Los samuráis de ‘Yakuza’, la oscura mafia japonesa, ‘enganchan’ al actor Jared...

Los samuráis de ‘Yakuza’, la oscura mafia japonesa, ‘enganchan’ al actor Jared Leto y al director de cine Quentin Tarantino

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Este es el retrato más íntimo de una de las organizaciones mafiosas más poderosas del mundo. Por primera vez, un fotógrafo europeo, el belga Anton Kusters ha convivido con ellos, ha tenido acceso a sus campos de entrenamiento, a sus costumbres, y ha podido fotografiar a sus capos. El año en el que algunas leyendas sitúan la semilla del crimen organizado en Japón es 1612. Por aquel entonces no se hacían llamar ‘yakuza’, no conducían coches de lujo, ni vestían trajes caros: en realidad, eran grupos de samuráis que defendían a los pequeños pueblos de los guerreros renegados, mercenarios que en tiempos de paz habían decidido pasarse al saqueo y la delincuencia. Los ‘machi-yokku’, como se llamaba a los servidores del pueblo que luchaban contra los ‘ronin’, son parte fundamental para entender las simpatías que siguen suscitando en parte de la sociedad japonesa los modernos ‘yakuza’…

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Los ‘machiyokku’ gustaban de la bebida y el juego, y fue esto último -si creemos la leyenda- lo que acabó dando nombre a los ‘yakuza’: en algunos dialectos, ‘ya’ significa 8; ‘ku’, 9, y ‘za’, 3. La suma de estos números, 20, es una de las peores manos del ‘hanafuda’, un antiguo juego de cartas. Con el nombre por bandera, los integrantes del grupo se catalogaban a sí mismos de perdedores: una curiosa forma de definirse. Ahora bien, otros afirman, en una versión que parece más fiable, que en realidad el crimen organizado nipón desciende directamente de los ‘kabuki-mono’, un grupo de samuráis que se distinguía por sus desmanes, su excentricidad, sus peinados, su forma de hablar y las largas espadas que pendían de sus cintos. Esta versión de la historia no gusta a la ‘Yakuza’, que se considera más la hija de los defensores del pueblo que de unos chiflados sin señor y de comportamiento anárquico que se dedicaron a sembrar el pánico en un Japón feudal. La anécdota, lejos de ser banal, ilustra la creencia de que este imperio del crimen (con cinco veces más efectivos que la mafia en Estados Unidos) se ve a sí mismo como un Robin Hood moderno que sabe cómo cuidar de los suyos por encima de cualquier otra consideración.

‘The Outsider’ es un thriller norteamericano dirigido por Martin Zandvliet con guion original de Andrew Baldwing. Está protagonizado por Jared Leto y cuenta la historia de un norteamericano que pasa a formar parte de la Yakuza japonesa. La película se estrenó también Netflix. La acción transcurre en el año 1954, después de la ocupación norteamericana de Japón tras la Segunda Guerra mundial. Nick Lowell (Jared Leto) es el único prisionero extranjero en una prisión de Osaka. La mayor parte de los presos son criminales miembros de diferentes clanes de la Yakuza, reconocibles por sus tatuajes Irezumi. Nick salva de morir ahorcado a un preso llamado Kiyoshi, miembro del clan Shiromatsu, que decide pagar su deuda con Nick liberándolo. Pero además el clan le propone un trabajo: Anthony Panetti, un comerciante de cobre estadounidense con una profunda aversión hacia los japoneses, se ha negado a negociar con el clan Shiromatsu, pero sí ha aceptado negociar con otro clan porque su interlocutor era norteamericano. Nick accede a ayudarles. Sin embargo, en el primer minuto de su entrevista con Panetti, Nick acaba golpeándole violentamente en la cabeza con una máquina de escribir.

Cuando el clan Seizu de Kobe desafía al clan Shiromatsu en su propio club de estriptis, Nick ataca a su jefe provocando un tiroteo. Kiyoshi va cogiéndole simpatía a Nick, y le hace regalos caros como un traje o incluso un apartamento. Hasta confía en Nick para que lleve en coche a casa a su hermana Miyu, a la que encuentran borracha corriéndose una juerga en el local de los Shiromatsu. Nick pasa la noche con ella, vinculándose así todavía más con el clan. Su relación con Miyu sigue adelante, y también su relación con el clan Shiromatsu, dentro del cual se convierte en un violento sicario, e incluso se hace un tatuaje Irezumi en la espalda. Los clanes rivales presionan al clan Shiromatsu, en gran parte debido a la negativa de su anciano patriarca a adaptarse a los rápidos cambios de la economía de postguerra. Kiyoshi envía Nick al puerto para llevar a cabo una operación de contrabando de armas. Allí cuatro miembros del clan Seizu le atacan, y Nick acaba eliminando a dos de ellos. Con el fin de evitar una guerra entre clanes, Nick y Kiyoshi realizan un ritual yubitsume, en el que se cortan los dedos meñiques y se los hacen llegar al jefe del clan Seizu, que acepta las disculpas. Durante la celebración de un combate de Sumo el jefe de los Seizu ofrece al patriarca de los Shiromatsu hacerse cargo de su clan para que pueda retirarse en paz, oferta que el anciano rechaza. Nick participa en un ritual en un viejo templo, durante el cual se convierte en un auténtico miembro del clan.

Pasado un tiempo, Pauli Bowers, soldado norteamericano de permiso, reconoce a Nick. A través de su conversación se descubre que Nick era el capitán en la unidad de Bowers, y que el ejército de los Estados Unidos cree que Nick murió en acto de combate, pero también que Nick podría haber estado involucrado en crímenes de guerra. Cuando Paulie intenta chantajear a Nick, este le tiende una trampa para que vaya a su apartamento y le mata. Nick se entera de que Orochi, el antiguo amante de Miyu, ha intentado violarla, pero ella le persuade para que no busque venganza contándole que está embarazada. Nick se presenta en casa de Kiyoshi y le confiesa que mantiene una relación con su hermana. Como Nick es ahora responsable de la seguridad de Miyu, Kiyoshi le entrega un Daishō, una pareja de espadas samurái. Juntos  entierran el cuerpo de Bowers en el bosque. Algún tiempo más tarde, Nick salva al patriarca Shiromatsu de morir estrangulado a manos de un sastre. Dos miembros de los Seizu asesinan a Kiyoshi durante su huída. Parece claro que algunos miembros de su clan se han pasado al clan Seizu, entre ellos Orochi. Nick propone inmediatamente declarar la guerra al clan enemigo, idea que el patriarca respalda. Después de una oleada de asesinatos, el clan Seizu ofrece negociar la paz entre los clanes en una reunión en el puerto, pero resulta ser una emboscada. El patriarca y otros muchos miembros del clan Shiromatsu mueren, y a Nick le hieren de un disparo en una pierna. Sin inmutarse, Nick viaja al Dōjō del clan Seizu con la espada de Kiyoshi y pide luchar con Orochi para tener la oportunidad de matarle. Pero Orochi rechaza luchar, alegando que Nick es sólo un extranjero y que nunca podrá ser un verdadero miembro de la Yakuza. Cuándo Orochi le devuelve la catana, Nick le corta la garganta de un solo gesto. El patriarca Seizu interviene antes de que se produzcan más muertes y deja a Nick marcharse.En la escena final, Nick regresa a un apartamento donde Miyu está escondida protegida por los pocos miembros que quedan del clan Shiromatsu. La abraza mientras los miembros del clan le hacen una solemne reverencia.

Jared Joseph Leto (Bossier City, Luisiana, Estados Unidos; 26 de diciembre de 1971), es un actor, músico, director y productor estadounidense; ganador de los premios Óscar, Globo de oro y SAG. Ha dirigido producciones bajo el nombre de Bartholomew Cubbins. Leto además es vocalista, guitarrista, bajista, pianista, compositor y fundador de la banda de rock alternativo ‘30 Seconds to Mars’.Entre sus principales éxitos está la canción ‘The Kill’, la cual se encuentra en su segundo álbum de estudio A Beautiful Lie. Sus primeras participaciones en televisión las realizó en las series: Camp Wilder en 1992, Almost Home en 1993 y My So-Called Life en 1994 junto a Claire Danes. Su debut cinematográfico se llevó a cabo en Howto Make an American Quilt. Más tarde participó en las películas Secuestro (1997), Urban Legend (1998), La delgada línea roja (1998), Fight Club (1999), Requiem for a Dream (2000), Panic Room (2002), Alexander (2004) y Lord of War (2005) entre otras.

Los ‘yakuzas’, fuerza de choque contra los obreros, asesinó a ministros y participó en golpes de Estado

La ‘Yakuza’ tal como la conocemos hoy día nace a finales del siglo XIX, cuando Japón sufrió la transformación que le llevó de su pasado tradicional a la modernidad, en términos políticos y militares. De repente, las filas de la organización se llenaron de obreros deseosos de adquirir un nuevo estatus. El Gobierno reclutó a muchos de ellos con el propósito de controlar a sus adversarios políticos y los ‘yakuza’ empezaron a ser usados como fuerza de choque. Al mismo tiempo, su control de actividades como el juego creció y su presencia en todos los ámbitos de la sociedad japonesa se multiplicó. Antes de los años treinta, la ‘Yakuza’ asesinó a ministros y participó en varios golpes de Estado; y se reavivó después de la derrota de los nipones en la II Guerra Mundial. Tras la invasión americana, los aliados trataron de acabar con la organización, pero renunciaron en los años cincuenta: la ‘Yakuza’ estaba demasiada agarrada al pueblo como para que fuera posible separarlos.Cuatro siglos después, en la actual década y sea cual fuere la versión que uno desee creer, la mafia japonesa cuenta con más de 100,000 miembros integrados en 2,500 familias distintas y existen pocas dudas de su implicación en muchísimos sectores de la política y la sociedad nipona con tentáculos que se extienden por Japón, Asia y muchos otros países del mundo, incluido Estados Unidos.

Sin embargo, muchas cosas han cambiado en el seno de la ‘Yakuza’ con el paso del tiempo: para empezar, la conexión de este colectivo con la política, un ‘amigo’ imprescindible para asegurar la continuidad de sus múltiples negocios. Un vínculo fortalecido por los años y que sigue vigente. Otro asunto es el cambio en muchas familias, cuyos miembros más jóvenes no respetan los estrictos códigos de honor que han regido la organización durante años y que no sienten aprecio por la vieja escuela. Esto último preocupa por igual a los ‘yakuzas’ veteranos, a políticos y especialmente a las fuerzas del orden, que ven cómo sus relaciones con el crimen organizado pueden irse al traste de un momento a otro y dar paso a un caos desconocido por estos lares.

Aun así, parece que la tradición sigue manteniendo su jerarquía en las principales familias a lo largo y ancho de Japón, con Tokio como base de operaciones. Una de esas familias, los Shinseikai, que controlan el famoso distrito rojo de la capital nipona, ha permitido al fotógrafo AntonKusters convivir con ellos durante casi 1.000 días. Cierto es que la ‘Yakuza’ no es tan opaca como otras organizaciones criminales. Pero dejar al descubierto los movimientos de sus mandos, de sus jefes, es algo que nunca había sucedido antes, al menos con un extranjero. Penetramos con cámara en estancias llenas de humo, asistimos a rituales privados, paseamos por campos de entrenamiento en paradero desconocido y hasta nos colamos en el funeral de un jefazo.

Los estadounidenses David E. Kaplan y Alec Dubro dejaron al descubierto el entramado de la organización criminal

“La primera vez que vi a un ‘yakuza’ fue en Kabukicho”, explica Kusters, “estaba sentado con mi hermano Malik en un bar. Hasta ese momento veíamos a la Yakuza como todo el mundo: un grupo de locos con tatuajes que iban por ahí con espadas y pistolas matándose entre ellos a la menor oportunidad”, afirma el autor en el prólogo de “OdoYakuzaTokyo”, el libro que ha surgido de esta aventura. Él mismo se ríe cuando habla con nosotros por teléfono desde Bélgica y se le comenta este detalle: “La verdad es que sí que pensaba que eran así, chalados con armas, nunca me había tomado la molestia de estudiar el tema a fondo. Ahora pienso que no es blanco y negro, que hay un montón de grises. Pueden ser buenos y pueden ser monstruos… pero también creo que cuando son buenos es para evitar el peso de la ley”. En 1986 y en su imprescindible libro “Yakuza” (publicado después en 2003 en una edición extendida), los periodistas estadounidenses David E. Kaplan y AlecDubro dejaban al descubierto el entramado de la organización criminal. Cuatro años de investigación y centenares de entrevistas cimentaron una obra esencial para comprender el poder y la expansión de la ‘Yakuza’ en toda el área del Pacífico. Kaplan y Dubro llegaron tan lejos por lo que se refiere a nombres, fechas y cifras que su obra estuvo prohibida en Japón hasta 2001.

Los tiempos han cambiado y aunque aquel libro enseñó a los gánsteres nipones a salvaguardar su intimidad con más recelo, lo cierto es que algunos capos nunca han podido renunciar a un cierto nivel de exhibicionismo en su relación con la prensa. “Es bastante sencillo ir a Tokio, pasarte una semana allí y volver con algunos buenos retratos”, cuenta el que ha sido invitado de lujo del submundo nipón. “En ese sentido, la ‘Yakuza’ es bastante accesible. Lo que yo le pedí a la familia Shinseikai era un proyecto a largo plazo. Quería permanecer con ellos, aprender sus costumbres. Creo que esa fue la clave, decirles que quería aprender de la subcultura ‘yakuza’ y de la cultura japonesa, que no tenía prisa. Además fui muy específico con mis intenciones, les expliqué claramente por qué quería hacerlo, y todo lo hice con mucho respeto. Creo que también fue muy importante el hecho de que soy un fotógrafo europeo. No quería dar un tratamiento sensacionalista, quería hacer algo distinto”.

La aventura de Kusters empieza a principios de 2008, cuando Souichirou (aquel miembro de la Yakuza que el fotógrafo y su hermano Malik avistaron en un bar) se prestó a iniciar la negociación con la organización. Diez meses después y con la ayuda de un intermediario japonés, los capos de la familia Shinseikai daban el sí. En abril de 2009, el belga se plantaba en Tokio dispuesto a empotrarse en una de las familias más poderosas de Japón. “Cada semana”, cuenta Kusters, “mi hermano contactaba con nuestro mediador y este a su vez con la familia. Ellos acordaban dónde teníamos que ir y a quién teníamos que ver. Nunca hubo nada improvisado. Nunca me presenté en ningún sitio por sorpresa, especialmente porque no hubiera sabido dónde ir. Nadie sabe dónde están en todo momento”.

Hay una jerarquía hasta para con quién debes hablar primero, dónde debes colocarte y cuándo debes abrir la boca

“¿Cómo empecé? Pues no vi documentales, ni películas, quise hacerlo con la mente abierta, no dar nada por sabido. Quería transmitir lo que vivía en cada momento, cuando estaba nervioso, asustado, incómodo”, explica Kusters. “Cuando pensamos en la ‘Yakuza’, pensamos en espadas, en muerte, en acción. Sin embargo, cuando he estado con ellos, todo era lento, pausado, y lo cierto es que era muy difícil para un europeo como yo entender las reglas del juego, cómo se desenvuelven en sus relaciones humanas. Hay una jerarquía hasta para con quién debes hablar primero, dónde debes colocarte, cuándo debes abrir la boca y cuándo puedes tomar una foto, por lo que al principio no sabía cómo comportarme. En gran parte tiene que ver con saber cómo pedir algo.

En Europa simplemente pides permiso, pero en Japón todo tiene que ser indirecto. Digamos que llega un coche espectacular y quieres hacerle una foto. No puedes decirles: ‘¿Puedo hacerle una foto al coche?’. Lo que tienes que hacer es decir: ‘Oh, es un coche muy bonito’. Ellos entenderán lo que quieres y llegarán a la conclusión de que deseas hacerle una foto al coche. Si hay que pasar por eso por una simple fotografía a un coche, imagínate para hacer fotos en un funeral”.

Tipos grandes vestidos de negro, tatuajes que cubren cuerpos enteros y un montón de manos con dedos amputados

“A los seis meses empecé a sentirme más tranquilo a la hora de disparar con mi cámara”, continúa el fotógrafo. “Ya había aprendido cómo hacer las cosas y tenía más confianza. Un día me dijeron que el individuo que tenía al lado acababa de pasar 23 años en la cárcel. Ese tipo de cosas me recordaban constantemente con quién estaba tratando y para qué estaba allí”. El camino visual de Kusters está repleto de luces de neón, garitos oscuros, tipos grandes vestidos de negro, tatuajes que cubren cuerpos enteros y un buen montón de manos con dedos amputados, una de las señales de identidad de la Yakuza y un recordatorio de que el ‘bushido’, el código de honor de los samurái, sigue gobernando su mundo.

“La Yakuza es -sobre todo- una forma de vivir: los jóvenes buscan un sentimiento de pertenencia a algo más grande, más poderoso que ellos; para los veteranos, los jóvenes representan una oportunidad de pasar sus enseñanzas. Pero además algunos buscan buena prensa en el mundo exterior, como si hubieran aprendido el arte de caminar por el lado bueno y el malo de las cosas al mismo tiempo. Lo mejor, por decirlo de alguna manera, es la sutilidad, los detalles, que es algo que normalmente nos perdemos. Tardé más de 10 meses en aprender a mirar… recuerdo la primera vez que tuve la oportunidad de fotografiarles: era un viaje de cinco horas en coche a la prisión de Niigata con varios miembros de la familia que iban a recoger a dos ‘yakuza’ que salían de la cárcel. Si hubiera un medidor de tensión en el aire, creo que ese día se hubiera roto”, dice el belga.

“Lo que me daba miedo era pensar en la realidad, que ejercen la violencia física es algo seguro”, según el fotógrafo belga Anton Kusters

A pesar de ello, aclara que nunca presenció ningún acto de violencia, un elemento muy presente en la vida de la Yakuza, y que esto le ahorró “un montón de problemas” ya que había pactado una cobertura sin restricciones de las actividades de la organización. “¿Si tuve miedo? Lo que daba miedo era pensar lo que estaba pasando en realidad. A mí me enseñaron lo que yo llamo la ciencia de la violencia: los campos de entrenamiento, los combates… Debido a los detalles del acuerdo, estaba claro que no iba a ver peleas o nada parecido. ¿Miedo de revelar detalles delicados o secretos? De existir, lo debería tener yo. Si digo algo que rompa nuestro acuerdo, no tengo duda de que vendrían a por mí. Que ejercen la violencia física es algo seguro, en eso no me llevo a engaño”.

La ‘Yakuza’ ya no es lo que era, ahora la mayoría de sus inversiones son legales, su dinero se encuentra en empresas respetables y sus miembros -aunque extremadamente peligrososno son percibidos como esos samuráis de pelo raro que atormentaban a las aldeas hace varios siglos. Eso no significa que hayan dejado atrás el control del tráfico de drogas o la prostitución, sino simplemente que dejan que los novatos se ensucien las manos mientras la vieja guardia cuenta los billetes.

El director de cine nipón Takeshi Kitano los ha convertido en tipos normales y corrientes, mitificando una existencia al límite

También ayuda a su imagen que directores como el japonés Takeshi Kitano les haya convertido a través de sus películas en tipos normales y corrientes, o que artículos y novelas hayan mitificado su existencia, una existencia al límite. Porque -repite la cultura popular-, aunque a veces den rienda suelta a sus instintos criminales, no dejan de ser humanos.“Cuando miro atrás y pienso por qué me dejaron vivir más de dos años con ellos, mi respuesta es que ahora tienen una crónica de su familia completamente documentada. Cuando un extraño examina las imágenes, puede ver lo malo, los rincones oscuros, pero ellos solo ven una cosa: a su familia”, remata Kusters, que acabó su trabajo en Tokio con el funeral de uno de los grandes líderes de la familia Shinseikai, Miyamoto-san, un ritual completamente privado al que el belga fue invitado: “Algunas de las fotos que tomé allí son demasiado íntimas para que vean la luz, quizá con el tiempo. Quién sabe, este proyecto no ha acabado: quedan un montón de cosas que contar”.

‘Kill Bill’, el homenaje de Quentin Tarantino a Japón, la popular película contiene innumerables referencias a la cultura nipona

Cuando ‘Kill Bill: Volumen 1’ se estrenó en octubre de 2003, los amantes de las artes marciales, las catanas y la cultura nipona en general crecieron notoriamente. Escrita y dirigida por Quentin Tarantino, narra la historia de una mujer embarazada que es casi asesinada en el ensayo de su boda y, tras cuatro años de coma, despierta pensando solo en la venganza. Esta se llevará a cabo en Japón en la primera parte de esta obra de culto del director americano. Uma Thurman tuvo que prepararse a conciencia y se entrenó en varias disciplinas de artes marciales, aprendió el manejo de diferentes tipos de espadas japonesas y estudió el idioma. Las referencias a la cultura, al cine y a la tradición niponas en el largometraje son tan numerosas que el propio Tarantino ofreció una recompensa de un millón de dólares al que se las enumerara en su totalidad (incluyendo las dos entregas). Que se sepa, actualmente el premio está desierto:

La escena más importante de ‘Kill Bill: Volumen 1’ es una gran batalla en la que la protagonista, ‘La Novia’, se enfrenta a los ‘yakuza’ que forman el grupo ‘Los 88 maníacos’. El festival de sangre se desarrolla en un restaurante típico japonés y fue editado en blanco y negro para salvar la censura en todo el mundo salvo en Europa y Japón. Este local existe en realidad y está abierto al público. Se llama ‘Gonpachi’, está situado en el barrio tokiota de Minato y, además de ser famoso por ser el escenario de la gran matanza de la película, es muy conocido por sus excepcionales ‘soba noodles’. Soba es la palabra japonesa para el trigo sarraceno, sin embargo, se utiliza más comúnmente para referirse a los fideos finos empleados en la cocina japonesa elaborados con harina de dicho grano. Se sirven fríos con una salsa o caldo en que se los sumerge, o en caldo caliente como el ramen.

La llegada de ‘La Novia’ a Tokio en avión está grabada con la técnica de las películas japonesas de ‘kaiju’ de los años 60, como ‘Godzilla’

El maestro artesano de catanas, que ayuda a ‘La Novia’ a hacerse con una de estas armas, está interpretado por Sonny Chiba, un icono del cine de artes marciales de los 70 y también fabricante de espadas japonesas. La secuencia de la llegada de ‘La Novia’ a Tokio en avión está grabada con la técnica de las películas japonesas de ‘kaiju’ de los años 60, como ‘Godzilla’, y consiste en la utilización de pequeñas maquetas de cartón. Precisamente, la ciudad de Tokio que aparece en esta escena es una de estas miniaturas que los Estudios Toho usaron en las producciones del monstruo nipón más famoso. En los créditos de inicio del largometraje de Tarantino, se incluye una dedicatoria al director japonés Kinji Fukasaku, creador de la popular película ‘Battle Royale’. En este film, donde Takeshi Kitano interpreta el personaje principal, unos adolescentes de un instituto tienen que matar para vivir en una macabra competición. Una de estas estudiantes, llamada Gogo e interpretada por la actriz Chiaki Kuriyama, aparece también en ‘Kill Bill’, de la mano de la misma intérprete y enfrentándose a la protagonista con la misma arma que tenía en la obra de Fukasaku: una gran bola de hierro con púas atada a una cadena.

El largometraje de animación ‘Blood: The Last Vampire’ es una de las fuentes estéticas de la película del director americano. Además, la escena en la que se relata la trágica infancia del personaje que interpreta la actriz Lucy Liu está rodada en ese formato. Para realizar esta parte, Tarantino contó con Production I.G., uno de los mejores estudios de ‘anime’ de Japón, aunque él se encargó personalmente de la dirección. La cantante y estrella del cine japonés Meiko Kaji interpreta una de las canciones de la genial banda sonora de la película. Por su parte, el grupo ‘rockabilly’ formado por tres mujeres llamado ‘The 5.6.7.8 s’ fue una incorporación de última hora. Quentin Tarantino se encontraba en una tienda japonesa cuando en el hilo musical saltó uno de los temas de este trío. Le llamó tanto la atención que preguntó a la dependienta el nombre del grupo y si le podía facilitar el CD que estaba sonando. Ante la negativa de la empleada del establecimiento, el director se lo compró por el doble de su valor, ya que debía coger un vuelo de regreso a EEUU en unas pocas horas. El grupo no solo fue incluido en la banda sonora, sino que apareció en la famosa escena de la matanza del restaurante interpretándose a ellas mismas y tocando tres de sus temas. Debido a esto, la formación alcanzó un gran éxito internacional.

La vestimenta de ‘La Novia’ está inspirada en el traje amarillo y negro que llevaba Bruce Lee en el film ‘The chinese connection’ de 1972

El estilismo de ‘La Novia’ en la primera parte de ‘Kill Bill’ tampoco es casual. Está inspirado en un traje amarillo y negro que lleva Bruce Lee en la película ‘The chinese connection’, de 1972. Anteriormente, la estrella del cine de artes marciales ya había calzado unas zapatillas de estos colores en el largometraje ‘Game of death’. La marca y modelo de aquellos zapatos, Onitsuka Tiger Tai Chi, también fueron homenajeados por la protagonista del ‘film’ de Tarantino, pero usando el modelo Tai Chi de la marca japonesa ASICS. La compañía, para conmemorar el estreno, lanzó un nuevo modelo, llamado Harandia e inspirado en las que llevaba Uma Thurman, pero con la última tecnología aplicada al calzado deportivo. Estas referencias son solo una selección de las dedicadas a Japón en la primera parte de la película. Enumerar todos los guiños que Tarantino hace en las dos entregas es casi una tarea imposible que bien vale un millón de dólares.

‘Kill Bill: Volumen 2’ está protagonizada por Uma Thurman y David Carradine. Las dos películas siguen a un personaje inicialmente identificado como ‘La Novia’, exmiembro de un equipo de asesinos, que busca vengarse de sus excolegas que masacraron a los miembros de su fiesta de boda e intentaron matarla. La película a menudo se destaca por su estilo de dirección y su homenaje a los géneros cinematográficos como las películas de artes marciales hongkonesa, las películas de samuráis, spaghetti western, chicas con armas, y cine de violación y venganza. En un flashback, ‘La Novia’ (Uma Thurman) -visiblemente embarazada- y su novio ensayan su matrimonio. Bill (David Carradine), su antiguo novio y el líder del Escuadrón de Serpientes Asesinas, llega inesperadamente y le desea su bien, y revela que ‘La Novia’ se ha retirado de su trabajo asesino y abandonó a Bill para entregarle una mejor vida a su hija nonata. Momentos después, los otros miembros del escuadrón asesino -bajo las órdenes de Bill- llegan y acribillan el ensayo del matrimonio. En el presente, Bill advierte a su hermano Budd, un ex Serpiente Asesina y ahora portero de un club nocturno, que sería el próximo objetivo. ‘La Novia’ llega a su caravana e irrumpe a través de la puerta, esperando en tenderle una emboscada, pero Budd está esperándola, apoyándole en el pecho una escopeta de dos cañones y disparándole dos balazos de granos de sal. Debido a un sedante que Budd le inyecta, ´La Novia’ pierde el conocimiento. Budd llama a Elle Driver, otra ex Serpiente Asesina, con la intención de vender la espada Hanzō de ‘La Novia’ por un millón de dólares en efectivo. Él entonces sella a ‘La Novia’ dentro de un ataúd y la entierra viva.

Beatrix viaja a México para preguntar a un viejo caballero sobre el paradero de Bill, el hombre es tratante de mujeres

En un flashback muestra a Bill llevando a ‘La Novia’ a un tutelaje dirigido por el legendario maestro de artes marciales Pai Mei. Finalmente, ella gana su respeto y aprende un número de técnicas, incluyendo el arte de perforar a través de gruesas tablas de maderas de pocos centímetros, y una técnica, no enseñada a nadie más, llamada los “cinco puntos y palmas que revienta el corazón” aplicada en los puntos de presión. Ella usa la vieja técnica para romper la madera del ataúd y sube hacia la superficie. ‘La Novia’ regresa al remolque de Budd, en el momento justo para presenciar la llegada de Elle, que venía a comprar la espada. Ella le entrega un maletín lleno de dinero a cambio del sable, pero cuando Budd lo abre para contarlo, descubre que entre los billetes había escondida una letal mamba negra (en alusión al nombre clave de ‘La Novia’ en el escuadrón asesino), que le muerde la cara y lo mata. Luego Elle llama a Bill para comunicarle que ‘La Novia’ había matado a su hermano, y que ella la había vencido, indicándole el lugar de descanso y revelando el verdadero nombre de ‘La Novia’: Beatrix Kiddo (hasta entonces todas las referencias a su nombre habían sido censuradas). Cuando Elle se disponía a irse, es embestida por Beatrix, iniciándose así una confrontación. En un momento del combate, Elle le revela que Pai Mei le había arrancado el ojo por haberlo llamado “viejo tonto y miserable”, y que ella, en represalía, mató a Pai Mei envenenado su comida. La pelea continúa, y Beatrix le arranca a Elle el ojo restante y lo aplasta. Después se retira, dejando a Elle ciega y adolorida insultándola, y con la mamba negra aun rondando por la caravana.

Beatrix viaja a México para preguntar a un viejo caballero sobre el paradero de Bill. El hombre, que es tratante de mujeres, fue supuestamente una figura paterna para el joven Bill. Ella consigue sacarle el dato de dónde se encuentra Bill. Después de encontrar a Bill en un campo mexicano, Beatrix es sorprendida al encontrar viva y sana a su hija B.B. (Perla Haney-Jardine), de cuatro años de edad. Pasan la noche juntos, y después de que B.B. se va a dormir, Bill le dispara a Beatrix con un dardo que contiene un suero de la verdad y la interroga. En un flashback recuerda a ‘La Novia’ descubriendo su embarazo mientras estaba en una misión asesina, y su decisión final fue hablar sobre su trabajo y dejar las Serpientes Asesinas. Ella se escapó sin decir nada a Bill con el fin de proteger a su hija y que naciera sin la mala influencia de este. Aunque Bill entiende, no se arrepiente por lo que hizo, y le explica que él es un asqueroso matón y que hay consecuencias cuando se le rompe el corazón. Ellos pelean, pero a pesar de que ‘La Novia’ pierde su arma, inhabilita a Bill con la técnica fatal de puntos de presión de PaiMei, que le enseñó en secreto. Bill, consciente de la técnica y de que pronto morirá, hace las paces con Beatrix, da cinco pasos y muere. Ella se va de la casa con su hija. A la mañana siguiente, B.B. mira dibujos animados en la televisión de una habitación de hotel, mientras que su madre llora de alegría en el baño. Finalmente, Beatrix acompaña a su hija. Sobre el final se lee “The lioness has rejoined her cub and all is right in the jungle” (“La leona ha vuelto con su cachorro y todo está bien en la selva”).

Tarantino concursará en Cannes con su ‘Érase una vez en… Hollywood’, la última película del ganador de la Palma de Oro por ‘Pulp Fiction’

‘Érase una vez en… Hollywood, de Quentin Tarantino’, competirá en el próximo festival de Cannes, cuya 72ª edición arranca el próximo 14 de mayo. Thierry Frémaux, delegado general del certamen, ha anunciado esta inclusión y otras novedades de diversas secciones, como la inclusión también de otro ganador de la Palma de Oro -Tarantino la obtuvo en 1994 con ‘Pulp Fiction’-, el francés Abdellatif Kechiche con ‘Mektoub, My Love: Intermezzo’, que ya triunfó en el festival con ‘La vida de Adèle’. En el comunicado, Frémaux asegura sobre ‘Érase una vez en… Hollywood’: “Temimos que la película, que se estrena finales de julio, no estaría lista, pero Quentin Tarantino, que no ha abandonado la sala de montaje en cuatro meses, es un auténtico hijo de Cannes, fiel y puntual”. Además, junto a Tarantino visitarán el certamen Brad Pitt, Margot Robbie y Leonardo DiCaprio, sus protagonistas. Según su sinopsis, el protagonista del filme -que se desarrolla en Los Ángeles en 1969-, Rick Dalton (DiCaprio), es un actor de series de wésterns en televisión venido a menos. Su mejor amigo es su doble en las secuencias de acción, Cliff Booth (Pitt). La pareja intenta abrirse camino como puede en un Hollywood en el que Dalton ya no conoce a nadie, por culpa de los vientos de cambio. Justo como el que sale de la casa de al lado de Dalton, ocupada por una de esas nuevas estrellas, una actriz llamada Sharon Tate, encarnada por Margot Robbie.

‘Chicuarotes’, segundo largometraje como director del mexicano Gael García Bernal, se proyectará dentro de las Sesiones Especiales. El filme, según Frémaux, “se adentra en la sociedad de México a través de la historia de unos adolescentes y es una mirada tierna que continúa la tradición del cine mexicano, película tras película, de rendir homenaje a un país eterno”. Por cierto, el francés define al cineasta mexicano como “devoto de Cannes”. También en Sesiones Especiales, estará, entre otras, ‘La cordillera de los sueños’, del veterano cineasta chileno Patricio Guzmán, en la que filma “la inmensa columna vertebral reveladora de la historia pasada y reciente de Chile”, en referencia a la dictadura de Augusto Pinochet, que llevó al exilio a Guzmán.

Después de incluir una canción de Lole y Manuel en ‘Kill Bill: Volumen 2’, el director rescata ‘Bring a Little Lovin’ de Los Bravos

Quentin Tarantino, nacido en Knoxville, Tennessee, Estados Unidos, ha vuelto a poner el oído en la música española para su cine. Con ese ritmo entrecortado y trepidante, Bring a Little Lovin de Los Bravos marca el tráiler de ‘Once upon a time in Hollywood’, su nueva película. Pero no es la primera vez que un grupo español se cuela en las prestigiosas selecciones del director. En ‘Kill Bill: Volumen 2’ ya introdujo una canción de Lole y Manuel, pareja pionera del flamenco. La canción de la pareja gitana acompaña a UmaThurman cuando va a consumar su venganza del encantador de serpientes con la espada forjada por el maestro nipón HattoriHanzo. Suena ‘Tu mirá con la voz’ de Lole Montoya dramatizando aún más el capítulo ilustrado por ese paisaje de montañas por el que Thurman, la Mamba Negra, conduce al ritmo de las palmas y los coros. “Y tu mirá… Se me clava en los ojos como una espá…”, clama Montoya en la canción que abría el segundo disco de Lole y Manuel, ‘Pasaje del agua’, y que en Kill Bill se convierte en un preámbulo de tensión cinematográfica, preparando el punto álgido de ruptura. No fue la única composición en español de la que se sirvió en ese filme. La canción que cierra la película es ‘Malagueña salerosa’, tema popular mexicano que, de nuevo, daba el punto discordante tan característico del estadounidense.

El cine de Tarantino no se puede entender sin su música. Por eso, en cada nuevo filme se presta mucha atención a sus elecciones musicales. Ahora, Tarantino ha escogido, entre otras composiciones, el segundo gran éxito de Los Bravos en Estados Unidos (tras ‘Black is Black’) para ambientar la historia de dos actores en la meca del cine en 1969, el año del asesinato de Sharon Tate por la secta de Charles Manson. ‘Bring a Little Lovin’ fue escrita por el dúo de productores australianos Vanda & Young, que pertenecían al grupo The Easy beats. Pensaron en esta canción para la voz de Mike Kennedy y la guitarra de Antonio Martínez. La canción de Los Bravos alcanzó el número 51º en las listas de ventas estadounidenses en 1968 y permaneció ocho semanas en el Billboard. Un año más tarde, la composición fue interpretada por The Easy beats con un toque más acelerado y crudo. Jared Leto y Quentin Tarantino, entre La Yakuza, el Festival de Cannes y la música de Lole y Manuel y Los Bravos. No nos olvidemos de ‘Malagueña salerosa’ o también ‘La malagueña’, nombre de un son huasteco o huapango, canción de México creada en 1947, atribuible a Elpidio Ramírez y Pedro Galindo Galarza. La canción hace mención a un enamorado que le dice a una mujer de Málaga, España, lo hermosa que es y que bonitos los ojos que tiene, doliéndose al mismo tiempo del rechazo amoroso de la dama y atribuyéndolo a su propia pobreza material. Entre los intérpretes mexicanos que han cantado el son están el Trío Los Panchos, Antonio Aguilar, Ramón Vargas, Miguel Aceves Mejía, Mariachi Vargas, Los Tres Ases, Trío Calaveras, Amparo Ochoa entre muchos otros. A nivel internacional son también muchos los que incluyeron en sus repertorios ‘Malagueña salerosa, al igual que Quentin Tarantino: Paco de Lucía, en su álbum ‘Dos guitarras flamencas en América Latina”; Plácido Domingo; José Feliciano; Antonio Banderas tocó en una guitarra ‘La malagueña’ en la película ‘Once upon a time in Mexico’; Avenged Sevenfold, banda estadounidense de heavy metal, es su primera canción completa en español…

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