Legalizar la marihuana no resuelve nada donde los negocios más rentables del...

Legalizar la marihuana no resuelve nada donde los negocios más rentables del crimen son otros, donde las drogas ‘duras’ se compran en cualquier parte y a cualquier hora, donde el libertinaje y la corrupción son un modo de ser, y donde las legislaciones, las instituciones y las autoridades ni siquiera contemplan las causas estructurales que producen las adicciones, los suicidios y las demás aberraciones de todo tipo que desbordan y derogan la viabilidad del Caribe mexicano

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En el mundo, en el país y en la entidad caribe, ¿es el alto consumo de drogas ‘duras’ o de marihuana el que causa los mayores problemas de adicción en general –y en particular de niños y adolescentes, donde Quintana Roo tiene el campeonato nacional indiscutible que sigue rompiendo todos los récords, lo mismo que en tabaquismo y alcoholismo, como tiene otros:suicidios, ataques sexuales y demás, de similar oprobio- y de violencia mafiosa? ¿Legalizar la marihuana hará que ese tipo de problemas disminuya, cuando ninguna ley, ninguna institución y ninguna autoridad funcionan para inhibir las causas estructurales de esos problemas que no han hecho sino multiplicarse (marginalidad, hacinamiento, indigencia moral y material, falta de solidaridad comunitaria, disfuncionalidad familiar y de otros núcleos de valores,analfabetismo funcional, incompetencia productiva y laboral, delincuencia común y propensión al crimen organizado, masividad inmigrante y pésima calidad administrativa y fiscal frente a las incontables tragedias y demandas de todo orden –sobre todo de seguridad y otros servicios básicos- que produce)? ¿Sirve legalizar la marihuana cuando todas las drogas prohibidas están al alcance de la mano de los consumidores y cuyo consumo no deja de crecer y de hacer de Quintana Roo una entidad campeona de adictos como lo es de suicidas? ¿La ilegalidad inhibe el acceso a las drogas de los viciosos? La legalidad o la despenalización de las drogas requieren controles complementarios rigurosos –de salud y de mercado, por ejemplo- para evitar la anarquía del consumo, ¿y hay la calidad legislativa, gubernamental, judicial y policial a la medida de ese rigor requerido y que es mayor al de las prohibiciones absolutas que se violentan ahora dentro de la corrupción, la incivilidad y la incultura legal y democrática que hacen el modo de ser, de vivir y de convivir en los anchos ámbitos de la irregularidad y de la ilicitud en que se vive?¿De veras pueden ser mejores las regulaciones permisivas que las prohibitivas donde el libertinaje es una idiosincrasia y el crimen organizado y el institucional van de la mano? ¿Las bandas criminales no cobrarán ‘derecho de piso’ ni caerán encima de los productores y los expendedores autorizados de las drogas liberadas? Por ejemplo… Pues en tal contexto y en un entorno donde el consumo de todo tipo de drogas se dispara –debido a la colonización incesante, al turismo drogadicto masivo que arriba al Caribe mexicano atraído por el libertinaje para la adquisición de estimulantes tóxicos- y con él la sangre de las disputas entre las bandas del ‘narco’, cada vez toma más fuerza el ‘movimiento’ para legalizar la marihuana ‘con fines recreativos’, al menos en los Estados con amplia actividad turística, como Quintana Roo, luego de que en enero pasado el secretario federal de Turismo, Enrique de la Madrid Cordero, propusiera en Cancún reabrir el debate sobre este tema. El principal argumento a favor refiere que legalizarla disminuiría los ingresos de los cárteles de la droga, lo que facilitaría su combate, además de que muchos enfermos tendrían acceso a ella para sus tratamientos. Sin embargo, expertos y estudios realizados revelan que hacerla legal no tendría un efecto positivo en la ola de violencia que atiborra a las ciudades turísticas como Cancún, Playa del Carmen y Tulum, pues el tráfico de marihuana sólo representa una mínima parte de los ingresos del ‘narco’: lo que les deja más dinero son otras actividades ilícitas (y más violentas) como la extorsión y el secuestro. Además, darle a un consumidor acceso barato y legal a la marihuana no lo volverá un adulto responsable o un ciudadano modelo, de la misma manera que el alcohólico no es un ejemplo a seguir aunque su adicción es permitida, y en Quintana Roo las adicciones y el alcoholismo están arrasando desde la semilla de la niñez y la adolescencia con el futuro de generaciones en ciernes, porque las leyes y las instituciones (las primarias y las del poder público) cada vez funcionan menos ante la avalancha de problemas sociales irresolubles provocados por una colonización creciente y caótica que las desborda por completo.De modo que sin legislaciones, instituciones y programas de alta definición reglamentaria y estricta aplicación social que se responsabilicen de las consecuencias adictivas e identifiquen las razones estructurales que las producen, el problema no hará más que crecer, sobre todo en Quintana Roo, donde el número de consumidores ha aumentado de manera alarmante e irremediable, al grado de que una cada vez más nutrida arribazón de turistas llegan casi exclusivamente para drogarse, ante la facilidad con la que pueden comprar los enervantes; una facilidad prodigada por la ausencia casi absoluta de autoridad, que asimismo se prodiga en cadáveres y sangre de sicarios y distribuidores sobre todo de metanfetaminas, cocaína y otras mortíferas drogas duras. “Si no funciona el experimento [legislativo] se suprime. Pero en un pueblo civilizado como el nuestro se pueden hacer leyes y reformarse sin temor y a la medida de las necesidades de cambio social, porque pueden cumplirse”, dijo alguna vez el ahora expresidente uruguayo José Mujica sobre su iniciativa de despenalizar todas las drogas en su país, donde esos cambios constitucionales operan y lo hacen de manera exitosa.¿Pero ésa es la realidad de México y del Caribe mexicano, con su profundo atraso educativo y la incivilizada, iletrada e ilegítima representatividad de casi todos sus liderazgos políticos?

Legalizar la marihuana no resuelve nada donde los negocios más rentables del crimen son otros, donde las drogas ‘duras’ se compran en cualquier parte y a cualquier hora,donde el libertinaje y la corrupción son un modo de ser, y donde las legislaciones, las instituciones y las autoridades ni siquiera contemplan las causas estructurales que producen las adicciones, los suicidios y las demás aberraciones de todo tipo que desbordan y derogan la viabilidad del Caribe mexicano

Armando Galera

En las últimas semanas ha cobrado auge la propuesta de legalizar la marihuana en Quintana Roo, principalmente en las zonas turísticas. El argumento de sus promotores es simple: hacer legal su consumo recreativo, podría ayudar a combatir los altos niveles de inseguridad en el territorio, ocasionado por el narcotráfico.

Incluso el secretario de Turismo del país, Enrique de la Madrid, así como Carlos Mendoza Davis,  gobernador de Baja California Sur, también han afirmado que es un buen momento para estudiar el tema de la legalización de la cannabis en los principales destinos turísticos de México, como una manera de mermar el poder de los cárteles de la droga, al golpear su fuente de ingresos.

¿Pero permitir su consumo realmente ayudaría a reducir los altos niveles de violencia en los territorios donde los cárteles están asentados? Las estadísticas demuestran que no.

En primer lugar, su prohibición no ha impedido que se incremente su consumo. De hecho, Quintana Roo ocupa el primer lugar en el consumo de esta droga, según revela la última edición de la encuesta que realizó el Centro Nacional contra las Adicciones: 3.3 por ciento de la población quintanarroense en la entidad ha consumido marihuana, y el 80 por ciento de quienes lo hicieron tenían entre 12 y 16 años cuando empezaron. El promedio nacional es de 0.78 por ciento.

Hace apenas cinco años, el sector que consumía esta droga en la entidad era tres veces menor.

Otro punto a considerar es que para las organizaciones criminales el tráfico de marihuana no es su principal fuente de ingresos. Si bien la cannabis es la sustancia ilegal que más se consume, representa sólo el 15 por ciento de los ingresos de los cárteles de la droga en Quintana Roo. La cocaína es la segunda droga ilegal más utilizada, pero acapara el 25 por ciento de las ganancias del ‘narco’. Otras drogas sintéticas, como las metanfetaminas, generan el 15 por ciento de las ganancias del crimen organizado.

Irónicamente, la mitad de los ingresos de los cárteles de la droga no se relacionan con el tráfico, sino con otras actividades ilícitas como secuestros, venta de armas, extorsión, cobro de ‘derecho de piso’, entre otros.

Es decir: el 85 por ciento de la renta del crimen no tiene que ver con el negocio de la marihuana. Y si ese 85 por ciento de las ganancias se combate sin resultado alguno, no es difícil derivar que quien se encargue del suministro legal de marihuana a los consumidores recreativos será presa fácil del ‘narco’ que opera a sus anchas y dejando un reguero de cadáveres el grueso absoluto de los negocios criminales de mayor impacto.

Porque,¿cómo operaría el mercado legal de la marihuana, con la custodia de las Fuerzas Armadas? ¿No cobrarían ‘derecho de piso’ los dueños de los negocios de las drogas duras y de la extorsión? ¿No querrían imponerse y no lo harían como los únicos proveedores de marihuana de los vendedores legales, a los que someterían o matarían?

“Creer que la legalización de las drogas reduce la criminalidad es un mito. Los legalizadores piensan que los adictos van a cometer menos crímenes para sostener sus vicios; pero si el Gobierno permite que sus consumidores tengan un acceso más fácil y barato a sus drogas, eso no los convertirá en ciudadanos responsables, padres o empleados”, dice Carlos Alberra, experto en temas de narcotráfico y drogas e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.

“Por otro lado, pensar que los cárteles de la droga no van a sustituir los ingresos que perderían por la venta de marihuana es pecar de inocentes. Al contrario: los va a orillar a que cometan más secuestros y extorsionen a más gente para compensar esa pérdida”, puntualiza el investigador.

La pro-legalización

El pasado 24 de enero, el secretario de Turismo de México, Enrique de la Madrid, declaró que la marihuana debería ser legal en los dos Estados mexicanos donde se ubican los centros turísticos de Cancún y Los Cabos, pues “los dos principales destinos turísticos del país no tienen por qué ser víctimas de violencia por un trato inadecuado al tema de las drogas”.

De inmediato, el gobernador de Baja California Sur, Carlos Mendoza, manifestó su apoyo a la postura del secretario de Turismo, señalando que le parece “incongruente e insensato que estemos aquí luchando con una estrategia que cuesta vidas en México, y mágicamente cruzando la frontera esa droga en específico se vuelve legal”.

Por su parte, su homólogo de Quintana Roo, Carlos Joaquín, se mostró más reservado al considerar que esta propuesta debe ser analizada para saber si tendría o no como resultado la paz social y la seguridad que se pretenden sin dañar a la salud pública.

Desde entonces el movimiento pro-legalización de la marihuana se ha intensificado en la entidad, con marchas (principalmente en Playa del Carmen) y declaraciones de políticos y candidatos pidiendo un cambio en la legislación que permita el consumo recreativo de la marihuana.

Los argumentos que proponen a favor son varios. En el caso de Quintana Roo, afirman que legalizarla puede ayudar a combatir la ola de violencia que afecta a Playa del Carmen, Tulum y Cancún por culpa del narcotráfico, al quitarle el monopolio de su distribución.

Otro punto a su favor es que al dejar de ser ilegal, habría menos arrestos y encarcelamientos debido a la posesión de este producto, lo que reduciría el hacinamiento en las cárceles.

Además, legalizarla generaría ingresos para el Estado por el cobro de impuestos en su producción, venta y distribución, igual que sucede con el tabaco y el alcohol. Si en Quintana Roo existen alrededor de 100 mil consumidores (casi un 10 por ciento de los que consumen cigarros y bebidas alcohólicas), y cuatro de cada 10, de los 9 millones de turistas nacionales y extranjeros, consume marihuana en su visita a las playas quintanarroenses, los ingresos a las arcas del Estado podrían alcanzar los 120 millones de pesos al año.

Además, las autoridades tendrían un ahorro para los recursos públicos de casi 7 millones de pesos al año, que es la cantidad que invierte el Gobierno del Estado en campañas y programas para prevenir el consumo de drogas; al menos es lo que dicen ellos.

En el mismo tenor, señalan que mientras el consumo del alcohol y el tabaco son responsables de casi 200 mil muertes al año en el país, la marihuana se puede usar de forma segura.

Por último, aseguran que la ‘hierba de la paz’ es un auxiliar natural en el combate a enfermedades como el cáncer, la diabetes, los dolores musculares y otras enfermedades crónicas.

En Quintana Roo existen al menos 27 grupos y asociaciones civiles que buscan la legalización de este producto, y en últimas fechas han intensificado sus esfuerzos por lograr su cometido, luego de que se ha vuelto tendencia mundial su aceptación en los principales destinos turísticos.

Pero un argumento ético y fiscal se atora en las previsiones de ingresos. ¿Por qué los Municipios turísticos más importantes del Caribe mexicano, con tantos ingresos como los más ricos del país, están tan endeudados? Algo no funciona, y no es el mercado ni la renta, ¿será la institucionalidad administrativa, acaso; la malversación de los fondos fiscales? Por lo demás, el crecimiento desorbitado de la demanda de servicios, a partir de también astronómica inmigración, que es de las mayores del mundo, determina una insolvencia fiscal que se complementa con el saqueo de las arcas y los patrimonios municipales. La renta de la tributación por la marihuana no es un factor que valga en un entorno de corrupción y de colonización precarista tan demandante.

Deshaciendo los mitos

Pero no todo es tan paradisiaco como lo pintan los promotores de la legalización de la marihuana.

En primer lugar, la escalada de violencia en Cancún, Playa del Carmen y Tulum obedece a la disputa entre los cárteles del ‘narco’ (Nueva Generación, el grupo de ‘Doña Lety’, los saldos de los Zetas y otros) por el mercado que representa Quintana Roo de una ganancia anual de 3 mil 500 millones de dólares, de acuerdo con los datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública. (Y, en el caso el turismo drogadicto, podrían hacerse cuentas aproximadas con el número de turistas que arriban, su tiempo de estancia y sus reservas para lo esencial: intoxicarse.)

Sin embargo, la mitad de los ingresos del ‘narco’ no se deben al tráfico de drogas, sino a actividades como la extorsión y el secuestro. La venta de marihuana en Quintana Roo sólo les genera ganancias por 400 millones de pesos, mientras que otras drogas, como la cocaína, alcanza los 700 millones,y otro tanto las metanfetaminas.

Carlos Alberra, profesor-investigar de la UNAM y experto en el tema, advierte que quitarles a los cárteles la venta de marihuana no tendría como consecuencia que su poder e influencia se reduzca. Incluso, en los lugares donde se ha legalizado, como en Estados Unidos, no se comprobó que la fórmula de legalización sea igual a menos violencia.

“Sería ingenuo pensar que las organizaciones delictivas van a empezar a vender flores o chocolates para equilibrar los recursos que perderían con la legalización de la marihuana. Seguramente recrudecerán otras actividades delictivas que aportan más dinero que esta droga, o se enfocarán en distribuir otros estupefacientes”, precisa.

Añade que si bien al legalizar esta mercancía se podrían cobrar impuestos, aun así se mantendría un mercado muy amplio de ilegalidad tal como ocurre con el alcohol y los cigarros de tabaco.

En Holanda se colectan 400 millones de euros por año en impuestos a la marihuana, pero el 96 por ciento de sus consumidores son extranjeros. Además, el Gobierno holandés destina 360 millones de euros al año para invertir en atención a los consumidores adictos. Por otra parte, la hipótesis que suponía que aumentar impuestos al alcohol y los cigarros desincentivaría su consumo era errónea, y lo es la que supone que los mismo ocurriría con la marihuana.

Por otra parte, datos de la Organización Mundial de la Salud de 2016 revelan que uno de cada 10 adultos en el mundo murieron por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco, mientras que el alcohol causó 2.5 millones de muertes al año. Hasta el momento no se tiene registros de muerte por sobredosis de marihuana, pues para que esto ocurra se tendría que consumir unos 680 kilos en 15 minutos.

“Sin embargo, la marihuana sí crea una adicción; y al igual que en el caso del alcohol, en Estados Unidos se ha convertido en una causa importante de accidentes de tránsito. En Colorado, donde ya es legal, los arrestos por portación de marihuana se redujeron, pero en su lugar cada vez existen más presos por manejar bajo los influjos de esta droga, que se ha demostrado limita los reflejos y capacidades de respuesta de la mente”, cita Carlos Alberra.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó en 2015 el estudio “Legalización de la marihuana: el debate”, donde expone que, en la última década, en los 11 Estados de la Unión Americana donde se ha legalizado, su uso se ha cuadriplicado entre los adolescentes, triplicado entre los jóvenes profesionales y duplicado entre los adultos mayores.

Quintana Roo, campeón de suicidas y deadictos

En Quintana Roo, el número de sus consumidores aumenta a un ritmo alarmante aún cuando todavía es ilegal: de 1.2 por ciento a 3.3 por ciento en cinco años. Y la mayoría de los consumidores locales, igual que los suicidas, son adolescentes y jóvenes, que tuvieron su primer contacto con esta droga a los 12 años.

Por esta razón, Quintana Roo es la entidad del país con el mayor número de consumidores de marihuana, y eso sólo tomando en cuenta a la población local y no a los visitantes que la consumen. Quintana Roo también es la tierra e que más suicidios se cometen en el mundo.

En 2008, el Centro de Integración Juvenil de Quintana Roo atendió a 560 pacientes con adicción a la marihuana en toda la geografía estatal. Para 2015, el número de pacientes que solicitaron ayuda para salir de la adicción a la droga fue de 2 mil 790.

Por otra parte, el Estado no cuenta con un centro de rehabilitación para personas adictas a las drogas. El más cercano se encuentra en Ixbalanqué, en Chiapas, donde se encuentran internados 22 quintanarroenses por su dependencia a la marihuana, según reveló Arlene Guadalupe Rivera Fernández, directora del Centro de Integración Juvenil de Chetumal.

El costo de crear y mantener un centro para atender a las personas que han sido identificadas como adictas a la marihuana sería de al menos 300 millones de pesos al año, puntualiza Arlene Rivera.

“Legalizarla no sería benéfico para la salud social. Es innegable que se dispararía el número de consumidores y, por tanto, de personas con problemas de adicción, lo que sería demasiado caro tanto para el Gobierno como para la sociedad. El que el alcohol sea legal no evita que existan alcohólicos; creer, por tanto, que legalizar la marihuana evitaría más adictos, es equivocado”, dice.

“Si no funciona el experimento [legislativo] se suprime. Pero en un pueblo civilizado como el nuestro se pueden hacer leyes y reformarse sin temor y a la medida de las necesidades de cambio social, porque pueden cumplirse”, dijo alguna vez el ahora expresidente uruguayo José Mujica sobre su iniciativa de despenalizar todas las drogas en su país, donde esos cambios constitucionales operan y lo hacen de manera exitosa.

¿Pero ésa es la realidad de México y del Caribe mexicano, con su profundo atraso educativo y la incivilizada, iletrada e ilegítima representatividad de casi todos sus liderazgos políticos?

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