Mundiales nacionaleros en el ocaso

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Mundiales nacionaleros en el ocaso

El nacionalismo futbolero está en decadencia. Lo están los espectáculos deportivos más populares y comerciales en torneos internacionales jugados por equipos representativos con seleccionados nacionales.

Donde mejor se sabe y se opera con esa lógica es en las mayores potencias económicas y en los países donde los principios del mercado determinan los valores del Estado nacional.

A las Ligas Mayores de Béisbol las tienen sin cuidado los torneos mundialistas de béisbol (entre otras cosas porque nadie ha de negar que el mejor béisbol del mundo se juega en los Estados Unidos, como tampoco nadie negaría que el mejor fútbol del mundo se juega en Europa; y que ganen o pierdan las copas del mundo los equipos nacionales estadounidenses o europeos de béisbol y fútbol, respectivamente, eso no cambia nada.

La economía de mercado y la globalización neoliberal, han puesto en la picota los nacionalismos.

Y que los equipos nacionales con los jugadores más mediocres en los torneos mundialistas, les ganan a los equipos nacionales donde juegan los superestrellas, no quiere decir que en los países de los primeros se juega mejor que en los de los segundos.

El béisbol y el fútbol, y todos los espectáculos deportivos más populares y comerciales, se juegan mejor donde están las empresas más poderosas que los financian y donde se cotizan los mejores jugadores del orbe.

El nacionalismo mundialista vale para los públicos fanatizados.

Para los jugadores importantes vale el país donde se firman sus contratos, y van ahora a las competiciones representativas de sus naciones a promover sus propias marcas personales y a jugar con más cuidado que nunca porque las lesiones cuestan mucho dinero que el patrioterismo no paga.

Cuando los mexicanos coticen entre los más grandes y firmen los contratos globales más elevados, el espectáculo deportivo mexicano valdrá la pena.

De otro modo, México le podrá ganar a Alemania y Egipto a España, e Italia y Holanda pueden ser eliminados una y otra vez en la víspera y ni siquiera asistir a las Copas mundiales de fútbol, y las cosas no mejorarán por eso en la industria del espectáculo deportivo de los países representados por los equipos nacionales.

El individualismo es la esencia de la economía de mercado, donde el poder adquisitivo es el que manda.

¿Es difícil razonar eso?

¿Habrá de preocuparle más a Lionel Messi que su equipo nacional -dos veces campeón del mundo y con algunas de las figuras del fútbol, como él, más grandes de todos los tiempos- pierda con Croacia o con Sierra Leona, o seguir firmando contratos multimillonarios, y que su señor padre y la codicia con la que representa los intereses económicos de su hijo, lo involucren en crímenes fiscales por los que se le ha perseguido y condenado en España y ahora se le investiga y se le puede acusar en Panamá?

El dinero es la patria del espectáculo deportivo y sus protagonistas, no la nación que representan en el mundo hoy día.

La competencia de los equipos nacionales es la medida de las naciones devaluadas como tales: de pueblos confrontados, de representaciones públicas volátiles y demagogas, de virtudes ideológicas pulverizadas y sometidas al control bursátil, de violencias e intolerancias, de migrantes de la miseria y el terror, de muros y neofascismos guardafronteras, de falta de liderazgos y solidaridad; naciones sin soluciones en un mundo sin alternativas, donde los equipos privados que ganan son, claro, los de los mejores jugadores del planeta, y donde los mejores del planeta pertenecen a las empresas más rentables y mejor organizadas, y a las que lo que menos importa son los valores nacionales.

SM

estosdias@gmail.com

 

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