Retirar al ejército de las calles ahora, cuando mejor funciona y cuando...

Retirar al ejército de las calles ahora, cuando mejor funciona y cuando es lo único que funciona

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SERÍA UNA ESTUPIDEZ, DICEN ANALISTAS ESTADOUNIDENSES

El reciente descubrimiento de más de 26 cadáveres en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, considerada una de las ciudades más seguras del país, alimentó los reclamos de quienes exigen el retiro del Ejército del combate contra el crimen organizado, como si fuese el Ejército el culpable de la violencia criminal en el país. Especialistas estadounidenses, por el contrario, advierten que sacar a las Fuerzas Armadas de las calles sería un grave error, pues las tácticas militares son las únicas que pueden hacer frente a los sicarios y narcotraficantes cada vez más violentos. Lo que se debiera hacer, dicen, es modernizar y depurar las corporaciones policiacas y los sistemas de Justicia locales, incompetentes e infiltrados por el crimen organizado.

Sí: el espectáculo de decenas de cadáveres en la calle produce la sensación de que la guerra contra el narco es un fracaso y de que mientras más se ataca a los sicarios su capacidad de fuego crece. Pero el caso es que esas noticias espeluznantes son más infrecuentes, del mismo modo que lo son las balaceras que eran el pan de cada día en todos los Estados del norte, así como en Veracruz, Hidalgo, Guerrero y Tabasco. No hay duda de que Los Zetas y las organizaciones más violentas han sido diezmados y de que la tropa ha ido recuperando territorios dominados por el hampa. También es cierto que mantener el control institucional en esas zonas depende del compromiso de renovación policial –y de los sistemas locales de Justicia- de los gobernadores y los alcaldes. De manera sobresaliente han bajado las operaciones criminales en Chihuahua, Sinaloa, Zacatecas, Durango, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz, Hidalgo, Guerrero y Tabasco, y se han fortalecido las estrategias contra la impunidad y la capacidad de respuesta contra el delito. El narco sabe hoy día que tiene menos libertad de acción, y que si ataca será atacado. La actividad de inteligencia está mejor coordinada y está dando mejores resultados, como ha ocurrido con el desmantelamiento de las redes de comunicación de los cárteles que han asolado la región del Golfo. Los organismos de seguridad estadounidenses que participan en la campaña anticrimen en México saben que interrumpir en este momento la estrategia, cuando mejor funciona, es absurdo. Y que lo exijan los grupos civilistas es una soberana estupidez.

El pasado jueves 24 de noviembre 26 cadáveres fueron abandonados en una de las principales avenidas de la ciudad de Guadalajara. Según los informes preliminares, “los cadáveres tenían pintado en el torso leyendas alusivas al cartel de Los Zetas y presentaban señales de tortura”.

Según las autoridades, se trató de una pugna entre delincuentes. De inmediato organizaciones civiles defensoras de derechos humanos, líderes de opinión, dirigentes empresariales y opositores al Gobierno federal acusaron que la matanza en Guadalajara, considerada la ciudad más “mexicana” y de las más seguras del país, demuestra que ningún rincón de la República escapa de la violencia que padecen otras ciudades de México por el combate que se mantiene en contra del narcotráfico.

Dante Haro, investigador de la Universidad de Guadalajara, declaró a un diario local el 28 de noviembre que en Guadalajara “existían acuerdos tácitos entre los grupo delincuenciales para mantener la ciudad tranquila. Sus familias vivían aquí, los hijos de los líderes iban a las mejores universidades… Pero esos códigos ya se rompieron”, cuenta.

Y junto con otros “pensadores” del país, opinó que la única manera de disminuir los altos índices de inseguridad y de violencia en el país es retirando al Ejército de las calles.

Pero de acuerdo con analistas estadounidenses como, Wayne S. Smith, Noam Chomsky y William Blum, exfuncionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos y de la CIA, el Ejército Mexicano no debe regresar a los cuarteles sino mantenerse en las calles hasta en tanto el país no cuente con policías preparados, profesionales y honestos.

“Retirarlo [al Ejército] sería un grave error porque México tiene ciudades y Estados completos con serios problemas de inseguridad, y las Fuerzas Armadas han demostrado eficacia para combatir al crimen organizado de la cual carecen las corporaciones policiacas locales”, dijo Wayne S. Smith, exjefe de investigaciones sobre organizaciones criminales transnacionales, una división de la CIA, en entrevista con The New York Times el pasado 29 de noviembre.

William Blum, un exfuncionario de alto rango del Departamento de Estado durante el régimen de George Bush padre, explicó por su parte a The Washington Post el 27 de noviembre que el Ejército Mexicano es imprescindible para la lucha contra el crimen organizado porque hasta ahora se ha librado de la corrupción que se ha infiltrado en las Policías locales.

Una respuesta agresiva para criminales violentos

De acuerdo con los principales medios nacionales, Guadalajara es la ciudad donde se podría desarrollar el próximo frente entre dos poderosas organizaciones antes del fin de 2011. Según la edición del 26 de noviembre de El Universal, “Los Zetas ya están poniendo a prueba a grupos encargados de proteger las inversiones de El Chapo en el Estado y en la ciudad donde su organización ha dominado durante décadas”.

Sn embargo, Pablo Moloeznik, investigador y experto en seguridad de la Universidad de Georgetown, dice que la aparición de los 26 cadáveres en Guadalajara “es algo excepcional. Jalisco y en general la zona metropolitana de Guadalajara es relativamente tranquila, sobre todo si la comparamos con algunos otros focos rojos en la República Mexicana”, dijo en entrevista con CNN News el 29 de noviembre.

Cuando fue cuestionado sobre si la presencia del Ejército en las calles es el factor que ha incrementado la violencia en los Estados del país, Moloeznik respondió que “al contrario de lo que opinan algunas organizaciones civiles de defensa a los derechos humanos y los partidos de oposición al Gobierno federal, las Fuerzas Armadas han logrado instaurar el orden y la seguridad en aquellos Estados donde han sido desplegadas.

Citó como ejemplo Chihuahua, donde los índices de inseguridad y violencia relacionados con el crimen organizado han disminuido hasta un 17 por ciento. En Veracruz, luego de la aparición en meses pasados de decenas de ejecutados, el Ejército “llegó e impuso el orden”. En Tamaulipas hicieron lo mismo y bajaron hasta la mitad los índices delictivos.

De hecho, el cónsul general de Estados Unidos en Matamoros, Michael Barkin, entrevistado en el marco del Primer Informe del gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre Cantú, había declarado que “con la llegada de los militares a las calles de las principales ciudades del Estado ha mejorado la seguridad, y ellos están enfrentando a los grupos que realmente dañan el tejido social aquí en Tamaulipas”.

Noam Chomsky, especialista en temas de seguridad y asesor del Departamento de Estado, declaró a CNN News el 27 de noviembre pasado que las agresivas bandas de narcotraficantes aumentaron su actividad criminal con otros tipos de delitos en el territorio nacional, entre estos el asesinato, el narcomenudeo, la extorsión, el secuestro, la trata de personas y el robo.

“Por esta causa también se intensificaron las luchas sangrientas entre esos grupos para controlar los territorios, con numerosos pasajes de matanzas entre ellos, en las cuales también resultaron víctimas muchas personas ajenas”, dijo, y aclaró que ante este embate de transgresiones a la ley y de violencia, el Gobierno incrementó apreciablemente el combate contra los grupos criminales y sumó a éste nuevas fuerzas y acciones.

Efectivos del Ejército, de la Marina y de la Policía Federal ampliaron su presencia en los Estados más críticos. Como parte de esas operaciones se incluyeron en octubre las denominadas Veracruz Seguro, Guerrero Seguro y la Comarca Lagunera Segura.

Dice Chomsky: “El Ejército llega a un determinado territorio, se despliega y combate al crimen organizado con tácticas de guerra, es cierto, pero que son necesarias para combatir a organizaciones criminales cada vez más violentas.

El problema es qué sucede después: el Gobierno federal enfrenta el dilema de retirar al Ejército o a la Marina de un determinado territorio y enviarlo a otro, puesto que las Policías locales son tan ineficiente y corruptas que no pasa mucho tiempo y los criminales vuelven a recuperar la plaza”.

Criminales con impunidad garantizada: el verdadero problema

Por su parte, José Cosgalla, de la Universidad Nacional Autónoma de México, había declarado a  La Jornada el 22 de noviembre pasado que para México la mayor amenaza del crimen organizado no es la extrema violencia, sino la presencia creciente en sus filas de jóvenes y niños.

“Según las cifras oficiales, de los 36 millones 200 mil jóvenes mexicanos de 12 a 29 años de edad, 7 millones 819 mil ni tienen empleo ni asisten a la escuela. Esos muchachos, llamados “Ninis” (ni trabajan ni estudian), que mayoritariamente viven en la pobreza, están constantemente bajo la tentación de ingresar en algunas de las bandas criminales, las cuales promueven beneficios económicos entre ellos.

Cosgalla afirmó que de acuerdo con un documento de la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados, divulgado en junio, por lo menos 23 mil jóvenes han sido reclutados por las organizaciones criminales.

“En este periodo, a modo de ejemplos, se conoció la detención de Beto, quien con menos de 17 años de edad ya asesinó a 18 personas; así como de una niña de 13 que era halcón [vigilante] de Los Zetas. De seguir así… la progresión de la delincuencia podrá llegar a alcanzar niveles que la hagan ya indetenible, ya que gracias a la Ley General de Justicia para Adolescentes ningún niño puede pisar la cárcel. Están creándose criminales con impunidad garantizada.

No importa cuantas veces mandes al Ejército a combatir a estos niños sicarios, si de inmediato son liberados por los caprichos de una ley que no fue concebida para la realidad del México de hoy. Entonces el problema no es tener al Ejército en las calles, sino que las leyes, el aparato de justicia y las corporaciones policiacas no funcionan”, puntualizó.

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