Mientras no hay avances en renegociación del TLC, Trump y Peña aumentan...

Mientras no hay avances en renegociación del TLC, Trump y Peña aumentan su popularidad

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Una de las principales promesas de Donald Trump durante su campaña proselitista del año pasado fue la eliminación del Tratado de Libre de Comercio con México y Canadá, pues, asegura, provocó la pérdida de miles de empleos de estadounidenses cuando cientos de empresas decidieron abrir sus maquiladoras en México para beneficiarse de la obra de mano barata. Sin embargo, meses después, al asumir la Presidencia, Trump reculó y anunció una renegociación de los términos del tratado, con el fin de que Estados Unidos tenga mejores beneficios y reducir el déficit económico con México, enviando de paso una señal de política fuerte y así no ver incumplida su promesa de campaña. Como se esperaba, la primera ronda, celebrada en Washington del 16 al 20 de agosto pasados, terminó sin avances, debido principalmente a que Canadá y México expresaron su desacuerdo con la propuesta estadounidense de eliminar el Capítulo 19 del tratado, relativo a la solución de conflictos comerciales por dumping y subsidios. Pero mientras se prepara una segunda ronda en septiembre próximo en México, Trump aprovechó una visita a Phonix, Arizona, para adelantar que no cree que se pueda lograr un acuerdo y que además el muro fronterizo se construirá o de lo contrario cerrará el Gobierno. Mientras tanto, en México, el presidente Enrique Peña Nieto vio aumentar la aprobación de su gestión, lo que le brinda mayor seguridad para su próxima tarea: elegir, por ‘dedazo’, al próximo candidato presidencial del PRI.

Mientras no hay avances en renegociación del TLC, Trump y Peña aumentan su popularidad

Javier Ramírez

El pasado 16 de agosto dio inicio de manera oficial en la ciudad de Washington, DC, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre Estados Unidos, México y Canadá, uno de las principales promesas de la campaña del entonces candidato presidencial estadounidense Donald Trump, quien, en el ánimo de generar simpatías en la población más pobre, constantemente acusó al tratado de provocar el cierre de fábricas y generar la exportación de empleos en su país. La primera ronda finalizó cuatro días después con la presentación de los objetivos que cada país busca modernizar.  El evento, sin embargo, se vio opacado por el mismo Trump, quien defendió la posición de un grupo de supremacistas blancos y neonazis en Charlottesville, Virginia, en donde un automovilista atropelló a 20 personas que protestaban en contra de una marcha de ultranacionalista. Días después, Trump volvería a Arizona para asegurar, una vez más, que México pagará por el muro que se construirá en la frontera. Y mientras tanto, en México, la aprobación de Peña Nieto aumentó nueve puntos tras imponer sus condiciones en la pasada asamblea nacional del PRI.

Pros y contras del TLC

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte, firmado en diciembre de 1992 por los entonces presidentes George Bush y Carlos Salinas de Gortari, así como el primer ministro canadiense Brian Mulroney, entró en vigor el 1 de enero de 1994, una vez que el Poder Legislativo de las tres naciones ratificó el procedimiento. Este tratado planteó, entre otros beneficios, un plazo de 15 años para eliminar las barreras aduanales entre los tres países, así como retirar varias restricciones a productos, como vehículos, computadoras, textiles y de agricultura. De esta manera, se creó una de las áreas de comercio libre más grandes del mundo, con 482 millones de personas, lo que representa el 7% de la población mundial, 28% del PIB mundial y 16% del comercio global.  Tan sólo en 2015, el comercio entre los tres países fue más grande que el existente entre Estados Unidos y Alemania, Corea del Sur y Japón en conjunto. En 2016, México se había convertido en el segundo socio más importante de Estados Unidos, sólo superado por China.

El tratado permitió a Estados Unidos impulsar su crecimiento económico en alrededor del 0.5% anual gracias al incremento de sus exportaciones, que pasaron de 142 millones de dólares a 517 mil millones, impactando en sectores como el automotriz, agrícola y de servicios.

Sin embargo, no estuvo exento de fallos: afectó la industria agrícola mexicana al ingresar más productos estadounidenses al país y por ello, en los primeros cinco años, cinco millones de campesinos tuvieron que abandonar sus tierras y migrar a Estados Unidos.  El sector maquilador de EU sufrió pérdidas masivas de empleos, pues muchas compañías decidieron instalar sus ensambladoras en México, atraídas por la mano de obra barata.

Esta situación fue aprovechada por Donald Trump durante su campaña presidencial, en la que constantemente aseguró que el TLC es el “peor acuerdo comercial jamás hecho” y que para proteger los empleos y la industria estadounidense retiraría a Estados Unidos del mismo. Sin embargo, en abril de este año reculó y anunció que, por ahora, Estados Unidos se mantendría en el tratado, pero que iniciaría una negociación para modernizarlo y adecuarlo a los intereses estadounidenses.

Inicio de las renegociaciones

Una vez que se desvaneció la posibilidad de cancelar el TLC, los Gobiernos de las tres naciones comenzaron a fijar sus posturas para lograr mejores condiciones comerciales en un esquema trilateral, en el que nadie resulte más beneficiado que el otro, aún cuando Estados Unidos pretende fijar su supéravit comercial como medida de éxito y condición para evaluar el desempeño del futuro acuerdo, lo que afectaría a las cadenas productivas regionales.

La renegociación es entonces crucial para el presidente Trump, quien pretende enviar una señal política fuerte para respaldar sus promesas de campaña. De esta manera su objetivo es eliminar presuntas prácticas desiguales de mercado, reducir el déficit comercial con México que en 2016 superó los 63 mil millones de dólares -aunque el déficit con China asciende a 347 mil millones de dólares-, proteger el comercio digital y revisar ‘fuertes restricciones’ sobre los derechos de propiedad intelectual.

Por su parte, México busca trabajar para aumentar su competitividad regional y continuar generando oportunidades de comercio e inversión en América del Norte, así como proteger los derechos laborales. Para dar forma a estos objetivos, el Gobierno federal realizó un proceso de consultas públicas en las que participaron sectores productivos, organizaciones campesinas, productores agropecuarios, instituciones educativas y representantes del sector cultural.

Por el lado de Canadá, se busca modernizar el tratado de acuerdo con la revolución tecnológica y el cuidado del medio ambiente, fortalecer salvaguardas laborales, crear un capítulo de derechos de género y otro de derechos indígenas, armonizar regulaciones para reducir las cuotas fronterizas, buscar un mercado más libre para contratación pública y facilitar el movimiento laboral de profesionales en Norteamérica.

Esta primera ronda de renegociación, en la que México participó con una delegación conformada por 30 especialistas en negociaciones comerciales, encabezados por el secretario de Economía Ildefonso Guajardo, concluyó el 20 de agosto. Durante cinco días, los equipos técnicos hicieron presentaciones conceptuales en el ámbito del acuerdo e iniciaron trabajos para avanzar en la elaboración de textos. Igualmente, acordaron proporcionar comentarios o propuestas alternativas durante las próximas dos semanas.

Sin embargo, los negociadores tuvieron diferencias en diversos puntos: Canadá se opuso abiertamente a la propuesta estadounidense de eliminar el Capítulo 19 del tratado, relativo a solución de conflictos comerciales por dumping y subsidios, mientras que México afirmó que se requiere mejorar el mecanismo para solucionar este tipo de disputas.

En un comunicado conjunto las partes declararon que “las negociaciones seguirán a un ritmo acelerado”. La segunda ronda se llevará a cabo del 1 al 5 de septiembre en México. Se prevé que la tercera ronda se celebraría en Canadá a finales de septiembre, para después regresar a Estados Unidos en octubre próximo.

Trump y Peña, se crecen

Mientras las negociaciones se llevaban a cabo, los presidentes de Estados Unidos y México se mantenían en las primeras planas. Donald Trump causó controversia luego de los enfrentamientos registrados entre supremacistas blancos y detractores, que dejaron saldo de tres muertos y decenas de heridos, cuando expresó que ambos bandos eran culpables por los hechos de violencia. La defensa de Trump llegó al grado de igualar al general confederado Robert E. Lee –cuya estatua, próxima a ser retirada, fue el motivo de la violencia en Virginia- con George Washington y Thomas Jefferson. De acuerdo con Trump, ambos también eran dueños de esclavos y no sería raro que en un futuro también pidan quitar sus monumentos.

Los comentarios del mandatario provocaron la renuncia de varios de sus asesores y consejeros empresariales, quienes comentaron que en Estados Unidos no puede haber espacio para justificar el odio y el fanatismo.

Pero ahí no acabó todo. El pasado martes 22 de este mes, Trump regresó a Phonix, Arizona, en donde el 31 de agosto del 2016 presentó uno de los discursos más importantes de su candidatura -a unas horas de haberse reunido en Los Pinos con el presidente Enrique Peña Nieto-, para reafirmar su propuesta de construir un muro fronterizo con México. Y no sólo eso. Dijo que, para ser honesto, “personalmente no creo que podamos alcanzar un acuerdo (en el TLC), porque se han aprovechado de nosotros de mala manera. Ellos han hecho grandes negocios, los dos países, pero especialmente México, por lo que no creo que podamos alcanzar un acuerdo…”. Remató diciendo que con el muro fronterizo se evitará la entrada de terroristas y si el Congreso se niega a otorgar fondos para su construcción cerrará el Gobierno.

La única respuesta del Gobierno mexicano tras los comentarios de Trump fue del secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, quien en su cuenta de Twitter posteó: “sin sorpresas: ya estamos en una negociación. México seguirá en la mesa con serenidad, firmeza y el interés nacional por delante”.

Y una buena noticia llegó a Los Pinos: según la Encuesta Nacional Trimestral de El Universal/Buendía y Laredo, el nivel de aprobación del presidente Enrique Peña Nieto aumentó tres puntos porcentuales, con respecto a mayo pasado, para situarse en 28 por ciento.

El 18% de los encuestados considera que México va por un buen o muy buen camino con Enrique Peña Nieto al frente. Este número refleja una mejora de seis puntos porcentuales en este rubro respecto a mayo pasado. Sin embargo, el 69% considera que México podría ir mejor.

De acuerdo con la publicación, la aceptación de la gestión de Peña Nieto es la más alta desde agosto de 2016, cuando obtuvo 32%.

En su columna del 23 de agosto, Leo Zuckermann refiere que se trata de un resultado de vital importancia para los priístas, pues de haber continuado con su tendencia a la baja, Peña Nieto habría tenido problemas para decidir, por ‘dedazo’, a quien será el próximo candidato presidencial.

Este aumento en la aprobación se debe principalmente a la labor que realizó Peña Nieto para mantener unido al Revolucionario Institucional durante la Asamblea General de principios de mes, luego de la eliminación del ‘candado’ para postular a simpatizantes para la candidatura presidencial. Las voces que se alzaron en contra por esta reforma fueron rápidamente atajadas y enterradas.

Sin embargo, de acuerdo con Zuckermann, la continuidad de esta nueva tendencia con rumbo al 2018 dependerá de varios factores: De los escándalos que vayan surgiendo y de cómo responde el Gobierno -por ejemplo, a los presuntos sobornos de la empresa Odebrecht al exdirector general de Pemex, Emilio Lozoya-, así como de cómo se maneje la economía en los próximos meses. En este último punto, la renegociación del TCL, afirma, es vital, pues si Peña y su jefe negociador, Ildefonso Guajardo, logran buenos resultados en poco tiempo, la economía podría tener un impulso importante a inicios del próximo año. En cambio, si las cosas se atoran o dilatan, se podría afectar el crecimiento económico. Lo primero le sumaría puntos al Presidente. Lo segundo, le restaría.

 

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