Las buenas personas también matan

Las buenas personas también matan

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Diversos noticieros y sitios en redes sociales ya se refieren a Cancún como uno de los sitios más mortíferos del mundo.

                “La violencia puede suceder en cualquier lugar”.

                “El paradisiaco Cancún se ha convertido rápidamente en una de las ciudades más mortales del mundo”.

                “¿Cómo pudo ser que Cancún se haya convertido en la capital mexicana del crimen?”

                Rezan diversos encabezados de sitios amarillistas de internet como Lad Bible de Inglaterra o el periódico New York Post, entre otros.

                Han llamado la atención internacional las propias y nutridas noticias locales y nacionales sobre la desmedida violencia que se ha generado en la ciudad y la poca atención que le han brindado los diferentes niveles de gobierno.

                 Pero los responsables de vigilar y cuidar al ciudadano y a la “joya” turística están demasiado ocupados haciendo campañas políticas, utilizando millonarios presupuestos del dinero público para ganar los cargos de gobierno desde los que deben enfrentar el terrorismo que vive nuestra ciudad.

                Seguridad que, entre otros servicios –valga la redundancia- los “servidores públicos” deben otorgar a la ciudadanía.

                “La ciudad, situada en la pintoresca Península de Yucatán y frente al Mar Caribe, ha sido golpeada por una ráfaga de asesinatos relacionados con el tráfico de drogas o con las extorsiones a locales”, señala uno de estos medios.

                Casi 200 asesinatos en lo que va del año, nos colocan en la mira de las advertencias, por ahora, y tal vez más adelante, en acciones directas de los gobiernos de aquellos países que nos visitan.

                Quienes quieren la silla municipal andan proponiendo una serie de medidas que van desde lo que hemos escuchado siempre, más patrullas, más policías, etc., con lo que no se ha resuelto nada y el crimen va en aumento, hasta tonterías que demuestran cero conocimiento de lo que es Cancún.

                Por ejemplo, la señora Niurka, en su sitio de internet dice: “Formaremos un grupo de policías tipo SWAT de guardia permanente (24 horas) para el combate de delitos de alto impacto, con equipamiento tecnológico de vanguardia, 8 vehículos blindados para su transporte, un helicóptero artillado con visión nocturna y con un centro de mando tipo C4 para labores especiales de inteligencia”. ¿Será que la cubana está pensando en Miami?

                Cuando el crimen se desata, se vuelve público.

                “Tal parece que la policía no quiere que se noten los crímenes, pocos policías y nada de escándalo”, afirmó Guru Murthy, quien ha estado en Cancún reportando la ola de asesinatos para la estación de radio pública australiana SBS, Special Broadcasting Service.

                Y señaló: “Nos han dicho que los políticos locales han puesto a la prensa bajo presión para no reportar la violencia en esta área, ya que si el turismo foráneo se entera, sería un desastre económico no sólo para Cancún, también para México”.

                El sitio Lad Bible, que no tiene nada que ver con apóstoles ni religión, comenta que existen miedos de que Cancún se convierta en otro Acapulco, que alguna vez fue uno de los sitios más glamorosos del mundo y ahora es “la capital mundial del crimen”.

                “La Guerra de las Playas Mexicanas”, encabeza el New York Post un reportaje en donde se denuncia la guerra de los carteles. El miedo de los ciudadanos, la justicia en manos de la gente y el hartazgo de las extorsiones se publican en un corto de 1 minuto.

                 “Una industria multimillonaria bajo amenaza”, “el miedo está descontrolado y la mayoría de los crímenes no se resuelve”, dice este video, que mezcla escenas de los dos polos turísticos mexicanos.

                El Cancún espectacular de blancas arenas y aguas turquesa, sufre una ola de crimen brutal y creciente que amenaza con convertirlo en un pueblo fantasma, dice el comentarista.

                Medios amarillistas extranjeros que llegan a las clases medias con capacidad para viajar. Eso debe representar una llamada de atención para nosotros. Focos rojos.

René Ozuna, viejo pescador acapulqueño que organizó un grupo de autodefensa, responde al entrevistador extranjero “hemos matado como a 6 o 7 personas, pero sólo criminales, extorsionistas. En la vida civil, soy una buena persona”.

                La solución no es tomar la justicia en propias manos, ni organizar brigadas de autodefensas aunque seamos buenas personas.

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