Solidez mexicana

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No es solamente la tradición de las relaciones internacionales mexicanas, expresadas a través de la Doctrina Estrada, la que imprime México ante la problemática actual venezolana.

                Lo de menos es que a López Obrador le caiga bien o mal aquel presidente o que lleven una cordial relación diplomática las dos cancillerías o, incluso, que exista similitud en los aires políticos de ambos gobiernos.

                Lo que marca la postura mexicana ante este y cualquier otro conflicto internacional es el frente que debe tener nuestro país delante del gobierno republicano de Estados Unidos.

                México, como ningún otro país del mundo, ha tenido una relación muy compleja con Estados Unidos. Nos han invadido, nos han quitado una gran parte de nuestro territorio, nos han obligado a firmar Tratados históricos que siempre nos han perjudicado, nos han hecho una guerra armada, nos han quitado nuestros recursos naturales.

                Aunque el gobierno de Peña Nieto suscribió la Declaración de Lima en agosto del 2017, el gobierno actual decidió abstenerse de firmar una posterior declaración del Grupo de Lima que “no reconoce la legitimidad de un nuevo período presidencial del régimen de Maduro que iniciará el 10 de enero de 2019”.

                La declaración lo insta a “no asumir la presidencia” y a “que respete las atribuciones de la Asamblea y le transfiera provisionalmente el poder Ejecutivo hasta que se realicen nuevas elecciones”.

                AMLO tampoco hizo caso del llamado del presidente español Pedro Sánchez –a pesar de la buena sintonía entre ellos- para formar parte del grupo mediador que apoya un gobierno interino.

                La presión crece en contra del gobierno venezolano. Al Grupo de Lima se han sumado otros como Estados Unidos, Canadá, la debilucha OEA o la Unión Europea que apoyan una presidencia interina.

                El Consejo de Seguridad de la ONU se ha dividido en la búsqueda de una solución. Rusia, China Sudáfrica, Bolivia y Cuba, entre muchos otros, apoyan a Maduro.

                Uruguay y México quieren una solución negociada entre el presidente actualyJuan Guaidó,presidente de la Asamblea Nacional y posible presidente interino.

                La postura mexicana defiende, más allá del conflicto, un principio de soberanía nacional ante el embate de Estados Unidos en “su patio trasero”. Soberanía mexicana.

                Especialmente si el trance se profundiza a partir de los vastos recursos naturales de una región subdesarrollada y la codicia de los poderosos por apropiarse de esos patrimonios.

                Los antecedentes no dejan lugar a dudas. Irak, Libia, Siria son claros ejemplos de esa riqueza mineral oriunda y de la intervención del imperio para hacerla suya a cualquier costo.

                México continua siendo parte del Grupo de Lima, sin embargo, prefiere mantener abiertos sus canales diplomáticos con Caracas para ayudar a encontrar una solución negociada a la crisis venezolana.

                El gobierno de López Obrador ve como una alineación –y alienación- sumarse a los reclamos del Grupo de Lima en el que están Brasil, Argentina, Ecuador, Perú y Colombia entre otras naciones latinoamericanas.

                Países, todos estos, que comparten una visión política y económica con Estados Unidos. Gobiernos de derecha sumisos al intervencionismo de Trump y que creen en el neoliberalismo como herramienta económica.

 El caso de Colombia y Venezuela es especialmente complicado debido a su vecindad y a los tumbos y roces que se han dado a lo largo de la historia que comparten. Amén del enorme problema que representa para Colombia tener a más de un millón de venezolanos que han huido de la crisis.

Maduro no había enfrentado antes una oposición tan unida internamente y tan fortalecida por otros países. La última movilización contó con todos los sectores sociales y económicos del país, movidos por un discurso diferente.

Guaidó promete no regresar a la era pre-Chávez, dominada por una élite millonaria, época caracterizada por la desigualdad social y el colapso económico. Lo mismo que todos prometen.

Por eso México, debe seguir firme en su camino de no intervención y por encima de todo, del rescate de nuestra perdida soberanía.

México debe tratar cualquier conflicto internacional como el de Venezuela, siempre a través del crisol llamado Estados Unidos.

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