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Ortiz Yeladaqui en la Sedesol y la influencia de Félix González en el priismo quintanarroense…

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La designación de Rosario Ortiz Yeladaqui como delegada federal en Quintana Roo de la Secretaria de Desarrollo Social (Sedesol), despertó mucho ruido político y polémica por los presuntos nexos que tiene con el exgobernador y senador Félix González Canto, a quien se le atribuye el mérito de haberla recomendado para ser nombrada en tan estratégica encomienda pública.

Cierto es que Ortiz Yeladaqui guarda una cercana relación con el senador cozumeleño, con quien fue directora del Instituto de Fomento a la Vivienda y Regulación de la Propiedad (Infovir), secretaria de Gobierno y luego diputada federal; aunque la chetumaleña es de las priistas más institucionales que ha trabajado de manera ininterrumpida desde 1987 con todos los gobernadores que ha tenido Quintana Roo desde el doctor Miguel Borge Martín, con quien trabajó en el DIF y luego fue presidenta municipal de Othón P. Blanco; con Mario Villanueva Madrid fue subsecretaria y luego Secretaria de Administración; con Joaquín Hendricks Díaz fue diputada presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado y dirigente estatal del Partido Revolucionario Institucional(PRI); Con Roberto Borge Angulo volvió a ser diputada federal y luego Oficial Mayor de Gobierno.

Ortiz Yeladaqui tiene mayor trayectoria pública y experiencia administrativa que la que tiene González Canto, que ha tenido cargos de mayor relevancia como el de Gobernador del Estado y Senador, pero en un periodo de tiempo más corto que el que lleva la chetumaleña bregando en la política local y federal. Su trayectoria le ha permitido establecer relaciones políticas y personales en el centro del país que le abrieron la posibilidad de ser incorporada en la administración del gobierno de la república, que es priista como ella lo es, y que por tanto no pudo haber llegado al mismo sólo porque fue colaboradora o guarda una relación política y personal con el senador cozumeleño.

Por su parte, González Canto sabe que sus mejores tiempos como orquestador político se terminaron con la derrota que sufrió su candidato a la gubernatura en la elección de junio de 2016, Mauricio Góngora Escalante. La debacle del priismo y el profundo deterioro de su imagen pública previo a la misma, disminuyeron considerablemente la influencia que tuvo como Gobernador del Estado y como jefe del grupo político que controló al PRI en Quintana Roo de 2005 a 2016.

El senador González Canto ya no es el Gobernador ni influye sobre el Gobernador, como tampoco lo hace sobre muchos de los destacados cuadros del priismo quintanarroense, a los que si bien incluyó en su equipo de gobierno y nunca los dejó fuera de la nómina gubernamental, también los frenó en sus aspiraciones para darle cause a la llamada “nueva generación” que tuvo como máxima expresión al exgobernador Roberto Borge Angulo.

Cierto que González Canto fue uno de los gobernadores de Quintana Roo que terminó su gestión sobrado de poder e influencia en el estado, sin necesidad de contar con respaldos sólidos en la élite priista nacional, lo que le permitió dejar como su sucesor a Borge Angulo y postularse como como candidato a Senador en la fórmula de la coalición PRI-PVEM que encabezó Jorge Emilio González Martínez, mejor conocido como “El Niño Verde”, quien de ésta manera se introdujo al escenario político estatal y se convirtió en la práctica en el jefe de los priistas quintanarroenses con el respaldo presidencial de Enrique Peña Nieto.

Con el respaldo del grupo político que localmente controlaba al priísmo, González Canto se alió con el dueño del PVEM, “El Niño Verde”, para arrebatarle al gobernador Borge Angulo la candidatura del PRI a la gubernatura que éste quería dejarle a su delfín el diputado federal José Luis “Chanito” Toledo Medina, contra los deseos e intereses del Grupo Cozumel al que él pertenecía y del cual surgió, pero que nunca dejó de ser más adicto al ahora senador que a él como mandatario estatal.

Al final del proceso de designación del candidato priista a la gubernatura quintanarroense, González Canto aprovechó la influencia presidencial y las ambiciones sobre Quintana Roo del dueño del PVEM, para lograr la candidatura a favor de Góngora Escalante, a un costo por demás elevado, tanto para el priismo quintanarroense que llegó a la elección de junio de 2016 con cuatro municipios cedidos a sus aliados verdes y panalistas, como para su propia imagen y liderazgo en el PRI estatal, ya que con la derrota que sufrió su partido en la gubernatura y en las presidencias municipales de Othón P. Blanco y Solidaridad, así como por la traición que le propinó el Panal en el Congreso del Estado, lo que propició que perdieran los priistas su control, se abrió el espacio para que “El Niño Verde” asumiera el control de los despojos del tricolor y lo desplazara sin mayores problemas de la jefatura política de lo que queda del expartido oficial.

El senador González Canto es de los grandes perdedores de la pasada elección local. Pues mientras el ex presidente municipal de Solidaridad, Góngora Escalante perdió la elección para Gobernador y Borge Angulo está detenido en Panamá por el fracaso del priismo en la elección estatal, el que fuera un querido e influyente presidente municipal de Cozumel antes de alcanzar una diputación federal previo a la gubernatura de 2005 a 2011, perdió el control del estado, el de su municipio y el de su partido, así como el respeto y el temor que muchos priistas le tenían.

A González Canto se le atribuyen cualidades  y deformaciones políticas que lo exponen como un gran manipulador, tortuoso y conspirador. Para quienes creen esto, es el gran orquestador de los movimientos que se registran en su partido y en el gobierno federal actuante en la entidad. No digamos de las acciones personales o grupales que afectan el desempeño y la imagen del gobierno actual. Nada más falso.

González Canto no está acostumbrado a actuar en desventaja, sin poder o el respaldo de grupos económicos y sociales que le den recursos y legitimidad a sus causas. Los tuvo cuando alcanzó la presidencia municipal de Cozumel en 1999, aún en contra de la voluntad del gobernador saliente en ese año, Mario Villanueva Madrid; al igual que cuando ganó la candidatura y la diputación federal en 2003 y luego la gubernatura en 2005. Después todo fue más fácil con el poder absoluto que tiene un Gobernador sin un Presidente de la República de su partido que le pusiera un alto, como ocurría antes del 2000 y ocurre desde el regreso del PRI a la Presidencia de la República con Peña Nieto.

Como exgobernador y senador siguió operado con comodidad ante un gobernador como Borge Angulo que le guardó lealtad política, aprecio personal y respeto, mezclado con el celo político que indujeron terceros en su relación y que al final de cuentas fue el que propició la debacle de ambos ante el priismo y la sociedad quintanarroense.

Actualmente González Canto se mueve con cautela extrema. No para conspirar, ni siquiera para coordinar la reagrupación de su partido. Sus aspiraciones son menores. Sabe del poder que tiene un Gobernador y le teme y lo respeta como para confrontarlo, ni a oscuritas. Como gobernador fue siempre respetuoso y colaboracionista con los presidentes panistas Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa. Y ahora lo que quiere y anda buscando sin tesón, es cercanía y consideración de quien sin su ayuda gobierna en Quintana Roo.

Lo demás es puro mito…

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