Nuestras mujeres

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Dice Peña en twitter que reconoce “la lucha histórica por la igualdad de derechos y oportunidades. A pesar de los avances debemos seguir derribando obstáculos para lograr un México en el que todas y todos puedan cumplir sus anhelos”.

                Se refiere a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

                Él siente que tiene que sumarse a la andanada de mensajes oficiales sin fondo, sin sentido desde que no hay la determinación oficial de declarar feminicidio al asesinato de cualquier mujer en cualquier lugar del país.

                Como gobernador del EdoMex vio una de las escaladas de violencia más virulentas en contra de las mujeres. Y como presidente del país, las cifras se han multiplicado.

                Kilos de discursos en las gavetas oficiales del olvido. Organismos como el Instituto Nacional de las Mujeres que hablan en foros internacionales de los avances de México en la promoción de la igualdad de género.

                Presumen la perspectiva de género como estrategia transversal en todos los programas gubernamentales federales para lograr el empoderamiento de las mujeres en el ámbito político, económico y social.

                Existe un sentimiento de urgencia, grupos de mujeres organizadas en todo el país claman por la igualdad en todos los aspectos de la vida cotidiana. Cada vez más, entienden los problemas de exclusión de los que han sido víctimas por antonomasia.

                Instituciones como la UNAM han estudiado los problemas multifactoriales que inciden en el fenómeno de la desigualdad, se han logrado indudables avances y por ello, es ya una preocupación constante dentro de la sociedad mexicana.

                Sin embargo subsiste el enorme menosprecio de las instituciones de gobierno al tema de la salud de las mujeres o cuando se legisla en contra del respeto a las decisiones en torno a su cuerpo, sin tomar en cuenta sus propias decisiones y conveniencias.

                Se han profundizado las desventajas que viven las mujeres mexicanas en la actividad productiva, en salud, seguridad social, educación, pobreza y la violencia que sigue ejerciéndose en contra de las mujeres.

                No debemos ver como “normal” el descuido de las políticas de salud que permiten cifras elevadas en la mortalidad materna o en embarazos en las adolescentes. No podemos permanecer indiferentes ante el alarmante crecimiento de la trata y de la esclavitud sexual de las mujeres.

                También sabemos que la pobreza afecta más a las mujeres, especialmente a las indígenas y a las que viven en el campo. Violencia y maltrato inaceptables en la calle, en el trabajo y en la casa.

                La Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM señala que “hablar de la mujer en México es hablar de más de la mitad de la población total, de más de la mitad de la población en edad de trabajar, de prácticamente la mitad de la matrícula escolar nacional, y del mayor número de votantes registrados en el padrón electoral vigente. Las mujeres son mayoría en un país de arraigadas tradiciones machistas”.

                México comenzó a tener notoriedad internacional en 1993 cuando se denunciaron los casos de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, frontera con Estados Unidos. Y no fue sino 20 años después que el gobierno incluyó el delito de feminicidio en el Código Penal.

                El feminicidio está relacionado al género de la víctima, el cual se evidencia en la violencia usada en contra de las víctimas, por ello es necesario tratar estos homicidios desde la perspectiva de género, sin embargo muchos legistas se oponen a ello en clara muestra de ceguera machista.

                Además, como dice María de la Luz Estrada, coordinadora del Observatorio Ciudadano Nacional contra el Feminicidio, “nos enfrentamos a algo muy complicado: la impunidad”.

                Impunidad y corrupción van de la mano. Hay familias que han tenido que pagar a los jueces para que su caso siga abierto y en muchas ocasiones las familias tienen que investigar por su cuenta y se ponen en riesgo para encontrar pruebas.

La mayoría de los familiares afirman que la investigación sobre el paradero de sus familiares es prácticamente nula. Desde 2011 existen organismos especializados en feminicidios, pero hasta ahora las instancias no han sido garantizadas y no tienen los expertos necesarios.

                La subordinación de las mujeres en esta sociedad, empujadas por la pobreza, la privación y el temor a las represalias no les permite resistirse o quejarse. Y por otro lado, las lealtades entre servidores públicos, policías y jueces, trasladan las responsabilidades a ellas, dejando impunes a los agresores.

                Miles de mujeres han muerto y muchas más morirán, debido a los hombres que aplican las leyes en este país.

 

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