Las andanzas españolas

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Por Nicolás Durán de la Sierra

Resultan ciertas, en parte, las versiones que dicen que el Grande de Creta regresó a su isla acongojado por no haber podido dar solución satisfactoria al dilema de Sofía: se va de la vera del rey y da paso a notable escándalo -¡ole!- o se hace la que le habla la Virgen de las Mercedes, la patrona griega, y deja que el Río Manzanares fluya en espera de que Cronos apague los afanes amorosos de su real consorte…

Se aclara que las voces que dicen que el paradigmático galán se acongoja, son falsas. El Minotauro no se acongoja, termino asaz femenino que implica desde desmayos al estilo Josefina Vázquez (aquí no se da publicidad a la mota), hasta “fatigas, angustias y aflicciones del ánimo”; en todo caso, el astado se entorona. Además, eso de que no se dio solución al baladí dilema, es inexacto -por decir lo menos.

El Héroe no fue a solucionar los problemas de tálamo de la reina, sino a sugerir cómo resolverlos y, sobre todo, a evitar que mude a protagonista de tragedia de Sófocles; toca a ella aplicar los consejos. La apostilla es porque se ha vuelto común la fórmula Videgaray-Pena Nieto: uno la riega y el otro es el indejo. Además, la reina continúa despachando en el Palacio de la Zarzuela y comiendo buñuelos por las tardes.

(Se avisa que ni el columnista ni el de Creta tienen idea de si la familia de Videgaray, jefe de la campaña mayor del PRI, sea o no enfermiza, mas se aclara que tan sólo por el lujo de buscar verdades paralelas, se da fe aquí a la versión de éste en cuanto a que su partido no ha planteado imponer el IVA a las medicinas. Son unos mentirosos los de Reuters, La Jornada, El Universal y demás criminosos diarios.)

Pues bien, el acuerdo al que se llegó con ‘Carlitos’, como le llamara ella al inicio del romance, según se consigna en el citado libro La soledad de la reina, es que en lo futuro el rey moderará sus pasión -¡Ole!– y tendrá que hallar paz sólo con la princesa germana Corina Sayn-Wittgenstein -¡ole!- pero eso sí, llevando discreto romance pues no es cosa de andarse con alardes lúbricos, por muy noble que se sea.

Sobre todo si se considera que luego, por ser expuestas al interés público, las agraciadas se sienten con derecho de hacer declaraciones a la prensa del corazón como las de la princesa ítala María Gabriella de Saboya: “Por favor, lo único que puedo sentir por el rey es admiración filial; es un hombre muy honesto. Y su mujer, la reina doña Sofía, mi amiga, lo es también”. Touché minino.

Pedirle más a don Juan Carlos I, se aclaró a doña Sofía, resulta tan inútil como el pedir a la presidencia de México que acate la orden del Instituto de Acceso a la Información para que el gerente de Los Pinos detalle –“por unidad, monto, volumen, proveedor, fecha y total”- las compras de bebidas alcohólicas que se registraran allí entre diciembre del 2006 y enero del 2012. Sólo les faltó pedir la cuenta de las botanas.

Da grima imaginar a Felipe Calderón haciendo cuentas de lo que en su casa se ha bebido durante el sexenio: No, esta botella me la eché por Navidad, pero creo que venía en una canasta de las que envió Gobernación, así que ésa no cuenta; bronca será tapar el pedido de ron de Semana Santa… Mejor es cerrar tal expediente, puesto que en una de ésas, el pueblo de México acaba demandando por daños a la Bacardí.

El apacible Egeo se halla de nuevo frente al Minotauro. Él está solo a la entrada de su laberinto. Ignorantes de su retorno a Creta, Ariadna, su amante, y Teseo, el sirviente de ambos, partieron desde días atrás a tierra firme, a Delfos, para inquirir al oráculo por el destino del Héroe. El grande hijo de Poseidón y Pasifae está muy a sus anchas, relajado luego de su aventura por la vieja Hispalia.

Medita en torno al enorme peso cultural que sobre los hombros lleva la reina Sofía, quien dejó la Iglesia Ortodoxa Griega para hacerse católica. Como se ve, muy sin cuidado le tiene el asunto de la liviandad de Juan Carlos y la canina fidelidad de ella, que al fin y al cabo el problema está resuelto, por lo menos en lo formal, que es lo que en realidad le toca las narices a la noble, por sus implicaciones periodísticas.

Lo que le incomoda al astado es por qué ella eligió para fingir demencia el cobijo de la Virgen de las Mercedes, mas hispana que helena, y no optó por Santa Bárbara, la señora de artilleros, pirotecnistas y por no dejar, hasta de los romanos; tan griega es ella que sus reliquias, par de huesos santamente chamuscados, se hallan nada menos que en el Diaconato de Ática, y se tienen por harto milagrosas.

Mas quede la quimera del Mediterráneo con sus propios pensamientos y en espera de Ariadna, quien por la alegría del retorno del héroe de seguro organizará una simpática orgía de tres días –aprovechará el asueto de la santa semana-, por lo que es conveniente dejar la escena. Quedarse allí sería tanto como ser testigo y hasta cómplice, lo más riesgoso, de la más feroz pornografía, y setenta y dos horas, son muchas horas.

Ante esta posibilidad, se propone una actividad alterna que sin duda aumentará el acervo intelectual del lector, a la vez que hará feliz al personal del Instituto Federal Electoral: calcular la frecuencia y, sobre todo la efectividad, de los 19 millones de spots televisivos y radiofónicos con que los candidatos y candidata promoverán su imagen dentro de los próximos 86 días de campañas electorales. Que se diviertan.

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