Meade Kuribreña, el candidato del PRI que más quieren los panistas…

Meade Kuribreña, el candidato del PRI que más quieren los panistas…

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La designación de José Antonio Meade Kuribreña como candidato a la Presidencia de la República por el Partido Revolucionario Institucional(PRI) no sólo despejó ya cualquier duda que quedara sobre la existencia de un grupo económico-político poderosísimo,que controla desde la década de los 80 del siglo pasado a este partido y al Partido Acción Nacional(PAN), sin que le importen estatutos, principios ideológicos y, menos, lo que la militancia de ambas organizaciones opine.

El líder de este grupo económico-político tan poderoso como ominoso para el desarrollo democrático de nuestro país, sigue siendo el ex presidente Carlos Salinas de Gortari; él comenzó a armarlo desde sus tiempos de influyentísimo secretario de Programación y Presupuesto con Miguel De la Madrid Hurtado y lo consolidó durante su mandato como presidente de la República, entre 1988 y 1993, cuando desmanteló la estructura productiva y financiera del Estado mexicano, repartiendo bancos, empresas paraestatales y concesionando servicios de telecomunicaciones entre quienes se integraron al gran corporativo de poder que dirige en México.

Hasta antes de 1988 el PAN se había mantenido como una fuerza política opositora seria y antagónica al partido de Estado que fue el PRI desde 1929 hasta finales de los 80´s. Sin embargo, fue la izquierda, con el crecimiento acelerado que tuvo cuando se aglutinó con priistas inconformes encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, en el Frente Democrático Nacional (FDN), la que por vez primera en la historia de las elecciones presidenciales le disputó al PRI dicha elección, generando la enorme sospecha nacional sobre la legitimidad del triunfo oficialmente decretado a favor del candidato priista Salinas de Gortari.

Esa circunstancia histórica de la elección presidencial de 1988, llevó a Salinas de Gortari, ya como Presidente de la República, a combatir al cardenista FDN que luego se convirtió en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), y a infiltrar al PAN convirtiéndolo en su principal aliado político en la Cámara de Diputados, en donde el panista Diego Fernández de Cevallos se mostró como el más influyente de los legisladores, por sobre cualquier diputado priista, con derecho de picaporte en la residencia presidencial de Los Pinos.

Fue durante el periodo de Salinas de Gortari que al PAN se le concedió el triunfo en su primera gubernatura, la de Baja California, a manos del neopanista Ernesto Ruffo Appel, perteneciente al grupo que con Luis H. Álvarez había irrumpido en la dirigencia nacional del albiazul y entre los que estaba Felipe Calderón Hinojosa.

Desde entonces el PRI y el PAN han sido uno sólo en la imposición de la política económica que se viene aplicando en México desde los inicios de los 80 y hasta ahora. No varió ni cuando el PRI fue desplazado de la Presidencia de la República de 2000 a 2012, periodo éste durante el que el hoy flamante candidato presidencial designado en el PRI fungió como importante funcionario público, hasta llegar a ser secretario de Energía y de Hacienda y Crédito Público durante el gobierno panista de Calderón Hinojosa.

En 2006 los priistas apoyaron la candidatura presidencial del panista Calderón Hinojosa y lo ayudaron a tomar posesión en la Cámara de Diputados. Y en la elección presidencial de 2012 los panistas le devolvieron el favor al PRI al respaldar abiertamente algunos de sus más distinguidos militantes, como el expresidente Vicente Fox Quesada, la candidatura presidencial de Enrique Peña Nieto; como lo están haciendo ya desde ahora con el destapado Meade Kuribreña.

Sin embargo es muy difícil asegurar con bases que la candidatura presidencial priista de MeadeKuribreña, que no es militante tricolor y que sus mayores filias están con el grupo de panistas que rodean a los expresidentes Fox Quesada y Calderón Hinojosa, haya sido planeada y armada por alguien en lo particular; mucho menos por el presidente Peña Nieto, quien no obstante que fue su investidura el instrumento para destaparlo y confirmarlo como candidato presidencial del tricolor, esa designación revela también el bajísimo control político personal que mantiene a un año del fin de su sexenio.

La decisión de la candidatura presidencial priísta de Meade Kuribreña, no le pertenece al presidente Peña Nieto, aunque así se haga notar. La circunstancias políticas del país, el alto nivel de repudio que la sociedad mexicana le manifiesta día con día y el desprestigio tan grande de la mayor parte de los hombres y mujeres cercanos a él, lo llevaron a buscar una tabla de salvación en el exfuncionario de los dos gobiernos panistas.

Y aunque no le mataron a su candidato, como ocurrió con Luis Donaldo Colosio Murrieta que fue el de Salinas de Gortari, en caso de que Meade Kuribreña llegara a la Presidencia de la República después de la elección presidencial de 2018, podría ser el Ernesto Zedillo que fue para también el expresidente conocido como “El innombrable”. Sobre todo si es tan honesto como dicen que es y no gana con una considerable diferencia que legitime un posible triunfo.

Ahora bien, si desde el sexenio de Salinas de Gortari los panistas se vanagloriaban de que los gobiernos federales priistas gobernaban con su programa económico, con Meade Kuribreña como candidato tricolor podrán ufanarse de poder contar con la posibilidad de tener un presidente panista abanderado por el PRI; aunque ya los priistas les hayan echado la mano en 2006 para que repitieran en la silla presidencial con Calderón Hinojosa…

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