Un siglo de fraudes

Un siglo de fraudes

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La lógica indica que no debe haber fraude electoral en los próximos comicios.

                Lógica que obedece a la presión ciudadana, de muchos años,  al haber logrado instituciones que protegen al votante, cuando menos en las intenciones de ley y papel.

                Ese monumental fraude del que se habla en la calle, aquel que puede ser maquinado desde el INE y avalado por el Tribunal Electoral, es un fantasma que sigue recorriendo el imaginario como una especie de peste imposible de erradicar.

                Hemos gastado miles de millones de dólares en estas instituciones para borrar la práctica autoritaria del fraude electoral. Y nos dice el gobierno y sus instancias que lo hemos vencido y que es uno de los grandes logros de los mexicanos, incluso reconocido a nivel internacional.

                José Woldenberg, primer presidente de lo que fue el IFE, ha machacado una y otra vez la imposibilidad de un fraude dentro de las instancias oficiales, es decir, el INE. Ha dicho que “pueden producirse irregularidades en una casilla o en un conjunto de casillas, pero un fraude maquinado centralmente es imposible”.

                Córdova cree que es imposible modificar, alterar o maquillar los votos que se depositan en las urnas. Y enumera como objetos de seguridad el padrón electoral, las boletas infalsificables, los elementos de seguridad de las credenciales de elector con fotografía, los listados que contienen no sólo el nombre de los votantes, sino también su rostro, las marcas que se hacen en las credenciales después de votar y en el dedo pulgar del elector con tinta indeleble y las mamparas con cortinilla para asegurar que el elector vote sin que nadie lo observe.

                Ahí está el sorteo de más de un millón de ciudadanos que son los que durante la jornada electoral instalan las casillas, reciben los votos, los cuentan y llenan las actas y los representantes de los partidos que pueden observar todo el proceso desde la instalación hasta la clausura de la casilla.

                Grandes logros, podemos pensar.

                Testarudos, seguimos cavilando en la mano negra, en los sistemas ultra secretos coludidos con la Secretaría de Gobernación, en mecanismos rapaces que siempre han sido utilizados por el PRI, por sus rémoras como el Verde y por el PAN.

Hemos sido testigos de la compra de votos, el robo o cambio de urnas, los regalos por voto en zonas marginadas, la presión de empresarios e industriales a que sus empleados no voten por aquel que les representa una amenaza a sus intereses y otras prácticas corruptas.

El triunfo de Calderón quedará en entredicho. Mil quinientas toneladas de “papel”, boletas resguardadas por el IFE durante siete años (2006-2013) a las que no se pudo tener acceso, eran los únicos documentos que probarían las irregularidades de su triunfo.

En 1994, matan a Luis D. Colosio para que no pueda llegar a la presidencia y, desde el PRI, realizar los cambios estructurales que necesitaba México y que iban en contra del neoliberalismo implantado por de la Madrid y Salinas.

En 1989 muere en situaciones muy oscuras Manuel Clouthier, ex contrincante de Salinas.

Queda en la memoria “la caída del sistema” durante las elecciones de 1988. En el momento que Cárdenas iba ganando el conteo, el presidente de la Comisión Federal Electoral y al mismo tiempo Secretario de Gobernación, (¡Oh, incongruencia!) anunció la saturación de los cómputos y la caída del sistema. Una semana después se daba el triunfo a Salinas de Gortari, por casi 4 millones de votos de ventaja.

En ese momento, según Manuel Bartlett, nació la Mafia del Poder.

En 1958, López Mateos ganó por un amplio margen, sin embargo a su contendiente Luis H. Álvarez, del PAN, no le dieron tiempo aire en la radio y fue encarcelado en una ocasión, durante la campaña, por el delito de ser “candidato de oposición”.

En 1952 Ruiz Cortines llegó a la presidencia con denuncias de fraude por parte de Miguel Enríquez Guzmán postulado por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FPPM).

Ávila Camacho del PRI ganó las elecciones de 1940 a través de un fraude comprobado y la persecución y asesinato de seguidores de su contrincante el general Juan Andrés Almazán.

En 1929, Vasconcelos desconoce el triunfo de Calles y tiene que salir huyendo del país.

Y el gran fraude que generó la Revolución de 1910, cuando Porfirio Díaz se negó a revisar las boletas como lo pedía Madero.

México es un país  con una enorme vocación fraudulenta. Así lo demuestra un siglo entero.

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