Leyes para todo y acciones para nada: En México tenemos un Estado...

Leyes para todo y acciones para nada: En México tenemos un Estado de excepción…

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Presionado por la sociedad civil organizada y la opinión pública internacional, el Estado Mexicano ha venido creando desde hace años diferentes organismos autónomos especializados en la atención de rezagos históricos en materia de atención social, combate a la pobreza, fomento de la equidad de género, combate a la corrupción, a la discriminación, para la protección de los derechos humanos y políticos de los ciudadanos, entre otros.

Han sido tantos los organismos especializados que han surgido desde que al Gobierno mexicano le comenzaron a pesar las críticas internacionales por el atraso en que se encuentra el país en esas materias tan sensibles, que la burocracia engrosó considerablemente al igual que el gasto que ocasiona al erario sin que se hayan registrado avances significativos en cada una de esas materias.

Por ejemplo, se constituyó la Comisión Nacional de Derechos Humanos, con sus respectivas copias en los Estados, sin que deje de ser una práctica su violación por quienes tienen el poder para hacerlo sin enfrentar sus consecuencias.

Se puede decir lo mismo de los órganos electorales que siguen organizando elecciones cuyos resultados no satisfacen nunca a los perdedores y los triunfadores gobiernan a la defensiva por saberse deslegitimados en su ejercicio. Elección tras elección, los partidos políticos y el Estado realizan reformas sin ton ni son, al grado de convertir los procesos democráticos de nuestro país en los más blindados y complicados hasta para quienes los han diseñado y aprobado.

Y pese a todo eso, la desconfianza de unos y otros es tal como la intención que tienen siempre de buscar recobecos en las leyes electorales que les permitan sacar ventajas a sus oponentes. Ahora lo estamos viviendo con la publicitación personal que se hacen los dirigentes nacionales de los partidos para posicionarse como posibles candidatos a la Presidencia de la República ante la inconformidad de otros correligionarios que cuestionan seriamente su actitud.

Qué decir de los institutos para la transparencia, las fiscalías especializadas en la investigación de ciertos crímenes, los órganos para la atención de los índígenas, la protección de las mujeres, de los periodistas. Ninguno ha cumplido con su cometido. Sin embargo, si usted escucha una entrevista que se le haga a cualesquier titular de los órganos aludidos, escuchará una serie de avances y realizaciones que lo asombrarán y lo harán sentir que usted vive en un país muy distinto al que ellos dibujan con su palabrería políticamente correcta.

Sin embargo, la corrupción y la impunidad que la cobija y fomenta está más galopante que nunca en la actividad política. Los gobernadores acusados de haber saqueado sus entidades junto con sus colaboradores, son sólo una pequeña muestra de lo podrido que está el sistema político mexicano. Son muchos más los que están impunes y siguen medrando con los dineros públicos en el aparato burocrático del gobierno federal, de los estatales y municipales con todo y los órganos de transparencia, fiscalías y auditorías superiores.

En cuanto a la delincuencia que se padece en todas las regiones del país, es muy poco lo que hace el Estado mexicano para combatirla y mucho menos para erradicarla con reformas a las leyes y a los procedimientos penales que le complican más esta tarea y alientan a los delincuentes a seguir en su perniciosa actividad sin mayor temor a las consecuencias que puedan tener por la misma.

Los crímenes que se llegan a resolver convincentemente para la sociedad son infinitamente menores que los que se cometen y denuncian. El crimen organizado y el común están en las calles y los criminales que son aprehendidos siguen delinquiendo desde las cárceles.

Se siguen asesinando mujeres, hombres, familias enteras y sus crímenes no se resuelven ni se castiga a quienes los cometen.

No estoy en contra de la creación de estos organismos especializados de los que hablo, siempre y cuando respondieran a un sentido interés de parte de las autoridades mexicanas por resolver la problemática que atienden, y estos fueran efectivos.

Más quisiera sentirme como ciudadano bien atendido por la administración de mi ciudad, confiado en que existe una policía que realmente resguarda mi seguridad y que en el Estado hay instituciones sólidas que garantizan el ejercicio de mi profesión, como maestro, como médico, abogado o periodista.

Sin embargo, a pesar de todas las instancias creadas hasta ahora y las que vendrán, siento que todo es parafernalia que en nada cambia la dramática situación en que nos encontramos los mexicanos de aquí hasta Reynosa y Tijuana.

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