Las emisiones del fin del mundo

Las emisiones del fin del mundo

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Signos

No hay signo ninguno de que la tendencia fatal pueda revertirse.

No hay posibilidad negantrópica visible de que la civilización humana viva más allá de las cuatro generaciones estimadas por los cálculos científicos (si no ocurre una catástrofe nuclear previa, como el reloj atómico advierte que está por ocurrir).

Han desaparecido las resistencias humanísticas y los productos de la conciencia crítica contra la precipitación del agotamiento entrópico.

La Tierra dejará de ser el único planeta vivo del Universo conocido y no será distinto a sus vecinos más próximos de la galaxia.

Cierto: la dinámica de la Creación es la de la extinción inevitable de los mundos. Lo que nace, perece. Las luchas verdaderas contra las fuerzas (de la naturaleza y de la perversión humana) y los impulsos del caos y la degradación de la energía física y espiritual, no son sino factores de contención dentro de la lógica de la decadencia inevitable: siempre han sido y serán indispensables, pero nunca serán suficientes.

Y, por desgracia, los orates simplistas como Trump tienen razón: las cumbres y los cónclaves politiqueros y demagogos como los del ‘club de Paris’, para reducir en una nadería las emisiones tóxicas cuando hace años debieron eliminarse por completo, son parte del juego siniestro de la simulación apocalíptica.

Son ese tipo de poderes de la farsa democrática global, los que contribuyen con sobrado vigor a la devastación más vertiginosa y definitiva del reino de este mundo.

SM
estosdías@gmail.com

 

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