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“Los políticos que más se cabrean con la corrupción cuando no están en el poder son los que más se corrompen cuando llegan a él”, según la psicóloga MolyCrockett, de la Oxford Martin School. Tengámoslo en cuenta en el Quintana Roo de la venganza, marginadora de la Justicia…

Lo que más enfurece a los españoles es la corrupción, ‘el porno de la indignación moral’

 Santiago J. Santamaría

‘El porno de la indignación moral’ esun título de la psicóloga MollyCrockett, quien usó esas palabras en una conferencia pronunciada en la Oxford Martin School. Crockett explicó que la indignación moral tuvo un origen social en parte beneficioso porque, en pequeñas comunidades, servía para prevenir daños futuros y promover la solidaridad grupal; sin embargo, en las comunidades masivas creadas por Internet y las redes sociales, la indignación moral se convierte sobre todo en un instrumento de venganzas personales, de linchamientos realizados en secreto y desde la comodidad de un sillón, de búsqueda de prestigio social y audiencia a cualquier coste, incluido el de destruir vidas ajenas. El Quintana a Roo de la venganza, marginadora de la Justicia, es escenario de las reflexiones de MollyCrockett, una neurocientífica estadounidense conocida por su trabajo sobre la moralidad humana, el altruismo y la toma de decisiones.

Con un añadido determinante: la psicología experimental ha demostrado que quien se indigna y castiga a otro por la violación supuesta o verdadera de una norma no lo hace por motivos morales, para evitar que la violación se repita, sino porque haciéndolo obtiene una gratificación personal -así compensa sus propias deficiencias, satisface el apetito de destrucción del otro y se presenta como un individuo virtuoso-, aunque la historia que se cuenta a sí mismo el indignado es desde luego la opuesta. Este fariseísmo tóxico es el porno de la indignación moral. Esta sospecha se vuelve casi una certeza al comprobar que los políticos que más se indignan con la corrupción cuando no están en el poder son los que más se corrompen cuando llegan a él.

Que Crockett lleva razón lo comprobamos a diario. ¿Cuál es el fenómeno que más indignación moral causa en España? La corrupción, por supuesto, y en particular la corrupción de los políticos. Lo extraordinario es que esto no ocurre en un país fundamentalmente honesto, sino en un país fundamentalmente corrupto, un país de pícaros en el que quien paga sus impuestos pudiendo no pagarlos es un tonto del culo; cosa que invita a sospechar que quienes más se enfurecen con los políticos corruptos, exhibiendo su virtuosa indignación moral, no lo hacen porque esos políticos hayan robado a manos llenas, sino porque no han podido hacerlo ellos.

Esta sospecha se vuelve casi una certeza al comprobar que los políticos que más se indignan con la corrupción cuando no están en el poder son los que más se corrompen cuando llegan a él: es lo que ocurrió a mediados de los noventa con el Partido Popular (PP) de José María Aznar, que tomó el poder indignadísimo por la corrupción del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Felipe González y con los años se ha convertido en la quintaesencia de la corrupción, y es lo que, si no se cambian las leyes que la alientan o facilitan, ocurrirá cuando Ciudadanos, el PSOE o Podemos lleguen al poder.

En cuanto a Internet y las redes sociales, es indudable que nos han deparado beneficios fabulosos, pero también que han dado voz, además de a personas más o menos cuerdas y decentes, a millones de perturbados, canallas, analfabetos funcionales, psicópatas de manual, tontos cultos, enfermos de rencor, locos peligrosos y malnacidos irredentos; no es que estos indeseables no existieran antes -una de las formas más necias y bien vistas de la indignación moral es la que clama contra las ilusorias maldades universales del presente en nombre de las ilusorias bondades universales del pasado-, sino que antes existían filtros para ellos y casi sólo envenenaban a sus familias y amigos (quizá ni eso, porque sus familias y amigos los conocían y no les hacían ni puñetero caso), mientras que ahora pueden envenenar a medio mundo (que no los conoce y por eso les hace caso). En fin, para acabar de una vez con el prestigio acrítico e hipócrita de la indignación moral bastaría con ver grabaciones de mítines de Adolf Hitler y Benito Mussolini, siempre furiosamente indignados con el mundo, o con recordar que el periodista que desde hace décadas mejor se indigna en España es Federico Jiménez Losantos. Porno duro.

No hay necesidad alguna de presentar al comunicador más influyente de la derecha española en las últimas tres décadas. Pero sí la hay de leer “Memoria del comunismo. De Lenin a Podemos” (La Esfera de los Libros), porque librará a muchos incautos de perder el tiempo y la moral por culpa del vigente influjo de la ideología más criminal de la historia. Losantos la profesó, salió con vida y aquí explica cómo lo hizo. Presenta el comunismo como una “teología de la sustitución”, más que una ideología, es una religión política. ¿Sin catolicismo no hay comunismo? “En mi generación sin duda. El catolicismo popular español tiene unos ingredientes -igualitarismo, ayudar al débil, obras de misericordia…- que entre nosotros estaban profundamente arraigadas. El protestante se salva por la fe; el católico, por la fe y por las obras. El católico, cuando deja de creer en Dios, tiene que seguir creyendo en hacer el bien. El comunismo se parece más al islam porque es una religión despótica, que te organiza la vida, mientras que el catolicismo, al creer en el libre albedrío, te deja libertad para hacer el bien o no. Si la salvación no llega en el más allá de la religión, tiene que venir en el más acá de la política, que en el comunismo se vive como una forma de redención: propia y de los demás…”, comentaba Federico Jiménez Losantos al periódico español El Mundo.

Es de los pocos que se ha leído entero “El capital” de Carlos Marx. Dedicó años a la formación teórica: Federico Engels, Louis Althusser, Jacques Derrida, Michel Foucault…, para hacerse marxista español… “Claro. Y dejé de ser marxista por ser español. Yo nunca me avergoncé de mis orígenes, que era lo primero a lo que te obligaban. Porque yo no tengo nada contra mi padre ni contra mi madre ni contra mi pueblo ni contra mi lengua. Todo lo contrario: gracias a la lengua española un chico pobre de un pueblo remoto de Teruel puede estudiar. ¿Y me dicen que tengo que renunciar a eso? Un día en un congreso clandestino se levantó uno de Comisiones Obreras y pidió perdón por ser español. ¡Pero so mamarracho! Otra vez la Fundación Miró, que ayudé a fundar, me mandó una carta a nombre de Frederic Jiménez. ¿Cómo que Frederic? Le pregunté a uno del Partido y me contestó que era una deferencia hacia mí. ¿Deferencia? ¿Vosotros quejándoos de que Franco no os deja usar el catalán y a mí no me dejáis usar el español, que por cierto vale 20 veces más? Además, el mundo bohemio de Las Ramblas en el que me movía era absolutamente español, despreciaba a los progres catalanes porque era más libre y culto que ellos, que eran unos acomplejados…”.

Todo esto que relata Federico Jiménez Losantosno significa, claro está, que a veces la indignación no sea inevitable, natural o necesaria; significa que hay que desconfiar de la indignación, empezando por la propia, y en especial de los indignados profesionales: suelen ser unos profesionales de la indecencia. “Significa sobre todo que, frente a la arrogancia exhibicionista de quien se indigna ante el vicio para alardear de su propia virtud, está la humildad de quien practica la virtud en secreto, que es la única forma de practicarla…”, escribía el extremeño Javier Cercas Mena. Una de sus obras más afamadas fue “Soldados de Salamina” (2001), que se tradujo a más de 20 idiomas y fue llevada al cine por el director David Trueba en 2003.

El núcleo central de la novela es la figura de Rafael Sánchez Mazas, escritor e ideólogo de la Falange Española y estrecho colaborador de José Antonio Primo de Rivera, y en particular el episodio de cómo escapó de su fusilamiento. La Guerra Civil Española estaba acabando, y las tropas nacionales avanzan hacia Cataluña. Las tropas republicanas se retiran, arrasando puentes y vías de comunicación para guarecer su retirada. Sánchez Mazas está preso en Barcelona, y consigue escapar de un fusilamiento colectivo. Cuando salen en su busca, un soldado republicano, que días antes había emocionado a todos los presos bailando al son del pasodoble “Suspiros de España”, le encuentra, le encañona pero le perdona la vida. Sánchez Mazas se esconde, y consigue la ayuda de un grupo de payeses, a quienes a su vez él ayudará una vez acabada la guerra. El autor, Javier Cercas, se convierte en un personaje de su propia novela, apareciendo como un periodista que investiga este suceso pasado para escribir un libro.

Cercas se obsesiona con la búsqueda del soldado que salvó la vida de Sánchez Mazas. Casualmente, durante una entrevista con el escritor chileno Roberto Bolaño, éste le estimula para que siga escribiendo su novela y le pone en la pista de un anciano llamado Miralles, que vive en Francia y que luchó por la República en la Guerra Civil, estuvo en Cataluña en el momento del fusilamiento de Sánchez Mazas, pasó a Francia y luchó con los Franceses Libres en la Guerra Mundial, siendo uno de los soldados españoles que liberó París. Cercas cree que Miralles podría ser el soldado que respetó la vida de Sánchez Mazas. El libro tiene un final abierto a ese respecto y el lector no sabe si Miralles salvó a Sánchez Mazas, si fue un soldado que estuvo en el mismo lugar al mismo tiempo o simplemente un personaje ficticio creado por Cercas para poder tener un héroe.

El propio autor ha explicado que la temática central del libro no es la Guerra Civil, la cual, por otra parte, está abordada desde un punto de vista no convencional, al comenzar con una matanza cuyas víctimas son los franquistas, es decir los vencedores de la guerra, que “derribaron” la democracia legítima imperante. “La novela, básicamente, habla de los héroes, de la posibilidad del heroísmo; habla de los muertos, y del hecho de que los muertos no están muertos del todo mientras haya alguien que los recuerde; habla de la búsqueda del padre, de Telémaco buscando a Ulises; habla de la inutilidad de la virtud y de la literatura como única forma de salvación personal…”. También concuerda con David Trueba en que la temática central es por sobre todo la recuperación del gusto de vivir.

www.elbestiariocancun.mx

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