Resignaciones o acciones

Resignaciones o acciones

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  • Cuál es el gobierno que nos merecemos

Por Lilia Arellano

Durante muchos años me negué a aceptar esa conocida frase: “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Creía sincera y fielmente que los mexicanos no merecíamos lo que nos ocurría con los mandatos a partir del de José López Portillo y sus promesas de abundancia con la explotación petrolera y de los movimientos en la banca que comenzaron el declive de todos los créditos que se otorgaban con muy bajos intereses, amén del gran endeudamiento que desde entonces arrastramos

Pero -siempre hay un pero- al paso del tiempo y siendo testigo de la pasividad con la que los ciudadanos aceptamos todas las medidas que impone el gobierno, no me queda más que reconocer que, en efecto, somos totalmente responsables de todos esos males de los que nos quejamos permanentemente pero de los que nada hacemos para remediarlos, ni siquiera protestar abiertamente, mucho menos exigir su extinción.

Todos, prácticamente sin excepción, sabemos, estamos conscientes, de que el más grave daño que sufre el país es la corrupción. Esa práctica nos ha llevado al caos en la inmensa mayoría de los terrenos. La han venido practicando hasta en las acciones diarias más elementales, y así va desde la recoja de basura hasta los grandes y jugosos contratos petroleros, o los de producción y distribución de la energía eléctrica, sin excluir los acuerdos con los contratos colectivos de trabajo o la venta de empresas a las cuales les son exentados impuestos y deudas como en el caso del periódico Excélsior, o la operación en la venta de Banamex que no le produjo un céntimo de tributo al Estado, o el cierre de Mexicana de Aviación o la desaparición de la Compañía de Luz o cualquiera de todas esas empresas paraestatales que permitieron que en el país se cuente con el hombre más rico del mundo, con Carlos Slim y su Teléfonos de México.

Nos implantaron un IVA y se aceptó, lo incrementaron y se aceptó; lo llevaron a los servicios como la luz, el teléfono y otros servicios provenientes de empresas del Estado, y no hubo mayores protestas. Pero igual dejaron de controlar los precios de la canasta básica, de los alimentos, y nadie dijo nada. Mensualmente nos elevan el precio de la gasolina y solamente ponemos una carota frente a la gasolinera pero mansamente aceptamos que se importe el combustible cuya materia prima se produce en nuestra propia tierra. Ni qué decir de la disminución del poder adquisitivo, de lo que ya cuesta un kilo de carne o de pollo, o el precio de los frijoles o el aceite. Se dejan de consumir muchos productos porque ya es un lujo llevarlos a la mesa pero no hay quien salga con sus cacerolas a exigirle al gobierno ponerle un freno a las utilidades multimillonarias de los intermediarios, de los que compran en siembra, de los que importan granos y carnes.

Nos espantamos de que Peña Nieto no tenga cultura pero no hemos exigido que quienes aspiran a gobernar tengan un proyecto educativo y cultural serio y que se ejecute. Hasta ahora ninguno de los cuatro aspirantes ha dicho media palabra sobre el terreno cultural, cuando nuestro país es rico en esa materia. Escuchamos los anuncios en los que se promueve doña Josefina Vázquez Mota, que hablan de gobernar con faldas pero con los pantalones bien puestos, haciendo gala de un machismo que a estas alturas es francamente ridículo. O sabemos que al mexiquense le gusta como cantan en Veracruz y se vive Yucatán, y todo lo dice muy sonriente cuando lo que debiera exigirse es que hable de la recuperación de las zonas ganaderas veracruzanas, de ese terreno que les permitía ocupar un magnífico lugar en la exportación de café; cuando en tierras yucatecas se contaba con el mejor henequén del mundo y que ésta es una fibra que en el presente tenemos que importar.

Es mucho más fácil criticar cuáles cuentan con producción televisiva y radiofónica de primera, la diferencia entre unos publicistas y otros, la iluminación, lo que se dice en esos tonos que todo revelan menos autenticidad. Pocos, muy pocos, hablan de lo generalizado que están, de que no proponen nada que garantice que vendrán tiempos mejores y de cambio real. Hablan de la seguridad y sólo la centran en dormir tranquilos en casas que no sean asaltadas, en caminar por las calles con la certeza de que nada malo va a ocurrir, y dejan atrás la seguridad patrimonial, la de la vida digna, la de las políticas públicas, la de contar con servicios de salud, con enseñanza de nivel, con competitividad, con empleo. Esa es la seguridad. Ellos no hablan pero nosotros también callamos.

Recuerdo perfectamente las críticas generadas a raíz del nombramiento de la nueva rectora de la UQROO; mucho se dijo de su poca preparación para ejercer un cargo de esa naturaleza y se recordó su pasado. Pero tales observaciones se hicieron en las mesas de los restaurantes y uno que otro tundemáquinas se atrevió a llevarlas al dominio público; pero en el centro y dentro de esa máxima casa de estudios de Quintana Roo, los catedráticos se abstuvieron de opinar, de protestar, de hacer valer muchos renglones que hablan de su propia representación a nivel nacional. Ni siquiera quien acababa de recibir su nombramiento para formar parte de la Academia Mexicana de la Lengua dijo esta boca es mía. Los estudiantes, menos.

Y ese es sólo un ejemplo más de esta pasividad con la que vamos aceptando todo lo que nos rodea. En el presente y como medida para lograr adeptos, los de Hacienda Federal ya mandaron su criterio para la elaboración de los presupuestos a ejercer el año próximo y revelan que crecerá hasta 3.8 billones de pesos; la pregunta que deberíamos hacernos de inmediato es de dónde intentan obtener esa cifra. Porque lo que podemos esperar es un aumento a los impuestos, mayor endeudamiento y con ello hundir al país un poco más. Tales cálculos deben contemplar, seguramente, lo que habrá de seguirse pagando por todas las importaciones, las de gasolina, de maíz, de leche, de textiles, de carnes -de res, de cerdo, de pollo-, de pescados y mariscos, y de todo aquello que aquí mismo producíamos y que incluso se exportaba.

En estos nuevos criterios señalan un crecimiento del 3.8 por ciento y revelan un déficit del 2 por ciento en el PIB. Con ello buscan enviar a la clase poderosa la certidumbre de continuidad. Seguramente algunos la seguirán o hasta se darán el lujo de aumentarla, como es el caso del “profesor memeloski”, el candidato del partido ANAL, quien ni tardo ni perezoso apoya el IVA a los alimentos y a las medicinas. Otros como el mexiquense van por el apoyo al programa OPORTUNIDADES, cuya creación es totalmente del tricolor pero que se significa por la entrega de dádivas en lugar de luchar por políticas públicas que le garanticen a los ciudadanos una vejez digna o que lleven la tecnificación al campo y la organización suficiente para volverlo productivo.

Si vamos a seguir callando será mejor aceptar que lo que caiga es lo que nos merecemos, y para los de la práctica del voto útil el engaño será la recompensa, y aquellos que nulifiquen su voto ya encontrarán el respaldo en la corrupción galopante, y si se abstiene… aguántese.

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