Parece que la era está pariendo un corazón, en efecto

Parece que la era está pariendo un corazón, en efecto

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Tras ellas. Que no se quede ninguna. Con su consentimiento o sin él. Todas van. Pídanselo, ruéguenselo o exíjanselo. Pero que nadie se escape, menos las más pobres y desamparadas. Así es esta dictadura. Y en ella nadie se muere mientras pueda salvarse. Todos esos niños tienen que nacer en el hospital. Las brigadas se despliegan por todos los pueblos y ciudades, por los caseríos serranos más apartados y remotos. Las embarazadas en vísperas de parir tienen que ser ingresadas en los policlínicos y ser atendidas con todos los cuidados; allí no faltará la luz y el agua y la comida, ni el personal necesario para mantener el funcionamiento adecuado de las instalaciones. El huracán va a atacar la zona con toda su fuerza, y la mayor de las providencias y de las exigencias de las autoridades de la dictadura revolucionaria es que las personas más vulnerables sean resguardadas a toda costa y que no se muera nadie porque no tenga quién lo asista, ni las madres gestantes ni sus hijos por nacer. Tras ellas, pues, que el tiempo apremia, el valor de humanidad lo impone, y la ley lo hace cumplir sin excepciones.

Esto es hermoso. Es lo más hermoso del mundo. Ninguna democracia lo hace. Pero esta dictadura no se puede permitir no hacerlo. Si esas criaturas en los vientres de sus madres pueden ser cuidadas y puestas a buen seguro contra toda adversidad y toda furia de la naturaleza, ese pueblo está a salvo y su Revolución también, porque se legitima en tales actos de humanidad que ahí no son extraordinarios; que forma parte de una historia, de una cultura, de un modo de ser, de una cotidianidad que ya no se concibe de ninguna otra manera.

Cuba va: contra cualquier amenaza, natural o política, y contra cualquier bloqueo. No es una oda. Es una verdad que crece. Crece con la calidad pedagógica en todas las escuelas, en cada una de las aulas que se multiplican en cada curso lectivo y donde se forjan los nuevos espíritus y responsabilidades humanas. Cuba es una potencia de competitividad global. Su recurso humano, salido de las escuelas, está construyendo un país ejemplar. El arte y el conocimiento se esparcen desde la formación preescolar, y se constituyen en una vida diaria que consolida un poder generacional idiosincrático invencible, porque ese nuevo mundo y esa ética de conquista tienen una inercia sin regreso.

Los procesos productivos más resistentes al cambio, mejoran y se modernizan. Los más evolucionados y afirmados de ellos, se disparan como en los países más desarrollados. El entorno científico y clínico de la salud alcanza estándares de virtud y cobertura popular que no tienen comparación en el mundo entero. Las instituciones académicas y de arte se multiplican a un ritmo igualmente tan prodigioso como natural para la sociedad cubana, del mismo modo que sus valores generales: docentes, creativos, formativos y de amplitud e impactos sociales; y lo hacen en un tiempo en que en las demás naciones, en las más y en las menos desarrolladas, esos valores decrecen.

Entre los setenta y los noventa la televisión cubana, por ejemplo, era de una producción muy amateur, muy censurada, y de muy pobres niveles de calidad y aceptación. Hoy los recursos profesionales en todos los ámbitos mediáticos abundan, se especializan y se reproducen geométricamente. La radio revolucionaria tiene estándares de radio pública que nada le piden a la francesa o a la española o a la holandesa. Los programas educativos, de difusión cultural y de espectáculos, tienen un perfeccionamiento formal y de contenidos constante. La producción musical, plástica, escénica y audiovisual, están en interminable ascenso.

El abasto y el impulso económico y tecnológico han sido los grandes rezagos revolucionarios, afectados en su génesis por un embargo estadounidense y una hostilidad internacional complementados con la impotencia productiva interna y la falta de experiencia y de recursos humanos propios bien calificados, además de la prioridad de la propaganda y de los quehaceres de afirmación del liderazgo en ese entonces. Pero hoy día se ensayan estrategias de organización que cada vez tienen mejores resultados. Se intentan nuevas formas de producción, de distribución y de comercialización de productos alimentarios cuyo curso es muy lento, pero se trata de que la innovación y el cambio no supongan intermediación, especulación y corrupción en grados en que las reformas prodiguen más desigualdad e inequidad, que productividad y justicia.

La Revolución se mueve, y hay sectores en los que Cuba a menudo supera a los países más avanzados. Las comunidades infantiles y juveniles vienen dotadas con mayores recursos y opciones intelectuales, creativas y expresivas. Los grandes rezagos que siguen ahí -el desabasto y la falta de lo indispensable, sobre todo entre la gente más pobre y menos preparada, y las precariedades conocidas de la infraestructura urbana, de la vivienda y el transporte-, están cediendo poco a poco. Muchas carencias están siendo superadas, pero el bloqueo estadounidense sigue intacto en casi todo. Lo cierto, por otra parte, es que ese bloqueo ha sido y sigue siendo también un factor de dinamización interna de las potencialidades y los recursos nacionales. Por eso el “Periodo Especial” pudo ser superado, cuando Cuba estaba al borde del colapso tras el derrumbe del “campo socialista”, y se están trascendiendo atrasos y primitivismos en el acceso popular a los servicios de la comunicación digital e informática. El turismo está alcanzando grados de competitividad y rentabilidad que tienden a hacer de la isla el mejor y más sustentable destino turístico regional (el turismo de naturaleza va de la mano con las acciones de mejoramiento de la conservación ecológica y el cuidado ambiental) y el de mayores rendimientos populares en el orbe. Los pésimos sistemas estatales de administración industrial, comercial y de servicios se están depurando y alternando mejor con la concurrencia empresarial de las cooperativas y los negocios privados, que están diversificando e impulsando el mercado interno y la economía, sobre el principio del equilibrio y la racionalidad revolucionaria, es decir la de impedir disparidades inaceptables en el ingreso de la población, entre los nuevos propietarios, sus trabajadores y los demás individuos, lo que determina que las estrategias planificadas se desenvuelvan con extrema cautela y aparente lentitud, para que puedan ensayarse las nuevas modalidades de desconcentración pública y corregirse sus imperfecciones, hasta alcanzar sus beneficios óptimos.

La ideologización castrista y sus insufribles niveles de dogmatismo, adoctrinamiento, intolerancia, retórica y movilización militante, están pasando y desvelando su anacronismo de la “Guerra Fría”, pero tampoco podría negarse ahora, de manera absoluta, que esos procesos excesivos no fueran hasta cierto punto necesarios como recursos de organización, de unidad y de defensa frente a un asedio colonialista estadounidense que finalmente está siendo derrotado, con todos sus mecanismos de aislamiento y agresión. Las generaciones revolucionarias han padecido la hostilidad de los sectores comunistas más ensimismados y recalcitrantes, como han padecido las imposiciones totalitarias y la represión de las instituciones y las autoridades durante décadas de sovietismo policiaco y rezagos estalinistas. Pero no hay país perfecto. La mayoría de las democracias latinoamericanas, salvo excepciones, son un desastre de perversión política, de secuestro partidista del Estado y de las decisiones populares, de analfabetismo e ignorancia, de debacle económica y saqueo financiero, de corrupción generalizada, de pobreza creciente y desigualdad, de injusticia, de violencia y caos, debajo del discurso de sus libertades. México, por ejemplo, no sólo no es potencia mundial de algo que sirva y sea edificante y esperanzador, y las proclamas de sus defensores de los derechos humanos son insinceras, politiqueras, protagónicas y contraproducentes. Defender los derechos humanos es todo menos eso; es educar, salvar vidas, cuidar a los más necesitados y garantizar la paz y la seguridad de la gente. México está cada vez más reprobado en el cumplimiento de las principales obligaciones de un Estado democrático. La dictadura cubana está, en cambio, cada día, más cerca de la salvación de los derechos humanos de su pueblo. La Historia no ha absuelto a Fidel. Pero no sólo está cada día más próxima a hacerlo, sino de consagrarlo como uno de los líderes más visionarios y justos de la humanidad de todas las eras.

Cuba es una potencia educativa, sanitaria, científica, deportiva y cultural, y por ese camino puede llegar a ser un día una potencia económica y distributiva del ingreso. Está costando el sacrificio de generaciones, bajo la determinación de un Estado autoritario. Está costando arbitrariedades, enormes errores e incontables carencias. Pero las potencias democráticas fueron despiadados imperios coloniales durante siglos y siglos, y sus poderes y niveles civilizatorios tienen largas y hondas estelas de genocida crueldad e impunidad. No están para dar ejemplos de humanismo y humanitarismo. Es seguro que el Estado castrista en ese entorno tiene más virtudes que pecados. Las brigadas blancas de médicos y personal de la salud van como ángeles del bien detrás de las embarazadas para internarlas y protegerlas frente a las amenazas ciclónicas, por ejemplo. Ésa, no puede ser una dictadura del mal.

Hemos sido, como muchos de nuestra generación y de otras en todo el mundo, castristas juveniles incondicionales y luego críticos de la ortodoxia refractaria del castrismo negado a la renovación y la modernización del proceso revolucionario, y hoy de nuevo regresamos a Fidel, entendiendo que, acaso, en lo esencial, era necesario esperar el desarrollo de la genética del nuevo modelo para consolidar el Estado de la Revolución sobre una nueva cultura cifrada en el conocimiento y la estética del ser. Pero, en todo caso, sigue siendo aún muy temprano para que la relatividad histórica defina resultados concluyentes. Los procesos civilizatorios son dilatados en el andar de los pueblos. Sólo creemos aquí, que el rumbo de Cuba parece mejor destino que el de muchas otras naciones que celebran en vísperas muy cuestionables sus conquistas democráticas.

SM

estosdias@gmail.com

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