Los políticos corruptos, los bandoleros del siglo XXI

Los políticos corruptos, los bandoleros del siglo XXI

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Mexicanos y españoles asaltan las instituciones como antiguamente los bandidos asaltaban las diligencias en los caminos. Los ‘yuppies’ comienzan a temer a la Guardia Civil en España, la Interpol busca y captura a los gobernadores de la Generación X, ‘babyboomers’ y casi ‘millennials’ en México. La vida no sigue igual, a pesar de lo que cantaba Julio Iglesias…

Los políticos corruptos, los bandoleros del siglo XXI

Santiago J. Santamaría

“El exgobernador Borge, extraditado a México para ser juzgado por apropiarse de terrenos frente al Caribe. Roberto Borge ha pasado de ser recordado como el gobernador más joven de la historia a estar acusado de quedarse con miles de hectáreas en Quintana Roo. Siete exmandatarios afrontan simultáneamente procesos judiciales en México…”. Con estos titulares el periódico de Madrid, El País, uno de los ‘mass media’ en español más influyente en el mundo, daba cuenta de su extradición desde Panamá.

Durante mucho tiempo el exgobernador de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo, hijo de Cozumel, nacido en 1979, fue visto como un ejemplo de una nueva forma de gobernar. Dinámico, dicharachero, comprometido con el medioambiente y amante de la parranda y las fiestas que lo conectaban con los sectores populares, era uno de los jóvenes llamados a revolucionar la forma de hacer política. Incluso el presidente priista Enrique Peña Nieto, probablemente en una de las declaraciones más desafortunadas de su carrera, lo puso de ejemplo de una nueva camada que había llegado para terminar con la vieja política.

Borge había llegado al poder en 2011, con 32 años, como el político mexicano más joven en llegar al cargo. Siete años después de aquello aterrizó este jueves en la Ciudad de México, custodiado por la policía, para ser juzgado por varios delitos relacionados con operaciones con recursos de procedencia ilícita y la presunta venta irregular de terrenos de propiedad pública a varios prestanombres. Está acusado, entre otros delitos, de haber vendido irregularmente 9 mil 600 hectáreas de terrenos frente al Caribe mexicano a familia y amigos durante el tiempo que duró su mandato (2011-2016). Por varias de esas propiedades en una de las perlas del turismo mundial, se pagó menos del 1% del precio catastral, según denunció el actual fiscal general de Quintana Roo.

Panamá procedió a la extradición de Borge a México después de siete meses detenido en el país centroamericano. Allí fue detenido en junio cuando intentaba huir a Francia tras haber escapado de México días antes. Sobrino de gobernador y niño promesa del PRI (Partido Revolucionario Institucional), Borge empezó en la política en 2003 de la mano de Félix González Canto, que gobernó Quintana Roo entre 2005 y 2011. En ese entonces, tenía 23 años, se acababa de graduar en Administración de Empresas en el Tec de Monterrey y era el secretario privado de González Canto, quien dos años más tarde se convirtió en gobernador. A los 29 años pasó a ser diputado federal, donde fue secretario de la Comisión de Medio Ambiente. Su voracidad política le llevó a dimitir seis meses después para contender por la candidatura al Gobierno del Estado de Quintana Roo -que contiene las paradisiacas playas del Caribe mexicano y los fuertes intereses económicos de Cancún y la Riviera Maya, principales puntos turísticos de México-.

Carlos Joaquín evaluó en más de 10 mil millones de pesos (más de 500 millones de dólares) el importe del robo de Roberto Borge

El actual gobernador del Estado y principal impulsor de la persecución contra Borge, Carlos Joaquín González, comparó a su antecesor con el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, otro de los símbolos del latrocinio descontrolado de los últimos años. En entrevista con El País, Joaquín evaluó en más de 10 mil millones de pesos (más de 500 millones de dólares) el importe del robo de Borge y lo acusó de ser responsable de forma indirecta del repunte de la violencia que se vive en el Estado al haber desviado grandes cantidades de dinero que iban para programas sociales. “Faltan los recursos que iban para el campo, salud, educación que fueron destinados para dar beneficios a unos cuantos y que no llegó a la población indígena, a los jóvenes”, señaló. Con la llegada de Borge a México son ya siete exgobernadores que enfrentan de forma simultánea procesos judiciales. De ellos, seis -los de Tamaulipas, Veracruz, Quintana Roo, Tabasco, Sonora y Michoacán- están detenidos y el chihuahuense Cesar Duarte, prófugo.

La corrupción, el nuevo bandolerismo del siglo XXI. Los políticos asaltan las instituciones como antiguamente los bandidos asaltaban las diligencias en los caminos. La derecha y sus ‘yuppies’ comienzan a temer a la Guardia Civil en España, la Interpol busca y captura a los gobernadores de la Generación X, ‘babyboomers’ y casi ‘millennials’ en México. La vida no sigue igual, a pesar de lo que cantaba Julio Iglesias… La Guardia Civil es un cuerpo militar, creado por el duque de Ahumada en 1844 para preservar la seguridad de los caminos y combatir el bandolerismo, que en mitad del siglo XIX infestaba el territorio nacional, en España. Desde su fundación hasta hoy, ‘La Benemérita’ se ha adaptado con proverbial lealtad a todos los regímenes establecidos, incluida la II República durante la guerra, y esta fidelidad ha hecho que fuera utilizada en muchas ocasiones para aplastar con extremada dureza cualquier brote de rebeldía frente al poder constituido.

El miedo a la Guardia Civil está inscrito como un sello indeleble en el inconsciente de los españoles. Estuvieras dentro o fuera de la ley, vislumbrar de lejos en los caminos rurales de España las siluetas de una pareja con tricornio, capote y naranjero fue durante mucho tiempo siempre un mal trago. Puede que la derecha, gente de orden, la amara, pero muchos españoles de izquierda la odiaban por llevarla asociada a episodios de la historia ibérica más negra, hasta el día en que este odio o temor comenzó a ser atemperado por el respeto que inspiraban sus motoristas en la carretera o su ejemplo en operaciones de salvamento en las que arriesgaban sus vidas.

Ante cualquier desorden siempre hay alguien que exclama: ‘¡Esto sólo lo arregla la Guardia Civil!’ En eso estamos. La corrupción es hoy tan asfixiante como lo fue la plaga del viejo bandolerismo del siglo XIX. Los políticos corruptos asaltan las instituciones como antiguamente los bandidos asaltaban las diligencias en los caminos, y parece que de ellos ya sólo puede librarnos de nuevo esta Guardia Civil del UCO, altamente tecnificada. Ahí la tienes sacando mierda a destajo todos los días para llevarla a los jueces en una operación de salvamento nacional. Si la derecha también ha comenzado a temer a la Guardia Civil, se acabó la fiesta. La Unidad Central Operativa (UCO) es el órgano rector del servicio de Policía Judicial de la Guardia Civil de España, encargado de la investigación y persecución de las más graves formas de delincuencia y crimen organizado, ya sea nacional o internacional, así como del apoyo a Unidades Territoriales de Policía …

La mayoría de sus ciudadanos corrientes, ejemplo de solidaridad, de alegría de vivir y de resistencia ante la adversidad

Hablemos una vez más de política estatal, en nuestro Quintana Roo. Las ostras y sus parientes caribeños, los ostiones, son moluscos bivalvos que filtran más de mil litros de agua al día. Otro tanto sucede con los mejillones y almejas cultivados en las bateas. Estos moluscos encerrados cada uno en su propio caparazón están unidos por la misma corriente marina que atraviesa sus cuerpos y deja en ellos el plancton microscópico con que se alimentan. A menudo sucede que por sus entrañas discurre agua contaminada, y en este caso, si no es correctamente filtrada, quien consuma estas ostras, ostiones, mejillones y almejas se expone a una grave intoxicación.

Filtrar o no filtrar, he aquí una propiedad de los moluscos y de algunos políticos de Cancún, Playa del Carmen, Chetumal, Isla Mujeres, Cozumel… Cabe preguntarse si el Gobierno del ahora preso en México tras pasar más de medio año encarcelado en Panamá, Roberto Borge Angulo, no era como un conjunto de ostiones que sobrevive en medio de una gran cantidad de agua contaminada y era incapaz de expulsar las toxinas. Pasa lo mismo con los ciudadanos. Ya se sabe que este país, que se mueve entre el pesimismo histórico y el triunfalismo desaforado, está lleno de magníficas individualidades en el campo de la ciencia, de la medicina, del arte internacional, del deporte de élite, de las empresas constructoras y, por otra parte, la mayoría de sus ciudadanos corrientes constituyen un ejemplo de solidaridad, de alegría de vivir y de resistencia ante la adversidad.

Pero sucede que tan nobles ciudadanos se ven obligados a tragarse una enorme cantidad de toxinas, que a cada hora generan los medios de comunicación. Si los casos de corrupción atraviesan día y noche sin parar, como una corriente fétida, el cuerpo social, ¿no seremos los ciudadanos anónimos como los mejillones y almejas colgados de las bateas, incapaces de filtrar tanta basura política, y nos hemos quedado sin capacidad de respuesta, humildes intoxicados siempre dispuestos a consumir, pese a todo, una y otra vez, los mismos ostiones podridos?

Restablecer, a través de un castigo, la justicia correctiva, cuando alguien voluntariamente ha perjudicado a otro…

El ideal de la política es la justicia, entendida como la concreción en términos de equidad, de la distribución igualitaria de bienes y derechos, según las necesidades y esfuerzos de cada uno, y de acuerdo con determinado modelo social. Platón definió a la justicia como el dar a cada cual lo que le pertenece, y Ulpiano, jurista romano, la reiteró en sus preceptos fundamentales como la perpetua y constante voluntad de otorgar lo que le corresponde a cada uno. La justicia es un valor, un ideal a alcanzar, y varía de acuerdo al tiempo y al lugar. Obtener territorios por conquista fue considerado justo en épocas precedentes, como también lo fue la esclavitud; e incluso determinar lo que a cada uno le corresponde no es una tarea demasiado fácil, aun para los sabios o prudentes, a los que se refería Platón.

Esta es la justicia distributiva, a la que Aristóteles añade la justicia correctiva, actualmente impuesta a través del Poder Judicial, que implica restablecer a través de un castigo, la justicia, cuando alguien voluntariamente ha perjudicado a otro violando lo que le corresponde a cada uno. Por ejemplo el ladrón, al quitarle a otro lo que le pertenece le priva de lo que le corresponde, y él se enriquece con algo que no le corresponde y que debe restituir, más la aplicación de la pena correspondiente para que la justicia vuelva a regir. Aristóteles, que atribuyó al hombre la característica de animal político, asumió que el fin es lograr una convivencia justa dentro de la polis.

A partir de “El Manifiesto Comunista” de Carlos Marx y Federico Engels desaparece el robo, siendo sustituido por decomiso social

En mis tiempos de estudiante de Derecho recuerdo a un profesor gallego del pueblo de Allariz, Orense, quien en plena fiebre del marxismo-leninismo en Europa era capaz, al igual que Albert Camus, el autor de “El Extranjero”, de cuestionar las consignas internacionalistas que emanaban de Moscú, la otra ‘madre patria’, la extinta Unión Soviética. “¿Saben ustedes cuál fue la gran aportación de ‘El Manifiesto Comunista’ escrito por Carlos Marx y Federico Engels, cuya misión era proclamar la desaparición inminente e inevitable de la propiedad burguesa en su estado actual? Hasta 1848, los libros antiguos nos narraban la entrega al profeta Moisés por parte de Dios de unas tablas con Diez Mandamientos. El séptimo de ellos decía escueta pero muy claramente ‘No robarás’. A partir de ‘El Manifiesto Comunista’ desaparece el robo, siendo sustituido por decomiso social…”. Los antiguos bandoleros evocaban la figura de Robin Hood, un arquetípico héroe y forajido del folclore inglés medievalinspirado por Ghino di Tacco y en honor a un hombre llamado RobinLongstride o Robin de Locksley, quien era de gran corazón y vivía fuera de la ley, escondido en el Bosque de Sherwood y de Barnsdale, cerca de la ciudad de Nottingham. Repartía sus botines con los pobres. No sabemos si el espíritu de Robin Hood se ha instalado en los corazones de los gobernadores priistas…

Los corruptos son “gente seria”, según la consultora KPMG. “El Padrino”, de los Corleone, ‘guía espiritual’ para algunos en la vida cotidiana

A muchos políticos de la etapa del exgobernador Roberto Borge, y a otros empresarios y profesionales implicados en las investigaciones dirigidas por Miguel Ángel Pech Cen, el fiscal general del Estado, la saga de Francis Ford Coppola les sigue enganchando porque es el relato de un hombre que llega con lo puesto a América y consigue levantar un imperio, aunque pagará un precio enorme por ello.Lo tiene todo: amor, traición, amistad, familia, crímenes, poder… Pero, sobre todo, les apasiona porque no importa la situación en la que nos encontremos, las secuencias y las frases de la saga de la familia siciliana siempre nos proporcionarán una respuesta: saber quién es el Clemenza de cualquier organización, ser consciente de que aquel que te convoque para la cita es el traidor, tener la capacidad de hacer ofertas que no se puedan rechazar, reconocer la diferencia entre las cosas personales y los negocios…; las enseñanzas que aportan siempre son aprovechables. Una de las más importantes, especialmente útil en estos tiempos revueltos de guerras internas entre luz y taquígrafos, sigue siendo cuando su impulsivo hijo Sonny lleva la contraria a Don Vito en público, y, cuando acaba la reunión, el patriarca le echa una bronca tremenda y luego le reprocha: “Nunca dejes que nadie de fuera de la familia sepa lo que estás pensando”.

Casi medio siglo después de su estreno, Robert de Niro logró reunir recientemente en Nueva York a una parte importante del reparto original de “El Padrino”: Al Pacino, James Caan, Robert Duvall, Diane Keaton y TaliaShire. Francis Ford Copola relató que la Paramount no creía en el proyecto porque pensaba que una película sobre mafiosos no iba a encontrar su público. Desde que los agentes del FBI irrumpieron en 1957 en la famosa reunión de Apalachin, donde se encontraban los principales representantes de las grandes familias del crimen organizado, la presencia de la mafia en Estados Unidos quedó al descubierto. Pero en los años setenta no se hablaba con tanta libertad sobre el tema como ahora. La mafia era todavía bastante invisible. De hecho, el poderoso director del FBI durante 40 años, Edgar J. Hoover, no tenía entre sus prioridades la persecución de la Cosa Nostra sino el desenmascaramiento paranoico de la infiltración comunista. Hoover falleció en 1972, justo el año en el que se estrenó “El Padrino”. Nada volvería a ser igual.

“El Padrino” es tal vez la película más influyente de la historia. La figura y actuación de Marlon Brando se estudian en las escuelas de negocios

Como ocurre con otras obras maestras, pese a la improvisación, a las resistencias del estudio cinematográfico, a la tendencia al caos de Francis Ford Coppola, el resultado fue una obra maestra y tal vez la película más influyente de la historia. “El Padrino” se estudia en las escuelas de negocios y es utilizada por los políticos mexicanos y españoles. El portavoz del Partido Popular de Mariano Rajoy en España, Pablo Casado, señaló que “esperaba que la familia de Jordi Pujol, expresidente constitucionalista durante décadas de la Comunidad Autónoma de Cataluña, hoy procesado por malversar bienes públicos y converso independentista, no se hubiese inspirado en ese tipo de obras”, refiriéndose a “El Padrino”.

En una antigua entrevista, la fallecida guionista y escritora estadounidense Nora Ephron confesó que, desde tiempos inmemoriales, su plan de Navidad era ver “El Padrino” en Nochebuena y “El Padrino II” en fin de año. Consideraba que mantener frescas las lecciones de la familia Corleone era imprescindible para la vida cotidiana. En nuestro convulso Quintana Roo, esta saga de la mafia siciliana parece que se convirtió en una guía para la vida cotidiana, para muchos políticos de la etapa del exgobernador Roberto Borge, fugado, apresado, extraditado, encarcelado…, por ahora, y que será sentenciado…

Ninguno de los ‘chorizos’ descubiertos, incluido el cuñado de Felipe VI y yerno de Juan Carlos I, Iñaki Urdangarín, se ha disculpado

Mucho peores que los protagonistas de “El Buscón” de Francisco de Quevedo y la picaresca del Siglo de Oro, hoy son “muy respetados”, “reputados”, “afables”, “extrovertidos” e “intelectuales”, según la consultora KPMG; el podrido PP de Mariano Rajoy va a quedarse sin cuadros en Madrid y en Valencia para seguir gobernando; la Guardia Civil y los jueces no paran con nuevas detenciones y procesos; no hay dinero para investigar en España, todo se ha destinado a investigar a los desvalijadores de los fondos públicos; ninguno de los ‘chorizos’ descubiertos, incluido el cuñado de Felipe VI y yerno de Juan Carlos I, Iñaki Urdangarín, se ha disculpado.

Lo que en unos países se consideran obsequios habituales del mundo de los negocios, en otros se perciben como casos claros de soborno inaceptables. Pese a toda la globalización del mundo económico que se haya dado, el nivel de incidencia de actos fraudulentos en el mundo de las empresas mantiene aún un gran componente de entorno, según el último informe de la consultora KPMG sobre esta materia, aunque sí hay un perfil común: el defraudador tiene entre 36 y 55 años (en el 70% de los casos), suele ocupar cargos de responsabilidad en las áreas de finanzas, operaciones o ventas y marketing, y no actúa solo. No se les ve venir y gozan de buena reputación. “Dada la elevada proporción de defraudadores que son extrovertidos, afables, muy respetados, etcétera, cuesta imaginar que estos atributos puedan servir para identificar a quienes son propensos a la corrupción. Además, un gran porcentaje (39%) de los 596 defraudadores eran muy respetados por sus compañeros”, recoge el estudio. KPMG ha analizado la naturaleza de 596 casos de corrupción descubiertos en más de 80 países para elaborar este estudio, de los cuales varias decenas corresponden a España y México,en el que también habla de los servicios que la consultora ofrece para diseñar e implantar técnicas contra la prevención del fraude en las compañías.

KPMG es una red global de firmas de servicios profesionales que ofrece servicios de auditoría, fiscales y de asesoramiento financiero y de negocio en 156 países, incluido México. Es una de las cuatro firmas más importantes del mundo de servicios profesionales, las Big4, junto a PwC, Deloitte y Ernst & Young. En España, está presente desde 1971, cuenta con 16 oficinas y más de 2 mil 700 profesionales, y su presidente es John M. Scott. Ofrece servicios de auditoría, fiscales y de asesoramiento legal, financiero y de negocios. Sus oficinas centrales están en la Torre Europa de Madrid, situada en el Paseo de la Castellana. KPMG en México brinda servicios a clientes locales, nacionales y multinacionales a través de nuestros 152 socios y más de 2 mil 500 profesionales distribuidos estratégicamente en 17 oficinas ubicadas en las ciudades de mayor impacto para la economía nacional, entre ellas la nuestra, en el Boulevard Kukulcán, kilómetro 12.5 L 18 -12, Mz. 52, Int. G9 – G13, Torre Sur, Piso 3, en la Zona Hotelera de Cancún.

Los fraudes a nivel mundial suponen más de 3 billones de dólares; en la crisis las compañías están más atentas al control de gastos

Esta tercera edición del informe (las dos primeras se realizaron en 2007 y 2011) no refleja grandes variaciones como consecuencia del ciclo económico, sino un uso cada vez mayor de las herramientas tecnológicas para cometer los delitos. “El fraude ocurre en entornos boyantes o recesivos, pero lo que ocurre en la crisis es que las compañías están más atentas al control de gastos”, explicó Ángel Requena, socio del área Forensic de KPMG en España. El informe reconoce que los controles internos no pueden impedir todo tipo de fraudes, ya que muchas veces son temerarios y cuentan además con las cómplices para burlarla esas barreras de seguridad. Y es que para defraudar, concluye el estudio, es necesario tener un control casi absoluto de un área y gozar de un gran respeto por parte de los profesionales de la casa. “No sienten necesidad de someterse a las reglas: una tercera parte de los defraudadores (36%) señala la sensación de superioridad como motivo para justificar su fraude. Es posible que se deba al hecho de que el 29% de los fraudes fueron cometidos por directivos, el cargo más frecuente en relación con la comisión de estos actos”, explica KPMG en un comunicado.

La mano dura, según recoge el estudio, suele funcionar: “En Singapur hay muy poca corrupción, en términos relativos, principalmente porque la aplicación de la ley es implacable y la actividad empresarial se desarrolla de forma transparente”, comenta Lem Chin Kok, socio de Servicios de Forensic KPMG en Singapur. La consultora reconoce que, en general, sin embargo, buscar sanciones derivadas de acciones judiciales gusta menos a las compañías porque “son pocas las empresas dispuestas a exponerse a un perjuicio para su reputación”.

El informe no es cuantitativo, pero KPMG hace una estimación de lo que el fraude supone en las empresas, anualmente, y lo cifra en aproximadamente el 5% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial, unos 2.6 billones de euros. Si se extrapolase el cálculo a España, ese 5% supondrían unos 50 mil millones de euros. En el caso español, el problema afecta tanto al sector público como al privado, según KPMG, que destaca al sector que ha protagonizado en los últimos años la mayor parte de las noticias de corrupción en los medios de comunicación: “Las cajas de ahorros españolas también se han enfrentado a problemas significativos puesto que se han generalizado las crisis y las investigaciones de decisiones de inversiones dudosas. Algunos bancos también han sido víctimas de fraude por haber confiado en información financiera o planes de negocios manipulados”, afirma.

El corrupto se considera un perseguido por las autoridades policiales, fiscales y judiciales. Todos ellos padecen de fiebres paranoicas…

El perfil del corrupto es sorprendente. ¿Por qué se defrauda? Tiene una sensación de estar infravalorado (17%), sensación de miedo (14%), sensación de estar mal remunerado (13%), y sensación de ira (7%). ‘¿Cómo es el defraudador o el corrupto?:muy respetado (39%), afable (35%), extrovertido (33%), empresario o político reputado (23%), considerado como intelectual (22%). Si uno revisa cualquier portada de un periódico de tirada nacional en México o en España llama la atención que varios de sus titulares hacen mención al tema corrupción. También no pasa desapercibida la actitud de los corruptos. Ninguno de ellos pide perdón o excusas por su actuación sino que se considera un perseguido por las autoridades policiales, fiscales y judiciales. Todos ellos padecen de fiebres paranoicas… Mientras defrauda y gasta su salud es de hierro. Ahí le tenemos a Elba Esther Gordillo, la dirigente sindical de los maestros y socia coyuntural de los principales partidos políticos mexicanos, infatigable a la hora de viajar varias veces en una semana para sus compras obsesivas y compulsivas de ropa interior en las principales boutiques de la congelada Nueva York en estas últimas horas. Una vez arrestada y encarcelada su salud física y mental se fueron quebrando… Pura estrategia jurídica. Hasta el propio Joaquín Archivado Guzmán Loera, “El Chapo”, invoca clemencia al juez de la ‘Gran manzana’, reclamando la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es importante que sus miles de víctimas y sus familiares hagan lo propio, reclamando indemnizaciones por el dolo padecido.

En España, que yo recuerde, en los últimos años nadie ha pedido perdón, salvo el rey Juan Carlos I, quien festejaba días atrás su ochenta cumpleaños, cuando fue sorprendido en Ruanda matando un elefante junto a una amiga de la nobleza europea. Tuvo en aquella aventura un accidente lastimándose la cadera, de la que ha sido operado en varias ocasiones. Salvo el monarca, ninguno de los ‘chorizos’ descubiertos en España, incluido el yerno del propio Juan Carlos, Iñaki Urdangarín, insisto, se ha disculpado.

Afortunadamente los jueces españoles han comenzado a actuar contra esta lacra social, donde los políticos no son los únicos protagonistas, sino empresarios y constructores de pacotilla, que se creían intocables… Sus burbujas inmobiliarias, de infraestructuras, de energías renovables…, han tenido que ser ‘desinfladas’ por la inmensa mayoría de la población española, para superar una crisis motivada, en buena parte, por esos nuevos ‘Buscones’ de la vida española. “El Buscón” de Francisco de Quevedo y la picaresca del Siglo de Oro, hace casi cinco siglos atrás, es un santo al lado de los Bárcenas -extesorero durante dos décadas del Partido Popular, que preside España con Mariano Rajoy- que fueron paradigmas de la ganancia del ‘pelotazo’.

Francisco de Quevedo nunca reconoció ser autor de “La vida del Buscón, llamado don Pablos…”, por miedo a la Inquisición

“La vida del Buscón” (o “Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños”) es una novela picaresca en castellano, escrita por Francisco de Quevedo. El libro se publicó por primera vez en 1626, aunque circuló antes en copias manuscritas, algunas de las cuales se conservan hoy en día. Quevedo nunca reconoció haber escrito “El Buscón”, probablemente para esquivar problemas con la Inquisición, y su silencio sobre esta obra, pese a estar la autoría fuera de toda duda, ha incrementado los problemas en la datación de su composición. Se han propuesto fechas que van de 1604 a 1620 y un proceso de reelaboración posterior en el que Quevedo estaría trabajando hasta cerca de 1640.

El protagonista, Pablos, es segoviano, hijo de Clemente Pablo, un barbero ladrón, y de Aldonza de San Pedro, dada a brujerías. Tenía un hermano de siete años que robaba a los clientes de su padre y que murió el angélico de unos azotes que le dieron en la cárcel. Entra a la escuela, donde conoce a don Diego Coronel, hijo de don Alonso Coronel. Allí Pablos hace amistad con su maestro, el cual después de una relación estable decide por un incidente en tiempo de carnestolendas y la vergüenza de que todo el pueblo lo juzgara por la condición de sus padres, que entre al servicio de don Diego, al cual su padre don Alonso decide poner bajo el pupilaje del licenciado Cabra, clérigo avaro que los mata de hambre. Salen de allí delgadísimos y enfermos, hasta el punto de que los médicos mandan que nos limpiasen con zorras el polvo de las bocas, como a retablos, y bien lo éramos de duelos. Don Diego es enviado a Alcalá de Henares, a estudiar lo que le faltaba de la gramática, y Pablos lo acompaña como sirviente. Allí Pablos es víctima de las novatadas de los estudiantes, algunas bastante sucias, y se vuelve experto en engañar a los demás para conseguir lo que desea. Al saberlo don Alonso le pide a su hijo que vuelva a Segovia sin Pablos ya que ha oído de sus travesuras. El tío de Pablos, Alonso Ramplón, verdugo de Segovia, le comunica a éste que ha ajusticiado a su padre. Añade que su madre está presa en la Inquisición de Toledo, y probablemente será quemada en un auto de fe. Le invita a volver a Segovia, para aprender el oficio de verdugo con él. Pablos decide entonces volver a su ciudad, “con el fin de cobrar mi hacienda y conocer mis parientes, para huir de ellos…”.

Personajes locos, disparatados consejeros del rey, “Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres”

El segundo de los tres capítulos relata el camino desde Alcalá hasta Segovia, donde va encontrando personajes disparatados: un loco repúblico y de gobierno, esto es un arbitrista que cree conocer los remedios para enderezar la marcha del país y quiere aconsejar al Rey para que, conquistando Amberes, seque el mar con esponjas. Luego, un diestro verdadero o maestro de esgrima loco, que habla constantemente de estocadas pero acaba huyendo ante un mulato. Topa después con un clérigo viejo, autor de malos versos, que ha hecho un librillo a las once mil vírgenes, adonde a cada una he compuesto cincuenta octavas, cosa rica. Después de despedirse del poeta, al pasar el puerto de Fuenfría, de Madrid hacia Segovia, se encuentra con un soldado matón y un ermitaño en un borrico. Llegan a la posada en Cercedilla y el ermitaño les gana, haciendo trampas en el juego. Luego se encuentran con un genovés rico, lo cual aprovecha Quevedo para burlarse de los banqueros genoveses que prestaban dinero a la Corona Española y luego se quedaban con la plata de América al exigir el pago del dinero. A la entrada de Segovia, ve a su padre al borde del camino, aguardando ir en bolsas, hecho cuartos, a Josafad, esto es ajusticiado y descuartizado. Era costumbre en la época descuartizar a los reos a fin de que sirviesen de ejemplo y dejar sus restos a la entrada de los pueblos o villas. Llega donde su tío, pero no se hace verdugo, sino que recoge su herencia y se decide marchar a Madrid.

Don Toribio presenta a Pablos a una cofradía de pícaros y rufianes, con los que vive, en el tercer y último capítulo. Delatado el grupo, los detienen y llevan a la cárcel. Logra salir después de sobornar a todos, desde el carcelero hasta el escribano. Va entonces a una posada, donde se hace pasar por rico que lo disimulaba. Usa nombres falsos (don Ramiro de Guzmán, don Felipe Tristán). Pretende casarse con una dama (doña Ana), pero es descubierto por su antiguo amo, don Diego Coronel y acaba apaleado. Determina entonces ir a Toledo, donde nadie lo conocía. Forma parte de una compañía de cómicos, destacando en papeles de carácter y malvados. Después de dejar la compañía, se hace galán de monjas. De Toledo pasa a Sevilla, donde se gana la vida gracias a sus principios de fullero y los dados cargados. No obstante, acaba teniendo un incidente con la ley y tiene que acogerse a sagrado. Estando en la iglesia, íntima con “la Grajales” a la que propone ir a las Indias, a ver si mejoraba su suerte. No obstante, la novela concluye diciendo que no le fue mejor allí: “Y fuéme peor, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres”.

Francisco de Quevedo, ante todo, busca un intenso efecto de comicidad. No pretende el escritor destacar que ciertas acciones son éticamente condenables y que traen como consecuencia el castigo sino, en primer lugar, reír y hacer reír con ellas. Aparecen muchas malas acciones que quedan sin castigo. No hay digresiones moralizadoras, salvo la moraleja final: “Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”.

Quevedo habla desde una mentalidad nobiliaria ante el afán de las clases bajas de ascender, nunca apoya y rechaza a don Pablos

Pero, principalmente, pretende demostrar la imposibilidad de ascenso social. Pablos quiere ser otra cosa, “pica más alto”, y así se lo dice a don Diego: “Más alto pico, y más autoridad me importa tener”. Quiere borrar sus orígenes y apartarse de sus parientes. En carta a su tío, el verdugo, le advierte: “No pregunte por mí, ni me nombre, porque me importa negar la sangre que tenemos”. Todos sus intentos fracasan. Cuando el protagonista u otro trata de hacerse pasar por caballero o por rico, aparece inmediatamente el castigo. La crítica coincide en que Quevedo trata, en esta novela, de la usurpación estamental: La base que sustenta el juego y lo hace posible es que nadie puede ascender a caballero desde la vileza… La intención y el sentido son burlescos; la significación, no. El autor habla desde una mentalidad nobiliaria ante el afán de las clases bajas de ascender. Quevedo nunca se pone en el lugar de don Pablos, cuyo deseo de ascenso social rechaza. Tiene, en definitiva, una perspectiva “brutalmente clasista”. La sátira se exagera en esta obra hasta el punto de ser una caricatura sangrienta.

Quevedo no describe lugares y personajes de forma realista, sino grotesca, hasta obtener una visión esperpéntica. Esta exageración es un rasgo típicamente barroco. Todo es extremado: lleva la suciedad hasta lo más repugnante, la ironía al sarcasmo más brutal, el Dómine Cabra no es sólo pobre y miserable, es “archipobre y protomiseria”. Trata a sus personajes con frialdad, sin compasión ni simpatía. Los describe con los trazos más negros, exagerando sus deformidades físicas y morales. Acaban siendo puras caricaturas. Demuestra un alto dominio del lenguaje, no sólo por lo ilimitado de su vocabulario, sino también por su habilidad para jugar con él, forzando dobles significados, retorciéndolo. Utiliza un brillante estilo conceptista, impropio del personaje que se supone que está narrando sus aventuras y desventuras en primera persona. En su obra abundan los chistes macabros, las groserías, los juegos de palabras y dobles sentidos.

El corruptor campa a sus anchas cuando percibe que no es objeto de rechazo social alguno, porque el cinismo se ha instalado en la sociedad

La corrupción en un sistema democrático en los inicios de este compulsivo y corrupto 2018 es muy ineficiente para la economía. Este argumento está haciendo fortuna. En las sociedades neoliberales y en las populistas, en las que el ciudadano ha quedado reducido a simple portador de intereses privados, el argumento económico resulta para muchos más convincente que las apelaciones a la moral, a la Justicia o simplemente a los buenos modales. De modo que cabe preguntarse qué pasaría si la corrupción fuera eficiente. Más de uno la daría por buena. A fin de cuentas, el estado de opinión que se ha ido cultivando desde los años ochenta dice que el dinero no tiene límites. Esta ha sido la pulsión nihilista que nos ha llevado a la crisis actual. Una de las funciones de la política es precisamente poner límites. Las compuertas de la corrupción se abren y la convierten en un torrente cuando se impone la idea de que el Estado es el problema y no la solución. Un Estado desautorizado es un Estado en manos de la capacidad de intimidación del dinero. Y no olvidemos que no hay corrupto sin corruptor. El corruptor campa a sus anchas cuando percibe que no es objeto de rechazo social alguno, porque el cinismo se ha instalado en la sociedad.

Tienen razón los que dicen que hay que evitar la generalización de las acusaciones de corrupción, porque deslegitiman la política, es decir, se llevan por delante no tanto a los corruptos como a las instituciones. Es fundamental salvar y recuperar la política, porque es el único instrumento de que la mayoría de ciudadanos dispone para poner límites a los abusos de poder. Pero los primeros que deben defender la política son los dirigentes políticos. Y no es admisible la apelación ventajista a la importancia de no desprestigiar la política para ocultar la corrupción y proteger la impunidad.

Los ciudadanos han perdido la inocencia y en la actual crisis social y política todo intento de ocultación es un escarnio

Más allá de las reformas legales que puedan ser necesarias, hay una cuestión de actitud. La corrupción ahoga la reputación de las instituciones y la confianza en la política, y los gobernantes no modifican un ápice sus hábitos frente a ella. El desdén, el listado burocrático de propuestas legales y el obsceno triunfalismo ante un panorama de seis millones de parados, no es la manera de afrontar la corrupción ante una ciudadanía asombrada por las noticias de portada de cada día. Y, sin embargo, es la actitud que tuvo el presidente Rajoy en el Parlamento, afrontando como un puro trámite la sesión de control, en manifiesto desprecio al Parlamento, que es la institución clave del sistema democrático.

Precisamente porque hay que defender a la política, los gobernantes tienen que reaccionar con prontitud, diligencia y contundencia. Es una estafa política y un fraude de ley utilizar los recursos legales no para aclarar lo que ha ocurrido sino para garantizarse la impunidad. Los principios garantistas y la presunción de inocencia están para evitar que una persona inocente pueda ser condenada o estigmatizada como culpable. Se degradan y se convierten en motor de desigualdad y de injustica cuando se utilizan para proteger a quienes han delinquido. Los ciudadanos mexicanos y españoles no somos iguales ante la Justicia porque hay unos pocos que disponen de dinero e influencia para pagar a los grandes despachos de abogados y encontrar las rutas para salir indemnes. Lo vemos cada día en asuntos de gran calado económico. Un gobernante, si realmente es consciente de la función que asume, no debería utilizar estos caminos retorcidos para favorecer la impunidad de los suyos.

Los ciudadanos han perdido la inocencia y en la actual crisis social y política todo intento de ocultación es un escarnio. Y, sin embargo, los gobernantes se resisten a cambiar de actitud. Ya sé que la arbitrariedad es sustancial al poder. Y que el Estado prohíbe la injusticia no porque la quiera prohibir, sino para administrarla. Pero los dirigentes políticos deberían ser conscientes de que son las propias instituciones las que corren peligro por su frívola respuesta. No, no todos son corruptos ni todos son iguales. Pero la corrupción se ha hecho sistémica en algunos partidos e instituciones. Y cuando una organización está asediada por la corrupción, como ocurre con el PP en España, su líder no puede hacer de su salvación personal el único objetivo de su estrategia.

Hay una cierta tendencia a presentar la imagen de una clase política malvada y corrupta, frente a una sociedad honesta e inocente

Las encuestas confirman el profundo desencuentro entre la ciudadanía y la política institucional, a la que algunos llaman la “casta mantenida”. Pero señalan también que la crisis ha dañado muchísimo más la imagen de los políticos que la corrupción. Lo cual significa que la degradación política no es ajena a la degradación moral de la sociedad durante los años del nihilismo, en los que se ha transmitido la idea de que todo estaba permitido. Hay una cierta tendencia a presentar la imagen de una clase política malvada y corrupta, frente a una sociedad honesta e inocente. Es un planteamiento alimentado a partir del prejuicio contra la política propagado durante estos años de hegemonía conservadora. Un razonamiento simétrico al que cuando se habla de corrupción pone el foco en el corrupto pero se olvida del corruptor. Y, sin embargo, es evidente que no hay corrupto sin corruptor. No hay, por tanto, una sociedad angelical y una clase política perversa. Hay una pérdida grande de exigencia por parte de una sociedad que ha vivido demasiado tiempo en la indiferencia y una acomodación de la clase política, que se siente poco vigilada, a sus intereses y privilegios de casta. Y hay unos sistemas clientelares esparcidos por todo el territorio que favorecen la servidumbre voluntaria y, por tanto, los silencios y los miedos.

Se necesita una renovación y regeneración de las instituciones políticas. Para que una democracia funcione, el poder tiene que estar limitado y suficientemente repartido. Ahora no lo está. Por eso chirrían tantas cosas. Es cierto que la clase política se ha convertido en un grupo que pone sus intereses por delante del interés común. Pero es cierto también que hay una promiscuidad entre poder político y poder económico de alto poder contaminante. Y es cierto que los medios de comunicación convencionales, en plena crisis, han perdido la capacidad de marcar la agenda política y de configurar la opinión pública mirando hacia abajo y no solo desde arriba. Degradación de la política sí, impunidad de las élites, también.

Las consecuencias de todo ello son altamente desmoralizantes para la ciudadanía y la crisis las ha hecho emerger de modo descarnado. La sensación de dependencia de la política del poder financiero es abrumadora. Se habla mucho del grave problema del paro, pero la prioridad de las políticas de austeridad es salvar a los bancos y socializar la deuda privada. La imagen de connivencia entre política y dinero es explosiva y, en este sentido, es evidente que casos como el de Bankia y otras entidades bancarias como la Caja de Ahorros Mediterráneo -estafaron sus ex directivos con terrenos y torres de Puerto Cancún- han tenido efectos demoledores en la moral colectiva. Parte de la ciudadanía se siente burlada y sin voz. Burlada porque cada vez se le piden más sacrificios y sin recibir a cambio ninguna señal de progreso ni de reparación del daño causado por los excesos que condujeron a la crisis. Sin voz, porque la repetición de la idea de que no hay alternativa, además de ser un insulto a la ciudadanía, convierte a la democracia en un paripé y abre las puertas al autoritarismo, a la falta de transparencia y a la restricción paulatina de derechos.

Es un problema político que concierne a la sociedad entera, hay demasiada gente que se vanagloria de no poder decir lo que querría decir

La imprescindible renovación institucional no puede reducirse a un problema estrictamente técnico, que es la vía por la que la política lleva tiempo perdiendo el alma. Es un problema político que concierne a la sociedad entera. Y que solo se resolverá si esta presiona. Si hay que confiarlo todo a la iniciativa de los partidos, vamos listos. Éstos sólo cambiarán si ven su posición realmente amenazada. ¿Qué necesita la democracia? Mayor autonomía de los políticos respecto de los poderes económicos, recuperación de la idea fuerte de proyecto político (es decir, de futuro), reforma del Estado y sus aledaños en el sentido de reducir los poderes corporativos y redistribuir el poder, revitalización del Parlamento, cada vez más ninguneado por los gobiernos, modificación de la forma partido excesivamente anquilosada en un modelo jerárquico y cerrado, cambio de la ley electoral que acerque al parlamentario a los electores y no le convierta en títere del aparato partidario, respeto a la libertad de los actores políticos que evite el penoso espectáculo de la celebración de las unanimidades. Pero, sobre todo, es necesario un cambio cultural de fondo.

Hay demasiada gente que se vanagloria de no poder decir lo que querría decir porque su posición no se lo permite. Esta cultura es contraindicada con la democracia, porque crea dirigentes sin autoestima, que renuncian con suma facilidad a la capacidad de pensar y decidir por sí mismos, es decir, a su dignidad. Esta actitud también es una forma de corrupción estructural. Donde no hay políticos libres, sólo hay casta mantenida. ¿De qué se carcajeaban Enrique Peña Nieto, Roberto Borge y Javier Duarte…?

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