Peña y sus salvadores apóstoles de la Corte

Peña y sus salvadores apóstoles de la Corte

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Signos

Si alguien quería un epílogo más deslumbrante y de best seller en torno de la historia de estratosférica corrupción y cínica desfachatez del régimen peñanietista -que le costó a su partido la más aplastante y definitiva derrota de todos los tiempos-, pues ya lo tiene.

Se trata del más radiante obsequio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, beneficiaria de la complicidad presidencial para que sus máximos jefes -del Pleno, de la Judicatura y de los tribunales- hicieran todo tipo de negocios de nepotismo, contratismo y preservación de descomunales privilegios presupuestarios.

Una corte en el reino de las cloacas.

Peña quiso un día que su incondicional y servil colaborador, Eduardo Medina Mora, fuera ministro y factor fundamental de decisión en todo el Poder Judicial federal.

Gracias a las complicidades parlamentarias del PAN y el PRD, y con la entera subordinación de los titulares de dicho Poder Judicial, el también exprocurador calderonista se convirtió en flamante ministro del tribunal supremo, sin haber tenido carrera judicial y sí, en cambio, haber forjado un perfil público la mar de turbio y contaminado con los peores vicios e intereses políticos.

Y ahora, ministro y colegas -y compinches- del tribunal constitucional, en nombre de todo el sistema de Justicia mexicano le regalan al jefe saliente del Ejecutivo de la Federación un manto de impunidad -para que no pueda ser procesado como el mayor delincuente público probado que es-, mediante una jurisprudencia que decreta la inconstitucionalidad -absoluta e ‘inatacable’- de todo acto jurisdiccional en su contra.

Según la resolución del Pleno, a Peña no se le puede procesar bajo ningún cargo punitivode los tantos que quieren y pueden acreditarle.

Ya el Gobierno de Chihuahua había anunciado que podría llevarlo a juicio.

Y contra esa amenaza y otras muchas posibles, el señor ministro Medina Mora, pelele y agradecido, se apresuró a mover a todo el Pleno del máximo tribunal para desmovilizar la mínima intención justiciera en contra de su jefe.

Porque Peña se sabe vulnerable.

Porque Peña es culpable.

Porque lo es. Y lo es mucho más que Borge y los Duarte; y de muchas de las graves fechorías de estos exgobernadores, las que conoció y encubrió, y algunas de las cuales propició, como las de los inverosímiles financiamientos al PRIy a sus candidatos con erarios de los Estados que ‘administraron’-por así decirlo-, y por las que también ha puesto a la Suprema Corte y a los tribunales del Poder Judicial federal a su disposición para que los libre de toda culpa y los exonere -a los que faltan, como hizo con César Duarte- cuando antes.

Es culpable, y lo sabe él mejor que nadie, de enormes y dolosos delitos en contra de la nación que un pervertido sistema electoral -falsamente autónomo y alcahuete, que podría ahora desaparecer, también, bajo cargos de costosa instrumentación política- puso, un día fatídico, en sus ineptas pero muy criminales manos.

SM

estosdias@gmail.com

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