Los muchachos blancos de el Donald

Los muchachos blancos de el Donald

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La derecha extrema, a la sombra tibia y acogedora de Trump, se está rearmando en los Estados Unidos y atrayendo la atención de supremacistas de toda laya.

                Prominentes nacionalistas blancos como Richard B. Spencer dan conferencias y se reúnen con otros supremacistas como Nathan Damigo, fundador de Identity Evropa, grupo supremacista blanco que ha sido identificado como una organización racista y como un “grupo de odio” por la Liga Anti-Difamatoria.

                Nathan Damigode 31 años, ex marino destacado en Irak entre 2004 y 2007, ha cometido actos vandálicos como robo a mano armada y ha sido encarcelado por ello. Ahora, su organización se dedica a repartir volantes y posters propagandísticos en los campus de las grandes Universidades estadounidenses.

                Por su parte Richard B. Spencer de 39 años, es presidente del Instituto Político Nacional, un Tanque de Pensamiento nacionalista y encumbrado publicista de Washington. Rechaza el término ‘supremacista blanco’ y se asume como ‘identitario’. Aboga por una nación blanca y llama a una “limpia étnica pacífica” para poner fin a la ‘deconstrucción’ de la cultura europea.

                Spencer dice que él y otros inventaron el término “alt-right” –ya viejo y ahora en boga- que significa alternative right o derecha alternativa, la cual se identifica con una ideología extrema que rechaza, incluso,  las corrientes conservadoras en favor de una supremacía blanca.

                A partir del triunfo de Trump, Spencer puso de moda aquel saludo histérico e histórico que los nazis usaban para alabar a su Führer, ¡Hail Hitler! Y no sólo eso, lo adaptó a los nuevos tiempos cuando gritaba “¡Hail Trump, Hail nuestra gente, Hail victoria!”. Además ha hostigado y denunciado a los judíos.

                Al sentirse amparados desde la Casa Blanca, los supremacistas blancos han reorganizado fuerzas, a tal grado que los eventos de Charlottesville –manifestación de grupos neonazis violentos-han esparcido la confianza para mostrarse tal como son. Sin embargo, este mitin ha fragmentado la derecha de aquel país.

                Ahí se han reunido demonios como los pro-confederados o neo-esclavistas que siguen con ganas de tener esclavos negros, los antifeministas, los neonazis y otras bestias que habían estado agazapadas. Muchos días después, Trump sólo dijo “el racismo es malvado”, desde su bunker de la Oficina Oval.

                Conservadores acérrimos se adelantaron al presidente y criticaron el movimiento como muy agresivo y que había ido demasiado lejos y le llovieron críticas a la alt-right de Spencer y Damigo por utilizar símbolos nazis y un lenguaje racista.

                “La derecha alternativa estará ahora compuesta de perdedores que no tienen nada que perder”, afirmó Mike Cernovich, influyente figura mediática de la derecha gringa, y concluyó, “…esto va a atraer a locos y terroristas”.

                Preston Wiginton, nacionalista radicado en Texas, ha querido hacer manifestaciones de lo que llaman “White Lives Matter”, “La vida de los blancos importa”, en las Universidades del aquel Estado y ha dicho que ahora es el momento oportuno.

                Spencer y Wiginton, oradores principales en el mitin de Charlottesville, están tratando de unir a los diversos grupos de la extrema derecha pero no les ha resultado fácil ya que la derecha estadounidense tiene muchas vertientes, muchos intereses y mucha ignorancia.

                Se pelean y discuten porque hay iniciativas del gobierno de quitar estatuas de generales esclavistas confederados y por otras razones y causas muy menores. Lo que sí saben es que el gobierno de Trump también es ignorante, no sabeo no le interesa entender las causas de este movimiento de la ultra derecha.

                Y se atiene a la vieja regla “laissez-faire, laissez passer, le monde va de lui même”, “Dejad hacer, dejad pasar, el mundo va sólo”, doctrina que se opone al control gubernamental en asuntos económicos y aboga por la libertad individual.

                Finalmente, el Donald así consiguió fama, fortuna y la presidencia del país más poderoso del mundo, todavía.

 

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