrome de Down compensado. “¿Cómo sabes que no puede hablar si no has hablado con ella?”. El intermedio es un sueño en forma de pesadilla: el héroe se adelanta para penetrar la vagina no dentada de su amada heroína como científica, pero aunque se desnuda no puede descifrar el último misterio. Se pregunta Freud: “¿Qué quiere la mujer?”. Pero, por supuesto, la violación no se ve y sólo se sabe por implicación. Benigno, interrogado por sus pares, lo admite. No se ve el acto violento pero lo ha hecho por amor. Ésta es la película más delicada de Almodóvar.

La película inicia la relación de Benigno y Marco cuando los dos ven el juego de sillas musicales en el Café Müller. “Todo el mundo baila”, dice Geraldine Chaplin explicando el interés de Benigno por su coreografía y termina con un coro bailable venido de las islas de Cabo Verde. El buen gusto de Almodóvar por la música no conoce fronteras y en cada película te da a conocer melodías fascinantes. Todo el mundo conversa mientras estas mujeres duermen. Los nombres marcan a los personajes. Benigno, Lydia, Alicia y aquí me encuentro con el juego de los actores, desde el extraordinario Javier Cámara a la impasible Leonor Watling y Rosario Flores vestida de luces toda refulgente… En el amor no hay nada más frustrante que el dejar palabras pendientes. La falta de comunicación sea voluntaria o por descuido convierte a la incertidumbre en el peor de los infiernos. Almodóvar lo sabe, como bien lo sabe cualquier persona que haya estado enamorada, y así lo demuestra en esta película, cuyo título se erige como una máxima de supervivencia en las lides de pareja. La falta de comunicación entre la torera Lydia y su pareja, también matador de toros, la sume en un deseo de muerte que busca encontrar en cada faena. Marco, un periodista que pretende hacer un reportaje sobre ella se hace presente en su vida cuando Lydia roza el borde del abismo. Por azares del destino comienza una relación entre ambos, que para ella no es más que un escape, una forma de ocultar sus miedos y su desolación. Él así lo intuye, sin embargo deja que las cosas sigan su camino. Pero es inminente que la verdad debe salir a flote, y cuando ese momento llega, un desafortunado accidente en el ruedo les arranca la posibilidad de hablar y escuchar. El daño es irreversible, Lydia respira, pero ya nunca más podrá vivir. Una charla quedó pendiente, la carga de conciencia pesa demasiado sobre él.

En el hospital donde la atienden, Marco conoce a Benigno, un enfermero que ha dedicado cuatro años de su vida a cuidar a Alicia, una bella bailarina de la que se enamoró antes del accidente que la lleva a compartir el destino trágico de Lydia. Entre ambos hombres surge una amistad que los hermana en la desgracia, aunque los puntos de vista de cada uno difieren entre sí.

Benigno insiste en tratar a Alicia con delicadeza, con suavidad y ternura, tres cosas que él jamás recibió de ella, quien apenas lo conoció. Eso no importa al enfermero, porque quien ama de verdad entrega sin esperar nada a cambio. Mientras, Marco ni siquiera se atreve a mirar a Lydia, para él, su cuerpo inerte se convierte en la materialización de su culpa. Ahí está, sin decir una sola palabra frente a ella, esperando vanamente que obre un milagro. Benigno solamente le puede dar un consejo: “Hable con ella”.

Un acto criminal ante la sociedad es la más pura muestra de amor para Benigno y se convierte en la sustancia de vida para Alicia

Benigno sublima su amor de distintas maneras, pero siempre dirigiéndose a Alicia como si fuera a recibir respuesta, Marco sólo atina a darle la espalda a Lydia. Sabe que ella iba a terminar su relación, pero al no permitir que lo dijera, pensaba que podía evitarlo. Ahora, los labios de ella jamás lo dirán, y sin embargo, ya la ha perdido.Derrama lágrimas que en nada alivian su pena, de alguna forma se siente responsable de lo que pasó, pero ya ni siquiera tiene el derecho de permanecer a su lado. Su verdadero amor, su antiguo novio, ha vuelto para estar con ella, estrechar sus manos y hablarle, deseando con el corazón que Lydia escuche. Así permanecerá, a su lado hasta los últimos días. Marco está de más. Las formas para demostrar el amor son tantas y tan grandes como la fuerza que los mueva, y la fuerza de Benigno no conoce límites. El buen enfermero incapaz hasta de vivir para sí mismo, un pobre joven dependiente primero de su madre y después de Alicia, -extensión de la figura materna, como se demuestra en la secuencia onírico/cinematográfica del Amante Menguante, que más que una fantasía sexual, se trata del freudiano retorno al útero materno todo protector-, renueva los rituales de su amor a cada día y así se lo demostrará a su amada, aun cuando el mundo esté en su contra.

Un acto criminal ante la sociedad es la más pura muestra de amor para Benigno y se convierte en la sustancia de vida para Alicia. Un frenesí desesperado que a él lo condena, a ella la salva. Alicia ha despertado, sin conciencia de lo que ha sucedido a su alrededor y sin saber nada de su verdugo y paradójico salvador. Benigno, al suponer que murió, sabe que su misión en este mundo ha terminado y lo único que queda es despedirse de su buen amigo Marco. Decide dejar atrás su dolor de la única forma en que logrará hacerlo desaparecer por siempre. Sabe que le entregó a Alicia su vida y su corazón, eso lo deja en paz. ande, más sorprendente. Con ‘Hable con ella’ ha alcanzado lo sublime.

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