“Que México sea una potencia”

“Que México sea una potencia”

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Es de una obviedad obscena populista, insultante y sin duda pueril  la frase con la que Meade arranca su precandidatura al pri.Obediente lacayo de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, no tendría por qué erigirse como un verdadero estadista. Le bastan obediencia y tecnicismos.

                Veinte años de carrera ininterrumpida en los gobiernos federales tanto de priistas como de panistas, confirman el acercamiento ideológico de estos dos partidos y el servilismo del ungido a los intereses del gran capital gringo y nacional.

                Con él se cumplirían 36 años de un solo gobierno entreguista, depredador y antimexicano.

                “Que México sea una potencia” nos habla ya de los mismos planes y acciones que tuvieron sus jefes para que las riquezas de nuestro país fueran subastadas, para que pocos se adueñaran de ellas y creciera la indigencia, la marginación y la violencia.

                El México que él siente, que él conoce está metido en innumerables gavetas de la burocracia de angora, de las altas esferas que cobran sólidos millones en jugosos negocios y que, incluso, no son sensibles a la pobreza porque no la reconocen, no la ven.

                Su paso como Secretario de Hacienda –dos veces-, Desarrollo Social, Energía, Financiera Rural y Banco Nacional de Crédito Rural, entre otras dependencias, nos habla de una escuela liberal bien aprendida, en donde el ‘dejar hacer, dejar pasar’ de sus jefes lo alinearon como fiel cachorro del pri y del pan.

                Este debe ser el verdadero precandidato de los dos partidos y lo vamos a constatar en el voto duro de ambos partidos.La estrategia es clara: Ochoa, el madreador, seguirá desprestigiando a López, el Verde y otras rémoras se unirán jubilosos a Meade, en tanto que el Frente Ciudadano se desvanece por su propia ligereza.

                Y el cachorro ataca: “AMLO y Anaya, con hambre de poder”. Por un lado le sigue el discurso a Ochoa, y por el otro ataca al panista sabedor de que muchos empresarios ligados al pan, y panistas como Javier Lozano o Ernesto Cordero, lo prefieren.

Y, seremos testigos delvulgar proselitismoque harán Córdoba, su INE, el Tribunal electoral, las hordas veleidosas y amañadas, los voraces de poder,los neo-Borges y neo-Duartes, alabando las bondades y el amor sin condiciones del mejor de todos los mexicanos.

                Se define como ‘gladiador, al que sólo le preocupa su país’. Tal vez, en los fondos oscuros de su cerebro se visualiza como como un dorado combatiente que saldrá a defender a sus amos en contra de enemigos y  leones. Las lucha se dará en un coliseo llamado México.

                “Háganme suyo”, clama el apartidista Meade a los cuatro vientos: el pri, el pan, los sectores controlados por antonomasia y al despistado elector. Le será fácil aplicar la operación cicatriz para lograr la unidad de los priistas y es que, aunque él no sea su cófrade, es mejor amarlo.

Priista químicamente puro, utiliza la demagogia en sus discursos, toma ventaja del tema y no responde a cuestionamientos. Le piden su opinión sobre el malestar ciudadano, y dice “hay que abrir las puertas, las ventanas, que la gente se acerque…, que el simpatizante pida apoyo con humildad, busque a los sectores, busque a las organizaciones…, hacer equipo…”

¿Abrirse para que el simpatizante se acerque y pida apoyo con humildad? No es solamente un despropósito, el clasismo es un cadáver en el closet, aunque él diga que no tiene ninguno.

Otro cadáver que ya comienza a apestarle es este despropósito populista y demagógico: “México tiene una deuda con el pri”, “el partido siempre ha sabido anteponer los intereses del país, por lo que le debe mucho”.

Y alaba al partido que ha causado la pobreza, el hambre y la marginación de más de la mitad de los mexicanos: “No hay una sola institución del país que no se haya construido con el voto del pri”. También el narcotráfico se construyó a la sombra y con el cobijo del pri.

                Su gran contrincante seráLópez, pero él está seguro de sus credenciales, de sus habilidades, sobre todo de las bendiciones y alabanzas que le han prodigado sus amos y procónsules en lo que él adivina que será la conquista de su propia Roma.

                Pero primero tendrá que vencer y convencer al campesinado mexicano, que no lo quiere por traicionero, “perjudicó a pequeños productores y benefició a grandes empresas”, dicen los hombres y mujeres del campo y prometen cinco millones de votos para AMLO.

                Otra empresa, tal vez la más delicada y grave a la que deberá enfrentarse en campaña y como presidente, si los cochupos le favorecen, será cuidar, limpiar, restaurar y proteger, como buen priista hijo del dedazo, a su amigo Enrique.

                Entonces José Antonio Meade Kubreña, será Kubrepeña.

 

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