Más universitarios, más desempleados

Más universitarios, más desempleados

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20 mil jóvenes universitarios de Quintana Roo están desempleados. La oferta educativa de las instituciones de nivel superior está desvinculada de las necesidades del sector empresarial. El mercado laboral ya no puede absorber más abogados, administradores, antropólogos, chefs… pero se siguen ofertando esas carreras.  El desempleo ya ronda el 4.7 por ciento, pero si se tomarán en cuenta otros indicadores la cifra se dispararía al doble. El índice de atención en las universidades de la entidad es uno de los más bajos de todo el país, y en Cancún, la ciudad turística número uno de México y pieza fundamental en el engranaje económico del Estado caribeño, sólo 17 personas, de cada 100 que buscan trabajo, cuentan con estudios superiores.

Nada que ver, entre la oferta laboral y las licenciaturas, entre las políticas de desarrollo económico y las educativas. Se crean carreras a la medida de las preferencias y saturan de inmediato el mercado laboral. En la entidad se demandan las vocaciones técnicas y se prefiere el aparente facilismo de las Humanidades. Y casi todo el mercado laboral, fuera del turismo y la burocracia, está en las Pymes, cuya calidad productiva es tan rala como la de la capacitación de su mano de obra. Su magra competitividad las obliga a cerrar. No son la alternativa para el autoempleo.

Por Emmanuel Martínez

Datos oficiales recientes calculan el índice de desempleo en el Estado en alrededor del 4.7 por ciento. Pero para el delegado de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) en Quintana Roo, Rogelio Márquez Valdivia, ésa es una cifra bastante optimista porque si se tomaran en cuenta a los jóvenes de entre 18 y 25 años de edad que no han conseguido empleo el indicador se dispararía al doble.

El funcionario dice que cualquiera pensaría que los jóvenes con un título universitario tienen mayores posibilidades de ser contratados. Pero la realidad, al menos en Quintana Roo, es diferente: al menos hay 20 mil universitarios desempleados.

De acuerdo con información reciente del Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI), son 268 mil 93 los empleos formales en la entidad. Rogelio Márquez señala que los recién egresados ocupan apenas una mínima parte de las plazas, debido a que muchas compañías no quieren contratar a los recién egresados por su falta de experiencia.

Y añade: “Las razones por las que no son empleados son varias, desde una sobreoferta de profesionistas en su rama laboral, hasta deficiencias en la Ley Federal del Trabajo que no incentiva la contratación de jóvenes universitarios”, dice.

El escenario empeora para aquellos jóvenes que nunca estudiaron una licenciatura o una carrera técnica. Según datos del Departamento de Evaluación y Planeación de la Secretaría de Educación Pública (SEP), 110 mil jóvenes en edad de cursar el nivel superior en Quintana Roo no lo hacen. Y  el INEGI reporta que sólo 14.6 por ciento de la población de 19 a 23 años ingresó a la universidad.

Si para un universitario conseguir un trabajo bien remunerado es una tarea difícil, para un joven sin estudios es una casi imposible.

“Ante la falta de oportunidades laborales, la población joven, con estudios o sin ellos, enfrenta una frustración tremenda. Y lo peor es que ésa es una oportunidad para que sean reclutados por la delincuencia organizada; para nadie es un secreto que la forma en que operan actualmente en el país las bandas de criminales consiste en reclutar a personas que lo han perdido todo, o que de plano no tienen oportunidad de desarrollarse laboralmente. Por desgracia hay muchos jóvenes en esta situación en la entidad”, dice Márquez.

Egresados sin oportunidad de empleo

El funcionario federal señala que la tasa de desempleo actual en Quintana Roo podría rondar el 9 por ciento. La razón de que la cifra oficial sea menor está en el método por el que se obtienen los datos. Por regla general, aclara, no son considerados entre la Población Económicamente Activa los jóvenes entre 18 y 24 años que se encuentran estudiando, o aquellos que no lo hacen pero que nunca han tenido un empleo formal porque carecen de formación profesional o experiencia laboral. Es una manera de maquillar las cifras, aunque no es exclusiva de Quintana Roo, porque se emplea el mismo método a nivel nacional.

“Lo más preocupante es que un título universitario no garantiza acceder a un empleo formal y bien remunerado. Significa que todo el esfuerzo y la inversión que una familia dedicó en la formación académica de sus hijos se hace en vano”, dice.

El problema inicia desde la cobertura universitaria en el Estado. De acuerdo con datos de la SEP, el Estado tiene la cobertura más baja en educación superior a nivel nacional, pues sólo el 17 por ciento de la población de 18 a 24 años logra ingresar a la universidad y, de ésta, el 40 por ciento abandona sus estudios.

La información concuerda con lo dicho recientemente por Cirenia Castañeda Bazán, coordinadora de la Unidad Regional en Cancún del Servicio Estatal del Empleo y Capacitación para el Trabajo (Seecat), quien afirmó que sólo el 17 por ciento de las personas que solicitan un trabajo en Benito Juárez tienen estudios universitarios.

William Briceño Guzmán, director de Educación Media-Superior y Capacitación para el Trabajo de la Secretaría de Educación en Quintana Roo (SEQ), dice que la mayoría de los jóvenes prefieren las carreras de humanidades por considerarlas las más fáciles, y dejan a un lado las ingenierías, pues en ellas se manejan complejas fórmulas matemáticas. No le entran a las ingenierías porque los escolares arrastran desde su educación básica problemas de aprendizaje en las llamadas “ciencias exactas”, producto de la deficiente calidad educativa.

Ése es el motivo por el cual hay una saturación de profesionistas egresados de las carreras de Humanidades, Antropología y Derecho, dice William Briceño. La oferta supera, y por mucho, a la demanda de estos profesionistas, y por ello no encuentran trabajo.

Políticas educativas erróneas, la fuente del problema

Hiram Valdez Flores, Coordinador de Fomento Profesional del Instituto Politécnico Nacional, dice que muchos egresados no encuentran trabajo porque la estructura productiva del Estado no puede absorber a los jóvenes con licenciaturas en Humanidades. “De acuerdo con nuestros estudios, el sector comercios acapara el 40 por ciento de la actividad económica en el Estado. Le sigue el turístico, con el 21 por ciento, y los servicios financieros, que agrupa al 15 por ciento”.

En seguimiento y evaluación de políticas económicas gubernamentales explica que un licenciado de la rama de las Ciencias Políticas o de Humanidades difícilmente obtendrá empleo en estos sectores productivos. Y, según datos de la SEP, el 47 por ciento de los universitarios estudia alguna carrera relacionada con estas ciencias. El fenómeno tiene su origen en la falta de vinculación entre las carreras que ofertan las universidades y los especialistas que demandan las empresas instaladas en la entidad; hay una total falta de coordinación entre las políticas educativas y las de desarrollo económico, sostiene.

“Lo que sucede es que ciertas cadenas productivas ocupan determinados especialistas. En respuesta, las universidades ofertan carreras con un perfil relacionado al más demandado. Es algo aconsejable. Sin embargo, el problema surge cuando la falta de planeación educativa sobresatura estas licenciaturas. Que haya menos empleos que profesionistas es común, pues fomenta la competitividad. Pero en los últimos años, al menos en Quintana Roo, se ha acentuado este problema”.

Coincide con Hiram Valdez el delegado de la Secretaría del Trabajo al citar como ejemplo que hace algunos años ninguna institución de nivel superior en el Estado ofertaba la especialidad en Chef, a pesar de que eran solicitados por las grandes cadenas hoteleras y restauranteras de los Municipios del norte.

“Pero de un tiempo para acá la mayoría de las universidades comenzaron a ofrecer esta carrera, aunque nunca se previó que más temprano que tarde existiría una sobreoferta de chefs. Y como muchos profesionistas en el Estado, la mayoría de ellos ya no encuentra trabajo relacionado con sus especialidades”.

Es lo mismo que ha sucedido en el sur de la entidad, al saturar el mercado laboral de abogados que tenían la esperanza de trabajar en el aparato burocrático estatal o municipal. Al final la mayoría de las plazas fueron ocupadas y por los recortes presupuestales no se crearon nuevas. Ahora hay muchos abogados trabajando como taxistas o subempleados en la economía informal, dice Márquez.

Fomentar la creación de Pymes

Hiram Valdez apunta que una solución al problema del desempleo en universitarios radica en facilitar a los recién egresados que se autoempleen, pero no en la economía formal, sino en la generación de sus propias pequeñas y medianas empresas, las Pymes.

No es una tarea fácil. De acuerdo con estadísticas de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en el primer trimestre de 2011 cerraron en el Estado 3 mil 100 empresas formales, el 80 por ciento de ellas Pymes. Estas empresas generan 90 por ciento de los empleos formales. El delegado Rogelio Márquez señala que deficiencias en la formación de capital humano y la escasa participación en programas institucionales de capacitación y asistencia técnica, así como la falta de valor agregado en su producción y el bajo nivel de utilidades obtenidas, han sido las causas de que las pequeñas y medianas empresas de Quintana Roo no sean competitivas y se vean obligadas a cerrar.

“La mayoría de ellas han tenido que establecer como estrategia de sobrevivencia bajos salarios y mínimas prestaciones, lo cual dificulta el acceso a personal calificado y a contar con trabajadores de un bajo nivel de educación formal. Esta situación propicia una baja calidad del producto o servicio e índices mínimos de productividad”.

Márquez y Valdez coinciden al afirmar que los Gobiernos estatal y federal deben establecer políticas educativas y de empleo para facilitar que los recién egresados creen su propia empresa. De esta manera a largo plazo se va a inyectar mayor dinamismo al desarrollo económico del Estado.

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