Trump y el lodazal

Trump y el lodazal

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El descrédito internacional es algo que lo tiene sin cuidado. Goza de un poder casi ilimitado entre sus pares, es líder de las agresiones internacionales en contra de las naciones pobres y su país sigue siendo referente del capital en el mundo occidental.

                La historia de su presidencia ha sido turbulenta, ha sabido llamar la atención a partir de una profunda antipatía y desprecio lanzados por el mundo para generar miedo. Su gestión ha sido cuidadosamente exagerada en reacciones, berrinches y aspavientos que le han atraído las miradas del mundo.

                Manejar las redes para difamar, insultar, regañar adversarios y correligionarios. Cortinas de humo que esconden las verdaderas ambiciones y codicias que pueden afectar al gobierno de los Estados Unidos y en general, al mundo entero.

                Sin embargo, al contrario de lo que supone, no es todopoderoso y sus decisiones comienzan a complicar su presidencia y la marcha del país.

                Días después de haber despedido a James A. Comey como director del FBI, que es la Agencia Federal de Investigaciones, en mayo del 2017, las sospechas empezaron a rodearlo. Los oficiales encargados de aplicar la ley, han estado preocupados por su comportamiento.

                Razón por la cual, comenzaron a investigar si había colaborado en favor de Rusia y en contra de los intereses de Estados Unidos.

La investigación trajo implicaciones explosivas.

                Agentes de contrainteligencia han tenido que considerar si las acciones del presidente constituyen una posible amenaza para la seguridad nacional. La pregunta que se plantean es:¿ha trabajado de manera consciente para los rusos o ha caído inconscientemente bajo la influencia del gobierno ruso?

                Pero el problema para el residente de la Casa Blanca no termina ahí. La investigación del FBI en su contra tiene también aspectos criminales que han sido del conocimiento público: determinar si el despido de Comey constituye una obstrucción a la justicia.

                Las sospechas son hiedra venenosa que puede atraparlo. Durante la campaña presidencial y días después de haber tomado posesión de la Casa Blanca ya circulaban noticias de sus posibles nexos con Rusia.

                Se han tardado las investigaciones en su contra, en parte porque las mismas autoridades no sabían cómo proceder en un caso de tal magnitud y sensibilidad.

                Si el presidente corrió a Comey para detener la investigación sobre Rusia, la acción tendría que ser materia de seguridad nacional, porque obviamente habría interferido con el trabajo del FBI para saber si Moscú intervino en las elecciones de 2016 y si algún funcionario está involucrado.

                “No solo se trata de obstruir una investigación,  sino del daño que ha causado a nuestra habilidad para entender lo que los rusos han hecho”, señaló James A. Baker, consejero general del FBI hasta 2017.

                Todavía no hay ninguna evidencia pública de que el presidente haya tenido contacto secreto o haya recibido instrucciones de los funcionarios rusos. Los republicanos dicen que si e un año no se ha encontrado nada, es porque no hay nada.

                La decisión de investigar al presidente fue un movimiento agresivo de los funcionarios del FBI, quienes han enfrentado un caos interno después del despido de su jefe y de las agresiones verbales sistemáticas de Trump, quien gritó que se trataba de “una cacería de brujas”.

                Durante una conferencia de prensa en tiempos de campaña, el candidato republicano atrajo la atención del FBI cuando señaló que Rusia había hackeado los correos de su oponente Hilary Clinton. Además se negó a criticar a Rusia y alabó al presidente ruso Vladimir Putin.

                Incluso, el Partido Republicano suavizó su postura hacia Rusia en la crisis con Ucrania.

                Días después del despido de Comey, Trump dijo en una entrevista a la televisión que lo había despedido por el asunto Rusia. “Es un tema inventado por los demócratas”, afirmó.

                A los pocos días, recibió la visita de funcionarios rusos, afirmó “lo despedí porque está loco, es un tarado”.

                Y en el resumen oficial de ese  encuentro señaló “Enfrenté una gran presión debido a Rusia. Me la quité de encima”.

 

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