Vicente Fox: los desatinos del ‘presidente del cambio’

Vicente Fox: los desatinos del ‘presidente del cambio’

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A principios de la década pasada, Vicente Fox Quesada, un empresario con una corta carrera política en su natal Guanajuato, encabezó el deseo de los electores mexicanos que buscaban un cambio de Gobierno, luego de más de nueve décadas de administraciones priistas que llevaron al país a una fuerte crisis política, social y económica, agravada en los últimos años del sexenio de Ernesto Zedillo por otra fuerte devaluación del peso asociada al célebre ‘error de diciembre’. Con una fuerte campaña de los partidos Acción Nacional y Verde Ecologista de México, así como del grupo de financiamiento denominado “Amigos de Fox”, consiguió el apoyo de jóvenes y empresarios, principalmente, para derrotar en los comicios a los candidatos del PRI y el PRD, Francisco Labastida y Cuauhtémoc Cárdenas, respectivamente. En su administración, en la que mediante funcionarios y políticas salinistas consiguió mantener estable la economía, si bien no hubo mayores cambios positivos en el orden social y de seguridad, y menudearon escándalos de corrupción, como los de los hijos de su esposa Marta Sahagún, no hubiera sido tan censurada si no se hubieran multiplicado sus yerros –a menudo dislates y metidas de pata- en materia de política exterior, un área muy sensible, con la mayor tradición y prestigio institucionales del Estado mexicano. Fox alineó su Gobierno a las exigencias invasoras del entonces presidente George W. Bush, puso a México del lado de los anticastristas de Miami –y provocó de hecho un incidente en la Embajada de México en La Habana, que intentó ser invadida por cubanos alentados por el entonces canciller Jorge Castañeda-, expulsó de la peor manera al entonces presidente cubano Fidel Castro en el contexto de una cumbre internacional en Monterrey, y estuvo a punto de romper relaciones con la Venezuela de Hugo Chávez, a quien acusó de injerencista en los procesos electorales mexicanos. En la última de sus incoherencias, y aprovechando una pausa en su campaña de la legalización de la marihuana, participó como observador en el plebiscito de Venezuela del pasado 16 de este mes y tildó de dictador al presidente Nicolás Maduro, lo que le valió que fuera nombrado ‘persona non grata’ en esa nación. Vicente Fox se alza ahora como un calificado defensor de las democracias en el mundo y como un emisario de calidad de los mexicanos frente a la crisis venezolana, pero como activista opositor con facultades para actuar fuera de su país. Pero ¿cómo dejar atrás las acusaciones sobre su participación abierta, como presidente de la República, en los comicios de 2006, tras los que fue relevado por su entonces correligionario panista, Felipe Calderón, y que fueron protestados como fraudulentos y golpistas gracias, justamente, a su protagonismo imprudente y escandaloso? Fox es la medida de la democracia mexicana, y parece que también de la venezolana.

Vicente Fox: los desatinos del ‘presidente del cambio’

Javier Ramírez

Vicente Fox Quesada, nacido el 2 de julio de 1942 en la Ciudad de México, vivió la mayor parte de su infancia y juventud en el rancho de su familia, ubicado en el Municipio de San Francisco del Rincón, Guanajuato, hasta 1965, cuando comenzó a trabajar para la Coca-Cola, primero como distribuidor local y luego como supervisor de ruta de camiones repartidores. Once años después, luego de ser director nacional de Operaciones y director de Mercadotecnia, fue nombrado presidente de la División de América Latina.

Tras dejar la compañía, se convirtió en el director del llamado Grupo Fox, dedicado a diversas actividades, como la agroindustria y la producción de calzado para exportación. En ese lapso fungió como Consejero de la Cámara México-Americana de Comercio y comenzó a participar en actividades públicas en su natal Estado, con el apoyo de organizaciones no gubernamentales, iniciativa privada y grupos católicos.

Su entrada la política se dio de la mano del sinaloense Manuel J. Clouthier, Maquío, excandidato del PAN a la Presidencia del país, quien lo impulsó para obtener en 1988 la diputación federal por el III Distrito Electoral de Guanajuato, su primer cargo de elección popular. Siete años después, Fox conseguiría la gubernatura, al obtener el 58 por ciento de los votos.

La ‘Presidencia del cambio’ y más de lo mismo

Fox asumió la Presidencia de la República con uno de los índices de popularidad más altos en la historia del país. Sin embargo, poco a poco fue cayendo merced a un inmovilismo contrastante con las enormes expectativas de transformación nacional promovidas por la propaganda desbordada de la Presidencia de la alternancia democrática y el cambio, y a sus relaciones con el salinismo y monopolios de la vieja guardia de la corrupción política, como los de la televisión y el SNTE, de Elba Esther Gordillo. La Presidencia del cambio se fue quedando sin nada qué ofrecer.

Y en el plano exterior, tuvo una serie de confrontaciones con países de Latinoamérica, principalmente con Cuba y Venezuela, al grado de congelar las relaciones con estas naciones durante todo el sexenio. Uno de los casos más recordados fue la petición que hizo en 2002 al entonces presidente cubano, Fidel Castro, de abandonar la Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebrada en Monterrey, para no incomodar al presidente americano George W. Bush, a quien subordinara las decisiones del Estado mexicano en su campaña contra Saddam Hussein, en Irak. El incidente quedó grabado con la frase “comes y te vas”, pero las palabras ofensivas reales fueron grabadas por la delegación cubana en un audio que la Cancillería mexicana siempre negó que existiera y el líder cubano amenazó con divulgar, lo que obró el repliegue de la Presidencia de México. Luego, Fox también atacó la integración del llamado Mercosur, donde se agruparon las mayores economías sudamericanas –casi todas con regímenes democráticos de izquierda-, y reiteró sus fidelidades al ALCA, o Área de Libre Comercio de las Américas, dominada por los Estados Unidos de George W. Bush.

El abierto e ilegal intervencionismo electoral

A poco más de un año de que terminara su sexenio, Fox llegó a realizar 52 giras por el país e incrementar en 137 por ciento la partida de Comunicación del Gobierno Federal, para utilizar mil 700 millones de pesos con los cuales promocionó las acciones de su Gobierno y su imagen, con el objetivo de prevenir lo que podría ser una derrota del PAN en la elección presidencial frente a un cada vez más fortalecido jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, quien había salido victorioso de un proceso de desafuero que el mismo Fox encabezó tras bambalinas.

De esta manera, con frases como “no es tiempo de cambiar de caballo” o “si seguimos por este camino, México será mejor que ayer”, Fox se encargó de violar la ley electoral y utilizar los recursos federales para apoyar al recién nombrado candidato presidencial panista, su exsecretario de Energía, Felipe Calderón Hinojosa, a quien incluso había amonestado públicamente por hacer actos proselitistas para buscar la candidatura del partido en el 2004.

Pese a todas las denuncias presentadas por partidos políticos y organizaciones civiles, Vicente Fox consiguió apuntalar la candidatura de Calderón, quien finalmente, el 2 de julio de 2006, obtuvo la victoria por un margen de apenas 0.1 por ciento, al registrar 245 mil 934 votos más que el candidato de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador.

Penosa salida

Apenas unos meses antes de dejar el cargo, Fox calificó como intromisión las declaraciones del presidente venezolano Hugo Chávez, quien expresó que no reconocería a Calderón Hinojosa como presidente de México, debido al evidente fraude cometido el 2 de julio. Tajante, Fox aseguró que el pueblo mexicano decidió quién sería su próximo mandatario, y que las instituciones tenían la fortaleza para validar esos resultados. Como era de esperarse, la relación con Venezuela se mantuvo dañada durante la administración de Felipe Calderón.

Debido a la crisis política que se vivía, Fox no pudo rendir su último Informe de Gobierno y terminó por entregarlo, fuertemente custodiado por elementos del Ejército y la Policía, en el vestíbulo de la Cámara de Diputados.

En los meses siguientes, una vez finalizado su Gobierno, Fox dedicó su tiempo a ‘socializar’, lo que derivó en un reportaje de la revista Quien, la cual presentó su recién remodelado rancho. Diversos senadores y diputados no pasaron por alto los lujos exhibidos por la pareja Fox-Sahagún y crearon una comisión especial para indagar el origen de su fortuna. En octubre de 2007, diputados del PRD presentaron pruebas e interpusieron una denuncia ante la Procuraduría General de la República (PGR) por ocultar querellas de enriquecimiento ilícito de los Bribiesca por cerca de seis mil millones de pesos, y fraudes a Pemex usando la empresa Kilate. Fox también fue señalado como presunto cómplice o responsable del fraude financiero por 400 millones de dólares de la empresa Oceanografía, la mayor empresa contratista de Pemex durante su Gobierno, luego que Pemex encontró en una revisión interna irregularidades en contratos con la firma. Pero ninguna de esas acusaciones prosperó.

Cambio de piel

Con las elecciones presidenciales del 2012 en puerta, Fox volvió a emprender su campaña contra Andrés Manuel López Obrador, quien participaría por segunda vez en la contienda. En esta ocasión, comparó al exjefe de Gobierno capitalino con Hugo Chávez, acusándolo de ser un ejemplo del populismo.

Sin embargo, en vez de apoyar a la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, hizo llamados para que la gente votara por el aspirante priista-verdeecologista Enrique Peña Nieto. Este abierto apoyo al candidato opositor provocó que el entonces vocero panista, Javier Lozano, lo calificara de “cínico, cobarde, miserable, convenenciero y porro de Enrique Peña Nieto”. Pese a esto, nunca fue expulsado del partido, aunque quedó fuera de éste al vencer el plazo para que refrendara su militancia.

Luego de eso, Fox dedicó su tiempo y dinero a impulsar la legalización de la marihuana en México, con el argumento de que verificar su producción, distribución y venta golpearía la estructura económica de los cárteles de las drogas, los cuales, cabe decir, prácticamente operaron a sus anchas durante su mandato, hasta que su sucesor Felipe Calderón emprendió un combate frontal contra dichos grupos delictivos.

Otra intromisión, ahora en Venezuela

El pasado domingo 16 de julio, durante su estadía como observador del plebiscito convocado por la oposición de Venezuela contra la Asamblea Constituyente que busca imponer el presidente Nicolás Maduro, Vicente Fox no perdió la oportunidad de sacar su repudio contra la izquierda latinoamericana y tachó al mandatario de dictador, lo que le valió que el Gobierno venezolano lo declarara ‘persona non grata’. Durante un acto, el mexicano tomó un megáfono y expresó: “Ahora le toca al pueblo de Venezuela dirigir a este gran país, recuperar la economía, recuperar los empleos, recuperar los alimentos y las medicinas. México está con ustedes y paso a paso, voto a voto, el dictador saldrá”.

Fox respondió no estar sorprendido de la declaración y mediante su cuenta de Twitter acusó al diputado Diosdado Cabello, considerado uno de los hombres más poderosos del chavismo, de estar “detrás del dictador Maduro. Tú eres el asesino, el torturador, tus manos están llenas de sangre. Te encontrarás con la Corte de la Haya, prepárate”, dijo.

 

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