Madre madreada

Madre madreada

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Una sociedad machista suele separar a la mujer, de la maternidad. La mujer es una cosa y los hijos son otra muy distinta. Y los dos tienen poca importancia en esa sociedad.

                Pero hay un viejo adagio que reza “una madre feliz, un niño feliz”.

                Si la madre está bien, todos los demás estaremos bien.

                La maternidad lleva consigo una enorme carga de estrés, pero cuando la madre experimenta una plenitud en sus necesidades, se deriva una serie de beneficios para sus descendientes.

                Se habla de ‘competencias socioemocionales’ para referirse a la crianza y al establecimiento de vínculos propicios y nutricios que permitan ejercer la maternidad sin que merme su bienestar como madres.

                La salud mental y física de las madres repercute absolutamente en la salud de los hijos, si es respetada, querida, reconocida, protegida por su pareja y por lo tanto, por la sociedad, tendremos niños amados y protegidos.

                Si una madre puede regular sus emociones, estará enviando un mensaje a sus hijos para que puedan resolver conflictos de manera pacífica y esto puede llevar a los niños a alejarse de aquellos entornos que favorecen la generación de la violencia.

                También podemos imaginar lo contrario. Ese primer núcleo social que es la familia tendría que entregarnos ciudadanos responsables, consientes, respetuosos. Pero no.

                La devaluación de la mujer es la degeneración de la sociedad.

                La sociedad mexicana vive un momento de degradación a muchos niveles. Niños y jóvenes se enfrentan a un mundo violento, sin moral niética, valores que no son enseñados por los padres ya sea porque están ausentes, o por desinterés, o por ignorancia.

                Por otro lado, las escuelas, que sin duda instruyen en los valores ciudadanos, no pueden ser responsables totales de la formación de los jóvenes, si en la casa no son enseñados y reforzados de manera constante. Y, sobre todo, con el ejemplo.

Un cúmulo de información nociva pasa delante de ellos, de sus sentimientos y emociones, sin que sea supervisado y suele suceder que la pornografía, la violencia, las drogas y otros vicios se normalizan como estándares de vida.

Se han documentado casos en los que niñas de primaria y secundaria, de clase media y alta, se prostituyen por diversión o por dinero, también hay jóvenes que se masturban frente a la cámara del celular y después suben esos videos a las redes, a manera de reto. Y utilizan un argot específico para referirse a sus “hazañas” sexuales sin que los adultos lo entiendan.

Mucho hemos degradado a la mujer desde ese 1922 cuando el periódico Excélsior instauró el 10 de mayo como día de las madres y por ende, como día de los hijos, de las familias, del núcleo primario de la sociedad y por lo tanto del bienestar mexicano.

Hemos olvidado que la felicidad de la mujer, es la prosperidad y felicidad de los demás.

La Dra. Norma Ruvalcaba Romero del Sistema Nacional de Investigadores, afirma que la salud mental de la madre representa un bienestar no sólo para ella misma y su familia,  sino también para el ámbito colectivo.

 Las madres que trabajan fuera de casa de manera remunerada presentan una mejor salud mental, una mejor autoestima, comprensión de emociones y tendencia a la motivación, y presentan menor vulnerabilidad a la violencia intrafamiliar.

Y preguntarán los machos ¡¿Y quién demonios se va a hacer cargo de los niños?!

La respuesta la han dado históricamente los hombres que trabajan en casa y se hacen cargo de las faenas domésticas, de llevar a los niños a la escuela, de lavar trastos, barrer, planchar y otras actividades “femeninas”.

Me parece ridícula la foto de “mi mamita”, escribir un pensamiento, o entresacar una  viñeta de  flores y publicar todo eso en Facebook, para dar fe oficial del amor administrado que les tenemos a las madres mexicanas, en el marco de esta violencia brutal dirigida las mujeres.

La madre es sagrada, sin embargo.

La palabra madre y sus diversas connotaciones nos remiten a la violencia, al desprecio, a la cognición negativa de las cosas del mundo: madrear, madreado, madriza, etc.

Y mi amor publicado en redes palidece ante ejemplos como el de la feminista y abolicionista neoyorquina Julia Ward Howe, quien en 1870 lanzó el Día de las Madres como una propuesta para que las mujeres incursionaran en las esferas sociales y políticas, no sólo domésticas.

Dice  Doña Julia, “Cada vida ha de tener sus espacios huecos que el ideal ha de rellenar”.

¡Madres!

 

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