Rusia-China: sumar y ganar

Rusia-China: sumar y ganar

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Al término de la Segunda Guerra Mundial en 1945, se dio la confrontación entre Estados Unidos y Rusia, que se convirtió en la Unión Soviética con el fin de intervenir y dominar a los países de Europa Central y otros vecinos para reducir el poder casi ilimitado de Estados Unidos.

 Una vez aliados, sus intereses imperialistas los separó y comenzó lo que el mundo conoció como la Guerra Fría.

                Fue un enfrentamiento político, económico, social, militar, en el que incluso la ciencia se vio involucrada en la competencia por el espacio exterior. Ambas potencias querían imponer su modelo económico-político a los demás países del orbe.

                Este período se dio entre 1945-1947 hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. En este marco se dieron, entre otros conflictos bélicos, la guerra de Corea, la revolución cubana, la guerra de Vietnam o la guerra del Golfo Pérsico.

La Unión Soviética no pudo sostener económica ni militarmente a sus supuestos aliados de la Europa central y tampoco a las naciones musulmanas bajo su poder.

                Retiró a sus ejércitos de aquellos países y dejó de llamarse Unión Soviética para convertirse otra vez en Rusia.

                Las tensiones han seguido a lo largo de la historia, por lo que podríamos pensar en una paz fría. Rusia ha variado su modelo económico, se ha abierto a los mercados mundiales, ha preferido seguir su hegemonía comercial en vez de militar bajo la férrea guía de Putin.

                En este concierto de las dos potencias económicas y militares se asoma China, que salió de la pobreza hasta convertirse en un temido líder económico en pocas décadas.

                Después de diversas controversias por los límites entre Rusia y China, llegaron a un acuerdo en el 2001 –reconocido por ambas partes- y se firmaron tratados para afianzar las relaciones.

Comparten más de 4,250 kilómetros de frontera en la que se da un intenso intercambio de mercancías y productos, entre los que destacan hidrocarburos, armas y alimentos.

                Han podido desarrollar relaciones estables. La base de su cooperación descansa sin duda en su oposición a la política intervencionista de Estados Unidos, que se ha recrudecido a partir de la presidencia de Trump.

                Para 1944 casi al término de la Guerra, las Naciones Unidas llevaron a cabo los Acuerdos de Bretton Woods en Estados Unidos. Ahí se acataron las resoluciones monetarias y financieras entre los países más desarrollados que consideraban el libre intercambio de mercancías y bienes como la vía para llegar a una paz verdadera.

                También se crearon el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para ayudar con préstamos a las naciones pobres, lo que provocó mayor endeudamiento y pobreza de los pobres y riqueza de los ricos.

                En esos Acuerdos se decidió tomar al dólar como moneda de referencia internacional.

                Estas medidas económicas ensancharon el poderío norteamericano durante la segunda mitad del siglo pasado.

                Este poderío ha provocado innumerables reacciones contrarias. Una de las más recientes es sorprendente debido a que los resultados podrían reordenar la economía del mundo y quitarle poder e influencia al imperio yanqui.

                Dimitri Medvédev, primer ministro ruso señaló la semana pasada al diario South China Morning Post: “Ninguna moneda debe dominar el mercado, ya que esto nos hace a todos dependientes de la situación económica en el país que emite esta moneda de reserva”.

                Ambas naciones han reducido la dependencia con respecto al dólar al realizar  transacciones comerciales bilaterales con el rublo y el yuan, que son las monedas propias.

                El intercambio comercial entre ellos ha crecido 30% de enero a septiembre del año pasado lo que representa 77 mil millones de dólares.

                Con esta medida que libera sus monedas del yugo norteamericano, esperan que el comercio entre ambas alcance 100 mil millones antes de 2019 y llegue a los 200 mil millones en 2024.

De esta manera evitarían las sanciones financieras que Estados Unidos ha impuesto a países que deberían ser, en teoría, sus aliados comerciales.

Por ejemplo, el Departamento del Tesoro, los demócratas y muchos millones de dólares en negociaciones y campañas legales, han presionado a la administración Trump para que levante las sanciones al imperio industrial del aluminio de Oleg Deripaska, amigo cercano de Putin y oligarca de mayor influencia en Moscú.

El miércoles pasado consiguieron quitar dichas sanciones.

Y también consiguieron debilitar al voraz Trump quien sigue siendo investigado por sus nexos con Rusia para ganar la presidencia.

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