Prometer no empobrece…

Prometer no empobrece…

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Dice un dicho que “prometer no empobrece, sino el dar es lo que aniquila”. Éste se aplica sobre todo a la conducta que sigue la gran mayoría de los políticos en nuestro país, porque cuando andan en la búsqueda de alguna posición o andan en campaña proselitista a todo mundo le prometen algo y a muy pocos es a los que le cumplen, pues siempre encuentran argumentos para evadir los compromisos que adquieren de palabra con seguidores, aliados de ocasión y, lo peor, con los votantes que los llevaron al poder.

Hay compromisos que se asumen y promesas que se hacen cuando los políticos quieren alcanzar algo y necesitan de la gente para lograrlo, que son muy difíciles de cumplir o muy fáciles de tomar por sus enemigos para recriminarles la falta de su cumplimiento.

En política prometer sin precisar el alcance de la promesa, y en campaña no hay tiempo ni ganas de hacer acotamientos, genera expectativas que se tornan difíciles de cumplir en cuando estas se personalizan y quienes se las hicieron no reciben los beneficios esperados. Es entonces cuando el político que era su esperanza del mejoramiento de sus condiciones de vida, profesionales o de posicionamiento en los espacios del poder público, es transformado en todo lo contrario a lo positivo que de él se dijocuando se pensó que sería su salvador.

Hay quien asegura que los peores enemigos son los amigos o los aliados que no ven colmadas sus expectativas personales a costa de quien ellos creen que les debe mucho en su ascenso al poder. Y eso parece estarle pasando al gobernador Carlos Joaquín González con algunos de los detractores de su gobierno.

Cierto es que en la generación de expectativas a sectores amplios de la población, mucho tiene que ver las frases y los eslogan que se usan para promocionar la imagen de un gobernante y de su gobierno. Hay frases y eslogan que son muy pretensiosas por todo lo que abarcan, por lo que prometen a la sociedad y comprometen al político o gobierno que las asume; son difíciles de cumplir y muy fáciles de usar para la descalificación y el descrédito por las adversarios.

En Quintana Roo el primer gobernador que enarboló un eslogan de esa naturaleza fue Joaquín Hendricks Díaz con la frase “Honestidad y compromiso”. Frase que lo obligada a no sembrar la mínima duda sobre la pulcritud con que debería conducirse su gobierno, sobre todo por el significado de la primer palabra de lo que era también una promesa a los quintanarroenses.

Y así le fue con la opinión pública apenas y se dieron a conocer los primeros escándalos de corrupción en su gobierno cuando apenas comenzaba. Igual le fue con los villanuevistas a los que no les cumplió las expectativas que les generó cuando siendo precandidato lo hicieron candidato en contra de la línea presidencial que apuntaba hacia la entonces diputada federal Addy Joaquín Coldwell, que había sido destapada como la aspirante oficial por Mario Villanueva Madrid, quien gobernaba en ese septiembre de 1998.

Hoy le está pasando al gobernador Carlos Joaquín González y a su gobierno, que todavía para muchos de sus detractores no alcanza a ser “del cambio”; esto ha sido así para los que no estuvieron con él en la campaña ni le dieron su voto el 6 de junio del año pasado; sin embargo ahora se deja sentir ante la opinión pública más decepción y encono en quienes creyeron que obtendrían mucho más de lo que recibieron de su gobierno apenas en su arranque.

Independientemente de las fallas, los excesos, la falta de cohesión en el equipo de gobierno, el poco tiempo que se lleva gobernando, las dificultades económicas, de orden administrativo, legales y políticas, el cambio de un gobierno es muy difícil que se sienta entre la sociedad en el corto plazo. Sin embargo, para los detractores en que se han convertido los aliados de ayer, el cambio no llegó con la celeridad que esperaban a sus negocios o a sus bolsillos y eso los desesperó como desesperaron cuando el anterior gobierno les dejó de pagar las rentas o los eliminó de las listas de raya extraoficiales, por lo que corrieron de inmediato a subirse a la nave del cambio que hoy abominan.

El cambio se entiende que debe ser gradual y seguramente se hará sentir con el tiempo si éste es genuino y no sólo eslogan politiquero. Cierto, se han señalado abusos, excesos, pero sobre todo se observa entre muchos de los integrantes del gabinete estatal y ampliado falta de compromiso, de convicción con el cambio prometido por el gobernador Carlos Joaquín González, quien al menos en actitud sí ha sido muy notorio el suyo con respecto a la que tenía frente a la sociedad su antecesor.

Y ese cambio de actitud en el Gobernador del Estado, alienta la expectativa de que las cosas cambien para bien en su gobierno. Y no se necesita mucho para lograrlo si la convicción es real y fuerte…

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