Tecnología y colapso.

Tecnología y colapso.

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Estados Unidos junto con China son los países que más emisiones contaminantes liberan en la atmósfera. Estos compuestos, mayormente dióxido de carbono han creado múltiples problemas  como enfermedades, arrecifes devastados o extinción acelerada de diversas especies.

Otro de los graves problemas que genera la contaminación ambiental es el alza de la temperatura que traería sequías, huracanes de mayor intensidad, cambio en los ciclos agrícolas, deforestación, movilización de enormes masas de personas buscando agua y comida y otros.

Mientras China se ha comprometido a respetar los acuerdos firmados en Paris en 2012 para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el soberbio Trump rehusó seguir su obligación con las demás naciones.

Muchos gobernadores, empresarios, científicos y líderes de opinión norteamericanos reaccionaron en contra de tal despropósito y  expresaron su compromiso de seguir adelante con los cambios en la industria y las empresas en general para lograr las metas del acuerdo de París.

Entre estos acuerdos está el de reducir dichos gases que producen las grandes industrias para mantener la temperatura global en los números actuales ya que si el termómetro sube dos grados centígrados, el mundo podría enfrentar la devastación general.

A lo largo de la historia de la humanidad, las civilizaciones han sucumbido a los efectos del cambio climático. Existe una correlación entre el declive de las civilizaciones más antiguas y los cambios en los patrones climáticos.

Para muestra, la extinción de la civilización maya. Debido al agotamiento de las tierras de cultivo, a las grandes sequías y a otros factores ambientales, el pueblo maya debió dispersarse en la selva, abandonar sus centros de vida y adaptarse al cambio.

El problema que actualmente enfrenta la humanidad es mucho más dramático ya que además del evidente cambio climático, padecemos numerosas presiones ambientales, derivadas de un crecimiento exponencial del consumo. Y sus depravaciones.

Los países ricos de la OCDE, que representan el 20% de la población mundial consumen el 86% de bienes y servicios, mientras que el 20% más pobre, sólo consume el 1.3%. Es decir, mil millones de personas pasan hambre diaria y otros mil millones sufren desnutrición crónica.

                Para poder entender la complejidad de la sociedad actual que consume desmedidamente, el antropólogo Joseph Tainter ha expuesto suTeoría del Colapso. Las sociedades pueden entenderse en términos de flujos de energía. Si una sociedad descubre una nueva fuente de energía, crecerá en tamaño y complejidad como resultado de la explotación de dicha fuente de energía.

Esta fuente de energía es variable, puede resultar de la aplicación de una nueva tecnología, por ejemplo, el método ‘roza, tumba, quema’ que utilizaron los mayas para cultivar o puede ser el excedente de mano de obra esclavizada que usaron los romanos.

A medida que una civilización se vuelve más compleja, necesita cada vez más energía para mantener su crecimiento. Muchos años de buenas cosechas dieron grandeza al pueblo maya y el Imperio Romano se volvió el más grande de su época.

Pero, inevitablemente, los costos de ese crecimiento son enormes: cada vez se consumen más recursos y los rendimientos son cada vez más escasos. A medida que la sociedad se vuelve más compleja es más difícil mantenerse en los mismos niveles de prosperidad.

“De continuar con esta tendencia, el colapso se convierte en una cuestión de probabilidad matemática”, concluye Tainter.

La devastación de los suelos mayas y la administración del Imperio Romano enfrentaron su decaimiento y muerte. Nuestra civilización enfrenta un impacto mundial por el aumento en las emisiones de carbono.

Todos los grupos humanos han intentado la búsqueda de soluciones a corto plazo, de aquí surgieron problemas insalvables para las generaciones futuras. Nosotros estamos haciendo lo mismo.

Los retos son enormes para la humanidad. La raza humana continuará aunque la civilización colapse, pero estos descendientes vivirán en unas condiciones tan extremas que quizás se repita la historia. Pequeñas élites todopoderosas tendrán que servirse de esclavos humanos como fuentes de energía.

Una vez más, hay quienes apuestan todo a la tecnología, la cual será la herramienta, será la nueva fuente de energía que nos salvará de la extinción y del sufrimiento. Y una vez más, debemos replantearnos que las soluciones basadas únicamente en la tecnología tienden a olvidar problemas estructurales más profundos.

Es probable que la tecnología nos conduzca a una brecha aún mayor entre los pocos ricos y los muchos en miseria.

 

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