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Por disposición peñista y contra los augurios divisionistas de los dinosaurios, abre el PRI la candidatura presidencial a ‘simpatizantes’ como Meade, en aras de una alianza partidista mayor

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A unos meses de que comience el proceso electoral del 2018, el Partido Revolucionario Institucional celebró su XXII Asamblea Nacional Ordinaria con mesas de trabajo en diversas entidades del país, en un último intento de encontrar maneras de posicionarse nuevamente en la opinión pública, y de recuperar al menos a un sector del electorado que lo rechaza debido a la mala imagen presidencial y a los escándalos de corrupción que con la complacencia y el ejemplo del jefe del Estado mexicano han cometido priistas sobresalientes como los exgobernadores presos o prófugos. En las mesas de trabajo se plantearon diversas modificaciones a los estatutos que generaron polémica dentro de la militancia, como la llamada ‘reforma antichapulines’, que busca evitar que los oportunistas ‘salten’ a cargos plurinominales de manera inmediata. Sin embargo, la que causó mayor debate e inconformidad fue la propuesta de eliminar los ‘candados’ del Artículo 166 de los estatutos del partido para que cualquier “ciudadano simpatizante”’ del mismo pueda ser candidato presidencial, siempre y cuando “se comprometa con los principios y programas de acción del tricolor”. Esto abre la posibilidad de que uno de los principales ‘delfines’ de Peña Nieto, el secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña, pueda aspirar a la candidatura presidencial, pues, de los más nombrados, es el único que no cuenta con los 10 años de militancia que exige actualmente el PRI. De inmediato, ‘dinosaurios’ tan coludos y retorcidos como Ulises Ruiz y Manlio Fabio Beltrones alzaron la voz asegurando que el PRI no es un taxi que pueda llevar a cualquiera sin compromiso. Otra que también sufrió un revés fue la exgobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco, quien estaría viendo esfumar sus esperanzas de buscar la candidatura tricolor, pues su propuesta de incluir un artículo transitorio en los estatutos que hiciera obligatoria la consulta a la base para la definición de candidatos, fue rechazada. De esta manera, este 12 de agosto los delegados habrían aprobado una inminente precandidatura de Meade, gracias a las órdenes de su líder máximo, Enrique Peña Nieto, quien habría impuesto su ley, como cuando en la XXI Asamblea Nacional ordenó reformar el Programa de Acción del PRI para permitir la privatización del sector energético. Pero, bueno, si el presidente de la República no fuera capaz de obrar esas reformas y no fuera el factor de mayor peso en las decisiones de la militancia partidista, entonces su partido dejaría de ser un partido al estilo de las tradiciones mexicanas y el nuevo presidente priista del país no tendría necesidad alguna de seguir militando. Pero, además, el PRI sin una alianza fuerte está condenado a ser barrido en los comicios federales y presidenciales del 2018; incluso aliado sólo con el PAN puede que no le de batalla al Morena de López Obrador, requiere la complicidad perredista. Y ni el PAN iría asociado con un dinosaurio, ni menos el PRD consentiría un contubernio así. La reforma estatutaria rumbo a la sucesión presidencial y el ulterior control parlamentario, es una buena alternativa para el tricolor y para Peña en términos electorales. Pero acaso Meade fuera peor para el PRI como presidente de la República de lo que fue Zedillo, y acaso para Peña también sería peor de lo que fue Zedillo para Salinas, aunque Meade se está moviendo como un político metódico y calculador: con efectiva discreción y tanteando muy bien el terreno sucesorio. Conoce las debilidades del partido y de su jefe presidencial, y sabe que su perfil puede crecer al margen de los escándalos de corrupción y de los pésimos antecedentes de los dinosaurios. Para los priistas menos ruines y corruptos, Meade es una buena opción de resarcimiento electoral. Y para la opinión pública moderada, centrista y menos proclive al radicalismo lópezobradorista y a las perversidades de la cúpula panista, también.

Por disposición peñista y contra los augurios divisionistas de los dinosaurios, abre el PRI la candidatura presidencial a ‘simpatizantes’ como Meade, en aras de una alianza partidista mayor

Javier Ramírez

Este 9 y 10 de agosto pasados, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) llevó a cabo su XXII Asamblea Nacional Ordinaria, en la que mediante cinco mesas temáticas definió el método, los lineamientos y el perfil para designar a quien será a su próximo candidato a la Presidencia de la República en el proceso electoral del 2018.

Esta Asamblea, que es el máximo órgano del partido, se lleva a cabo de manera ordinaria cada tres años con el objetivo de promover entre la militancia una participación abierta que ayude a reflexionar acerca del proyecto de nación a que aspira el PRI, mediante el análisis de la situación nacional y el desempeño de legisladores, funcionarios y gobernantes afiliados al partido.

En la asamblea de este año se organizaron cinco Mesas Nacionales Temáticas, cada una en una entidad diferente del país. Así, en Campeche se celebró la Mesa Nacional de Estatutos; en Jalisco, la Mesa Nacional de Visión del Futuro; en Sinaloa, la Mesa Nacional de Rendición de Cuentas y Ética; en Coahuila, la Mesa Nacional de Declaración de Principios; y en el Estado de México, la Mesa Nacional de Programa de Acción. De todas ellas, la efectuada en Campeche fue la que más llamó la atención de los medios y la opinión pública.

Eliminan candados

En la anterior asamblea, el dirigente nacional priista Enrique Ochoa Reza ya había declarado que el partido necesitaba iniciar su apertura a ciudadanos no afiliados que pudieran ser candidatos viables a puestos de elección popular para poder ser competitivo frente a otros partidos políticos. Sin embargo, en esa ocasión, no se tocó el tema de la candidatura presidencial.

En la Mesa de Estatutos, los priistas aprobaron dos cambios de fondo con miras a la elección presidencial del 2018. Primero, eliminaron los ‘candados’ del Artículo 166 de dichos estatutos para que cualquier “ciudadano simpatizante” de ese partido pueda ser candidato presidencial, siempre y cuando se comprometa con los principios y programas de acción del tricolor. Posteriormente, aprobaron reformar el Artículo 194 para que ningún diputado o senador plurinominal pueda ser postulado a otro cargo por la vía plurinominal de manera inmediata.

De esta manera, el Revolucionario Institucional abrió la posibilidad de que el secretario federal de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade Kuribreña, el único de los candidatos del presidente Enrique Peña Nieto que ni cumple con el requisito de los 10 años de militancia ni nunca ha sido militante, pueda aspirar a la candidatura presidencial el próximo año.

Las voces en contra

 La anunciada reforma al Artículo 166, que fue una propuesta de José Ramón Martell, exasesor de Meade Kuribreña cuando fue secretario de Desarrollo Social, levantó ámpula entre los priistas más hechos a la usanza delictiva de las tradiciones tricolores, entre éstos el exgobernador de Oaxaca y delegado del partido afín a Roberto Borge en los procesos electorales de su tiempo en Quintana Roo, Ulises Ruiz, quien aseguró que dicha decisión hace realidad los riesgos advertidos por el sonorense exlíder nacional Manlio Fabio Beltrones, acerca de convertir el partido en “un taxi que puede llevar a cualquiera sin compromiso”.

“La militancia está hasta la madre de la imposición” -dijo quien fuera acusado de tirano y de corrupto durante su gestión de gobernador-, “de que no se le respete, y ahora quieren quitar los requisitos para abrir el partido; ¿a quién?, si tenemos militantes que pueden ser nuestros candidatos”, aseveró. Pidió a los delegados no prestarse a una “asamblea a modo” y “defender la militancia priista”. Sin embargo, su reclamo no tuvo efecto y finalmente se estableció que la Comisión Política Permanente será la encargada de aprobar la participación de los ciudadanos en el proceso de postulación de candidatos.

Otra que también fue ignorada en su reclamo fue la diputada con licencia y exgobernadora yucateca Ivonne Ortega Pacheco, quien horas antes había propuesto la consulta interna a la militancia para la selección de candidatos, propuesta que fue apoyada por varios delegados.

En su oportunidad, Ortega Pacheco –quien se convirtió en acérrima crítica del mandatario federal, a quien antes ponderase como un líder nacional tan reformador como Cárdenas y Juárez, y luego acusó de ser uno de los principales culpables del deterioro económico de los mexicanos más pobres, un argumento al servicio de su campaña anticipada por la candidatura presidencial- pidió “piso parejo” para los militantes y ciudadanos simpatizantes, incluyendo un artículo transitorio en los estatutos que hiciera obligatoria la consulta a la base. Afirmó que dar voz y voto a la militancia en la elección del abanderado presidencial priista para el 2018 ayudaría al partido a practicar la democracia interna.

Sin embargo, los delegados consideraron que su propuesta abriría la puerta a la división interna. Augusto Gómez Villanueva, dinosaurio sobreviviente de los tiempos clásicos de la prehistoria tricolor, exdiputado federal y exlíder de la Confederación Nacional Campesina (CNC), le respondió con la socarronería descarada de la era del presidencialismo totalitario irreplicable de las cavernas: “Yo destapé a Luis Echeverría. Le estamos abriendo la puerta a la división del partido. No se vale que vengan a dar baños de idealismo democrático”.

Como se mencionó en anteriores ediciones de este semanario, Ortega Pacheco, urgida de reflectores, había acusado meses antes al dirigente nacional Ochoa Reza de sumir al partido en una crisis con sus decisiones cupulares de mandadero presidencial. Quien anteriormente fuera una de las más entusiastas partidarias de Enrique Peña Nieto, ahora acusa al sistema del que ella misma se aprovechó, en un vano y último intento de apropiarse de la candidatura presidencial.

Beltrones, firme en su postura

Por su parte, el exdirigente nacional Manlio Fabio Beltrones, afirmó que apoyar a un “candidato simpatizante” significa, de parte de quien lo fuese, asumir respeto, reconocimiento y adopción de principios y programas de acción del PRI.

En su participación en la Mesa Nacional de Visión del Futuro llevada a cabo en Guadalajara, mencionó que habría sido incongruente haber realizado una asamblea para modernizar la declaración de principios, si cualquier candidato externo o simpatizante no se obligara a reconocerse en ellos mismos, a respetarlos, y sobre todo a adoptarlos.

Horas después, en entrevista con el periodista Ciro Gómez Leyva, insistió en que el PRI no es un taxi, pero rechazó que haya sido una indirecta para el secretario José Antonio Meade, pues, aseguró, no tiene nada en contra de él y el partido necesita candidatos.

Advirtió que mientras no haya reglas definidas para la selección del candidato presidencial, cualquier pronunciamiento se estará haciendo en el vacío y, por lo tanto, exhortó a los delegados que propusieron eliminar los candados defender su postura el sábado 12 de agosto, en la Asamblea Nacional.

Perfil de Meade

Tras egresar como licenciado en Economía del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), José Antonio Meade Kuribreña desarrolló su carrera profesional en la administración pública, donde ocupó diversos cargos dentro de Banrural, Consar e IPAB, entre otras instituciones. Pero su carrera política comenzó en la administración del  presidente panista Felipe Calderón, donde ocupó la titularidad de las secretarías de Energía y de Hacienda.

El cambio de régimen no le afectó, pues inmediatamente fue convocado por Peña Nieto, quien en el 2012 lo designó secretario de Relaciones Exteriores, cargo en el que se mantuvo hasta el 2015, cuando entró a la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) en sustitución de Rosario Robles.

En septiembre de 2016, finalmente retornó a la titularidad de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, luego de que Luis Videgaray Caso presentó su renuncia al cargo, y desde entonces y a pesar de las agresivas advertencias proteccionistas del nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, para desalentar las inversiones en México, y de las presiones inflacionarias, devaluatorias y del mercado petrolero, el país ha incrementado sus perspectivas de crecimiento, el peso se ha revaluado, el déficit fiscal ha disminuido, el TLC se renegocia sin contratiempos para la exportación, y los mercados financieros preservan su estabilidad.

El semanario Proceso refiere que, durante los últimos años, Meade no sólo ha sido bien visto por los grupos de intereses de Estados Unidos, sino también de México, al ser un tecnócrata hijo de Dionisio Meade y García de León, uno de los priistas creadores del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB) como presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara baja cuando el 12 de diciembre de 1998 el PRI y el PAN convirtieron en deuda pública lo que robaron banqueros y empresarios que financian esos partidos.

Hoy, el mismo Peña Nieto abrió las puertas del PRI para que pueda ser postulado como candidato presidencial, haciendo prácticamente a un lado al resto de ‘suspirantes’, como José Narro, Aurelio Nuño y Miguel Ángel Osorio Chong, todos con grises y pobres resultados dentro de las secretarías de Salud, de Educación y de Gobernación, respectivamente.

 

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