Más que del cambio, un gobierno diferente a los del pasado…

Más que del cambio, un gobierno diferente a los del pasado…

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Difícilmente el gobierno que encabeza Carlos Joaquín González en Quintana Roo desde hace más un año, sea el “gobierno del cambio” que muchos esperaban cuando votaron por la opción que representaba, pues cada quién entiende el “cambio” de acuerdo a sus intereses y a como le vaya a los mismos con el ejercicio de quien o quienes creyeron que lo representaban.

Sin embargo, el gobernador Carlos Joaquín sí está mostrando maneras muy diferentes de hacer gobierno y política a las que exhibieron sus antecesores inmediatos.

Hizo un compromiso público durante su campaña de que combatiría la corrupción en el gobierno estatal y lo está haciendo. ¿Con qué profundidad y resultados? Todavía están por verse. Pero al menos logró en el corto tiempo que su antecesor Roberto Borge Angulo fuera detenido en una cárcel de Panamá para ser sujeto a proceso penal en México por varias causas.

Ningún otro de los gobernadores que ha tenido la entidad tuvo siquiera la intención de encarcelar a su antecesor por actos de corrupción cometidos durante su gestión; ni siquiera Joaquín Hendricks Díaz las tuvo con Mario Villanueva Madridaun cuando declaró en alguna entrevista que le hicieron en el clandestinaje de su huida tras el término de su gestión, que siendo gobernador en Quintana Roo sólo un pendejo no se hacía millonario, reconociendo el haber recibido cuantiosos sobornos, como el que le dieron por la entrega del servicio de agua potable al Grupo Mexicano de Desarrollo, de donde surgió Aguakan, en Benito Juárez e Isla Mujeres.

Carlos Joaquín se muestra muy diferente también en su trato con la sociedad. Es cauto, prudente y respetuoso. No impone su imagen ni su presencia para hacer sentir que es el gobernador. Está presente y sabe de casi todas las acciones de gobierno, de las que se hacen públicas y de las que no. Pero no se nota.

El gobernador Carlos Joaquín sí cree en lo que dice y tiene toda la intención de cumplirlo. Ya tomó medidas para abrir la competencia en la prestación del servicio de taxis de alquiler en Quintana Roo y no lo está haciendo sólo para complacer a una empresa global como Uber con todo y las simpatías que la misma ha despertado en ciudades como Cancún y Playa del Carmen por el comportamiento prepotente de los dirigentes de los sindicatos de taxistas. Tampoco ningún otro gobernador se había metido en este asunto por la gama de intereses económicos, políticos y electorales que ahí confluyen.

Yo sí creo que el gobernador Carlos Joaquín cree en el cambio, en lo que él concibe que debe ser un cambio de actitud, de proceder y actuar en el gobierno.

Sin embargo, el gobierno es muy amplio y complejo. Lo es en algunos municipios como Benito Juárez, lo es más en el estado. Gobernar no es fácil, a veces ni en las empresas o en las familias. No todos siguen la línea que marca el líder aunque la escuchen atentos y juren cumplirla. Y si en una empresa pequeña o grupo familiar apenas se descuida el líder se cometen desviaciones o sus integrantes siguen conductas contrarias al patrón o guía. ¿Qué no puede pasar en un gobierno?

Hay en su equipo de colaboradores gente honesta que cree en el cambio, con formación académica humanista, con sentido de ética y decencia, pero muy distante del contexto real en el que se mueve el gobierno y la sociedad quintanarroense.  Sus contradicciones son serias por eso con algunos sectores de la sociedad y con otros integrantes del gabinete estatal con los que no comparten ni principios ni procedimientos para gobernar.

Hay políticos experimentados y prudentes. Los hay serios, decentes y pragmáticos, pero sin carisma ni paciencia para establecer vínculos de interlocución con los sectores de la sociedad que están en permanente roce con el gobierno.

Sin embargo también hay gente que asume el cambio sólo como discurso y argumento para la revancha, para demostrar que ya llegaron ellos y que todos los que están ahí desde antes forman parte de todo lo malo que hicieron los anteriores gobernantes. Piensan que el cambio aplica sólo con mencionarlo y disfrazan su conducta lesiva para esta administración y para la sociedad a la que se deben, con letanías llenas de autoelogios para todo lo que hacen ahora y descalificaciones para lo que se hizo antes de que llegaran a salvar la situación de las dependencias en las que ellos y ellas llegaron a ocupar el sitio que tenían sus antecesores en el ánimo de los empleados que llevan ahí años mirando pasar nuevos jefes sin que cambie nada, ni la percepción negativa que les deja su comportamiento.

Esos son los que dan al traste con la imagen de gobierno del cambio que se quiere vender. Esos son a los que se debe combatir, no sólo a los del pasado, para que el gobierno estatal sea cada día más diferente a los que lo precedieron…

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