México en un volcán

México en un volcán

55
0
Compartir

Cuando Hernán Cortés preguntó a Moctezuma cómo era la geografía mexicana, el rey mexica tomó un papel amate, lo arrugó con sus manos y lo señalo.

                Así es México. Una región cruzada por volcanes, cañadas y valles. Un país arrugado y joven.

                Esas tres cordilleras que atraviesan el país, han definido y trazado la idiosincrasia del pueblo, su sentir, su espera y paciencia, su vigilancia, su resistencia y su poder volcánico.

                Ahora, el pueblo parece un volcán, la gracia y fortaleza de sus picos llenos de nieve sólo esconde una hirviente realidad. Una enorme inestabilidad que parece a punto de estallar.

                La Conquista, la Guerra de Independencia, la defensa del territorio, la Revolución, las luchas agrarias y los movimientos de diversos sectores de la sociedad durante todo el Siglo XX, muestran una historia de saqueos, violencias e injusticia que siguen vigentes.

                El más reciente movimiento social en nuestro país, la Rebelión Zapatista en Chiapas, ha sido modelo e inspiración para otras corrientes alrededor del mundo.

                Después, lo que conocimos como “la transición a la democracia” y que llenó de esperanzas y grandes expectativas, se convirtió en una simulación donde la violencia desde el poder, dirigida en contra del pueblo, ha sido la norma.

                Se ha desvanecido aquella escéptica esperanza y ha dado paso a un baño de sangre y de violencia, a un refortalecimiento del crimen organizado y a las acciones militares que violan los derechos humanos.

                Como nunca, el nivel de pobreza ha escalado terribles niveles, los servicios de educación y salud van a la baja, los actores políticos y la burocracia nacional nadan en la corrupción y todo lo cubre la impunidad.

                La brecha entre ricos y pobres sigue creciendo. Mientras tanto, los recortes al gasto público se incrementan, particularmente en educación, ciencia y tecnología y los servicios sociales en salud.

                En el colmo de la corrupción, el Instituto Nacional Electoral ha declarado un presupuesto histórico –y enfermo- de más de 23 mil millones de pesos para financiar a los partidos políticos en su voraz carrera por el poder.

                En vista de ello, se ha comenzado a gestar una enorme preocupación y malestar en todos los rincones del país. El proceso de renovación que comenzó con la lucha Zapatista se ha vuelto, se ha transformado, en una repulsa generalizada hacia la violencia ejercida por el Estado.

                Los volcanes del pueblo se están cargando de lava, al mismo tiempo que la prensa desvía la atención en el show mediático de las campañas partidistas, en dimes y diretes  de los concursantes, en el futbol, en la violencia callejera o en las negociaciones del TLCAN.

                La energía social que desató el Zapatismo se está recargando y lo que parece a primera vista una conformidad drástica, impuesta por los agentes del “orden” público, lo que parece una aparente desidia ciudadana, enmascara una rabia que puede ser incontenible.

                La impotencia de muchos años se puede convertir en esa fuerza avasalladora que el pueblo mexicano ya ha vivido en otros momentos y circunstancias de su convulsa historia.

                En su libro ‘Teoría Volcánica’, John Holloway escribe esta metáfora en el Prefacio: “…el país es un volcán y la belleza y fragilidad de la nieve que engalana sus picos, encubre una hirviente realidad de rechazo, de furia y de búsqueda de alternativas, una inestabilidad que en un momento determinado puede explotar”.

                El momento que vive México es otro muy diferente al que se vivió hace 20 años  en lo que creímos que sería una transición a la democracia. Tal vez por esto sería un error buscar movimientos y movilizaciones como aquellas. No son los mismos actores.

                Las diferencias imponen la búsqueda en nuevos espacios de los cambios que ahora suceden.

                Según el libro ‘México en Movimientos’, de Pleyers y Garza Zepeda, estas diferencias son:

-El uso de las redes que hoy tienen un enorme peso y que han provocado cambios en la cultura y en la organización de movimientos sociales.

-La violencia ya representa un problema estructural que abarca a todos los sectores de la economía y de la vida pública.

-El ataque y agresiones constantes a las comunidades indígenas para desarrollar megaproyectos mineros, gasoductos, carreteras y demás basura neoliberal que enriquece a unos cuantos.

-La pérdida de un proyecto democratizador que abarcara la lucha contra la corrupción e impunidad y el fortalecimiento de los derechos humanos.

-La creación de nuevas formas de convivencia, de autonomía local, del empoderamiento de cada individuo de una colectividad para generar una vida más digna.

-Los movimientos actuales que se levantan no tienen en mente una ‘agenda política-institucional’, más bien se enfocan en los problemas cotidianos que enfrentan como la violencia en contra de la mujer, las desapariciones forzadas, la devastación ambiental

You are not authorized to see this part
Please, insert a valid App IDotherwise your plugin won't work.

No hay comentarios

Dejar una respuesta